Actividades: Continúan los Cuentos en pañales

i jul 28th No Comments por

Los niños del jardín están de vacaciones, pero los bebés del taller Cuentos en pañales nos siguen haciendo compañía todos los miércoles de 2:30 a 3:30 pm.

Luego de leer y cantar, salimos un rato a jugar en la grama y disfrutar del aire libre.

Cuando hace sol no hay excusa para no salir al jardín, sentir la grama entre los deditos de los pies y refrescarse jugando con agua.

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Nuestra Directora: “¿Formar lectores o comprar libros? Plan Nacional de Lectura: un debate urgente”

i jul 25th 1 Comment por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo del lunes 25 de julio, Yolanda Reyes escribió:

“Con motivo del escándalo de Alma Máter, al que me referí en la columna anterior, muchos han expresado su preocupación por la falta de debate sobre políticas educativas y culturales y han señalado, como una de sus causas, el deficiente cubrimiento de estos temas en los medios. Las palabras de un lector resumen la queja generalizada: ‘la cultura y la educación reciben tratamiento de farándula y, a veces, los columnistas se enfrascan en riñas que solo le importan a una camarilla, en lugar de analizar proyectos culturales que involucran recursos públicos’.

Si bien, al generalizar, se corre el riesgo de desconocer el trabajo de algunas publicaciones, coincido en la necesidad de albergar estos debates en los medios, para ofrecer, según señala otro corresponsal, ‘un marco preventivo, basado en argumentos técnicos, que evite llorar sobre el dinero dilapidado en la compra de materiales de dudosa pertinencia como las cartillas de Alma Máter’.

La discusión me parece pertinente ahora que el Estado propone un Plan de Lectura como un trabajo de equipo entre los ministerios de cultura y educación, lo cual es una excelente noticia. Sin desconocer la importancia de las bibliotecas públicas, la escuela es el espacio al que asiste obligatoriamente la mayoría de la población durante un promedio de 12 años, desde la educación inicial hasta Undécimo, y un proyecto de formación de lectores para la institución educativa era una asignatura pendiente en el país.”

Para leer el texto completo, haga click aquí. Los invitamos a dejar sus opiniones y comentarios abajo:

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Voces

i jul 23rd No Comments por

Por: Lina Mendoza Lanzetta

En los laboratorios de animación a la lectura que Espantapájaros realiza semestralmente, los participantes escriben. El siguiente texto nos lo ha regalado Lina Mendoza. Ella nos narra desde su experiencia lectora, las voces que la han acompañado contándole historias y abriéndole puertas en este camino de ser lector que nunca termina.
Lina estudió literatura en la Pontificia Universidad Javeriana y trabajó como bibliotecaria en el colegio Los Nogales.

Mi proceso durante los últimos meses ha sido similar al de un espectador que, después de tener los ojos clavados fija y pacientemente en millones de puntos-al parecer aleatorios-, descubre ante sus ojos una maravillosa imagen 3D que da sentido a cada una de las manchas que componen el cuadro. Tal vez los Griegos fueron sabios al creer en el Destino; yo, por mi parte, me siento inclinada a hacerlo al enfrentarme a una cadena de elementos (ya no tan fortuitos) que me condujeron a ser lo que hoy soy.

Es difícil encontrar aquel primer eslabón que me condujo a los libros, pues así como recuerdo las lecturas de noche en voz de mi mamá -entre las que rescato con delicia a Minizurumbullo y el dulce de icaco-, también están aquellas que durante el día traía a la vida la voz de ese enigmático personaje que fue “María C” para nosotros los nogalistas: esa mujer que nos sentaba sobre cojines para leernos apasionadamente un libro, primero en un inmenso estudio en Suba en el que el piso craqueaba con cada paso, y luego en un sótano (desapacible para muchos adultos) en donde su voz daba vida a millones de mundos y personajes que nos llevaban lejos o cerca de lo impensable, negaban el tiempo y convertían la realidad en fantasía.

Qué tanta casualidad puede haber sido dentro de todo este proceso el hecho de que el nuevo local para la oficina de mi mamá hubiese quedado justo encima de una librería, en ese entonces una librería como cualquier otra, no lo sé. Lo que sí sé es que allí también se desató una parte importante de este proceso: cantidades de libros que recompensaban detestables citas a la dentistería y largas jornadas frente a un computador jugando solitario a la espera de que mi mamá saliera de trabajar. Poco a poco mi cuarto se fue llenando de historias y de imágenes, dando forma a lo que hoy en día es mi bienamada biblioteca: Roald Dahl, Michael Ende, Christine Nöstlinger, Malcolm Bird, Collodi, Carroll, entre muchos otros. Paulatinamente mi cabeza se iba llenando de voces, sí, voces que creaban silenciosos murmullos de más allá, mundos racionalmente inexistentes pero posibles, que se convertirían en mi compañía.

Independientemente de a qué etapa o dirección de la genealogía de mi lectura perteneció cada una, mis oídos siempre estuvieron acompañados de una voz, un lector que daba vida a esa supuestamente inerte existencia que estaba plasmada en las páginas de un libro; como si fuera música de radio, las voces de esos personajes y narradores quedaron grabadas en mi memoria y yo no lo sabía.

El tiempo pasó y seguí leyendo desaforadamente; era y es para mí una necesidad vital consumir letras, palabras y sonidos, y cuando no lo hago tengo la sensación de estar deshidratada: la privación de la lectura resulta sinónimo de estar tan seca como una uva pasa. Atrás quedó esa voz lectora, ese delicioso canto, y comencé yo a leer, de todo, por aquí y por allá, y por eso cuando llegó el momento de entrar a la universidad nada tenía más sentido que estudiar literatura: opté pues por la lectura como mi opción de vida; “la carrera de las letras sería la mía”, como dirían en la época de Don Quijote. Se abrieron ante mí cantidades de estudios teóricos y cuestionamientos en manos de académicos, problematizaciones de temas y personajes, realidades que en ésta y otras épocas eran utópicas o revolucionarias. Pienso ahora que no en vano me obsesioné con trabajar el narrador, aquel que cuenta, que escribe, que lee; aquel que da su voz al relato.

Fue entonces cuando entendí que para algunos de nosotros la literatura, la lectura, las letras, son la única salida y la única entrada al mismo tiempo; son una necesidad de vida, el poder llegar a conocer y a sentir más allá de lo que alcanza a experimentar nuestro propio cuerpo en la época que nos tocó vivir. Mi mamá alguna vez me dijo que le preocupaba que los lectores compulsivos “se dedicaran a vivir otras vidas y dejaran de lado la suya”; y aunque en ese entonces refuté enérgicamente dicho argumento, hoy pienso que tiene un poco de razón: el arte nos ayuda a vivir todo aquello que nos es prohibido, plasma aquello que no debe ser olvidado y busca dejar huella para que otros conozcan.

Mejor aún: con mi tesis de grado (a pesar de haber trabajado un contexto poscolonialista y posmodernista en la India de Salman Rushdie, esto aplica para cualquier ser humano de nuestros días) entendí que el hombre se ha construido a sí mismo (a lo largo de la historia y hasta hoy día) a través del arte, se ha definido a través de las palabras, los trazos y las notas, pues es allí donde se permite a sí mismo presentarse como se ve, cree que es o quiere ser. Porque así como algunos autores dicen que con cada palabra dejan parte de sí mismos en el papel, los lectores nos encontramos cada vez más cerca de nosotros mismos en esas palabras que leemos.

En otras palabras, el acto de lectura termina siendo un acto de escritura, de autobiografía, de autodefinición. Esas frases que subrayamos o que releemos, esos personajes que conocemos como si fuésemos nosotros mismos, esas historias que parecen nuestra propia vida; esos también somos nosotros. Esa obra de arte, esa novela, no sólo es escrita por el autor sino que realmente es el autor o el lector pues son ellos los que se encuentran a sí mismos allí dentro.

En este taller, al cual también llegué por sutiles movimientos del demiurgo, he podido mirarme con distancia y entenderme: no tengo alumnos ni hermanos pequeños, mucho menos hijos, por lo que mi conejillo de indias he sido yo misma, intentando desesperadamente entender por qué a cada libro que Yolanda menciona hay un movimiento afirmativo de mi cabeza, por qué en el fondo de mi memoria están grabadas todas esas poesías y canciones, por qué conozco los innumerables juegos de palabras y por qué existe una relación tan fuerte entre toda esta teoría y mi propia vida. En más de un momento he sentido que soy el dibujo o el ejemplo de un libro para la promoción de la lectura de autoría de Espantapájaros, pues todo encaja tan asombrosamente que es por eso que digo que no todo puede ser cuestión del azar. Sobre todo porque, el asentir desde las entrañas a las múltiples afirmaciones o explicaciones “teóricas” me ha llevado a cuestionar ese hado que me ha convertido en un lector de profesión.

Porque releyendo La abuelita de arriba y la abuelita de abajo escuché, luego de años de no hacerlo, una voz distinta de la mía en mi cabeza. Eso mismo pasó entonces con Sapo y Sepo, el Búho, Roald Dahl, Frederick, en fin….una mágica fusión entre al pasado y el presente, una voz de alguien más que alguna vez leyó para mí y que desde entonces habita silenciosamente en mi cabeza. No he podido dejar de pensar en ello desde que ocurrió, por lo que esta “tarea” se ha convertido en un gran signo de interrogación que persigue cada uno de mis pasos: gracias a estas últimas 9 “clases” llegué a entender por qué para mí las imágenes están siempre en un segundo plano, por qué cambio mi primogenitura -no por lentejas sino- por una deliciosa voz que me lea una historia mientras tengo mis ojos cerrados, por qué mi cabeza a veces pareciera habitar el lugar donde viven los monstruos.

Resulta que yo me he construido a través de la lectura, he visto más de una bruja de las de Dahl en la calle, una que otra vez me ha crecido la nariz, alguna vez me dolió el estómago como a Franz, alguna noche soñé con poder tener un hada madrina, creo haber conocido los hombrecitos grises, me he enamorado como Emma Bovary, me he comportado como un cronopio, tengo un papá tan loco como Don Quijote de la Mancha y creo que a veces soy víctima de los incasables juegos de los dioses griegos. Porque gracias a esas voces que leyeron para mí días y noches, la literatura tiene vida propia; los personajes están tan vivos como yo o, incluso, yo puedo llegar a ser parte de alguno de esos cuentos.

No en vano esa caricaturización de voces de la que hablábamos con María José es el primer paso para dar vida a personajes tan terribles como la peor señora del mundo; esa etapa en la que todos hemos descubierto que así como sucede con nuestros papás y los vecinos, cada personaje literario tiene una voz diferente, pues cada uno existe independientemente de los demás. Esas voces que leyeron para mí me llevaron a crear un espacio y una vida para cada uno de los siete enanos, me hicieron entender que Aureliano Buendía está tan vivo como cualquiera de mis tíos y que cada libro encierra un mundo propio que es tan válido como el mío. A eso mismo se refería Oscar Wilde cuando en su Decadencia de la mentira dijo que la niebla no existió para nosotros los humanos sino hasta el momento en que los artistas la resaltaron en sus cuadros; pues el arte no sólo existe sino que también crea en nosotros a pesar de ser nuestra propia creación. Por eso Caperucita tiene una vida independiente de la de Perrault y Cándido de la de Voltaire, y yo tengo parte de ambos en mi propia sangre. Porque somos todos independientes pero uno sólo, declaro mi existencia y mi profesión la de un lector consumado, que hoy en día encuentra indisoluble su identidad de la de los personajes de Camus y de Kundera, de la magia de Salman Rushdie y de la pequeña Alicia.

Tengo fe ciega en que la lectura hace más felices y mejores a las personas, pues los enfrenta al bien y al mal, a los dioses y a la muerte. Creo que no sería yo la misma persona si no hubiese dado con mi mamá, con María C y con Espantapájaros, a lo mejor en este momento no conocería a Momo y no se me aguarían los ojos cada vez que veo el tren. Pienso que la lectura y las voces nos nutren, nos hacen más sensibles al mundo, nos ayudan a apreciar un canon, a Bach, a Picasso, a Virginia Wolf, pues nos abren la cabeza, nos enfrentan a otras vidas, a otros dilemas, dicen lo que no podemos decir. Tal vez no sea entonces la voz de nuestra conciencia la que habla, sino la de algún lector o autor consumado que nos llegó al alma.

Tal vez por todo esto, y después de haber pisado la empolvada y erudita academia, disfruto más que nunca cuando Yolanda nos lee a Roald Dahl en voz alta, me inclino hacia la lectura para otros, hacia la sensibilización a las voces. Porque más allá de un Roland Barthes o un Michel Foucault, hay en mí una innegable prueba de la efectividad de esa voz antes de caer en brazos de Morfeo, esa que nos cuestiona y nos divierte entre madre o padre e hijo, esa que acerca al niño a la idea de que su profesora no lo atormentará como sucedió con Matilda, y esa que le quedará grabada para cada momento de silencio en su vida adulta. Porque ojalá cada uno de nosotros pudiera recitar Los versos del capitán mientras subimos en el ascensor, recordar “Las cosas” de Borges mientras montamos en bus o paseamos al perro; esas voces que llevo en mi cabeza me ayudan a encontrar el silencio del lector.

Alguna vez mi primo (quien siempre sale con teorías loquísimas) me dijo que había leído en algún lado que “cuando uno deja de oír esa vocecita que oye en la cabeza mientras lee, es porque está más allá de cualquier cosa en la vida”. En ese momento no le puse mucha atención, creo que no entendí las dimensiones de su “dato curioso”. Hoy en día le respondería con ímpetu que aquel que deje de oír esa vocecita es porque nunca la tuvo, porque no leyó o no le leyeron, o porque tal vez la lectura aún no está tan viva en su cabeza como podría estarlo. Esa vocecita no es, entonces, sólo un eco del grafema sino más bien, una chispa de vida, una manifestación de movimiento, de independencia del personaje con respecto al papel. Esa vocecita no sería, entonces, Dios ni nuestra conciencia sino, mejor, la voz que narra silenciosamente las vidas-leídas que todos llevamos dentro.

Es ésta la imagen que apareció ante mis ojos después de observar pacientemente (durante años) los puntos del cuadro.

Lina Mendoza Lanzetta

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Nuevas Voces. El castillo de los libros

i jul 23rd No Comments por

Por: María Fernanda Paz-Castillo

María Fernanda Paz –Castillo, crítica e investigadora venezolana de literatura infantil, comparte con los lectores de Espantapájaros su reciente experiencia como becaria en la Internationale Jugendbibliothek de Munich, la biblioteca más completa y especializada en el campo de los libros para niños y jóvenes. Esperamos que este testimonio anime a muchas personas interesadas a visitar, en forma virtual, el “castillo de los libros”, cuyas señas se incluyen al final. Y como la realidad está cada vez menos lejos, quizás alguno de los que ahora leen su crónica sea el próximo becario. Ojalá, en una futura próxima entrega de este boletín, podamos conocer avances de la investigación que nuestra colega está desarrollando en torno al libro álbum.
El castillo de los libros.
Notas sobre mi experiencia en la Internationale Jugendbibliothek

Para Jochen Weber, por los libros que puso en mis manos; por los cafés y las cervezas; por Rothenburg y por las calles de Munich; por esas largas conversas sin principio ni fin… por las bolas alemanas y por la amistad …
La Internationale Jugendbibliothek fue creada por Jella Lepman en 1949. Lepman, inmediatamente después de la II Guerra Mundial, realizó una exposición internacional de libros para niños y jóvenes en Munich con el fin de encontrar una nueva esperanza para los niños y los adultos después de los años de terror nazi y de los horrores de la guerra. Desde 1983, la Internationale Jugendbibliothek tiene su sede en el Castillo de Blutenburg, en el distrito de Obermenzing, en Munich. Albergar todos los libros para niños y jóvenes que se publican en el mundo -sin distinción de idioma, cultura, calidad-, crear exposiciones itinerantes de libros, y propiciar la investigación en torno a la literatura para niños y jóvenes a partir del programa de becas para investigadores, son algunos de los objetivos de la Biblioteca.

biblioteca

Schloss Blutenburg: el castillo de Blutenburg, un día de otoño.

Hace poco más de un año, Petra Woersching –coordinadora del programa de becas de la Internationale Jugendbibliothek- me comunicó que había ganado una beca de investigación en la Biblioteca.

Hacía más de diez años había tenido las primeras noticias sobre la Jugendbibliothek, pues algunos colegas la habían visitado por aquellos tiempos. Desde entonces tuve deseos de sentarme escribir un proyecto de investigación para enviarlo, y tomar luego un avión justo hasta el corazón de Bavaria.

No hace más de un año y medio me decidí a escribir aquel plan de investigación, gracias a la insistencia de Beatriz Helena Robledo, una de mis mejores amigas colombianas, crítica de literatura para niños y jóvenes, y quien también había sido becaria en la Jugendbibliothek en el año 2000. El tema que propuse fue el que ha ocupado casi todos mis años de estudio en torno a los libros para niños: el libro-álbum. Traté de vincular este tema general a uno más específico y, sin duda, necesario: la evaluación de este complejo género de libros para niños. El proyecto de investigación fue aceptado, y entonces tomé aquel avión que me condujo a una de las experiencias más maravillosas y fructíferas de mi vida, tanto en lo profesional como en lo personal.

Todavía recuerdo “eso” que sentí en el estómago cuando entré al aeropuerto de Munich; aquellas palabras larguísimas en un idioma incomprensible, lejano a más no poder del mío, fueron entonces una premonición de lo que me esperaría: un mundo nuevo se abría ante mis ojos.

No fue gratuito tampoco encontrarme al día siguiente en la entrada de la Biblioteca con las otras becarias, quienes serían mis compañeras de reflexión y ¡de diversión! durante la estadía. Una de ellas, Arrundhatti, venía de India (allá se desempeña como directora editorial de Scholastic) y la otra, Irina, moscovita, es bibliotecaria de la sala infantil de la biblioteca más grande de libros en idiomas extranjeros que hay en Moscú.

Una vez conocidas todas las personas que trabajan en la Biblioteca, y que se convertirían en mis colaboradores, dediqué una buena parte de mis energías a entender el sistema de búsqueda, que la verdad no es nada complicado, pero sí diferente a todos aquellos que había utilizado hasta ese momento… (Además, ¡es en alemán!). Analicé y entendí este sistema y el de catalogación con el fin de poder localizar físicamente en la sala de estudios los libros de referencia que necesitaría, pues los libros para niños se encuentran en un enorme y cuidado depósito en el último piso del castillo. A ellos accedí localizándolos primero en el catálogo, llenando fichas y esperándolos pacientemente, aunque tuve la oportunidad de bajar y tomar por mí misma los libros, pues en la Jugendbibliothek, ¡todo es posible!

Ya escogido el lugar en el cual trabajaría –en la sala de estudios hay un buen número de cubículos-, lo primero que hice fue pedir la edición más antigua de la Biblioteca del Orbis Pictus ( Commenius, Johann Amos. Este libro, que la historia de la literatura infantil considera el antecedente de los libros para niños, se convirtió en mi libro de cabecera durante toda mi investigación. ) , y releer concienzudamente mi proyecto de investigación. Con tristeza me di cuenta de que todo lo planteado en los objetivos sería imposible de realizar en apenas tres meses pues lo que me había propuesto requería tanto tiempo de investigación y reflexión como una tesis de grado. El proyecto pretendía realizar una comparación entre los criterios de evaluación de instituciones que se dedican a ello –como muchas de éstas no tienen criterios escritos, mi idea era extraerlos a partir de las evaluaciones y reseñas… pero ello, de entrada, convertía mi objetivo en una labor titánica-. Luego de esto y de seleccionar y analizar muchos buenos libros, establecería unos criterios muy Commenius, Johann Amos.
Este libro, que la historia de la literatura infantil considera el antecedente de los libros para niños, se convirtió en mi libro de cabecera durante toda mi investigación.

Con tristeza me di cuenta de que todo lo planteado en los objetivos sería imposible de realizar en apenas tres meses pues lo que me había propuesto requería tanto tiempo de investigación y reflexión como una tesis de grado. El proyecto pretendía realizar una comparación entre los criterios de evaluación de instituciones que se dedican a ello –como muchas de éstas no tienen criterios escritos, mi idea era extraerlos a partir de las evaluaciones y reseñas… pero ello, de entrada, convertía mi objetivo en una labor titánica-. Luego de esto y de seleccionar y analizar muchos buenos libros, establecería unos criterios muy personales que se derivarían de todo este trabajo y de toda mi experiencia como evaluadora. Entonces, reformulé con rapidez mis objetivos. Para aquel entonces ya había regresado Jochen Weber de Berlín –acompañaba a María Teresa Andruetto en la presentación de Stefano ( El libro tiene una primera edición en español del año 1997 por Sudamericana y una reedición de esta misma editorial del año 2004. Recomiendo leer este libro pues es entrañable, sencillamente fabuloso.) en alemán, pues él lo había traducido a este idioma-. Jochen sería en adelante mi ángel de la guarda, mi tutor (el mejor del mundo), y mi amigo. Entonces, con Jochen, reconstruí mis objetivos: me dedicaría a analizar un corpus nada desdeñable de libros para niños –todos ellos provenientes de premiaciones, referencias en artículos y libros críticos sobre el tema-. Después del ejercicio de búsqueda y observación, elaboraría unos criterios para ser corroborados “sobre y en” cada uno de estos libros , con el fin de llegar a conclusiones certeras sobre la evaluación de libros-álbum, lo cual no es algo distinto a saber qué libro es bueno o no, y por qué.

Ausleihe

Ausleihe: una actividad con niños en la biblioteca de préstamo de la Jugendbibliotehk.

Jochen y yo nos pusimos en la tarea de localizar las fuentes de información, lo cual resultó ser una de las partes más fructíferas del trabajo ya que, para seleccionar, hay que ver mucho; el decidirse por un libro implica que muchos otros quedan por fuera (no menos buenos, pero sí quizás menos útiles para la consecución de mi objetivo). Esta parte de la investigación también me significó sumergirme de lleno en la crítica –lo cual indudablemente sería el sustento de toda mi investigación y uno de mis objetivos principales-. Ratifiqué, por ejemplo, mi idea de que era imposible hablar del álbum en abstracto, pues toda la crítica y los ejercicios críticos que localicé sobre este género, partían de un corpus de libros como el que yo misma intentaba armar.

Durante mi investigación, la misma escena se repitió constantemente:
antes que nada, buscaba los libros-álbum que citaba el texto crítico estudiado, y entonces comenzaba la lectura conjunta de todos estos materiales. De esta forma aparecieron muchísimos libros totalmente desconocidos por mí, pero cuyo valor para la literatura infantil ha sido incalculable. Allí no sólo descubrí autores e ilustradores que hoy en día son referentes ineludibles, sino que pude confrontar distintos puntos de vista y llegar hasta el fondo de la discusión: pude aprehender lo que es realmente un álbum, sintiéndome en la capacidad de dejar de lado muchos libros que, aunque son vendidos, promovidos e introducidos en todos los medios como álbumes, no comparten con los “verdaderos álbumes” su esencia, que no es otra que la interrelación entre la palabra y la imagen y entre las imágenes mismas.

En una de esas búsquedas cayó en mis manos Where the girls are de Nikolaus Heidelbach ,( Annick Press, Toronto, 1994. Es importante mencionar que cuando este libro fue publicado en Alemania surgió todo un debate crítico en torno a él debido a las controversiales imágenes de niñas que presenta y a la posición de éstas frente a los niños.) un libro que no sólo me desconcertó, sino que me llevó a un campo nuevo y desconocido para mí hasta entonces: el mundo de los abecedarios, de los alfabetos. Como estaba literalmente en el “castillo de libros”, allí encontré –nuevamente gracias a Jochen y a una exposición de abecedarios que la Biblioteca había montado un par de años atrás- todo tipo de abecedarios: desde aquellos del siglo XVII, hasta los más novedosos y postmodernos como el de Heidelbach. Fue entonces cuando caí en cuenta de que los más conocidos autores ( Llamaron especialmente mi atención los abecedarios de Satoshi Kitamura, Rotraut Susanne Berner, Dr. Seuss, Mitsumasa Anno, Max Velthuijs, Monique Felix, entre otros. )de álbumes habían hecho un abecedario, los cuales indudablemente no circulan ni en Latinoamérica ni en España . ¿Los motivos?… ¿Cómo saberlos? ¡Parece incomprensible!

Uno de los más importantes resultados en cuanto a mi investigación sobre los abecedarios fue elaborar una clasificación que atiende a la intención de éstos, la cual está relacionada también con las diversas corrientes pedagógicas que han existido a lo largo de la historia.

Confieso que me costó mucho retomar el hilo de mi investigación sobre los álbumes, pues era tanto y tan insaciable mi apetito por ver cada vez más abecedarios, que prácticamente me dediqué a ellos durante un mes, en el que, por cierto, no dejé de leer crítica sobre el álbum, pero me concentré en los abecedarios –muchos de los cuales sí son verdaderos álbumes-.

En cuanto a los álbumes, algunos de mis hallazgos son los autores que conocí y la claridad sobre la consecución de un cierto nivel mínimo de calidad formal en la mayoría de los álbumes que se producen en países como Alemania, Inglaterra, Francia, Italia. Sin embargo, aunque muchos de estos libros guardan las apariencias de buenos libros-álbum, en el momento de analizarlos y pensarlos nos encontramos con que no son tan buenos como a simple vista parecen. Sin embargo, resaltan aquellos libros que, partiendo de lo establecido y de los avances del género, logran dar algún salto adelante, y se imponen no sólo por su calidad sino por sus novedosos planteamientos en relación con la niñez, la lectura, la historia, la postmodernidad. Un tema sobre el que me gustaría investigar es si el hecho de que un libro sea considerado como álbum ya implica que éste posee cierto nivel de calidad.

Sandra Beckett, profesora de la Brock University (Ontario), puso en mis manos un tipo de libro del cual nunca había ni leído, ni escuchado, ni visto absolutamente nada. Se trata de los libros creados por Katsumi Komagata . ( De estos libros existen pocos ejemplares, pues son producidos en bajo número debido a sus elevadísimos costos. Entre algunos de los títulos de este autor se encuentran: The animals (1991), Walk & Look (1992), 1 to 10 (1991), Go around (1992), todos publicados por la editorial Kaiseisha,Tokyo.)Sin duda, estos libros causaron en mí no sólo sorpresa, sino que me han llevado a pensar en las numerosas posibilidades del papel, del color, de la línea, de los libros como objetos únicos e irrepetibles a los cuales entramos como si de un mundo nuevo se tratase; también son un excelente material para reflexionar acerca de nuevas formas de leer sobre el papel, un tema que muchos creen agotado.

En este momento trabajo en la escritura de uno de los productos de mi investigación: se trata de un texto que contiene una breve historia del álbum a partir de hitos y tendencias, y que incluye ejercicios críticos para acercarse a los álbumes, haciendo uso de los criterios que he ido construyendo a lo largo de mi experiencia como evaluadora y que ahora se complementan y enriquecen gracias a mi trabajo de investigación de estos meses en Munich.

Ahora bien… De no haber sido por los cafés a media mañana con mis colegas (a quienes hay que sumar a Leena, una editora finlandesa que llegó mucho después y con quien me divertí horrores enseñándole español y a bailar salsa), de las cervezas nocturnas con Jochen y de las idas y venidas por aquel corredor del castillo que desembocaba en la sala de estudios y cuyas paredes estaban cubiertas por las ilustraciones de los cuentos de los Hermanos Grimm realizadas por Adolf Born ,( Merecedor de la Manzana de Oro en la Bienal Internacional de Bratislava y la Medalla de Oro en Leipzig. Las ilustraciones a las que me refiero forman parte del libro Märchen . München : C. Bertelsmann Jugendbuchverlag, 2004.) dudo que hubiese podido culminar mi investigación, y lo que es más: mi estadía en Munich. Toda la diversidad cultural que encontré enriquece mi concepción sobre los libros y la literatura, sobre el entendimiento sin importar el idioma, sobre la importancia y necesidad de las diferencias a partir de un mismo referente: los libros para niños.

Mi investigación se vio interrumpida por maravillosos eventos, encuentros, y despedidas: viajé a Frankfurt a la Feria del Libro; conocí los Alpes; despedí a “la camarada Irina”, y luego a Arrundhati y a Leena; conocí a Evelyn Arizpe, con quien entablé buena amistad en el plazo de un fin de semana (y quien había volado entre Escocia y Munich a presentar los resultados de una investigación que desarrolló en la Universidad de Cambrigde con libros-álbum y niños, la cual será publicada próximamente en la colección Espacios para la lectura del Fondo de Cultura Económica); aprendí a tomar cerveza, a comer salchicha blanca con mostaza dulce; supe que el alemán se aprende con dedicación, estudio y amor, y nada más y nada menos, tuve la oportunidad de estar en “el ombligo de la literatura para niños”, pues eso es lo que es la Internationale Jugendbibliothek.

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Espantapájaros, la casa de la imaginación

i jul 21st 5 Comments por

Espantapájaros presenta con orgullo este artículo escrito por Camila Arias Briceño, una niña que creció en nuestro taller de vacaciones y que, ahora, a sus diecisiete años, ha regresado para trabajar como voluntaria. En realidad, nunca se fue. Ella y su hermana Fabiana, como tantos de nuestros “niños grandes”, son la razón más poderosa para seguir jugando, leyendo, soñando y aprendiendo junto a ellos. ¡Aprendiendo tantísimo de ellos!

Camila estudia en el Colegio Santa Francisca Romana de Bogotá y se prepara para graduarse de bachiller el próximo año.

La casa de la imaginación

 

Cuando mi hermana y yo éramos pequeñas, mi mamá siempre buscaba actividades para que hiciéramos en vacaciones, porque como cualquier mamá, no quería vernos acostadas en la cama sin hacer nada. Hubo varios años en los que experimentamos con diferentes ideas de cursos de arte, de teNnis, cursos que tenían equitación y hasta astronomía, pero nunca nos convencían y siempre volvíamos a Espantapájaros, un curso que conocemos desde que yo tengo cinco años y al que asistí hasta los doce.

La casa es un lugar acogedor, donde todas las personas tienen la mejor actitud y disposición para jugar, jugar a ser niños, a aprender y a imaginar. En Espantapájaros no hay lujosas canchas de tennis ni establos con los más finos caballos, tampoco hay telescopios enormes; nada de eso se necesita para pasar unas vacaciones increíbles e inolvidables en este lugar. Es definitivamente un lugar mágico, donde lo único por hacer es divertirse, conocer niños nuevos o jugar con aquellos que, como mi hermana y yo, son “fieles” al taller. Cada esquina de la casa es una aventura diferente: en el muñequero podemos jugar a la tienda con la cocinita o a construir con las herramientas, podemos jugar a ser científicos y hasta superhéroes; en la arenera podemos hacer castillos, tortas de cumpleaños y hasta podemos enterrar y desenterrar tesoros. Podemos escalar torres inmensas con las colchonetas, cantar canciones, así nuestras voces no sean las más melodiosas, y podemos ir a la biblioteca, la que considero mi parte favorita de toda la casa.

De ahí es de donde viene la magia, porque los libros son los que nos hacen imaginar, tener nuestra propia pastelería en la mitad de París, ser arquitectos y construir los edificios más altos, ser piratas que navegan en el mar, o cantantes. Podemos pintar con nuestra imaginación las canchas de tenis más grandes y podemos jugar a ser los mejores deportistas, o  podemos construir un telescopio para mirar a las estrellas, a la luna o a lo que sea que queramos ver con nuestras mentes y nuestros corazones. Cada día cuando llegábamos de Espantapájaros, mi hermana y yo le contábamos a mi mamá lo que habíamos hecho, y aún hoy nos seguimos acordando de muchísimas cosas.

Aunque fue algo inevitable reconocer que ya había crecido y no podía seguir yendo a Espantapájaros, ese lugar tan especial al que esperaba ir todos los años, me dolió decirle adiós a todas las cosas que había vivido. Sabía que siempre en mi corazón iban a estar todos los recuerdos de mis experiencias y, de hecho, con mi hermana muchas veces nos reíamos juntas de todo lo que vivimos.

Este año en el colegio tuve que hacer servicio social. Nuestra labor era ser las profesoras de un grupo de niños de párvulos de un colegio en El Codito. Me encariñé mucho con los niños y fue con nostalgia y orgullo que me despedí de mis alumnitos cuando ellos pasaron a pre- kínder y yo a once. Esa experiencia con los niños me hizo querer seguir trabajando y pensé que mis últimas vacaciones de verdad (antes de la universidad) eran el espacio perfecto para hacerlo. Junto con mi mejor amiga decidimos hacer un voluntariado en Espantapájaros, ella para trabajar con niños, conocer ese lugar tan mágico del que le había hablado y experimentar, hacer algo nuevo en vacaciones. Yo lo hice por el amor a los niños, a la lectura y a jugar, lo hice porque quería volver a ese lugar mágico, que aunque tiene algunos cambios en su estructura física y en personal, siempre será el mismo. La casa de Espantapájaros claramente tiene un alma, un espíritu que se ha mantenido vivo siempre. Me alegra muchísimo haber tomado la decisión de volver, porque así como yo jugaba con mi hermana hace más de cinco años, ahora lo haré con muchísimos niños: le voy a leer cuentos a María, voy a jugar a la tienda con Emilio o a los superhéroes con Felipe, voy a escalar una montaña con  Lorenzo, y cuando llegue a mi casa, voy a contarle todo lo que hice a mi mamá.

Camila Arias Briceño

JULIO 2011

Y aquí encontrarán información sobre nuestro curso de vacaciones para julio…

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Espantapájaros Producciones presenta… ¡El rock de la momia!

i jul 18th No Comments por

“Ay, qué hambre!
¡Qué calambre!
Así gime y se lamenta
un voraz muerto viviente.
¿Para que pide comida, si el pobre no tiene dientes?
Ay, qué hambre!
¡Qué calambre!”

Antonio Orlando Rodríguez

Durante una semana entera los participantes del vacacional seleccionaron repertorio, escribieron escenas, construyeron escenarios y ensayaron hasta más no poder para traernos el musical “El rock de la momia”.

Haga click aquí para ver la presentación.

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Espantapájaros celebra el nacimiento de La Biblioteca de Babel

i jul 13th No Comments por

El pasado sábado 9 de julio, en el Barrio La Soledad, abrió sus puertas la Biblioteca de Babel, un espacio al que los niños podrán afiliarse para llevar en préstamo sus libros favoritos, sin ningún costo. La biblioteca se suma así al proyecto de Babel que, además de ser una editorial independiente, con un fondo de literatura infantil de excelente calidad, tiene una librería especializada en literatura para niños de todas las edades.

A la inauguración asistieron muchos autores e ilustradores colombianos, que recibieron un carné, como socios honorarios de la Biblioteca, lo mismo que bebés, niños, niñas, familias y gente vinculada a la literatura infantil. Fue una mañana esplendorosa y soleada, hubo jugo de mandarina y todos los niños salieron felices con un libro bajo el brazo para leerlo en familia durante toda la semana y cambiarlo por otro el próximo sábado. La Biblioteca promoverá encuentros con autores, ilustradores y lectores, hará lanzamientos de libros y será un lugar maravilloso para disfrutar de la lectura en Bogotá.

La Biblioteca abre los sábados entre 10:00 am y 2:00 pm, y en época de vacaciones tendrá horarios y condiciones especiales para el préstamo. Cuenta además con el Cajón del Trueque, un espacio para el intercambio de libros entre los niños, y todos los sábados se realiza una hora del cuento y se propone una lista de libros con los temas que se destacan en la librería cada mes. Pueden consultar la programación en www.babellibros.com.co

Desde nuestra Bebeteca, celebramos el nacimiento de nuestra hermana, la Biblioteca de Babel.
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Dirección
Calle 39A #20-55, Barrio La Soledad, una cuadra arriba del Park Way
Tel 2458495
Horario de la biblioteca sábados 10am a 2pm
biblioteca@babellibros.com.co
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María Osorio, Directora y Editora de Babel Libros, dando la bienvenida:
La biblioteca tiene en este momento 1.152 libros, una buena parte donados por Asolectura y otra parte por la librería de Babel. Cuenta también con la colección de los libros recomendados por el Banco del Libro de Venezuela en 2010 y que se expusieron en la Feria del Libro de Bogotá el año pasado.
La inscripción a la biblioteca es gratuita, al afiliarse los niños reciben un carné con el cual pueden prestar libros para llevar a sus casas.
Los libros con los que se inició el Cajón del Trueque son libros nuevos, donados por Babel y la única condición para el intercambio es que sean de buena calidad y estén en un estado aceptable.
La bibliotecaria, Karina Celis:
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Nuestra Directora: “Saludable desconfianza ciudadana”

i jul 11th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo del lunes 11 de julio, Yolanda Reyes escribió:

“Mientras la Alcaldesa Encargada de Bogotá lanzaba un Pacto por la Transparencia y nos invitaba a confiar en sus funcionarios, yo perdía la poca confianza que me queda, investigando los méritos de la Red de Universidades Públicas del Eje Cafetero Alma Máter para firmar un convenio de formación docente con la Secretaría de Educación Distrital por 20.296 millones, ¡sin someterse a licitación! Averigüé con formadores de maestros y responsables de políticas educativas, pero nadie conocía su trabajo.

A medida que descubría por Internet a esta próspera entidad sin ánimo de lucro, vi que la contratación directa con la SDE es, apenas, la punta del iceberg. Para mi estupor, Alma Máter podía contratar, desde una “interventoría para la reconstrucción, mejoramiento y mantenimiento de la malla vial, espacio público y obras complementarias del municipio de Mosquera, Cundinamarca”, hasta la capacitación de maestros en Frontino, Amagá, Puerto Berrío, Sonsón, Apartadó y Guatapé, entre muchos otros municipios.

¿Qué los hace tan cotizados entre los funcionarios municipales y tan desconocidos entre los expertos en educación? ¿Será otro “guardadero” de dineros públicos? Son preguntas que delego en los organismos de control. Lo que no puedo delegar, en cambio, es mi preocupación por el proyecto que compró la capital para formar a 21.000 docentes.”

Para leer el texto completo, haga click aquí. Los invitamos a dejar sus opiniones y comentarios abajo:

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Actividades: Dibujando mundos nuevos en la primera semana vacacional

i jul 5th No Comments por

Durante la primera semana de nuestro curso vacacional, nos convertimos en artistas para crear mundos con pinturas y lápices de colores, inspirados en Harold y el lápiz color morado de Crockett Johnson.

Los más grandes se inspiraron en Picasso, en Magritte, en Kandinsky…

Los medianos exploraron el arte primitivo….

(más…)

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Otro semestre termina en Espantapájaros, pero nos quedan muchas historias

i jul 1st No Comments por

El viernes 17 de junio, los niños del jardín terminaron el semestre en Espantapájaros.

Algunos se van para el colegio grande y otros continúan con nosotros. Pero, tanto los que entran al colegio grande como los que se quedan, nos han dejado muchas historias que queremos compartir con ustedes. Algunas, la mayoría, son inéditas porque los niños viven en un eterno presente y, como sienten que los días son interminables y que falta mucho, pero mucho tiempo para la próxima navidad o para su próximo cumpleaños, no se preocupan demasiado por recordar las historias ni tienen interés por guardarlas.

Así como el tiempo del juego, el tiempo de los niños es un presente continuo, que se proyecta al futuro, y olvida pronto el pasado. Y es curioso: unos meses después, les cuesta acordarse de cuando estaban en Espantapájaros y suelen decir, con cierta autosuficiencia: “cuando yo era chiquito” o “Espantapájaros es un colegio para bebés”… ¡como si, de repente, se hubieran vuelto muy grandes!

Sin embargo, aunque olviden los nombres de sus profesoras o las coordenadas de Espantapájaros, todo parece indicar -según va pasando el tiempo y nos cuentan sus familias- que hay algo que permanece guardado como un tesoro en su “memoria poética”.. y se queda muchos años.

¿Por ejemplo?

Las horas del cuento

…sentados en las rodillas de sus profesoras, leyéndoles a sus muñecos o compartiendo con sus amigos ese círculo ritual en el que, con solo decir las palabras mágicas “Érase una vez”, se erigían palacios y aparecían  barcos particulares como el de Max para viajar al mundo de los monstruos o para visitar esos mundos posibles de la imaginación que les ayudaron a inventar sus vidas y que tanto necesitarán para seguir inventando, soñando, aprendiendo….

Las clases de música con Paula

…en las que bailaban, sentían, se movían, tocaban instrumentos y, alimentados con tantas canciones, les parecía natural volverse compositores.

Los niños del salón de Lina, por ejemplo, compusieron la canción ¿De qué te hablo?, con todo lo que aprendieron sobre los osos, en su proyecto de aula.

¿De qué te hablo? (Adivinanza)

Letra
: María José Guerrero, Alejandro Gómez, Samuel Angulo, Cristina Jaime, Laura Gómez, Sophía Helena Pedraza, Sara Lucía Herz, Leonardo Beltrán, Andrea Mía Salazar, Paulina Alba, Santiago Velandia, Ana Sofía Molina, Andrés Fernández, Santiago Bejarano, (niños de 3  y medio a cuatro años), Lina María Barrero y Paula Ríos

Música

: Paula Ríos

Adivina de qué te hablo: Son furiosos y muy miedosos
en el  bosque buscan miel y en los ríos pescan salmón
Corre, corre sin parar porque detrás viene un animal

Son peludos y musculosos
ojos brillantes, nariz mojada
te olfatean a distancia, si te descuidas te perseguirán
Corre, corre sin parar porque detrás viene un animal

Paula: Es un gorila.  Niños: Nooooo
Paula: Tal vez un lobo. Niños: Nooooo
Paula: Quizás león. Niños: Nooooo
Paula: ¿es un dinosaurio bravucón? Niños: Nooooo

Paula: Es un gorila.   Niños: Nooooo
Paula: Tal vez un lobo. Niños: Nooooo
Paula: Quizás león. Niños: Nooooo
Paula: ¿Qué es?
Niños: Es un oso barrigón, es un oso barrigón

Y los del salón de Sonia compusieron la de Los animales que asustan, pues su proyecto los convirtió en expertos en ese tema… y los ayudó a lidiar con el miedo.

Los animales que asustan

Letra: 
Tomás Antonio Martínez, Antonia Tais Bonilla, Joaquín Henao, Sara Trujillo, Úrsula García, Alejandra María Parada, Emilia Santacoloma, Juan Martín Bastidas, Felipe Reyes, Alejandro de la Rosa, Gabriela Mesa, Sara Cagüeñas , Valentina Jiménez, Gabriel Elías Gutiérrez, Martín Osorio (niños de 3 a 3 años medio), Sonia Téllez y Paula Ríos

Música: 
Paula Ríos

Tienen dientes afilados y horribles garras
Tienen ojos tenebrosos y peludas patas

Son los animales que asustan, lobos, leones y leopardos
También el perro del vecino porque son fuertes sus ladridos
(efectos especiales: aullidos de lobos)

Existen tiburones y también dragones,
Monstros   bajo mi cama  que parecen ranas

Son los animales que asustan, lobos, leones y leopardos
También el perro del vecino porque son fuertes sus ladridos (efectos especiales: aullidos de lobos)

Serpientes, arañas, cocodrilos, murciélagos
Son los animales que asustan, lobos, leones y leopardos
También el perro del vecino porque son fuertes sus ladridos (efectos especiales: aullidos de lobos)

Pero lo mejor de la música es que nadie les quita lo bailado ni lo cantado y que la música se la llevan puesta a donde vayan, como se llevan el ritmo vital, la emoción, el placer, el pulso y el color de la voz…

Los libros que ellos escribieron durante el semestre

…y que ya están en manos de sus papás, para que los conserven toda la vida… o enmarquen alguno de sus trabajos.

Proyecto Animales que asustan, de 
Tomás Antonio Martínez, Antonia Tais Bonilla, Joaquín Henao, Sara Trujillo, Úrsula García, Alejandra María Parada, Emilia Santacoloma, Juan Martín Bastidas, Felipe Reyes, Alejandro de la Rosa, Gabriela Mesa, Sara Cagüeñas , Valentina Jiménez, Gabriel Elías Gutiérrez y Martín Osorio (niños de 3 a 3 años medio).

Pero, más allá de las obras concretas, lo que permanece con ellos es la posibilidad de ir dejando huellas personales en cada creación: la sensación de que cada trabajo es distinto, particular, irrepetible, como la huella digital;  que cada uno tiene un sentido y que no hay obras de arte “bonitas o feas”, sino obras que expresan, que crean, que cuentan la propia historia.

Los libros más mordidos, más leídos, más tocados, más amados, más llevados de Espantapájaros a la casa.

Aquí están los favoritos del semestre:

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Donde viven los monstruos

Maurice Sendak
Editorial Alfaguara
Colección Nidos para la lectura

…….

……

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El pequeño topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza

Werner Holzwarth/Wolf Erlbruch
Editorial Alfaguara
Colección Nidos para la lectura

Los tres bandidos

Tomi Ungerer
Editorial Alfaguara
Colección Nidos para la lectura.

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Cucú

Yolanda Reyes
Cristian Turdera
Editorial Océano

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Ernestina la gallina

Yolanda Reyes
Aitana Carrasco
Editorial Océano

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¡Grrr!

Jean Maubille
Editorial Océano

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¡Pequeños! ¡Pequeños!

Jean Maubille
Editorial Océano

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Soy grande, soy pequeño

Kathy Stinson
Ediciones Ekaré

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No

Claudia Rueda
Editorial Océano

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Éstas son las mañanitas

Carlos Pellicer
Fondo de Cultura Económica

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Vamos a cazar un oso.

Michael Rosen/ Helen Oxenbury
Ediciones Ekaré

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Colección ¿Quién eres?
El delfín; El mirlo; El oso hormiguero; El agua; La lombriz
Editorial Combel

….
Y hay mucho más que a todos nos queda, aunque no quede el registro. Porque los castillos de arena de la arenera se derrumbaron y las recetas de cocina que prepararon, ya se comieron y el rumor de las rondas del recreo se fue con el viento. Y el tiempo también se ha llevado las risas, los gritos, las peleas, los “te quiero mucho”, los “te voy a invitar a mi casa”, los “perdóname”, los “ya no quiero ser tu amigo”, los “¿me compartes?”, los besos, las cosquillas, los masajes, los juegos del papá y la mamá, los rugidos de monstruos, los “yo solito”, los días de lluvia, los pies en los charcos, alguno que otro mordisco… y tantas, tantas historias.

¿Por ejemplo?

La pequeña, la invisible, la maravillosa tarea cotidiana de comenzar a inventarse la vida en Espantapájaros.

Hasta siempre, queridos niños, y felices vacaciones. (Porque, de tanto andar con niños, a nosotros tampoco nos gusta mucho despedirnos… y aunque se vayan al colegio grande, Espantapájaros seguirá siendo siempre su casa!)

El equipo de Espantapájaros

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