Espantapájaros, la casa de la imaginación

i jul 21st 5 Comments por

Espantapájaros presenta con orgullo este artículo escrito por Camila Arias Briceño, una niña que creció en nuestro taller de vacaciones y que, ahora, a sus diecisiete años, ha regresado para trabajar como voluntaria. En realidad, nunca se fue. Ella y su hermana Fabiana, como tantos de nuestros “niños grandes”, son la razón más poderosa para seguir jugando, leyendo, soñando y aprendiendo junto a ellos. ¡Aprendiendo tantísimo de ellos!

Camila estudia en el Colegio Santa Francisca Romana de Bogotá y se prepara para graduarse de bachiller el próximo año.

La casa de la imaginación

 

Cuando mi hermana y yo éramos pequeñas, mi mamá siempre buscaba actividades para que hiciéramos en vacaciones, porque como cualquier mamá, no quería vernos acostadas en la cama sin hacer nada. Hubo varios años en los que experimentamos con diferentes ideas de cursos de arte, de teNnis, cursos que tenían equitación y hasta astronomía, pero nunca nos convencían y siempre volvíamos a Espantapájaros, un curso que conocemos desde que yo tengo cinco años y al que asistí hasta los doce.

La casa es un lugar acogedor, donde todas las personas tienen la mejor actitud y disposición para jugar, jugar a ser niños, a aprender y a imaginar. En Espantapájaros no hay lujosas canchas de tennis ni establos con los más finos caballos, tampoco hay telescopios enormes; nada de eso se necesita para pasar unas vacaciones increíbles e inolvidables en este lugar. Es definitivamente un lugar mágico, donde lo único por hacer es divertirse, conocer niños nuevos o jugar con aquellos que, como mi hermana y yo, son “fieles” al taller. Cada esquina de la casa es una aventura diferente: en el muñequero podemos jugar a la tienda con la cocinita o a construir con las herramientas, podemos jugar a ser científicos y hasta superhéroes; en la arenera podemos hacer castillos, tortas de cumpleaños y hasta podemos enterrar y desenterrar tesoros. Podemos escalar torres inmensas con las colchonetas, cantar canciones, así nuestras voces no sean las más melodiosas, y podemos ir a la biblioteca, la que considero mi parte favorita de toda la casa.

De ahí es de donde viene la magia, porque los libros son los que nos hacen imaginar, tener nuestra propia pastelería en la mitad de París, ser arquitectos y construir los edificios más altos, ser piratas que navegan en el mar, o cantantes. Podemos pintar con nuestra imaginación las canchas de tenis más grandes y podemos jugar a ser los mejores deportistas, o  podemos construir un telescopio para mirar a las estrellas, a la luna o a lo que sea que queramos ver con nuestras mentes y nuestros corazones. Cada día cuando llegábamos de Espantapájaros, mi hermana y yo le contábamos a mi mamá lo que habíamos hecho, y aún hoy nos seguimos acordando de muchísimas cosas.

Aunque fue algo inevitable reconocer que ya había crecido y no podía seguir yendo a Espantapájaros, ese lugar tan especial al que esperaba ir todos los años, me dolió decirle adiós a todas las cosas que había vivido. Sabía que siempre en mi corazón iban a estar todos los recuerdos de mis experiencias y, de hecho, con mi hermana muchas veces nos reíamos juntas de todo lo que vivimos.

Este año en el colegio tuve que hacer servicio social. Nuestra labor era ser las profesoras de un grupo de niños de párvulos de un colegio en El Codito. Me encariñé mucho con los niños y fue con nostalgia y orgullo que me despedí de mis alumnitos cuando ellos pasaron a pre- kínder y yo a once. Esa experiencia con los niños me hizo querer seguir trabajando y pensé que mis últimas vacaciones de verdad (antes de la universidad) eran el espacio perfecto para hacerlo. Junto con mi mejor amiga decidimos hacer un voluntariado en Espantapájaros, ella para trabajar con niños, conocer ese lugar tan mágico del que le había hablado y experimentar, hacer algo nuevo en vacaciones. Yo lo hice por el amor a los niños, a la lectura y a jugar, lo hice porque quería volver a ese lugar mágico, que aunque tiene algunos cambios en su estructura física y en personal, siempre será el mismo. La casa de Espantapájaros claramente tiene un alma, un espíritu que se ha mantenido vivo siempre. Me alegra muchísimo haber tomado la decisión de volver, porque así como yo jugaba con mi hermana hace más de cinco años, ahora lo haré con muchísimos niños: le voy a leer cuentos a María, voy a jugar a la tienda con Emilio o a los superhéroes con Felipe, voy a escalar una montaña con  Lorenzo, y cuando llegue a mi casa, voy a contarle todo lo que hice a mi mamá.

Camila Arias Briceño

JULIO 2011

Y aquí encontrarán información sobre nuestro curso de vacaciones para julio…

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Comments

  1. borisjpinto
    22 julio, 2011 at 12:10 pm

    Que lindo! Es hermoso ver crecer a los niños de la mano de los libros y de su imaginación.

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  2. Nhora Merchan
    23 julio, 2011 at 11:27 am

    SIN LUGAR A DUDAS ESPANTAPÁJAROS ES EL HOGAR DE LOS NIÑOS, LOS JÓVENES Y LOS ADULTOS QUE NOS RESISTIMOS A DEJAR DE SOÑAR Y CONQUISTAR NUEVOS MUNDOS A TRAVÉS DE LAS PÁGINAS DE LOS LIBROS

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  3. admin
    24 julio, 2011 at 2:21 pm

    ¡Gracias por los lindos comentarios! Es verdad, ver a los niños crecer de esta manera es realmente mágico

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  4. Sven
    26 agosto, 2015 at 12:20 am

    Una forma diferente de efectuar una actividad positiva y creativa en la tripita de la
    madre.

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  5. Kandis
    11 septiembre, 2015 at 8:26 am

    De Janeiro porque es un destino muy solicitado y por
    lo tanto muy caro, en cambio Disfrute de su plan soñado en unas vacaciones más asequibles de lo que
    pudiese meditar. que haciendo un vuelo directo de la villa de Madrid
    a Agosto siempre ha sido el mes de mayor demanda en las vacaciones y el
    más caro.

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