Yolanda Reyes visita la Fundación Arauco en Chile

i oct 31st No Comments por

Yolanda Reyes estuvo en Chile invitada por la Fundación Educacional Arauco, una de las fundaciones pioneras en el desarrollo de proyectos de Responsabilidad Social Empresarial de América Latina, que se ha centrado en el fomento y el apoyo a la educación en Chile. Dio dos conferencias sobre la importancia de la literatura en la formación de lectores desde la primera infancia: la primera fue el viernes 30 de septiembre en la Feria del Libro organizada por la Universidad Católica, en la ciudad de Talca, y la segunda, el martes 4 de octubre en la ciudad de Concepción, en el marco del seminario “El valor de leer”, dirigido a maestros que participan en proyectos educativos apoyados por la Fundación.

El viaje incluyó encuentros con niños lectores en dos colegios de la provincia de Arauco. En una escuela rural, Yolanda acompañó a los niños a elegir los libros que semanalmente les lleva el Bibliomóvil, les leyó cuentos y conversó con ellos. También estuvo en la Escuela Carampangue de Arauco, donde contó la historia de su libro El terror de Sexto B y leyó Frida a los alumnos y profesores.

El diario chileno El Mercurio publicó una nota sobre la visita. Pueden hacer click en la imagen para expandirla.

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A la hora del cuento: taller de literatura dirigido a padres, bibliotecarios, maestros de educación inicial, preescolar y primaria.

i oct 26th No Comments por

¿Cómo contar un cuento? ¿Cómo conectar la voz y el gesto con la voz de cada cuento? ¿Cómo elegir el libro, según el género literario, la edad del público y los intereses de los niños? ¿Es lo mismo leer un poema, un libro-álbum, un cuento de tradición oral o una novela por entregas? ¿Cómo crear un ambiente de escucha, cómo interesar al auditorio, teniendo en cuenta las edades de los niños? ¿Cómo elegir el libro justo para el momento justo?

Yolanda Reyes y el equipo de Animación a la Lectura de Espantapájaros lanzan este taller práctico para que cada persona descubra las posibilidades de su voz, la fuerza de sus gestos y las herramientas literarias y metodológicas indispensables para hacer una Hora del Cuento en su hogar, su aula de clase o su biblioteca.

Horario
Martes de 5:00 a 7:00 pm

Fechas
Noviembre 8 al 29, (4 sesiones)

Inversión
$300.000 pesos

Informes e inscripciones en Espantapájaros Taller
Tel: 629 7828 / 620 0754
E-mail: infotaller@espantapajaros.com

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Actividades: Nuevo club de lectura

i oct 20th No Comments por

Abrimos un club de lectura para las mamás, los papás y los adultos de nuestros talleres de cuento.

Por solicitud de los adultos que acompañan a los bebés y a los niños a las Tardes de Cuento de los miércoles, hemos creado una pequeña biblioteca con libros sobre educación, crianza, literatura y promoción de lectura para que las mamás, los papás y los abuelos puedan disfrutar del servicio de préstamo del Club de Lectura.

Los esperamos para estrenar sus fichas de lectura y llevar un libro a la casa igual que sus hijos.

Inscripción gratuita.

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Nuestra Directora: “¿Educación…o industria del conocimiento?”

i oct 17th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo del lunes 17 de octubre, Yolanda Reyes escribió:

“El movimiento estudiantil

¿Educación… o industria del conocimiento?

Aunque el pretexto de la movilización estudiantil es el Proyecto de Reforma a la Ley 30 de Educación Superior que la Ministra defiende como si solo la hubieran contratado para reformar la universidad y no para ser Ministra de Educación, el motivo de fondo quizás es justamente la falta de fondo de un proyecto educativo nacional.

La educación, la gran promesa que nos venden para mejorar la competitividad y la distribución equitativa del ingreso en esta mal llamada y mal globalizada “sociedad del conocimiento”, es un espejismo que hemos comprado sin chistar.  ¿Quién podría negarse a suscribir la ecuación que pregonan los economistas sobre la relación entre formación de “capital humano” y  equidad? El problema es que la ecuación no funciona igual en todos los contextos. Tomemos como ejemplo los panegíricos de las últimas semanas: de un lado, Steve Jobs, un niño pobre que, a fuerza de estudio y de talento, creó Apple en un suburbio norteamericano, y de otro lado, Julio Mario Santo Domingo,  un “millonario filántropo” que, sin terminar sus estudios, centuplicó la fortuna heredada de su padre.  ¿Cuál de las dos leyendas resulta más verosímil en Colombia?

Hay, pues, de entrada, una inconsistencia entre la retórica educativa y la inmovilidad social que conocemos: doctores que manejan taxis, notarios que plagian tesis de grado y  gente con post doctorado que trabaja por hora cátedra y prestación de servicios. No obstante, aunque le apostemos a la posibilidad de cambiar el curso de las vidas y el rumbo del país mediante la educación, conviene preguntarse si este modelo de educación para la productividad que hizo crisis en el mundo es el que vamos a adoptar.

Quizás es eso lo que nuestros estudiantes, inspirados por sus compañeros chilenos, europeos y americanos, cuestionan. Ante la repetición monotemática de la Ministra, que insiste en que retiró el articulito sobre universidades con ánimo de lucro, ellos responden que se conservó el articulado y que la reforma es otro paso del proceso gerencial que, en los últimos años, ha pretendido  aumentar cobertura, y ahora calidad, sin invertir el porcentaje del PIB que se requiere. No es solo que se nieguen a pasar 5 años estudiando y 15 años pagando mala educación, sino que no ven sentido de proyecto ni visión sobre la educación pública ni ideas sobre la autonomía y el lugar de la universidad y de ellos mismos en la construcción de una democracia distinta a este remedo.

La educación es un discurso edificado en torno al sueño de que la vida humana  y la sociedad pueden ser mejores. Pero la idea del Estado como “regulador de la prestación del servicio” parece la pesadilla de un gerente sin visión de largo plazo. Cuenten, en las propuestas ministeriales, las referencias a medición, gestión, pertinencia, eficiencia y sostenibilidad y cotejen estos términos con un discurso coherente sobre la naturaleza creativa y crítica del conocimiento o sobre el lugar de la educación en este país que durante tantos años ha negado a los jóvenes la posibilidad de inventarse la vida, por no decir, la mera opción de sobrevivir, y notarán un desequilibrio en la enunciación de los medios y los fines.

La viabilidad financiera de las universidades es, sin duda, un asunto ineludible. Pero necesitamos saber cuál es la universidad que vamos a financiar y cómo se articula con el resto del sistema educativo y con el resto del país. Estos muchachos brillantes que se rehusan a ser la mercancía en una transacción educativa merecen más. Necesitamos mentes brillantes en el MEN, pero no solo “técnicos profesionales” para remendar la colcha de retazos de una reforma, sino para articular un discurso  teleológico –en vez de tecnológico–. Esa es otra pregunta de fondo: si el ministerio debe liderar la tarea de pensar la educación, o simplemente, gestionarla.”

Yolanda Reyes

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Desde el jardín: Los niños de Espantapájaros te enseñan a hacer una huerta casera

i oct 5th 1 Comment por

Consigue una canastilla, la forras por dentro con una bolsa negra. No olvides hacer unos pequeños agujeros en la bolsa para que el agua del riego tenga por donde salir.

Mezcla tierra con un poco de abono orgánico…

Luego, llena la canastilla con la tierra abonada.

Elige las semillas de hortalizas que quieras sembrar. Nosotros elegimos cilantro, lechuga, espinaca y zanahoria.

Haz unos caminos en la tierra no muy profundos, coloca allí las semillas y tápalas con tierra.

Riégalas diariamente con agua y muy pronto empezarán a germinar.


Unas semanas después empiezan a crecer nuestras pequeñas plantas.

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Nuestra Directora: “¿Vivir de la escritura?”

i oct 3rd No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo del lunes 3 de octubre, Yolanda Reyes escribió:

“La escena se repite en los encuentros con niños lectores, en bibliotecas públicas, ferias del libro y colegios de Bogotá, de la costa o del Amazonas, por citar ejemplos. De tanto verlos, he aprendido a reconocerlos desde lejos. La carátula de El terror de Sexto B, el campeón de mis libros piratas, tiene una amplia paleta de falsificaciones que oscilan entre un naranja cercano al original y el ocre, el amarillo, el café y el verde.

¿Qué le recomiendas a un niño que quiere escribir?, es la típica pregunta, y mientras contesto, me pregunto si al final de la sesión firmaré libros piratas, fingiendo no darme cuenta. Aunque lo haya vivido tantas veces, no ya como excepción, sino como la regla, nunca sé qué hacer y a veces firmo por miles de razones. ¿Qué porcentaje de la canasta familiar representa un libro para tantos niños que ni siquiera comen bien?

Sin embargo, es inevitable hacer otras cuentas: si esos son los ejemplares descubiertos en encuentros esporádicos, ¿cuántos libros se piratean cada año escolar? ¿Quiénes se lucran con el robo a los autores? ¿Tenemos la obligación de decir algo por estar en bibliotecas y escuelas donde se forman lectores y escritores, o debemos ser cómplices? ¿Los maestros se dan cuenta?

No quiero generalizar, pero sé que muchos se dan cuenta. A veces los he visto sugerirles discretamente a sus alumnos que mejor hagan firmar un papelito, porque sus ejemplares son piratas. Algunos niños me han contado que su profe apuntó en el tablero el título del libro del bimestre y una dirección en donde se conseguía a mitad de precio.

Me consta también que los niños distinguen un pirata de un original, así como distinguen discos y películas, y ellos mismos me han enseñado que hay piratas de piratas: unos se saltan páginas y cometen horrores de ortografía. ¡El negocio es tan lucrativo que da para transcribir de cualquier forma los textos que tantas correcciones nos costaron!

Casi siempre les explico qué significa, no solo para los autores de hoy, sino para los que están ahí, soñando a los diez años con escribir, pintar, hacer música, cine o arquitectura, el derecho a vivir de un oficio creativo. Los niños suelen ser receptivos, en tanto que los adultos se disculpan: el único ejemplar de la biblioteca se perdió, no hay librerías en la región y los libros son caros y no llegan, ¡salvo los piratas, que siempre se las arreglan para estar en los rincones más apartados! Todo es cierto, pero cabe preguntar qué se le dice a un niño cuando se le sugiere esconder un libro pirata en presencia del autor o cuando los profesores mandan a sus alumnos, de primaria o doctorado, a comprarlos en las fotocopiadoras o en los toldos de la esquina.

Aunque el asunto legal compete al Ministerio de Justicia y a la Dirección Nacional de Derecho de Autor, es preocupante que nadie se preocupe por la manera como se “enseña” esta cultura de la ilegalidad. Por eso ahora, cuando el Estado lanza planes de Lectura, es urgente preguntar cómo garantizará la disponibilidad de libros en bibliotecas públicas y escolares, para que los lectores tengan opciones distintas a la piratería.

¿Qué pueden hacer los ministerios de Educación y de Cultura para que el respeto por el derecho de autor deje de ser letra muerta en las Competencias Ciudadanas? ¿Es posible apoyar la formación de lectores y escritores en un país que justifica la costumbre de robar a sus autores? ¿Cómo pueden contribuir también las editoriales, la Cámara Colombiana del Libro y Fundalectura para garantizar el equilibrio entre el derecho a la educación y a la lectura y el derecho a vivir de la escritura? ¿Debemos resignarnos a aceptar como augurio de buena fortuna que nuestros libros sean pirateados? ¿Por qué hay tantos ejemplares piratas en todo el país y a veces no se consigue el original en la biblioteca?”

Yolanda Reyes

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