Nuestra Directora: “La incontinencia verbal”

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Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo del lunes 14 de noviembre, Yolanda Reyes escribió:

“Quien mucho habla, mucho yerra”, dice un antiguo refrán, y todos damos fe de la cantidad de muletillas, malentendidos y frases hechas y mal hechas que se escapan en la charla cotidiana. Por eso es más difícil, pero también más seguro, escribir. Mientras luchamos con palabras y conectores, relacionando oraciones, borrando, releyendo y reescribiendo, se ordena el pensamiento y descubrimos que no todo lo dicho aguanta el paso a lo escrito.

Quizás por nuestra impaciencia, no somos un país que valore la escritura. Somos mejores cuenta chistes, culebreros, copleros, improvisadores de discursos veintejulieros  y contadores de chismes políticos que confundimos con noticias. Nuestra “facilidad de expresión” nos ha conducido directamente, de la tradición oral a la oralidad secundaria de los medios, sin pasar por la escritura. Tampoco es casual nuestra adicción a la radio y basta con oír esas conversaciones que ventilan al aire todo cuanto pasa por la cabeza de los locutores para constatar una tendencia a la oralidad sin rigor ni filtro. Pero lo que presenciamos el jueves 10 de noviembre, en el formato de video blog, nos dejó estupefactos.

No era el video blog de un aficionado, sino el de RCN, ¿“líder en noticias y en opinión”? Tampoco hablaba un novato, sino su director de noticias, Francisco Santos, periodista de oficio y de familia, y ex vicepresidente de Colombia durante ocho años. En el estilo coloquial del que se precia, Santos criticaba a Santos, el presidente, por ser timorato frente a las protestas y hasta ahí, la audiencia podía estar de acuerdo o en desacuerdo. De repente, fascinado, cual Narciso, con su reflejo en la pantalla, afirmó que había que enfrentar a los estudiantes “durísimo con el brazo de represión legal del Estado”. “Aquí falta innovar, lo dijo la ministr…, la Alcaldesa de Bogotá, con armas no letales, como esas que les…meten voltios a los muchachos… el muchacho cae…y se lo llevan arrestado por interferir con una vía pública. La ley de orden público y la ley de seguridad ciudadana permite (sic) esas cosas. ¿Cuándo las va a estrenar el gobierno?”.

Mientras los estudiantes marchaban con sus carteles escritos, se divulgaba el video de Santos, a quien bautizaron como “Pachito el Electrocutador”.  A mí me lo envió una estudiante de Comunicación que no entendía cómo se borraba con la lengua lo que le habían enseñado en las aulas. ¿Sería RCN un sitio pedagógicamente confiable para hacer prácticas universitarias?  ¿Qué opinaban sus directivos y las funcionarias a quienes Santos atribuyó las frases? ¿Son ciertas?

La continuación de la historia salió  en el video blog del 11 de noviembre: “Ofrezco disculpas al país y a los estudiantes”,  –dijo Santos, con un lenguaje distinto, en el que se notaba que alguien había tenido el cuidado de organizar las ideas–. Si bien dejó entrever que las disculpas se referían más a “la manera” de hablar sobre el uso de la fuerza por parte del Estado, reconoció que su crítica había sido “equivocada e injusta”, insistió en que había sido un gravísimo error estigmatizar la protesta social y felicitó a los estudiantes por el ejemplo que le habían dado al país.

Aunque lo menos que podía hacer era disculparse, la incontinencia verbal revela pensamientos primarios, o según otro antiguo refrán, “por la boca muere el pez”. Por eso comparto la preocupación de Adolfo Zableh en su blog: si eso dice al aire, “imagínense lo que dirá en privado”.  Y también surge otra pregunta: ¿cómo habría terminado la marcha estudiantil cuando era vicepresidente y coordinador de la política de Derechos Humanos? ¿Habría alcanzado a rectificar, antes de “ponerle voltios” a los muchachos?  La lección al revés que dio sobre los límites entre locuacidad y rigor periodístico amerita una discusión de fondo en los medios.

Yolanda Reyes

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