Comienza el ciclo de charlas sobre educación emocional en Espantapájaros

i feb 23rd 11 Comments por

Juanita Gempeler y Maritza Rodríguez inician el ciclo de charlas con su libro “Cuando tu forma de comer se convierte en un problema”

Cuando tu forma de comer se convierte en un                problema

El próximo martes 6 de marzo a las 5:30 pm los invitamos a una charla con expertas en el tema de alimentación y desarrollo infantil.

Las psicólogas Juanita Gempeler y Maritza Rodríguez, coautoras del libro Cuando tu forma de comer se convierte en un problema, conversarán con su colega Cecilia Zuleta, directora del taller de desarrollo infantil Vueltacanela, sobre todo lo que necesitamos saber sobre alimentación para que la forma de comer no sea un problema en nuestros niños y jóvenes.

La idea es ofrecer a los participantes herramientas para entender lo que está en juego en el tema de la alimentación, desde la primera infancia, y tener claro el trabajo preventivo que podemos hacer para evitar (o manejar) los trastornos de alimentación en nuestros niños y jóvenes.

El encuentro es el primero de un ciclo alrededor de los libros y la educación emocional, un espacio dirigido a padres, maestros y otros profesionales para relacionar los libros con temas de crianza y educación. El cupo está limitado a 40 personas. Quienes deseen participar deben inscribirse enviando un correo a infotaller@espantapajaros.com o llamando a los teléfonos 629 7828 / 620 0754.

Fecha: martes 6 de marzo de 2012
Hora: 5:30 pm a 7:00 pm
Lugar: Espantapájaros Taller. Cra 19ª N° 104ª – 60, Bogotá
Entrada libre. Cupo limitado. Máximo 40 personas
Inscripción previa: 629 7828 / 620 0754 / infotaller@espantapajaros.com


Juanita Gempeler Rueda, Psicóloga Clínica, Universidad Javeriana de Bogotá. Diplomada en Psicoterapia Comportamental. Universidad de Londres.

Maritza Rodríguez Guarín, MD Psiquiatra MSc en Epidemiología Clínica. Universidad Javeriana de Bogotá Profesora Asociada de la Facultad de Medicina, Departamento de Psiquiatría y Salud mental de la Universidad Javeriana de Bogotá donde ejerce labores docentes en pre y post-grado y participa en actividades de investigación.

Juanita Gempeler y Maritza Rodríguez forman parte del equipo terapéutico de Equilibrio, un programa especializado en el diagnóstico y tratamiento integral de los trastornos de la conducta alimentaria, de ansiedad y del estado de ánimo. Para más información visite www.programaequilibrio.com

Cecilia Zuleta, psicóloga y asesora de crianza. Dirige el taller de desarrollo infantil Vueltacanela, que busca acompañar, enriquecer y favorecer el desarrollo de niños en un espacio de socialización, actividades lúdicas y experiencias significativas. Para más información visite www.vueltacanela.com

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Nuestra Directora: Maestros, ¡a mucho honor!

i feb 20th 5 Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo del lunes 20 de febrero de 2012, Yolanda Reyes escribió:

“Una colega me contó que, en un congreso pedagógico, varios académicos españoles declararon que los maestros de su país eran excelentes, en tanto que otro objetó que no se podía generalizar, pues también había maestros apenas buenos, otros regulares y algunos malos. A una colombiana dedicada a formar maestros como ella, le pareció insólita la discusión porque aquí se parte de la generalización contraria: los maestros somos considerados pésimos; una caterva de “izquierdosos”, que hace paros para exigir reivindicaciones como salud, vacaciones y pensión, y que protesta porque le aumentan el número de estudiantes y la carga académica. ¿Estudiar pedagogía? Te vas a morir de hambre, es la reacción automática. ¿Acaso qué colombiano se enorgullece de tener un hijo maestro, como se ufana de tener hijos médicos o abogados?

Contrariamente a lo que sucede en países como Finlandia, donde ser maestro tiene gran prestigio social, lo cual se refleja en los resultados de las pruebas PISA, en la excelencia requerida para ingresar a la carrera docente y en buenos salarios, el maestro colombiano es considerado un profesional de segunda. Si estudió pedagogía fue quizás porque no le alcanzó el ICFES para  hacer “una carrera seria”. Si pide un sueldo decente y tiempo remunerado para leer, investigar, preparar clases, evaluar o, simplemente, recuperarse de sus extenuantes jornadas, le endilgan “falta de mística”. Porque esa es otra representación social: maestro se asocia con sacrificio, apostolado, paciencia y pobreza. ¿Quién no recuerda la expresión “el profesor Mockus”, dicha con tono despectivo en la campaña presidencial? ¿O qué maestro colombiano ha llegado a ser Ministro de Educación, por ejemplo?

Dice el periódico que, en el marco de la Estrategia De Cero a Siempre, “serán capacitados 46.000 agentes educativos” y, aunque entiendo que el término se acuñó para involucrar madres comunitarias, bibliotecarios, profesionales de la salud y familias en la educación inicial, se me ocurre que la denominación hace parte del mismo síndrome. ¿“Agente educativo” significa algo  así como “proveedor de clases”? ¿Dirán los niños que su agente educativa les leyó un cuento o les secó las lágrimas? ¿Por qué no llamarnos maestros, ese sencillo título honorífico que se usa en otros países? Maestro Fuentes, Maestra Mistral… ¡Maestro!

En este pacto gubernamental por la educación, echo de menos una posición de fondo sobre el lugar del maestro, desde la educación inicial hasta la universitaria. ¿Cómo hablar de primera infancia, de Plan Nacional de Lectura, de reforma a la educación superior o de calidad educativa sin poner, no solo al niño, sino al maestro en el centro? ¿Es posible ser buen maestro sin condiciones dignas de salud, salario y descanso, sin horas para reflexionar, sin oportunidades de formación permanente y sistemática, y sin voz en los escenarios donde se toman decisiones?  Si alguien ha sido maestro, sabrá lo que significa volver a casa después de la jornada escolar. Hagan la prueba y me cuentan si es injusto pedir recreo.

Por supuesto, no somos perfectos. Ni apóstoles ni héroes, pero tampoco villanos. Somos gente, simplemente. Con un oficio que casi a todos nos gusta y que intentamos hacer lo mejor posible, pese a las dificultades. Con hijos, parejas, miedos, sueños, y achaques –pues también nos enfermamos– y con una vida fuera del aula que afecta lo que enseñamos.

En otro congreso de educación inicial en Chile, Ken Pugh, un eminente neurólogo de la universidad de Yale dedicado a estudiar la relación entre lectura y cerebro, comenzó su conferencia diciendo a las maestras de párvulos que era un honor compartir sus investigaciones con ellas, que tenían a su cargo la importante tarea de construir el cerebro humano. Nada más y nada menos: el corazón y el cerebro. ¿No es un trabajo para quitarse el sombrero?”

Yolanda Reyes

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Nuestra Directora: “Los terribles días con carro”

i feb 6th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo del lunes 3 de febrero, Yolanda Reyes escribió:

“Aunque no voté en el referendo del Día sin Carro y descreo de las causas de un día al año, así sean tradicionales como el día de la madre o contemporáneas como el de la niñez,  el día sin humo, el “sin hombres” o el embeleco del día del amigo que ahora pretenden imponer los comerciantes para vendernos “detalles” en febrero, el pasado Día sin Carro me pareció una oportunidad para movilizar en la psiquis ciudadana otras maneras de vivir en Bogotá.

Quizás porque a fuerza de padecer el caos vehicular y el pico y placa, nos hemos acostumbrado a buscar alternativas, la jornada de 2012 dejó de ser esa mezcla de día deportivo y paro cívico de las primeras versiones y ya no vimos funcionarios en bicicletas y patines, custodiados por escoltas, como gran noticia. Casi todos hicimos lo que hacemos cualquier día –trabajo, estudio y vida normal– sin que el carro fuera el tema. ¿Será señal de que podemos evolucionar hacia otro modelo de ciudad menos centrado en la “auto-dependencia”?

En un libro publicado en 1998 para celebrar el cincuentenario de la Universidad de los Andes, el  arquitecto Willy Drews se dirige a un hipotético lector del 2048 y le habla del automóvil como un error del siglo XX. Su descripción es elocuente: “una especie de cajón de lata… con un peso muerto de tonelada y media para transportar la mayoría de las veces a una sola persona…(que) ocupaba en movimiento 40 metros cuadrados” y que se había apropiado, ya en 1998, de “más de la  cuarta parte del suelo urbano”.

El Día sin Carro nos demostró cómo ese artefacto que necesitaba “una potencia de 100 caballos para mover una persona”, dejó de ser lo que alguna publicidad del siglo pasado llamó “el amigo fiel”. El hecho que el 2 de febrero hayamos disfrutado de un tiempo adicional para caminar, charlar o descansar, podría inspirar al nuevo alcalde para liderar una campaña, propositiva y no prohibicionista,  basada en los recursos que ese día los mismos ciudadanos pusimos en marcha.

Si fuera él, recogería la experiencia de la gente que, en vez de salir de la oficina en cuatro carros, compartió los cuatro puestos de un taxi y regresó inusualmente temprano a casa, lo mismo que la de tantos ciudadanos que usaron el bus, el Transmilenio o caminaron las distancias normales que suelen caminarse en otras ciudades y que cubren a diario muchos bogotanos. Y tomaría el ejemplo de Navarro Wolf, que anduvo en taxi el jueves, para animar a otros funcionarios a liberarse de sus pesadísimas y contaminantes caravanas. Hacer mercado a pie, llevar a los niños en cochecitos al jardín, usar el transporte escolar y el público, compartir carros y aprovechar, en la medida de lo posible, los servicios de los barrios podrían convertirse en hábitos para todos los días del año, como sucede en las ciudades que admiramos.

Por supuesto, no podemos caer en la ingenuidad de creer que todas las soluciones dependen de nosotros ni desconocer que hay un trabajo urgente –de vías, planeación urbana, sistemas integrados de transporte, seguridad y manejo del tráfico– que los ciudadanos debemos exigir. Pero si la dependencia del carro deja de ser signo de estatus, así como fumar dejó de tener glamur, podríamos comenzar a ver a las señoras que usan carros blindados para ir al gimnasio, burlando el pico y placa, o a los funcionarios cuyos escoltas estacionan encima del andén para dejarlos casi entre el restaurante, como a esos dinosaurios de los que habla Drews.

Las transformaciones culturales toman tiempo y requieren coordenadas de seguridad, lo mismo que una oferta de transporte público que hoy no tiene la ciudad. Sin embargo, la experiencia del 2-F nos revela que Bogotá puede ser mucho mejor que este infierno de lunes “sin no carro”. ¿Por qué no canaliza su adrenalina, Alcalde, para caminar junto a la ciudadanía hacia esa posibilidad?”

Yolanda Reyes

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Taller de literatura para madres y maestros de El Pozón

i feb 1st No Comments por

En el pasado Hay Festival, Yolanda Reyes dictó un taller de literatura dirigido a las madres comunitarias y a los maestros del barrio El Pozón en Cartagena. Este taller hacía parte de la programación del Hay Festivalito, con el propósito de llevar a los autores, más allá de la ciudad amurallada, al encuentro con comunidades vinculadas a proyectos de formación de lectores.

Durante el taller, los participantes conocieron la colección de libros entregada por el Ministerio de Cultura, dentro del proyecto “De Cero a Siempre”. Los participantes leyeron a dos voces con Yolanda, recordaron arrullos, juegos de palabras y “libros sin páginas”, hojearon y tocaron los libros y quedaron muy motivados para disfrutarlos con los niños de El Pozón.

Haga click en el vínculo a continuación para ver un video de la actividad, transmitido por RCN Noticias:

Niños y padres de familia del barrio el Pozón también disfrutan del Hay Festival

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