Hora del cuento con Rocío Gómez

i feb 28th 1 Comment por

Todos los sábados,

a las 11 de la mañana, las familias se toman nuestra librería para compartir con sus hijos y con los amigos de sus hijos, los cuentos favoritos de su casa.

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Rocío Gómez es nuestra invitada para dirigir la hora del cuento este sábado, 2 de marzo. Rocío estudió Finanzas y luego hizo una maestría en Política Social para Países en Desarrollo. Como directora de Alianzas de aeioTU-Fundación Carulla se dedica a concretar alianzas público-privadas para que miles de niños puedan tener una atención integral de calidad para la primera infancia. A Rocío le gusta leer, ir a cine con su esposo Felipe su esposo y su hija María Paz, de 5 años y medio, ¡y seguir leyendo!

El sábado llegará con muchos libros, como estos, por ejemplo:
-Niña bonita, de Ana María Machado y Rosana Faría.
El cazo de Lorenzo, de Isabelle Carrier.Soy grande, soy pequeño, de Kathy Stinson y Robin BairdLewis.
Inés del revés, de Anita Jeram.
Yo, Claudia, de Triunfo Arciniegas (Ilustraciones de Margarita Sada).
Johanna en el tren, de Katrin Schärer.

¡Los esperamos! – Entrada Libre
Espantapájaros Librería – 2142363
Dirección: Carrera 19A No. 104A-60

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Los primeros pasos de Martina hacia la lectura…

i feb 21st 1 Comment por

Formamos lectores desde el comienzo de la vida. Martina Cardona, que ahora viene a nuestro taller de Cuentos en pañales, ya gatea hacia los libros con mucha convicción. Así, ¿cómo no vamos a querer acompañarla a crecer?

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“Bienvenidos al grupo de Adriana”

i feb 18th 2 Comments por

En la reunión de padres de la semana pasada, Adriana Sánchez mostró esta linda presentación sobre el trabajo de su grupo. Aquí la compartimos con la comunidad. Invitamos a todos los padres a que la vean. La pueden descargar, haciendo click en el enlace:

Presentación Adriana 2013

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Taller: Fantasía cotidiana

i feb 18th No Comments por

Fantasía cotidiana

Taller de cuenta cuentos dirigido a padres, maestros, abuelos, mediadores y todas las personas que comparten historias con los niños   

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Hay diferentes maneras de contar nuestra historia personal. Podríamos comenzar por nuestros padres, la familia que nos precede y que, en cierta forma, nos define, porque desde nuestra primera infancia nos exponemos a las historias que les escuchamos. Ellos son los traductores de ese extraño paisaje que es el mundo y su narración, sus rumores, forman parte indivisible de nuestra propia historia.

Claro que también podríamos contarnos a partir del ahora: nuestra circunstancia, el colegio al que asistimos diariamente, el trabajo que tenemos, el día soleado que nos conforta, la brisa que nos llena de nostalgia. Y ese aquí y ahora, es el campo donde los niños juegan a la vida. En ese presente aparecen sus sueños, descubren sus miedos y comienzan a entender que sus madres no son una sola con ellos, sino otra. Que ellos mismo son otros. Únicos. Que a veces, aunque apenas tengan tres o cuatro años, quieren decirle al mundo “no quiero querer a nadie” y se largan al rincón más apartado para sentir los primeros vientos de independencia.

¿Quiénes somos? Una mixtura entre pasado, presente y futuro.

“La vida es el misterio que sorprende.

Soy vuestro ciego amargo.

La vida se descifra por su terror de antaño.

Y su gran canto de futuro lleno de signos luminosos”.

Escribió el poeta chileno, Vicente Huidobro.

Llenos de signos de luz entramos en la infancia y caminamos hacia la adultez. Llenas de signos de luz debieran ser las historias con que animamos el desarrollo de nuestros pequeños, para que logren descifrar esos terrores de su propia infancia, dotándolos de herramientas para el momento en que la vida los sorprenda o atraviesen momentos de oscuridad. Por ello, uno de los propósitos del taller de cuenta cuentos Fantasía cotidiana es acompañar a nuestros hijos en su desarrollo, tomando en cuenta el descubrimiento del mundo que hacen cada día. De esta manera, se buscará rescatar de la propia experiencia vital de los niños, aquellos aspectos que están siendo gravitantes en su desarrollo sicológico, psicomotor y social. Una vida que será reconstruida en la figura de un personaje ficticio, pero que se les asemejará mucho y que, como se trata de literatura y ficción, tiene las posibilidades de hacer cosas que en la vida real están vetadas.

Contenido

Lunes 11 de marzo:

*Se revisarán historias familiares de la vida cotidiana poniendo énfasis en las características de los propios niños a las que van dirigidas.

*¿Qué elementos distingo de su personalidad? ¿En qué momento del desarrollo se encuentra cada uno? Descubrir claves, tanto de su personalidad como de su desarrollo permitirá hilar relatos que se conecten con ellos.

*Escoger elementos propios de cualquier narración literaria con los cuales interpretar las historias: voz, foco, plano. Así mismo, ¿qué es lo que se cuenta, quién lo cuenta, cómo lo cuenta? La voz literaria en formato casero.

*La oralidad es de vital importancia para introducir a los niños en la fantasía real de su propia historia. Por lo tanto, se pondrá especial acento a algunas claves del relato oral: humor, suspenso, pausas entre diálogos, velocidad de la narración.

Miércoles 13:

Búsqueda de temáticas para narrar con los niños:

*Relatos que desarrollen sus intereses: el contacto con la naturaleza, los animales, apreciar la diferencia, descubrir la identidad.

*Otras temáticas necesarias en su desarrollo: miedos, aventuras, la edad de la obstinación y primeras demostraciones de independencia.

*Historias de roles con personajes propios de su entorno: mamás, abuelas, padres, hermanos, primos, maestras del jardín. Proponer personajes que sean significativos al propio entorno cercano de los niños.

Imversión: $100.000 (incluye las dos sesiones)

Informes e inscripciones: Espantapájaros Taller
Carrera 19A #104A-60, teléfono: 6200754 / 2142363

Tallerista: Sara Bertrand.

Escritora chilena. Estudió Historia y Periodismo en la Universidad Católica de Chile. Publica regularmente en la revista cultural Artes y Letras del diario El Mercurio y forma parte de su Consejo de Cultura. Fue becaria de la Fundación para el nuevo periodismo Iberoamericano, y su crónica Los acordes del mandinga forma parte del libro Que viva la fiesta (FNPI, 2010). También fue becada por el Consejo de la Cultura y las Artes de Chile por su libro Cuentos Inoxidables. Es autora de títulos dirigidos mayoritariamente a adolescentes, pero cuenta también con algunas obras para primera infancia como Y llovieron ranas (Alfaguara, 2012) y Ramiro Mirón (Alfaguara, 2010). Su última obra, Ejercicio de supervivencia, será publicada este año en español por Alfaguara y en francés por Zinnia Éditions.

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Nuestra Directora: “Hija del Procurador”

i feb 18th 1 Comment por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 18 de febrero de 2013, Yolanda Reyes escribió:

“Hija del Procurador”

Hija del procurador, ¿me recuerdas tu nombre? Perdona que te pregunte así, como si fuera a hacerte una factura, pero, entre la fanfarria de tu boda, no parece importar mucho quién eres, aparte de “Hija del Procurador”. Debe ser raro o, quizás, no. En Bucaramanga, las mujeres solo dejaban de ser “la hija de Lalo”, cuando se volvían “la esposa de Fulano”. ¿Ocurre todavía? Por cierto, recuérdame el nombre de tu esposo: aparte de “Yerno del Procurador” e hijo de alguien que está siendo o fue investigado por tu padre, él parece importar menos que tú.

Al leer la crónica de El Tiempo –que pese a parecer escrita en clave de parodia, era “en serio” – y al ver fotos de tu boda en las páginas del jet set criollo, me pregunté cuántos de los 600 invitados serían amigos tuyos y cuántas de esas caras templadas que te besaban en el Country compartían un sentimiento genuino de celebración. (Y, ya entrados en verdades, cuántos de los socios del club te habrían dejado franquear la portería hace unos años, o te la dejarán franquear cuando todo esto haya terminado).

Por ser los padres quienes costean las bodas, sé que imponen ciertas cuotas: el jefe y su señora que van “por cumplir” o que se excusan y mandan el regalo; las parientas lejanas, algún político notable y sus colegas de oficina… En tu caso, sin embargo, es difícil imaginar cuál fue tu papel, por no decir, el de tu novio, en la lista de invitados. Supongo que la casa les quedó aperada y sería maravilloso que la pintora bumanguesa Beatriz González les hubiera hecho una serie de su boda, como aquella de los bailes de Turbay, pero con tantas tragedias y tanta inequidad de este país, ya ni a ella ni a casi nadie le dan risa estos alardes. Y menos que a nadie a tus paisanos. En Santander, hasta donde recuerdo, la ostentación no se considera una virtud.

Quizás porque nos ha tocado duro a las mujeres santandereanas, desde Manuela Beltrán, Antonia Santos y Micaela Mutis, nuestras heroínas de la independencia, hasta tantas de hoy, me impresionó leer, entre las líneas de tu boda, la misma tipología de familia que documentó otra paisana, la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda en sus investigaciones del siglo pasado: “Es notorio, en la sociedad tradicional santandereana, el control acentuado sobre la movilidad femenina(…) la estructura patriarcal centra a la mujer en el territorio hogareño (…) Al casarse, se dice como un símil, que debe ser como la hormiga culona: completado su vuelo nupcial, se corta las alas y se entierra en el hormiguero a procrear”.

¿Te cortarás las alas? ¿Te las habrás/habrán cortado ya? ¿Podrás decidir junto a tu esposo, entre tantos problemas que afronta una pareja, los asuntos de la procreación –o no– que solo a ustedes conciernen? ¿Cargarás el peso de ser, en vez de ti, La Hija del Procurador?  Perdona la crudeza, pero tú y tu pareja parecían como esos novios de pastillaje que son el decorado del ponqué. Y no importaría si fueras una mujer que elige, en la intimidad de su vida privada, pareja, ritual, tipo de familia y  proyecto de vida. Por eso hemos luchado las mujeres: para que nuestras hijas puedan elegir. Pero, supongo que estás al tanto: muchas opciones hoy son proscritas por tu padre. Y tú, ingenuamente o no, te has prestado para ser otra de sus piezas comunicativas de campaña. La más eficaz, la más apabullante.

“Bucaramanga era el limbo (…) en ninguna parte he visto tan de cerca el uso del chisme y la crítica como control social, paralizante”, le contó Montserrat Ordóñez, una escritora de padre bumangués, –¿de los mismos Ordóñez? – a su colega y paisana Silvia Galvis. “Mi única meta era salir”, le confesó. Si yo estuviera en tus vestidos, adoptaría su frase y me iría lejos: a donde fuera una mujer, con nombre, vida y amor propios. Nada más y nada menos que eso: una mujer. No sé por qué, pese a las apariencias, aquí en el feudo de tu padre, nos sigue resultando tan difícil.

Yolanda Reyes 

 
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“Hemos crecido mucho”

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En la reunión de padres de la semana pasada, Sonia Téllez mostró esta linda presentación sobre el trabajo de su grupo. Aquí la compartimos con la comunidad. Invitamos a todos los padres a que la vean. La pueden descargar, haciendo click en el enlace:

Presentación Sonia 2013

Sonia

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Los más pequeños de Espantapájaros

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En la reunión de padres de la semana pasada, Eliana Mariño mostró esta linda presentación sobre el trabajo de su grupo. Aquí la compartimos con la comunidad. Invitamos a todos los padres a que la vean. La pueden descargar, haciendo click en el enlace:

Presentación Eliana 2013

Eliana

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“Ahora somos del grupo de los grandes”

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En la reunión de padres del martes 5 de febrero, Lucía Liévano mostró esta linda presentación sobre el trabajo de su grupo. Aquí la compartimos con la comunidad. Invitamos a todos los padres a que la vean. La pueden descargar, haciendo click en el enlace:

Presentación Lucía 2013

Lucy

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Nuestra Directora: “Querida Clara Rojas…”

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 4 de febrero de 2013, Yolanda Reyes escribió:

Querida Clara Rojas…

Escribo por cuarta vez sobre Emanuel en esta página. La primera columna, titulada “El niño incierto”,  quizás no llegó hasta ese cautiverio tuyo que todavía nos duele a todos, y más que nadie, a ti. Porque sé que no deja de doler, dudé si debía escribirte ahora, cuando los sentimientos vuelven a salir, desordenados, como saltan fotos, tarjeticas y dientes de leche de esas cajas secretas donde guardamos recuerdos las mamás.

Intenté buscar otro tema, y temas, ya sabes, nunca faltan. Pero, si persevero en busca de palabras, es porque me parece que aún las necesitas, que las necesitamos, para nombrar esa historia tuya, que es de todos. De tantos niños, niñas y familias, con caras, nombres y apellidos, víctimas de una guerra que no solo se ha librado, como quisiéramos creer, en la selva, sino en la intimidad de los hogares; en las historias que ocultamos o contamos a los hijos, en esa herencia de palabras que ellos cargarán en su memoria mientras vivan y después: en las heridas que no sabemos cuándo podrán cicatrizar.

La primera vez que hablé de tu “niño incierto”, era un bebé y no sabía su nombre. Entre el ruido mediático que traían los periodistas de la selva, quise llamar la atención sobre un hecho que no entraba –y sigue sin entrar– en el discurso nacional: que hablábamos de un niño, no de un botín de guerra, pues sabía, quizás por pasarme  la vida acompañando niños a crecer, que las palabras adultas son sus relatos iniciáticos. Que se nos va la vida intentando interpretar y reconstruir esos relatos que nos marcan al comienzo.

En nombre de esa responsabilidad que confieren las palabras, volví a escribir sobre tu hijo cuando esperábamos, un terrible fin de año, que los liberaran a las dos. Ante el estupor nacional, el Alto Comisionado leyó, junto al presidente Uribe y al ministro Santos, en rueda de prensa para el mundo, un informe de ICBF sobre ese niño, que entonces se llamaba Juan David. Ver a esos hombres revelar, en un campamento militar, qué comía, cómo eran sus heridas y hasta a qué horas iba al baño, me hizo exigir la confidencialidad que merecen los niños, especialmente en medio de la guerra. Luego volví a escribirle a Emanuel, por fin con nombre propio, para decirle que necesitábamos olvidarlo. Para devolvértelo, simbólicamente, cuando volvía a ser solo  tu hijo, con las tareas de la vida cotidiana, tan difíciles, tan fáciles y tan solitarias a la vez.

Hoy tu hijo vuelve a ser expuesto frente al mundo, en medio de debates mediáticos. Somos expertos en juzgar, especialmente, a quienes han sufrido más en esta guerra. Somos expertos en tomar partido y en cobrar inconsistencias. Y, porque soy mamá, sé que todas las tenemos, pero la diferencia es que las mías se dirimen entre casa. Las tuyas, en cambio, parecen de dominio público.

Como toda historia humana, la de Emanuel es una mezcla entre lo público y lo privado, pero, en su caso, quizás porque sabes que las palabras son sanadoras y que repetir una historia ayuda a procesarla, has compartido una versión pública que ya no puedes acallar. Eso nos sucede, en mayor o menor grado, a todas las mamás y son los hijos, sabiamente, quienes nos van poniendo límites, a medida que crecen. El tuyo no solo verá muchas películas como la que fue objeto de tutela, sino que leerá y escuchará fragmentos y versiones de su historia, contadas en sordina o en voz alta, y no siempre estarás ahí para enmendar ni silenciar.  Envuélvelo en palabras y deja que él vaya conquistando todos los días la suyas para hacerse y hacerte mil preguntas que irán cambiando con los años y que tú sabrás cómo contestar. Esas palabras armarán su propia narrativa y serán su coraza para afrontar y filtrar versiones, mejores y peores, de su historia. Hay una parte que todos conocemos, pero hay otros fragmentos, muchos otros, que son de ustedes dos. De nadie más.

Yolanda Reyes 

 
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