Olivia y las princesas

i jul 31st No Comments por

Llegó a Espantapájaros el nuevo libro de Olivia, la famosa cerdita creada por Ian Falconner. Se llama Olivia y las princesas y empieza con una crisis de identidad. Olivia está molesta porque todas las niñas de su edad quieren ser princesas. Aunque ella también soñaba con vestirse de rosado y tener una varita mágica, ahora le parece que sus amigas se ven igualitas. Y no quiere parecerse a ellas. 

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Los que conocemos a Olivia y hemos leído todos sus libros sabemos que la originalidad es muy importante para ella. Y tiene sueños y ambiciones, y nunca quiere quedarse quieta. Por eso, fantasea sobre otras alternativas que tiene. Se dedica a pensar qué quiere ser. Y se le ocurren cosas maravillosas, como adoptar muchos niños o ser enfermera.

Y lo que pasa después no lo podemos contar, porque no queremos arruinarles la lectura del libro. ¿Ustedes qué creen que sucederá? ¿Creen que Olivia superará su crisis de identidad?

 

De todas formas, en la hora del cuento de este viernes, 2 de agosto, vamos a leer la historia completa. Además, el libro está con el 20% de descuento por la Feria. ¡Solo hasta el viernes!

 

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Rafael Pombo: La vida de un poeta

i jul 27th 2 Comments por

La biografía del precursor de la literatura infantil en Colombia, escrita por Beatriz Helena Robledo, ya va por su segunda edición.  A continuación les presentamos una entrevista que le hizo Isabel Calderón Reyes a su autora, y que fue publicada en la revista El Librero de abril del 2013:

“Nos falta mucho Pombo por descubrir”

POMBOEl 2012 fue el Año Pombo: con mayúsculas y por decreto. En mayo se cumplieron cien años de la muerte del poeta y el país aprovechó para recordar sus versos más famosos. El aporte de Ediciones B fue la segunda edición del libro Rafael Pombo: La vida de un poeta, escrito por la investigadora y escritora Beatriz Helena Robledo.

Cuando Rafael Pombo tenía 72 años, fue coronado poeta nacional. A la ceremonia en el Teatro Colón asistieron multitudes. Él se esforzó por ser amable cuando le pusieron la corona de oro sobre la cabeza, aunque no le hacía gracia la “coronación de su esqueleto”. Después vinieron coronas de laureles y flores blancas, que lo enfermaron porque era alérgico al polen. Robledo recrea este episodio en el primer capítulo del libro. Lo que sigue después es una biografía meticulosa, en la que no se queda por fuera ninguna de las facetas del escritor.

Explícame por qué decidiste empezar con esa escena tan terrible: la coronación del poeta, que a los ojos de Pombo es la coronación de un cadáver.

Lo primero que se me ocurrió fue empezar por su muerte. Pero me dediqué a leer biografías para entender cómo estaban armadas y qué licencias poéticas me podía dar y en esas lecturas noté que empezar por la muerte era un lugar común. La coronación fue un momento muy triste pero muy importante en su vida. Parecía más un acto de defunción que un homenaje. No deja de ser irónico, porque aquello que estaba pensado como una celebración, e incluso como un acto de desagravio, él lo vivió de una manera muy dolorosa.

Así empieza el libro. ¿Y tu relación con Pombo cómo empezó? 

Cuando yo hice mi tesis de maestría en Literatura Hispanoamericana, estaba interesada en investigar un periodo de la literatura infantil colombiana. Al buscar autores de ese periodo, todos me remitían a Pombo. Y me encontré con un personaje nuevo, lleno de facetas que yo no había explorado. Cuando me llamó el editor de este libro a proponérmelo, me contó que había leído mi tesis y que por un capítulo que yo le dediqué a Pombo había decidido que yo debía hacer el trabajo.

¿Qué fue lo que descubriste de Pombo que te llamó tanto la atención?

Lo que más me cautivo fue su calidad humana. Si algo me me enamoró, porque esa es la palabra, fue que Pombo era un hombre bueno, que le ponía el corazón a todo y era auténtico. También me encontré con esa personalidad suya, emocionalmente oscilante, y con esa pasión por el lenguaje, la poesía y el arte. Traté de abarcar tantas facetas como pude en la biografía: el Pombo periodista, el pedagogo, el activista político, el gestor cultural. ¡Y todavía nos falta mucho Pombo por descubrir! Por ejemplo: lo que escribió cuando vivía en Nueva York no está recogido. Y fueron 17 años muy productivos de su vida: desde que los 21 hasta los 38.

¿Cómo reaccionaste cuando te pidieron que escribieras la biografía?

Lo tomé como un reto. Yo tengo formación en literatura, no en historia, y nunca había escrito una biografía. La investigación fue apasionante: me tocó volverme historiadora, revisar la prensa de la época, armar mapas conceptuales, estudiar las nueve revoluciones que hubo en el siglo XIX…

¿Cuándo te diste cuenta de que tu trabajo no solo era retratar a Pombo, sino también retratar a Colombia en un periodo histórico muy interesante?

En un momento dado me dije: Rafael Pombo no es Rimbaud ni Lord Byron. Quiero decir: su vida no fue muy interesante. Yo estaba frente a un señor bogotano, con una dimensión humana muy especial, pero con él yo nunca podría hacer una biografía como la que hizo Fernando Vallejo de Porfirio Barba Jacob. En cambio, Pombo estaba involucrado con todo lo que pasaba en Colombia. Mi trabajo fue tejer su vida con la historia del país. Y me pasé a vivir al siglo XIX para lograrlo. Lo grave es que me sentí comodísima en el siglo XIX. En el fondo soy una señora decimonónica.

Escribir una biografía no solo es investigar. También hay algo de creación literaria. ¿Cómo fue ese proceso?

Darle el soplo vital al personaje es difícil y me encanta porque es un reto para novelistas. Hay un capítulo que quiero mucho: sobre su viaje por el Magdalena. Yo no encontraba ningún dato sobre eso, pero sabía que él tenía que haber pasado por el Río Grande de la Magdalena. Un día me encontré un libro de crónicas de viajeros que pasaban por allí. Empecé a ver las descripciones de la vegetación, de la fauna, de los cocodrilos, y me dije: tengo que construir ese capítulo como sea.

¡Y ese capítulo es muy emocionante! ¿Cómo lograste armarlo?

El personaje más cercano a Pombo era José María Samper, que además fue su amigo. Y en el libro del que te estoy hablando había una crónica suya. Así que lo convertí en mi guía. Yo me preguntaba: ¿Qué vio José María Samper en su viaje? Los micos en los árboles. Entonces me iba a ver cómo veían otros viajeros los micos en los árboles. Un trabajo súper minucioso. Y así, poco a poco, me inventé todo. Esa fusión entre investigación y ficción es fascinante.

Los versos infantiles de Pombo son célebres. Pero la mayoría de los colombianos solo conocen esa parte de su trabajo. ¿Por qué crees que ha pasado eso?

Tengo dos hipótesis. Una es que él en vida no seleccionó lo que quería publicar. Cuando a una persona le publican todo lo que escribió, su obra se pierde, porque no todo es de calidad. Muchos poetas son parcos. Aurelio Arturo sacó su Morada al Sur y es conocido por esos poemas impecables. A lo mejor, detrás de ese libro hay muchos poemas que nunca salieron. Si Pombo hubiera hecho eso en vida, nos habrían llegado pocos poemas, pero los mejores. Cuando tú te lees “Noche de diciembre” o te lees “Preludio de Primavera”, y te los saboreas, eso te lleva al éxtasis místico.

¿Y cuál es tu segunda hipótesis?

Que en cualquier caso él fue pionero en el campo de la literatura infantil. Sus versos infantiles tuvieron éxito por muchas razones: porque traen una carga de tradición oral, personajes arquetípicos y cosas que vienen de muy atrás, pero también porque él les hizo un aporte de humor y de ingenio. Él no fue un referente frente al romanticismo y sí lo fue en literatura infantil.

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Nuestra Directora: “La eterna segregación”

i jul 22nd No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 22 de julio de 2013, Yolanda Reyes escribió:

¿La nueva generación?
La eterna segregación

Con el título de “la nueva generación”, el número 261 de la revista Jet Set hizo un recuento de los colombianos menores de treinta años que “manejarán” el país durante los siguientes treinta años o hasta cuando tengan a bien reproducirse, para dejarlo en manos de sus vástagos. Ustedes se preguntarán por qué le doy importancia a esas revistas y quizás tengan razón: suele suceder que las llamadas “mejores familias” alimenten los sueños de la clase media en muchos países y, de paso, enriquezcan ciertos bolsillos, como nos lo ha enseñado Hola de España.

El problema, sin embargo, es de contexto. Porque si el príncipe Harry de Inglaterra se casa con una plebeya y ella monta una tienda de zapatos o una fundación para niños descalzos y se hace famosa o millonaria, en Inglaterra también hay miles de jóvenes plebeyas que pueden optar por construir o arriesgar otros proyectos de vida. Estoy hablando, para que se entienda, de ser joven y de tener la idea de que un camino se construye con esfuerzo y con tiempo de trabajo, no que se hereda. Estoy hablando de equidad de oportunidades, para situarnos en el contexto colombiano.

En ese sentido, me resultó indignante –y provinciano– leer en Jet Set que Santiago Santos, “el hijo de Rafael Santos, cree en los santos”, (¿a quién puede importarle?); que Sabina Nicholls, la esposa de Santiago Pastrana, (hijo de Andrés y nieto de Misael) “trabaja por el país” y asesora al Centro de Pensamiento sobre Trata de Personas adscrito a la fundación de su bisabuelo, Mariano Ospina Pérez; que Daniela Benedetti, fotógrafa en París, es “descendiente de una de las dinastías políticas más influyentes de la costa”; que el soldado Esteban Santos es hijo de su padre, el presidente; que Margarita Amín tiene un centro de yoga, pero que su esposo es Simón Gaviria (¿qué le suma ese parentesco a su ejercicio?); que Julio Mario Santodomingo III, nieto de Julio Mario Santodomingo I, fundó su propio sello discográfico; que Emilio Sánchez, hijo de Jaime Sánchez Cristo, nieto de Julio Sánchez Vanegas y sobrinito de “Julito” es muy original pues también trabaja en medios de comunicación y que el concepto de los delfines no es privativo de las castas políticas  –los Serpas, los Turbay, los Gavirias, los Pastranas, los Morenos–  sino que se aplica a todas las artes y oficios, si se cumple el requisito de ser “gente conocida”, como se sigue diciendo aquí en Colombia.

Ustedes dirán que el hecho de provenir de “familias conocidas” –además de ser blancos, lindos, de buen colegio privado y del centro del país o del poder–  es, justamente, lo que los acredita para salir en una revista con el nombre de Jet Set. Sin embargo, ahí también está el drama  de esos jóvenes que son ninguneados en sus esfuerzos personales y a quienes tampoco se les valora esa potencia educadora del ambiente familiar: la de partir de un legado cultural o de unas aficiones compartidas y disfrutadas con los padres para construir la propia historia, que es un concepto tan distinto al de ser simplemente “el hijo de” o “la esposa de”, como si viviéramos aún (quizás sí) en un reino hereditario.

Sigo los incidentes del Catatumbo, leo las declaraciones de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos sobre nuestras grandes disparidades en materia de derechos económicos, sociales y culturales, pienso en los jóvenes reclutados por grupos armados ilegales y en las brechas educativas que no podrán zanjarse solamente con mejorar la infraestructura o la cobertura, y no puedo evitar relacionar todo eso con la radiografía de país que muestra Jet Set. Parece que el título del especial de aniversario les quedó mal puesto y que no debería llamarse “La nueva generación” sino la “La eterna segregación”.

Yolanda Reyes 

 
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Entrevista a María Teresa Andruetto

i jul 19th 1 Comment por

María Teresa Andruetto es una de las autoras más destacadas de la literatura infantil contemporánea y ha roto barreras generacionales con sus libros para jóvenes y adultos…

A continuación les presentamos una entrevista que le hizo Isabel Calderón Reyes, publicada en la revista El Librero de mayo del 2013:

María Teresa Andruetto escribe historias sobre el lenguaje

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Al Premio Hans Christian Andersen lo llaman “el Nobel de la literatura infantil”. Cada dos años lo reciben dos personas: un autor y un ilustrador de libros para niños. Hasta el año pasado, no se lo había ganado nadie que escribiera en español. En la lista solo figuraban dos autoras latinoamericas: Lygia Bojunga y Ana María Machado, ambas brasileras. Pero en marzo del 2012 se lo dieron a la argentina Maria Teresa Andruetto.

En marzo de 2013 se celebró en Bogotá la segunda edición del Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil (CILELIJ), organizado por la Fundación SM y la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República de Colombia. María Teresa Andruetto fue una de las invitadas internacionales más importantes. Ante 600 asistentes, dio una charla sobre la lengua y la identidad en la Biblioteca Luis Ángel Arango.

Aunque a Andruetto le interesa la promoción de lectura, es experta en literatura infantil y ha formado maestros, no todos sus lectores tienen la misma edad y no todos sus libros se leen en el colegio. Para sus lectores más pequeños, el año pasado Alfaguara publicó Benjamino: un relato popular italiano, ilustrado por Cynthia Orensztajn. A los jóvenes, Andruetto les ha hablado con honestidad en libros como Veladuras. Y con novelas como Lengua madre (Mondadori) y Stefano (Babel) ha roto barreras generacionales. Es una autora prolífica: ha publicado más de 20 libros de narrativa, poesía y ensayo. Elegir unos pocos y hablar de ellos es más sensato que tratar de dar una mirada panorámica a su obra.

Este año publicaste Benjamino en Colombia. La historia de ese niño diminuto que está a punto de ser devorado por un lobo no te la inventaste tú, sino que la tomaste prestada de la tradición oral piamontesa. ¿Alguien te la contaba a ti cuando eres pequeña?

Mi abuela materna, que era piamontesa. A ella la recuerdo como una mujer rústica: era una campesina que hacía colchones. La cultura piamontesa es práctica. Y su tradición oral es menos cantada y más ligada a la rudeza. La oralidad está dada por la astucia, lo cual es algo que pertenece tradicionalmente a la cultura popular. La pregunta que engendra los mejores relatos es: ¿Cómo hacer para sobrevivir en este mundo de lobos?

Y en el caso de Benjamino, la respuesta a esa gran pregunta es clara. Nos salva el lenguaje.

 Claro. Fíjate que Benjamino es un niño pequeñísimo, pero es diferente a todos los demás porque es mucho más sagaz. Cuando se lo traga la vaca lo salva su madre, pero después está por su cuenta y se salva solo. Lo que lo salva es jugar con las palabras.

Hay otro personaje en tu literatura que también es salvado por las palabras. Rosa, la protagonista de Veladuras, le cuenta su pena a un confidente. Teniendo en cuenta que el libro es para jóvenes, ¿puedes contarme cómo construiste la voz de Rosa para que pudiera transmitir su desolación sin caer la melancolía?

Lo primero que debo decir sobre la voz de Rosa es que metaforiza un modo de hablar que no es el mío, una forma de hablar del noroeste argentino: campesino, rural. Es una zona que conozco mucho, a donde fui varias veces cuando era joven.

Cuando Rosa habla se dirige a una doctora y le habla sobre su dolor. ¿Qué me puedes decir sobre su forma de desahogarse?

Yo no quería romper aquello que llamamos la cuarta pared y hablarle directo al lector. Quería que la de la pena de Rosa fuera más susurrada. Por eso, yo necesitaba un confidente para Rosa. Tú me dices que no se debe perder de vista el hecho de que este libro va dirigido al público juvenil. Al respecto, vale la pena decir que en la juventud es clarísima esa necesidad de un confidente. La palabra es un puente, no importa si conduce al padre, a la madre, al amigo, al amado, o sencillamente a alguien que te escucha desde adentro de vos mismo.

¿Te parece bien si cerramos esta entrevista hablando de un libro adulto, sobre tres mujeres, abuela, madre e hija, que se escriben cartas? ¿Por qué no empiezas por contarme cuánto tiempo tardaste en escribir Lengua Madre?

¡Claro! Ese fue un libro duro. Se me fueron más de cuatro años escribiéndolo. Pero no fue un trabajo constante, sino por etapas y con interrupciones.

¿Recuerdas con claridad cuándo decidiste escribirlo?

El día que me estaba mudando a la casa donde vivo ahora. Hace once años fue eso. Me recuerdo a mí misma desarmando la biblioteca, vaciando los estantes, llenando cajas de libros, sacando cosas… Y encuentro dentro de unos libros, que hacía años no abría, dos cartas escritas por mi madre, del año 76, dirigidas a mí.

El 76 fue el año del Golpe de Estado.

Exactamente. Las cartas eran de cuando yo tenía 21 años y me había ido en un exhilio interno a la Patagonia, justo cuando empezó la dictadura. Eran cartas con el típico estilo y el tono que tienen las cartas de mamás: “¿Cómo estás, nena, qué comés, sí estás comiendo bien?”. Pero en esas cartas había dos cosas que me impactaron. Las dos hacen referencia a la dictadura. En una, me decía que había ido a una ciudad próxima a comprar azúcar, porque había escasez de azúcar, y en otra me contaba que a una mujer de su barrio la habían secuestrado, y me decía: “pero no es por lo que vos pensás, sino por otra cosa”.

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Un lugar para crecer como lectores

i jul 15th No Comments por

Al curso de vacaciones de Espantapájaros vienen niños de todas las edades. Los más grandes, llegan entusiasmados a pasar un buen rato y a continuar con su formación literaria. Nuestros ex alumnos regresan al lugar donde aprendieron a leer y aquí reciben acompañamiento y muy buenas recomendaciones para seguir creciendo como lectores.

Elena Olivar Vargas es una de las ex alumnas que vuelve a Espantapájaros cada vez que puede. Aquí mordió sus primeros libros, y ahora tiene ocho años, habla tres idiomas (español, inglés e italiano) y tiene una biblioteca envidiable, llena de libros que su mamá, Cristina Vargas, le ha comprado. Los comparte con su hermanita: Ana Olivar, que tiene tres años y es alumna de Espantapájaros. Estudia en el Colegio Italiano Leonardo Da Vinci y sigue siendo una gran lectora. Lee por placer, siempre está en busca de nuevos libros, y es maravilloso oírla leer en voz alta para su hermana y otros niños en la librería. Todos los años, en vacaciones, regresa a Espantapájaros para recargarse de literatura y seguir creciendo como lectora.

Por esa razón, Yolanda Reyes, la directora de Espantapájaros, que le ha recomendado libros en distintos momentos de su formación (más allá del jardín), le propuso que montaran una biblioteca con títulos más complejos para los lectores que regresan todas las vacaciones, como ella, a pasar un buen rato en Espantapájaros.

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Hola, Elena. Hemos visto que estás organizando varios libros. Cuéntanos para qué son. ¿Qué quieres hacer con ellos?

Estos libros son para prestárselos a los niños que vienen a Espantapájaros y buscan libros para leer en la bebeteca, pero no encuentran nada que les guste.

¿Y por qué no encuentran nada que les guste? ¿Porque ya son muy grandes?

Sí. Porque tienen más de ocho años. Y estos libros que estoy organizando son para niños de mi edad, y mayores que yo.

¿Qué hay que hacer para que a uno le presten libros de esta canasta para grandes?

Solo venir a Espantapájaros. En el curso de vacaciones la canasta va a estar acá, para que los niños puedan leer los libros y después devolverlos.

Bueno, Elena, por favor recomiéndanos algunos de estos libros que te gusten mucho. 

Pues aquí está Juan, Julia y Jericó (de Christine Nöstlinger, Alfaguara): con ese libro yo aprendí a leer hace unos años. Y me gusta mucho la historia. También me gustan mucho los de las colecciones Esa horrible ciencia y Esa horrible historia (Editorial Molino). Son libros muy divertidos. Yo ya los conocía desde antes. Y hoy Yolanda me prestó este sobre los romanos. Y el libro de Indiana Jones no lo he leído, pero de pronto lo leeré. Yo conozco a Indiana Jones porque cuando era pequeña lo vi algunas veces en televisión o películas.

Cuéntanos, ¿te gusta el cine tanto como te gustan los libros?

Sí, me gusta mucho.

De las películas que hay ahora en cartelera, ¿cuáles has visto?

Ya me vi Monsters University Mi villano favorito. Las dos me gustaron mucho porque son muy divertidas.
Las puertas de Espantapájaros siempre están abiertas para los niños y los papás. Como Elena, nuestros ex alumnos siempre serán bienvenidos, porque su formación como lectores no concluye cuando pasan al “colegio grande”.

El club de lectura estará abierto mientras dure el curso de vacaciones y, además, desde el miércoles 17 de julio habrá una gran feria del libro, con los mejores libros para seguir creciendo como lectores, recomendados por el equipo de expertos de. Espantapájaros. Aquí los esperamos.
*Invitamos a todos los ex alumnos que nos leen en este blog (o a sus papás) a que nos cuenten qué están leyendo ahora y cómo les ha ido en el “colegio grande”. ¡Todos pueden ser protagonistas!

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De cómo la literatura inspira a las nuevas familias…

i jul 11th No Comments por

De cómo la literatura inspira a las nuevas familias en distintos lugares del mundo

 

Desde Buenos Aires, Toby y Olivia saludan a sus colegas lectores de Espantapájaros.

**Las fotos son cortesía de su mamá, Larisa Chausovsky.

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Este libro
“Este libro… ¡está interesantísimo!…”

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(La caperucita que se escapó del cuento…)

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Nuestra Directora: “Cuando los Cronopios se pensionan”

i jul 7th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 7 de julio de 2013, Yolanda Reyes escribió:

Proveedores literarios
Cuando los Cronopios se pensionan

Si Cortázar, tan recordado ahora por los 50 años de Rayuela, hubiera intentado vivir de la escritura o de algún trabajo cultural, de prestación de servicios o free lance hoy en Colombia, quizás sus Historias de Cronopios y de Famas habrían sido de este estilo:

Cuando a los Cronopios los invitan a dar conferencias y talleres o a escribir artículos, se ponen contentísimos y sueñan con palabras raras y se imaginan encuentros con lectores que por fin han leído sus libros. Pero como, por lo general, son los Famas quienes tienen puestos fijos para invitar a los Cronopios, el procedimiento a seguir (sic) es el siguiente: Un jefe Fama le pide a un Cronopio empleado que redacte un mail entrañable en el que explique el interés por contar con la presencia del “Maestro-Cronopio” en cierta fecha, apelando a su altruismo, pues los exiguos honorarios no compensan el trabajo. Cuando el Cronopio acepta conmovido la invitación, otro Fama manda un mail en el que le indica al, ya no denominado maestro sino “proveedor de servicios” (artísticos, filosóficos, literarios), el inventario de papeles que debe adjuntar para legalizar el contrato, a saber: cotización de servicios, cuenta de cobro –pagadera en un plazo interminable de días hábiles–, certificación bancaria, Rut actualizado, certificado de antecedentes judiciales y, en algunas ocasiones, formulario para proveedores, en el cual conste que sus magros ingresos por servicios (literarios) no provienen de fuentes ilícitas. Todos estos documentos suelen variar de una entidad a otra, pero su denominador común es la exigencia de originalidad, lo que quiere decir que jamás pueden ser reutilizados, así el Cronopio tenga contratos similares.

Adicionalmente a lo anterior, (sic), porque así suelen hablar los Famas, y siguiendo reglamentaciones de altos Famas del gobierno, exigen fotocopia de aportes a salud y pensión. Aunque el Cronopio tenga un empleo y haya pasado la vida entera haciendo aportes mensuales a salud y a pensión –sin esperanza de pensionarse jamás o de ser atendido en las urgencias de una EPS– o aunque aporte como trabajador independiente, –porque a ese grado de responsabilidad han llegado los Cronopios de estos días–, será obligado a cotizar de nuevo, como si jamás lo hubiera hecho, sobre casi la mitad del valor de sus servicios (literarios).

Mientras los Cronopios dedican su tiempo completo a la preparación de esos papeles, “los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos”, exactamente igual que en las historias de Cortázar. Entonces descubren que el trabajo será a pérdida y retrasará aún más sus obras que siguen en el tintero, en tanto que ellos pierden los días hábiles haciendo diligencias. Sin embargo, “los Cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos”, y se dicen unos a otros que lo hacen porque adoran su trabajo y se trasnochan para cumplir con el objeto del contrato.

Al final, cuando caen extenuados sobre la mesa, sueñan que, con todo ese dinero que han pagado a la EPS, su fidelidad será premiada y sus puntos, “redimidos”, y que no los dejarán morir de dolor en un pasillo de hospital. Y que cuando ya estén encorvados y no puedan proveer más servicios (literarios), tendrán derecho a esa pensión que cotizaron tantas veces seguidas en el mismo mes.

Ustedes dirán que así no piensan los Cronopios y que la salud y la pensión no los desvela, y yo les contesto que eso era en tiempos de Cortázar, cuando los proveedores de servicios literarios se llamaban escritores y cuando no había carruseles de pensiones, sino carruseles en los parques.

Yolanda Reyes 

 
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¡El taller de artes y oficios ya empezó!

i jul 4th 1 Comment por

Este año, el curso de vacaciones de Espantapájaros ha sido la oportunidad perfecta para que muchos niños cambien de oficio y ensayen formas divertidas de “ganarse la vida”.

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Además de las posibilidades creativas que Espantapájaros ofrece todos los años, en torno a la literatura, el arte y la música, este año ha habido propuestas nuevas. Durante esta semana, los niños se convirtieron en joyeros profesionales: diseñaron, amasaron y pintaron sus propios accesorios.

Joyería

Mientras los niños grandes cambiaban de oficio, los bebés del curso de vacaciones se dedicaron a relajarse. En la foto, el grupo de los más pequeños jugando en la arenera con Eliana.

Arenera

Y para que todos pudieran calmar el hambre, La tienda de Lucía abrió sus puertas a la hora de las onces. En la foto, Leonardo compra una empanada… ¡y dulces!

Tienda

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Amigos inseparables

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María Barrero e Isabella Miranda se van a colegio grande, pero siguen siendo parte de Espantapájaros.

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Tomás Castillo e Isabella Miranda, el día que los grandes lectores de Espantapájaros fueron al encuentro con Satoshi Kitamura en el Centro Cultural Gabriel García Márquez.

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