Nuestra Directora: “Por ser niña”

i sep 30th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 30 de septiembre de 2013, Yolanda Reyes escribió:

Habitación propia:
Por ser niña

El 11 de octubre, 70 países de la ONU celebrarán –y la palabra hay que tomarla con cautela– el Día Internacional de las Niñas. Esta fecha, institucionalizada desde 2012, pretende llamar la atención sobre un problema que mucha gente cree superado: el de la discriminación contra las niñas y las mujeres. En Colombia se conocen, aunque no se divulgan ni se comentan tanto como deberían, las cifras de violencia sexual, deserción escolar, embarazo adolescente y maltrato del que son objeto –nunca tan bien dicha la palabra– nuestras niñas.

Sin embargo, más allá de esas cifras dramáticas que a todos nos deben movilizar, podrían existir también –usted dirá–, algunas formas de discriminación que, detrás de ciertos cambios en las costumbres cotidianas, serían indicadores de que el inconsciente aún no acusa recibo de aquellas frases hechas acerca de la igualdad entre hombres y mujeres.

Quise anticiparme a la celebración del Día de las Niñas proponiendo 21 preguntas para que cada quien averigüe si es cierto que las cosas han cambiado. Y como nadie tabulará las respuestas, usted puede contestar con la pura verdad el siguiente cuestionario:

  1. En su ciudad, ¿la alcaldía y la gobernación están en manos de hombres, de mujeres o miti y miti?
  2. En su casa, ¿quién recoge y lava los platos? ¿Hombres, mujeres, o miti y miti?
  3. Si su bebé se enferma y, tanto el padre como la madre trabajan, ¿cuál pide licencia para llevarlo a urgencias?
  4. En su familia, ¿quién se encarga de cuidar a los padres y madres enfermos o ancianos? ¿Los hermanos hombres? ¿Las hermanas mujeres? ¿Miti y miti?
  5. ¿Cuántas niñas y cuántos niños fueron los mejores bachilleres de 2012 en el país? ¿Podría aventurar un porcentaje?
  6. Cuándo le preguntan por los autores que más lo influenciaron, ¿cuántos escritores y cuántas escritoras incluye?
  7. En el portal de Internet Las dos orillas (septiembre 2013), se mencionan las siete  estrellas del Derecho en Colombia. ¿Cuántas mujeres y cuántos hombres cree que hacen parte de la lista?
  8. ¿Cuántos hombres y cuántas mujeres hacen parte de la delegación del gobierno para las conversaciones de paz en La Habana?
  9. ¿Cuál es el porcentaje de mujeres candidatas a la presidencia de Colombia o de cabezas de lista para el parlamento en lo que va de este siglo?
  10. ¿Cuántas mujeres son presidentas –o dueñas– de los grupos económicos más poderosos?
  11. ¿Cuántas mujeres y cuántos hombres lideran las firmas de arquitectos o ingenieros que se presentaron en 2012 a licitaciones públicas?
  12. ¿Cuántas mujeres y cuántos hombres lideran los principales proyectos de investigación en ciencia y tecnología del país?
  13. ¿Cuántas primeras damas y cuántos primeros caballeros hay hoy en Colombia?
  14. ¿Cuántos ministros y cuántas ministras hay hoy en Colombia?
  15.  En su Consejo Estudiantil o en el de sus hijos/as, ¿quién es su presidente o presidenta?
  16.  En su Consejo Estudiantil o en el de sus hijos/as, ¿quién es su secretario o secretaria?
  17. ¿Alguna vez se ha preguntado si, en las Pruebas Saber de Noveno, los niños y las niñas obtienen puntajes similares en matemáticas, ciencias y lenguaje?
  18. ¿Cuál es el porcentaje de hombres y mujeres que dirigen el parlamento, las Altas Cortes y los organismos de control?
  19. Si se encuentra con una sobrina de seis años en una fiesta familiar, cuál de estas frases y en qué orden le servirían para comenzar la charla: a)¡Qué linda ropa! b) ¿Ya aprendiste a leer? c) ¿Cuál es tu deporte favorito?
  20. Si se encuentra con su sobrino, ¿usa las mismas frases? ¿En ese mismo orden?
  21. ¿Le parece que las preguntas 19 y 20 son sesgadas, o no tienen importancia?

Después de contestar, en serio, ¿considera que el feminismo es un asunto trasnochado?

Yolanda Reyes 

 
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El derecho a la poesía, la belleza y la intensidad en la escuela

i sep 26th 2 Comments por

En el Foro de Lectura que organiza la Fundación Mempo Giardinelli en Resistencia, el Chaco, Julieta Pinasco, una profesora de lengua y literatura que trabaja con gramática y adolescentes –oh, mezcla explosiva-, leyó esta ponencia. Es una joya y le pedí que me la dejara publicar en el blog Espantapájaros. Agradezco a Julieta su generosidad y también, una vez más, a Natalia Porta, a Mempo Giardinelli y a todo el equipo maravilloso de la FMG por hacer posible todos los años estos encuentros por el derecho a la poesía. ¡Disfruten la primicia!

Atentamente,

Yolanda Reyes

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El derecho a la poesía, la belleza y la intensidad en la escuela

Por: Julieta Pinasco*

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Trabajábamos con La rebelión de las palabras de Andrea Ferrari, y les leí aquel fragmento de Pablo Neruda en el que el poeta dice de las palabras:“Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció.”

Tienen 11 años y les daba risa que el escritor hablara de ellas como cosas comestibles u objetos, así que  les propuse que pusieran en el papel sus sensaciones e ideas sobre las palabras. Flor, entonces, escribió: “A mí me parece que las palabras son como los colores. No es lo mismo el amarillo si está al lado del naranja o si está junto al verde. Con las palabras es igual, depende de qué otras van acompañándolas en la oración. Cambian su significado como lucecitas que se prenden diferente.”

Trabajar con púberes y adolescentes es conectarse con ese momento de la vida en que el mundo es, aún, asombro y descubrimiento; pero, sobre todo, comienza a convertirse en motivo de reflexión para la elaboración de su propia identidad. Un momento poético por excelencia, diría yo.

Hace treinta largos años que entro en las aulas con un tesoro, pero no lo regalo. Cobro mi precio y es alto. Lo curioso es que los chicos siempre me pagan. Muchas veces me detengo a pensar por qué. Creo que si algo compartimos -ellos y yo- es la pasión, la entrega sin peros, la alegría de descubrir que podemos sentir, emocionarnos y ser felices, entre otras cosas, con las palabras.

A ellos, cada día, les propongo la posibilidad de descubrir lo que la lengua española tiene para ofrecerles. Los veo ponerse las manos en el cuello cuando digo que la “p” y la “b” son iguales, excepto porque una canta y la otra, como es sorda, no la puede escuchar. Reírse cuando inventamos palabras después de haber trabajado, ardua y seriamente, con los distintos procedimientos para derivar o componer palabras. Me enternezco cuando, ante mi pregunta de cuál es el sustantivo colectivo de “anécdota”, en vez de decir “anecdotario”, uno del fondo grita “infancia”. O cuando escuchan, como si fuera un cuento maravilloso, la historia del copista que inventó la eñe por pereza de escribir dos enes seguidas.

Intento que mis chicos sepan, de entrada, que TODO lo que haremos será buscar los instrumentos y caminos para poder expresar mejor lo que sentimos, lo que pensamos, lo que nos emociona; y para poder gozar y comprender lo que sintieron, lo que pensaron y lo que emocionó a esos otros que son los escritores. De entrada, aclaro que no es obligatorio querer la literatura, que pueden aborrecer los poemas, las novelas, los cuentos y las obras de teatro, pero solo después de haberlos transitado.

El año pasado elegí, para chicos de 15 años, la poesía española amorosa de los siglos XVI y XVII. Era un desafío importante. De los que a mí me gustan y me convocan. Cada vez más, se hace dificultosa la poesía en el aula. Es un lenguaje tan comprimidamente connotativo, tan lleno de otros significados que deben reponerse más allá de lo que el poema dice, con palabras tan ajenas a su realidad de todos los días que se niegan de entrada. Y encima a eso se suma el requerimiento escolar: entender, clasificar, exponer, evaluar: Hacé la métrica, decime de qué rima se trata, justificá, cuál es el tema, marcá metáforas, metonimias, sinécdoques… ¿Hay paralelismo? ¿Y quiasmo? Y el poema termina disecado como el sapo al que en mi época nos obligaban a dormir para clavarle el bisturí y pincharle el corazón.

La escuela, por definición, se articula en un cruce de difícil conjunción para la literatura: por un lado pretendemos que los adolescentes disfruten de la lectura; y, por el otro, que rindan  cuentas académicas de ese leer.

En principio, creo que hay que rescatar cierto momento de encuentro con el poema como transmisión de un mundo sensorial hecho palabra que solo puede llegar a los chicos si el docente, que se constituye como vehículo de transmisión, está -él mismo- encantado por esa magia de las palabras que evocan la subjetividad más absoluta.

En ese curso leí el soneto de Garcilaso que dice

Escrito está en mi alma vuestro gesto  
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribiste, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.  

[…] Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;    

cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.

Les anticipé que oirían el que, para mí, era el más bello poema de amor escrito por un hombre a una mujer. Siempre leo la poesía en voz alta, creo ciegamente que hay que gozar de decir y oír los versos. Hay que dejar que el aula se llene de palabras, que los chicos se sientan invadidos por ellas, y que ellas los busquen, los atraviesen, les alcancen el alma. Cosa que solo tiene posibilidad de suceder si antes las palabras nos llenaron, nos atravesaron  y alcanzaron a nosotros,  y si fuimos capaces de transmitir en la lectura esa emoción encarnada.

La poesía es un género, básicamente, adolescente. Apela, en principio, a algo bastante diferente a la razón. Es de esperar que los chicos se sientan conmovidos, tocados, y, sin embargo, suele subsumirlos en la indiferencia. La respuesta inmediata es “No entiendo nada de lo que dice”. ¿Y entonces? ¿Nos resignamos? ¿Les decimos que la poesía no es para entender? ¿Que debe sentirse? Con frases así, ¿no terminamos pareciendo ridículos? Y fundamentalmente, ¿es verdad que la poesía no debe entenderse? ¿O tal vez es que requiere otro tipo de entendimiento, diferente al que ponemos en juego en una ecuación matemática, un texto de historia e –incluso- al leer un relato?

En principio, deberíamos apelar a la primera impresión de nuestros chicos, a aquello que lograron vislumbrar en lo que para ellos es la selva de palabras del poema y que no creen poder abrir ni a machetazos. ¿Qué te parece que está intentando decirte el poeta?, es una buena primera pregunta. Abrir el debate a la pluralidad de significados que la poesía estalla en cada uno de nosotros. No desvalorizar ninguna lectura, ni privilegiar la propia por competente. Establecer la mayor democracia posible en el leer, que cada uno diga- sin pudores- lo que experimentó: cada cual llegará a la fiesta con lo que es, pero todos tienen derecho a gozar del baile.

Y, en ese discurrir, el docente podrá hallar los senderos para ir avanzando, para plantear las herramientas -gramaticales, retóricas, genéricas- para que las impresiones se transformen en eso que los chicos llaman “entender” y que no es otra cosa que la interpretación del texto. Y luego, creo yo, viene el juego creativo. Desacralizar el género para que surja la escritura como posibilidad de expresarse y divertirse.

Hace unos años, con chicos de 16, yo enseñaba poesía latina. Y allí estaba, intentando llegar a ellos con Catulo y su “Odi et amo”, mientras había uno, en el fondo, al que se le daba por la rima fácil: “La odia, la ama, la quiere llevar a la cama”, decía. Harta ya, creí castigarlo: Ya que te gusta tanto hacer poesía, para la clase que viene traés un poema donde hagas rimar los apellidos de estos autores Rimbaud, Verlaine, Ronsard, Shakespeare y otros que me surgieron en el momento, segura de que había ganado la batalla y Marcos se calmaría. A la clase siguiente pasó al frente y leyó:

Juli me mandó a hacer

un poema de métrica dispar.

Estaba desesperado, pero volví a nacer

cuando leí la lírica de Ronsard.

 

Mi inspiración estaba en pleno vuelo,

pero en el verso doce leí “mi amada cuando camina pisa el suelo”.

Con esa lógica en la poesía, no sé qué esperaré:

en mi lista de tarados primero está Shakespearé.

 

Yo no sabía lo que hacía

y, para colmo, Maxi me decía:

-Eso es más plagio que TheBeats,

menos rima que John Keats.

 

Mis rimas son mejores que las de Rimbaud,

y soy más convincente que Luis Palau.

Juli, el poema te gustó un montón,

y para la próxima Baudelaire y Byron.

A partir de esa clase, Marcos escribió un poema para cada uno de los libros que leyeron, y el momento de su lectura se transformó en central en el primer jueves de cada mes, en el que nos dedicábamos a comer medialunas, tomar leche Cindor y leer las poesías que ellos y yo traíamos para compartir.

Hace unas semanas, yo estaba en el Colegio, en el que coordino el área de Lengua, y dos chicos se acercaron porque Dalila de 12 estaba llorando. Fui a buscarla y la traje a mi oficina. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que se había muerto su abuela. “Yo la llamaba cada mañana antes de venir a la escuela.”, me contó y agregó entre lágrimas: “Ahora los días tienen menos luz.” No había mucho para decir en esas circunstancias, así que opté por lo único que ha sabido consolarme cuando he pasado por angustias semejantes. Le pregunté si quería que le leyera algo que había leído durante el fin de semana y que me parecía que le iba a gustar. Dijo que sí con la cabeza, y yo saqué de mi mochila, la novela de María Cristina Ramos, La rama de azúcar, y le leí el fragmento en que a la protagonista se le ha muerto la tía y reflexiona sobre el silencio con que cada miembro de su familia atraviesa el duelo. Leí en voz alta, quebrada por mi propio dolor ante mis desaparecidos y mis muertos, y ella me tomó la mano. Cuando levanté los ojos sonreía. Nos abrazamos y, al día siguiente, cuando nos encontramos en el aula, se acercó de pedirme el título del libro porque lo quería tener.

En definitiva, creo que ese es el derecho que nuestros alumnos deben conquistar en medio de los deberes que les exige la escuela: el derecho a que la poesía y el lenguaje les embellezcan la vida y les permitan vivirla con intensidad.

* Julieta Pinasco. Profesora en Letras, Universidad de Buenos Aires.  Escritora, editora y lectora de Santillana, Alfaguara, SM, y MacMillan Education. Primer premio de poesía de la Bienal de Arte Joven 1989, de narrativa infantil de A.L.I.J.A.  y la Fundación El Libro, y de narrativa breve del Ayuntamiento de Jerez de la Frontera,  España.  Coordinadora del Área de Lengua y literatura castellanas de las escuelas primaria e intermedia Colegio Tarbut  de Olivos. Capacitadora de docentes de la provincia de Buenos Aires.

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Desde el Canal Capital: perfil de Yolanda Reyes

i sep 21st No Comments por
¿Conocen el programa de televisión “Distrito Cultural”, emitido por Canal Capital?Les recomendamos este capítulo sobre lectura:

http://www.youtube.com/watch?v=eUcjW4293HU


Yolanda Reyes y muchos niños lectores de Espantapájaros como Amelia Ángel, Isabella Muriel, Helena y Ana Olivar, entre otros, se ven felices leyendo juntos.

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“A los niños les gustan los libros. Si son buenos, por supuesto. Y si no hay alguien detrás preguntándoles: ¿Qué te enseña? ¿Por qué? ¿Cuál es la idea principal?

Los niños necesitan saber cómo lo hicieron los otros, cómo resolvieron sus miedos. Y la literatura es eso: son emociones y sentimientos humanos, contados por otros que tienen más experiencia.”

Yolanda Reyes.

*NOTA: Si no pudiste ver el video, intenta ingresar por aquí:

haz click en este enlace.

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Nuestra Directora: “Lecciones de narrativa”

i sep 15th No Comments por

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 16 de septiembre de 2013, Yolanda Reyes escribió:

Lecciones de narrativa
¿Cómo inventar un presidente?

La explicación que atribuye la caída de popularidad de Santos a su negación del Paro Agrario no parece convincente en este país con tendencia a la evasión. A Uribe que negó obsesivamente la existencia del conflicto armado y que solía llamar emigrantes a los desplazados, por no mencionar su renuencia a aceptar los mal llamados “Falsos Positivos”, el país lo premió con su fervor en las encuestas. Por eso prefiero suscribir otra hipótesis de moda que asocia la baja de popularidad presidencial con lo que se denomina “falta de narrativa”. “No construyó una narrativa que atravesara su mandato e identificara su gestión”, afirmó la revista Semana.

Como algo sé de narrativa, me puse a pensar que si quisiera crear un rey o un presidente de ficción, jamás tomaría de modelo a Santos por una sencilla razón: no hay una mínima coherencia entre lo que el personaje piensa y dice, y lo que hace. Y eso lleva a que el lector o el público o el pueblo –o como quiera que se llame– no le crea. O, para decirlo en un lenguaje narrativo, el personaje no resulta verosímil.

Ilustrémoslo con un ejemplo: para inventar un personaje presidente, hay que esbozar ciertas líneas: ¿Autoritario o demócrata; alto o bajo; liberal o conservador; de izquierda, de centro o de derecha; neoliberal, populista, alternativo…? Aunque uno crea en lo contradictorio y mutable de la condición humana, como se permite en toda narrativa, es necesario elegir ciertas tendencias, y las acciones del personaje deben tener alguna relación con las líneas de su carácter.

Examinemos ahora, con otro ejemplo, las relaciones causa-efecto que estructuran nudos narrativos: El personaje afronta una crisis de gobernabilidad severa que lleva al país al borde de la anarquía. La consecuencia de la crisis, a manera de escarmiento –como sucede en las narrativas palaciegas–, es solicitar la renuncia del gabinete ministerial y de los Altos Consejeros. Sin embargo, las renuncias masivas resultan ser meramente “protocolarias” y pese a que los índices de popularidad presidencial han bajado a la quinta parte, él saca del Gobierno a 5 de sus  15 ministros. (En realidad, saca solo a 3, como veremos enseguida).

Y aquí viene lo más inverosímil: al ministro del Interior, responsable directo de los desafueros vividos en el reino, lo saca del cargo y, como sanción ejemplarizante, lo manda ¡de embajador a España! Al ministro de Minas, otro responsable de los paros actuales, a quien había tenido que rebajar a ese cargo por haber sido responsable de otra grave crisis ocurrida un año atrás, cuando se desempeñaba como ministro del Interior, lo premia con la embajada de Francia, país en donde también planea vivir su novia, una alta consejera palaciega, a quien el presidente acepta la renuncia.

En cuanto al ministro de Agricultura, el presidente no le ofrece ninguna recompensa, pues no la  merece por su responsabilidad en el Paro Agrario. Sin embargo, para recuperar la confianza de los campesinos, lo reemplaza por el antiguo gerente de Indupalma, una empresa cuyo sindicato de trabajadores ha sido prácticamente acabado por sustracción de materia: 6 presidentes han sido asesinados –4 de ellos durante la gerencia del nuevo ministro– y cerca de 100 trabajadores, “desaparecidos”.

Ese ministro, a quien se le asigna la tarea de convocar a los campesinos como agentes fundamentales para hacer un Pacto Nacional Agropecuario, forma parte del nuevo equipo llamado  “Gabinete para la Paz y la Unidad” con el que el presidente intenta dar un contundente golpe de opinión para recuperarse en las encuestas. Como personaje, coincidirán conmigo en que parece flojo. Y como presidente, bueno… quizás le falta coherencia… ¡narrativa!

Yolanda Reyes 

 
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Cuentos al parque

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Este lunes los niños y las profesoras de Espantapájaros llegaron con ganas de empezar la semana con el pie derecho. Y en nuestro idioma, eso significa: leer cuentos al aire libre. Compartimos con ustedes esta foto de la hora del cuento en el parque, a cargo de Marta Parada, para los niños más pequeños del jardín infantil: los de los grupos de Eliana y Luisa.

Cuentos al parque

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuentos al parque

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Cuentos al parque

 

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Porque ustedes lo pidieron: los libros de Isol en la hora del cuento

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Marisol Misenta, mejor conocida como Isol, es una ilustradora y autora de libros infantiles argentina. Este año recibió el premio Astrid Lindgren, un galardón que el gobierno sueco entrega anualmente a un autor de literatura infantil y juvenil, a un ilustrador o a un promotor de la lectura, de cualquier país del mundo.

A los niños les encantan sus libros y tal vez por esta razón, cuando preguntamos a nuestros amigos en las redes sociales a qué autor querían conocer mejor en la hora del cuento, más de uno votó por Isol.

Así que este sábado,
14 de septiembre,
leeremos sus libros en la hora del cuento.

isol

A las 11:00 a.m., 
en nuestra librería: Carrera 19A # 104A’60.

ENTRADA LIBRE:
Todos los niños de todas las edades están invitados, y pueden venir con sus mamás, papás, abuelas, abuelos, hermanos, y primos.

Estos son algunos de los libros que hemos seleccionado para compartir con ustedes:

Secreto de familia.
Vida de perros.
El globo.
Tic – tac.
Intercambio cultural. 

Y… Mi cuerpo y yo, un poema de Jorge Luján, dibujado por Isol.

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María del Sol en Espantapájaros

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La semana pasada nuestra agenda cultural estuvo apretada. Tuvimos muy buena suerte porque vinieron a visitarnos dos amigos de la casa, que hacen un trabajo increíble, y a quienes queremos mucho:

El jueves 5 de septiembre vino el escritor cubano Sergio Andricaían, que vive en Miami y aprovechó un corto viaje a Colombia para celebrar con nosotros el lanzamiento de su libro más reciente, Alelé, alelé: poesía para la primera infancia, un trabajo a cuatro manos con Antonio Orlando Rodríguez. Las fotos y los videos del encuentro están en nuestro blog y han tenido mucho éxito. Para verlos, pueden seguir este enlace: “Los niños necesitan poesía” Sergio Andricaín

Y el sábado 7 María del Sol Peralta fue la invitada especial a nuestra tradicional hora del cuento, que esta vez tuvo que hacerse dentro de la casa porque en la librería no habrían cabido todos los niños que vinieron. María del Sol contó cuentos, cantó canciones y nos presentó un adelanto de Tomatina: el espectáculo que estrenará el 22 de septiembre en el Teatro Nacional, basado en el audiolibro que lleva el mismo nombre. Los niños estuvieron felices y no le quitaron los ojos de encima ni un minuto. Cantaron todas las canciones, zapatearon, aplaudieron y mostraron sus caras más feroces. Aquí les dejamos las fotos, para que siempre recuerden esa mañana…

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Los niños necesitan poesía

i sep 6th 1 Comment por

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El escritor cubano Sergio Andricaín, amigo de la casa, fundador de Cuatrogatos y autor de libros como ¡Hola!, que me lleva la ola, y Había otra vez, estuvo en Espantapájaros el jueves 5 de septiembre. Aprovechamos su visita a Colombia para celebrar el lanzamiento del libro Alelé, alelé: poesía para la primera infancia.

Alelé

Alelé, alelé es una selección de poesía para compartir con los niños más pequeños y llevarlos de la mano por los caminos de la imaginación y de las palabras. Hay rimas, disparates, juegos y canciones clásicas y muchas recopiladas de la tradición oral de distintas culturas y que a través de los años han guiado la infancia de varias generaciones. Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez se ocuparon de la selección, y Panamericana publicó el libro.

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La presentación estuvo a cargo de las Lucía Liévano y Maribel Vásquez, profesoras de Espantapájaros, que conversaron con Andricaín sobre el lugar de la poesía en las bibliotecas infantiles y sobre la selección de poemas, juegos y canciones que hacen parte de Alelé, alelé. La celebración fue muy emocionante y niños y adultos terminaron cantando y jugando con el libro.

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Mientras empieza el partido…

i sep 6th No Comments por

¡los niños y los grandes de Espantapájaros leemos cuentos!

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Especial: libros sobre el campo, para niños

i sep 2nd 1 Comment por

La semana pasada estuvimos buscando en nuestra biblioteca buenos libros sobre el campo, la agricultura y los campesinos para leer con niños pequeños. Estos son algunos de los que escogimos. Hay cuentos y también libros informativos, para acercarse al tema desde distintos lugares.

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El ratón de campo y el ratón de ciudad
Esopo
Editorial Juventud
Ilustraciones de Helen Ward

El ratón de campo y el ratón de ciudad es una fábula atribuida a Esopo. Muchos autores e ilustradores de libros infantiles se han apropiado de ella para contarla con distintos formatos y ligeras variaciones en la historia. Esta versión de Editorial Juventud, con ilustraciones de Helen Ward, llegó hace poco a nuestra librería y nos encantó.

Cuenta la historia de un ratón que vive muy feliz en el campo, hasta que tiene una conversación con un amigo de la ciudad. Este le cuenta que donde él vive no hay barro, no hay peligro y tampoco hay animales enormes. En lugar de eso, hay banquetes maravillosos y siempre es posible robarse algún manjar. Después de oír todo lo que cuenta el ratón de ciudad, el ratón de campo se da cuenta de que ya no se siente tan feliz como antes y se va de la casa para visitar a su amigo y conocer ese lugar, que suena maravilloso.

El viaje le permite conocer un mundo que no se parece en nada al suyo. Pero las experiencias vividas también lo ayudan a apreciar su estilo de vida, sencillo y tranquilo. Su hogar es el campo, así como la ciudad es el hogar de su amigo.

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La granja
Sylvaine Peyrols y Jeunesse Gallimard
Océano Travesía

La colección Primeros descubrimientos de Océano tiene libros informativos pensados especialmente para pequeños y curiosos lectores. Este título muestra a los niños cómo viven los animales en la granja. Y no es la misma información de siempre: se trata de un libro original, que anima a los niños a gozar con el conocimiento. Las ilustraciones son realistas y están llenas de detalles, y el lenguaje es rico y muy cuidado.

Está lleno de sorpresas y recursos pedagógicos para invitar a los lectores más pequeños a pensar, buscar más información y discutir.

Granja sucio

No deberíamos decir: “sucio como un cochino”, porque
cuando el cochino se revuelca en el lodo, es para refrescarse.

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El gran libro del árbol y del bosque
René Mettler
Editorial Juventud

Este es un libro informativo enorme, para lectores mayores. Pero no solo se llama El gran libro del árbol y del bosque por su tamaño. Es una vasta enciclopedia sobre los árboles y los bosques del mundo. Las explicaciones son fascinantes y muy completas. Resulta que los bosques son una fuente inagotable de materia prima y energía.  Y este libro permite que los niños se acerquen a ellos y conozcan más sobre su fauna y flora. Al leerlo, aprenderán sobre la anatomía de los árboles y comprenderán cómo es su vida: desde el nacimiento, hasta la muerte, pasando por uno de los procesos más emocionantes: el crecimiento. También entenderán qué es la fotosíntesis, cuáles son las diferencias entre las coníferas y las palmeras, y en qué árboles crecen las frutas que les gusta comer.

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Mis plantas: Manual de jardinería para niños
Océano Ámbar

En Espantapájaros hemos notado que a los niños les encanta la huerta. Para ellos, sembrar es una actividad muy parecida a hacer magia: esparcen unas semillas en la tierra, la riegan, permiten que le llegue el sol, y de ahí sale una linda planta. Increíble, ¿no? Este manual de jardinería es para leer en familia y emprender proyectos: desde sembrar un poco de perejil para hacer una saludable infusión, hasta hacer una huerta casera en la que todos se involucren. Además está lleno de historias e información sobre la caléndula, el clavel, la menta, el tomate, el rábano, el ajo y muchas plantas más.

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Hoy cocino yo
Amanda Grant
Grijalbo

Existen muchos libros de cocina pensados y diseñados para pequeños lectores. Ofrecen recetas fáciles y divertidas, y la sugerencia siempre es que los alimentos se preparen en familia. Hoy cocino yo, de Amanda Grant, es uno de los más populares, y decidimos incluirlo en este listado porque tiene un ingrediente especial. En sus páginas no solo hay recetas y consejos culinarios; cada capítulo empieza con una introducción, sobre el origen de los alimentos. Así, antes de hacer unos pinchos de carne, los niños pueden leer y aprender sobre la ganadería, y antes de hacer una tortilla, conocer mejor la forma como viven las gallinas en la granja. Y ya sabemos que saber de dónde vienen los alimentos que comemos es fundamental para convertirnos en consumidores responsables.

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La jardinera
Sarah Stewart
Ilustraciones de David Small
Ediciones Ekaré

Este historia sucede durante la Gran Depresión y su protagonista es una niña llamada Lydia que vive en el campo y ama las flores. Son tiempos difíciles para su familia y sus padres deciden que ella debe irse a la ciudad, donde podrá vivir con su tío Jim, que trabaja en una panadería. A Lydia le da miedo la ciudad: le parece gris y tosca, y teme que será muy difícil para ella adaptarse a la vida allá. Para colmo de males, su tío nunca sonríe y ella no sabe hacer pan.

Por las cartas que Lydia escribe, los lectores nos enteramos de sus preocupaciones y sus aventuras. Lydia es una pequeña heroína que encuentra la forma de llevar el espíritu del campo a la ciudad.

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Plantando los árboles de Kenia: La historia de Wangari Maathai
Claire A. Nívola
Editorial Juventud

Este cuento está basado en un personaje de la vida real: la activista política nigeriana Wangari Maathai, quien ganó el Premio Nobel de la Paz en el 2004. Su historia es tan inspiradora, que la autora e ilustradora Claire Nívola decidió contarla a los niños. Para hacerlo, usó un lenguaje muy poético, acompañado por imágenes en acuarela, hechas por ella también.

El libro nos sitúa en las tierras altas de Kenia, lugar donde transcurrió la infancia de Wangari. Cuando ella era pequeña jugaba con los renacuajos en los arroyos y la gente se alimentaba de lo que cultivaba en sus huertos. El amor por la naturaleza llevó a Wangari a estudiar Biología en los Estados Unidos. Cuando volvió a su casa cinco años después, se encontró con un país diferente al que había abandonado. La deforestación le había cambiado la cara a su tierra, los precios de los alimentos eran inalcanzables y la gente pasaba hambre.

La solución que se le ocurrió fue volver a plantar los árboles que extrañaba. Les enseñó a sus vecinos a querer y cuidar la naturaleza y fundó un movimiento que, con el tiempo, logró la plantación de más de 30 millones de árboles en todo el país y cambio la cultura de la gente.

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