Desde el jardín: erizos y puercoespines

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Los niños del grupo de Lucía hemos estado muy ocupados todo el semestre, trabajando en nuestro proyecto de aula sobre el bosque. Hemos aprendido mucho sobre los árboles y los animales que viven en el bosque. No todo ha sido trabajo: también nos hemos divertido mucho. Por ejemplo, una vez jugamos a hacer madrigueras para castores, usando palos de paleta y mucha pintura. También estuvimos de paseo un fin de semana en un bosque muy bonito, cerca de Tabio. ¡Fue muy emocionante!

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El erizo y el puercoespín son dos animales que viven en el bosque.

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Por eso, hoy decidimos hacer nuestros propios erizos y puercoespines.

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Los hicimos con plastilina…

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¡y muchos palillos para simular las púas de los animales!

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Algunos erizos se ven muy amigables.

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Y otros, francamente… ¡parecen peligrosos!

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Pusimos nombre a nuestras creaciones.

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Y las marcamos.

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¿Quieren conocer a nuestros erizos y puercoespines?

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Aquí están:

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Cada uno tiene su estilo. ¡No hay dos iguales!

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Nuestra Directora: “Ese viril ninguneo”

i nov 25th 1 Comment por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 25 de noviembre de 2013, Yolanda Reyes escribió:

Ese viril ninguneo

“¿A quién conoce usted?” es la pregunta que trae la portada del reciente número de Arcadia junto a las fotos de dos científicos colombianos: Manuel Patarroyo, con porcentaje de reconocimiento del 86%, y Nubia Muñoz, con 6%. “A pesar de que los méritos científicos de Nubia Muñoz superan con creces los de Manuel Patarroyo, él es infinitamente más conocido que ella”, se lee en la portada.

Nuevamente la revista dedica un especial para poner en evidencia que la sociedad “ha silenciado de manera indebida el trabajo equiparable o superior de muchas mujeres”, y aunque me atrevo a vaticinar que algunos lectores bien formados –no solo mayores, sino jóvenes, ¡y de ambos géneros! – lo podrán calificar, al igual que a esta columna, de “fundamentalismo feminista”, ese trabajo que recomiendo leer, documenta lo que estamos habituados a pasar por alto: las formas de ninguneo que siguen agazapadas bajo el ropaje de aparentes cambios cotidianos.     

Según cifras del Instituto de Estadística de la UNESCO, (2011 y 2012), en América Latina y el Caribe el 45% de las personas que hacen investigación en ciencia y tecnología son mujeres. Sin embargo, este aumento de presencia femenina está empañado por “la sub representación de las mujeres”, tanto en los niveles altos del desempeño científico como en sus instancias de poder, en donde los mismos estudios muestran un fuerte predominio masculino. Las razones que se atribuyen a este desequilibrio son, además del mismo predominio masculino, el peso de los trabajos no remunerados ligados al cuidado doméstico, lo cual nos lleva de regreso a la hipótesis de que las cosas todavía distan de estar bien, pese a que los hombres laven platos y cambien, de vez en cuando, y muchas veces como un acto de liberalidad que merece el agradecimiento femenino, los pañales de sus hijos.

Unesco recomienda promover políticas de igualdad de género en ciencia y tecnología, mediante la definición de metas y de cuotas femeninas en becas y en instancias decisorias, lo mismo que consolidar estrategias educativas como clubes de matemáticas o de ciencias para estimular el interés de las niñas. Sin embargo, se requiere además un cambio cultural en las escuelas y en los hogares, que, desafortunadamente, no se vislumbra siquiera en los medios más formados, donde seguimos viviendo ciertas formas supuestamente “viriles” y sutiles de marcar el territorio. Ese “espíritu de cuerpo” masculino que, salvo maravillosas excepciones, parece propagarse inconscientemente de generación en generación es algo de lo que poco hablamos pública y abiertamente, quizás por temor a ser tildadas de “fundamentalistas feministas”. Y, viéndolo bien, ese “temor sutil” es otra consecuencia del machismo.

Al leer el especial de Arcadia recordé una columna de mi vecino Gabriel Silva titulada Mercedes (mayo 2013), que era un homenaje a la esposa de García Márquez y, en general -eso creía él- a las mujeres, y que entonces me hizo preguntarme si se daba cuenta de lo que decían sus palabras. “Es una injusticia, pero es ineludible. A las mujeres les toca no solo responder por los actos de sus propia vida sino también por los de sus hijos y –peor aún– por los de sus esposos”, escribió. Y sin ápice de duda, afirmó que “bajo el comando sereno de una mujer excepcional el hombre puede florecer para aportarle a la humanidad algo relevante”.

Ese trajinado lugar común según el cual detrás de todo gran hombre hay una gran mujer (¡¿sorprendida?!) es, como lo muestran las fotos de los negociadores de la Habana y las de nuestros encorbatados delfines de todas las edades, otra prueba de que en Colombia tenemos mucho por hacer para dejar de ser merecedoras de elogios por nuestra supuesta “abnegación que garantiza –según dice Silva–, que el mundo siga andando”… Para ellos, digo yo.

Yolanda Reyes 

 
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Los libros: eso es bueno para los bebés

i nov 20th No Comments por

Marie Bonnafé es la doctora en psicología y psicoanalista francesa que en 1982 creó (junto con René Atkine) la fundación ACCES: Acciones Culturales contra la Segregación y la Exclusión. En Espantapájaros nos encanta un libro escrito por ella que se llama Los libros, eso es bueno para los bebés, publicado por Océano Travesía. Compartimos con ustedes algunos apartes del texto, acompañados de las fotos del grupo de los alumnos más pequeños de Espantapájaros disfrutando de la lectura.

“El interés espontáneo de los bebés por la literatura de los primeros álbumes, aun cuando no estén familiarizados con los libros, ya no es algo que necesite demostrarse.”

Niños leyendo

 

“La edad adecuada para empezar a familiarizar a los niños con los libros y las historias es cuando el bebé empieza a decir sus primeras palabras, sus primeras frases, es decir, cerca de los diez meses y hasta los dos años.”

Leer

 

Leer por nada. Proporcionar libros a los bebés no significa proponer una forma de aprendizaje precoz de la lectura. Se trata de rehabilitar el juego con narraciones por medio de un contacto lúdico con el libro, un objeto sorprendente, con demasiada frecuencia reservado a una minoría y encasillado en un concepto cultural estrecho. Los libros deberían estar presentes en la vida cotidiana de todos los niños, sin ninguna restricción y sin buscar un beneficio inmediato. Con los primeros cuentos y con las rimas solo hemos de buscar el placer de los pequeños y de los adultos.”

Leer

 

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¿Qué tanto conocen a Claudia Rueda?

i nov 18th No Comments por

¿Saben a cuántos idiomas han sido traducidos los libros de Claudia Rueda? Esta foto que encontramos en su página web les puede dar una pista…

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Claudia es una autora e ilustradora excelente. Además, es muy amiga de la casa y le encanta pasar tiempo con sus lectores. El sábado pasado leímos varios libros escritos e ilustrados por ella en la hora del cuento. El favorito del público fue Vaya apetito tiene el zorrito. Les prometimos a los niños y adultos que vinieron que el próximo sábado (23 de noviembre) Claudia nos acompañaría en la librería. ¡Y todos se emocionaron!

Queremos invitarlos a que nos acompañen. El encuentro es a las once de la mañana y la entrada es libre. Les dejamos este video que preparó Océano Travesía, en el que Claudia responde a 14 preguntas, para que les den ganas de conocerla. Esperamos que les guste:

http://www.youtube.com/watch?v=VHiSsoEPs6A

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Sábados de puertas abiertas

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Hace algo más de un mes, recibimos una muy buena noticia: nos ganamos el concurso de librerías culturales de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, con una propuesta que habíamos presentado pensando en nuestros lectores de todas las edades: el Ciclo de literatura infantil de Espantapájaros.

El resultado fue maravilloso. Con el apoyo que nos ha dado la Secretaría, hemos ofrecido a nuestro público actividades gratuitas en torno al placer de la lectura y el acercamiento la mejor literatura infantil colombiana. Las actividades son todos los sábados por la mañana y la entrada es libre. Lo mejor de todo es que todavía nos queda un mes completico de actividades.

Nos ha dado mucha alegría ver que el Ciclo de literatura infantil ha traído a Espantapájaros a niños que nunca habían venido. Como queremos que eso siga sucediendo, compartimos con ustedes la información sobre las actividades.

1. Todos los sábados: Club de lectura “Para seguir creciendo como lectores”

Con el apoyo de Eliana Mariño y Ana María Bernal, nos reuniremos para leer por el puro placer de estar juntos e intercambiar opiniones sobre los libros.
Hora: 11:00 a.m.
Público: niños de 6 años en adelante.
Entrada libre.

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2. Este sábado, hora del cuento: Homenaje a Claudia Rueda

Isabel Calderón leerá en voz alta sus libros favoritos escritos e ilustrados por Claudia Rueda, una de las autoras colombianas de literatura infantil cuyos libros se han traducido a más idiomas.
Hora: 11:00 a.m.
Público: niños de 0 a 6 años, acompañados por sus familias.
Entrada libre.

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3. Y el próximo sábado, 23 de noviembre, encuentro con Claudia Rueda

Nos visitará Claudia Rueda en persona. Contará cuentos, nos pondrá a jugar y ha preparado una actividad de ilustración que pondrá a volar la imaginación de todos los asistentes.
Hora: 11:00 a.m.
Público: ¡Todas las edades! Siempre es genial conocer a un autor.
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Nuestra Directora: “Pedagogía para intentar la paz”

i nov 10th 1 Comment por

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 11 de noviembre de 2013, Yolanda Reyes escribió:

Pedagogía para intentar la paz

“El fin de la guerra no puede encontrarnos transformados en un país de alma violenta” decía la rectora María Mercedes de Brigard en 2008, en el aniversario del Gimnasio La Montaña. Entonces, cuando las conversaciones con las FARC eran impensables y los mensajes de aniquilar al enemigo eran el discurso, no solo del gobierno y la guerrilla sino de muchas familias, resultaba muy difícil convencer a los alumnos de encontrar vías pacíficas para resolver sus conflictos o de practicar las competencias ciudadanas  promulgadas por el Ministerio de Educación de ese gobierno, ante la crispación adulta del ambiente.

“Las generaciones que se han levantado en medio de este entorno –sigo citando sus palabras– no conocen cómo funciona una sociedad sin conflicto armado: no saben qué es no tener un enemigo.  Han crecido sintiendo que pertenecen a un “bando” con un enemigo común que es el mayor congregador. Y oyen a diario a los adultos hacer votos por la paz, pero oyen, también a diario, y también a los adultos, emplear el lenguaje de la muerte para ese enemigo. Y se van contagiando de ese lenguaje de guerra y empiezan a confundir el patriotismo con la lógica del odio”.

Me llama la atención leer, en otro escenario diametralmente opuesto, palabras similares: La investigación de Camilo Bácares Jara, titulada Los pequeños ejércitos, sobre los niños desvinculados de los grupos armados ilegales que llegan a los programas del ICBF, habla de…“una infancia que nace y crece en medio de un entramado de símbolos, lenguajes y acciones que tienen como eje la aniquilación del contrario, y del que se les enseña desde pequeños que es el enemigo”. Bácares afirma que por lo menos el 50% de los niños reclutados vio o vivió algún asalto armado antes de enrolarse: masacres, desplazamientos o asesinatos de familiares, y que cerca del 60% reconoce tener parientes en grupos ilegales. Como una perversa parodia de aquel refrán que afirma que, “hijo de tigre sale pintado”, la tradición familiar  funciona, en este caso, igual que en las familias de  “delfines”. La diferencia es que no se trata de pasiones compartidas sino de física falta de oportunidades.

En vez de estar en Sexto Grado, esos niños que se convirtieron en víctimas y victimarios a la edad promedio de 12 años, han sido carne de cañón en esta guerra que hoy vuelve a ser eslogan de campaña. Ellos han sido codiciados por la guerrilla, por los paramilitares y también por las Bacrim debido a las mismas razones que los hacen  educables: caben en cualquier parte, conocen mejor que nadie sus caminos veredales, son más obedientes, más flexibles y aprenden mucho más rápido.

Las razones para enrolarse, además de pobreza, violencia intrafamiliar y necesidad de protección,  entre  otras muchas, hunden sus raíces más profundas en la cultura de la guerra. Pero este ambiente en el que han/hemos crecido, este conflicto que ha destruido la confianza y que marcó nuestras prácticas culturales y sociales, hoy encuentra una oportunidad, incierta e imperfecta –es cierto– para apostar por otra forma de crecer, de vivir y de reformular nuestro proyecto de nación. ¿Será posible una pedagogía para inventar o, al menos, para intentar el post conflicto? ¿Qué tal que, cuando logremos firmar la paz con las FARC, descubramos que seguimos enganchados en los valores, las arengas y los imaginarios de la exclusión y de la guerra?

Dado que la escuela no es ajena al conflicto –sino exactamente lo contrario– y que la nación no es la manifestación de una sola fuerza, tenemos la responsabilidad llevar este debate político sobre la pertinencia de un enfoque más centrado en la paz o en la guerra al ámbito de la educación. Y la educación, quisiera recordar, no es solo un asunto de maestros, alumnos y rectores.

Yolanda Reyes 

 
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