Nuestra Directora: “Por un voto con memoria”

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 23 de diciembre de 2013, Yolanda Reyes escribió:

Por un voto con memoria

Ahora, cuando nuestros políticos nos dan un respiro y se van para sus condominios del exterior o de provincia, para Anapoima, Bucaramanga o El Ubérrimo, vale la pena tomar un poco de aire porque estas vacaciones son breves y pronto volverán las oscuras golondrinas, directamente a sus campañas y a prometernos, otra vez más, las mismas cosas. Y nos invadirán con su rendición de cuentas y su publicidad política, pagada por nosotros.

No se necesita ser profeta para vaticinar que, en 2014, difícilmente podremos quitárnoslos de encima y que llegarán, junto a los Reyes Magos, con esa adrenalina del poder que se les activa aun más en año electoral cuando se acuerdan, repentinamente, de que sus puestos dependen de nosotros. Y llegarán a traicionarse, todos contra todos, y a ventilar sus rencillas, sus escándalos, sus trivialidades y sus patéticos discursos, y ya ni eso siquiera, porque ahora solo trinan.

Tal vez la única defensa ciudadana para sobrevivir a la llamada “contienda electoral” que se avecina es la de recuperar una memoria que les haga contrapeso, para buscar, entre esa cohorte de títeres, de déspotas iluminados o de caudillos, alguien o algo –un movimiento, porque partido sería mucho pedir– al que valga la pena darle un voto. O, al menos, para tomar  conciencia de nuestra responsabilidad sobre las decisiones que otros toman por nosotros con el poder que supuestamente les hemos delegado.

En virtud de una perversa paradoja, a Petro le tocó sufrir en carne propia las consecuencias de su mala elección de 2008. Ese ejemplo, casi caricaturesco, de un alcalde que debe afrontar las decisiones de un procurador ideologizado, poco técnico y apasionadamente subjetivo que él mismo eligió cuando era senador, ilustra esa lección que les enseñamos a los niños según la cual los actos tienen consecuencias. Pero no se trata de comprender las consecuencias del comportamiento político para lamentar los errores, sino para leer entre líneas las amenazas de repetición que conllevan nuestras elecciones y tomar medidas: por ejemplo, la más elemental es revisar las actuaciones de nuestros “representantes”, y nunca tan bien dicha la palabra.

La tendencia a creerse un iluminado justiciero, lo mismo que la vocación clientelista que muchos le atribuían, incluso antes de llegar a semejante fortín, eran características que se predicaban del Procurador desde antes de la elección de 2008. Y lo que ocurrió en 2012 cuando el Senado escogió entre una “terna de dos”, porque María Mercedes López había renunciado seis horas antes por falta de garantías, no sorprendió a nadie, como tampoco escandalizó a los senadores que Ordóñez tuviera empleados a tantos  familiares y “cuotas” de ellos, que situaban a los otros aspirantes en franca desventaja.

Para evitar esas repeticiones que todos conocemos, y antes de que comiencen a prometernos coherencia, es bueno recordar que Ordóñez obtuvo 80 votos de senadores provenientes de la coalición de gobierno de Santos: de esa “Unidad” conformada por el partido conservador, el de la U, el liberal –quién lo creyera, votando por un devoto lefevrista–, el de Cambio Radical –con ese nombre tan engañoso–, y el del PIN. Y que solo hubo 6 votos en blanco, del Polo Democrático, y 5 para María Mercedes López, atribuidos al Partido Verde.

Por eso al oír a Roy Barreras, y es solo uno de ochenta ejemplos, declararse sorprendido por el poder excesivo del Procurador, cualquiera podría pensar que Ordóñez es un dictador, y que quizás llegó dos veces a la Procuraduría por otras vías distintas a los votos de quienes hoy prometen –en vísperas de elecciones, por supuesto– intervenir para prevenir sus abusos de poder. Un poquitico tarde, me parece, se les hizo.

Después de vacaciones, volveremos a las Pruebas Pisa. Entretanto, feliz navidad.

Yolanda Reyes 

 
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Los mejores regalos son los que hacemos nosotros mismos

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Como es tradición en Espantapájaros, este año quisimos regalarles a los niños que vienen al jardín infantil (y regalarnos también a los adultos) dos horas para la literatura y el arte, y para compartir esa magia de estar juntos que no se consigue en ninguna tienda.

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Lo más importante era que todo estuviera listo antes de que llegaran las familias.
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Porque cuando estuvieron aquí… ¡les tocó ponerse a trabajar!

Primero, decoraron con sus pasteles las materas de cerámica.

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Después, cada familia recibió una clavellina y la sembró en su matera. (más…)

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Nacer con mantra

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Compartimos con ustedes este artículo de Juanita Cajiao sobre los bebés que “nacen con mantra”: los prematuros. Juanita vive en Valencia, España, donde está terminando su Máster en Psicología y Psicopatología Perinatal e Infantil.

 

Nacer con mantra

No todos los bebés que he conocido han nacido en las mejores circunstancias ni han tenido un inicio de vida lleno de mimos, mantas suaves y olor a flores frescas.

Muchos no tuvieron ni siquiera la suerte de reconocer a su mamá al momento de nacer, no pudieron encontrar su mirada ansiosa y cansada, no pudieron sentir el tacto de su piel, ni oler el amor que todo su cuerpo emanaba. Tuvieron que esperar horas, días incluso, para que esos brazos mullidos y cómodos volvieran a rodearlos y esa voz conocida pudiera envolverlos de nuevo con un hola sollozado.

Estos pequeños seres humanos que he tenido la suerte de encontrar en sus primeros minutos de vida, en sus primeras horas y sus primeros días, me han mirado a los ojos, han aferrado mis dedos y mis brazos, los pliegues de mi ropa para que a la vez yo los aferre y puedan contarme así todos los secretos del mundo que saben y que, saben también, olvidarán rápidamente. Si son amados estarán tan embriagados por ese enamoramiento que será más interesante olvidar lo conocido y aprender todo de esa relación. Si. por el contrario, no cuentan con esa suerte, tienen que poner esa sabiduría en pausa y hacer uso de todos sus recursos para sobrevivir, para encontrar ese afecto esquivo y hacerse su camino.

Los bebés que han nacido en circunstancias difíciles son bebés fuertes, luchadores, pacientes… a su manera, porque algunos a nuestros ojos de adultos son terriblemente impacientes, respiran rápidamente, luchan con la gravedad del mundo que los oprime, soportan vueltas, ruidos, luces.

Los bebé que nacen antes de tiempo, que tienen mucha o poca azúcar, que están muy grandes o muy pequeños, que cambian de color, que les cuesta respirar o simplemente no han contado con mucha suerte, hacen ooom cuando quienes trabajamos con ellos olvidamos que sienten todo con mucha, mucha más intensidad que todos los demás; hacen oomm cuando oyen la voz de su mamá o su papá y se preparan para su tacto pero alguien dice que hay que esperar, que no pueden ser tocados, que es mejor que se queden en donde están.

Hacen oomm cuando alguien les dice que tendrá que examinarlos de nuevo con manos e instrumentos fríos, cuando alguien les insiste para que coman cuando no tienen hambre y les pide que esperen cuando la tienen porque aún no es la hora.

Son bebés que hacen ooommmm y doblemente oooommm cuando finalmente se encuentran con una mamá adolorida que les tiene miedo, con un papá que se pierde en una sala luminosa y que se paraliza cuando le dicen que también él puede tocar, que su mano grande sobre la espalda es lo más parecido a la contención que tenían en el vientre de mamá, porque les cobija y protege del vacío en el que viven…

Cuando me agobio, me angustio, y creo que ya no puedo ni quiero más, me acuerdo de que yo fui una de esas bebés, que soy una mujer fuerte porque soy una bebé que nació en circunstancias difíciles y que eso hará que por gusto o por suerte nada nunca vaya a ser tan fácil como tal vez me parece que es para los otros.

Eso lo entendí, me lo contó uno de los bebés con los que me encontré en la vida, que una vez que logró pasarle el ooomm a su mamá y a su papá para que no tuvieran más miedo y lo tomaran en brazos, le cantaran poemas y le arrullaran junto a su pequeña nave espacial, pudo acomodarse y empezar a mirar y aferrar el mundo con más seguridad de la que cualquiera hubiera podido jamás imaginar.

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Nuestra Directora: “Generación Pisa”

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 9 de diciembre 2013, Yolanda Reyes escribió:

Generación Pisa

El ruido mediático de las Pruebas Pisa evoca esas “entregas de notas”, cuando llega el niño rajado y sus padres, cotidianamente indiferentes a las tareas escolares, se preguntan qué hicieron mal. Así parece ocurrir en Colombia, y no importa si es PISA, SABER u otra sigla: los malos resultados de las evaluaciones son predecibles y la repartición de culpas también. Pero al cabo de unos días todo regresa a su cauce: Gaviria, Pastrana, Uribe y cía, a vociferar sus chismes; los jóvenes, al abandono de siempre y la educación, al olvido, hasta el siguiente examen.

Para ampliar esa mirada simplista que ha centrado la atención en el antepenúltimo puesto, como si fuera un campeonato de fútbol, conviene examinar el contexto de estas pruebas que hace la OCDE cada tres años desde el 2000. Esa radiografía, hecha a los quinceañeros, revela cómo se realinean y se vislumbran las fuerzas en este mundo interconectado, cuyo rótulo de “Sociedad de la Información y el Conocimiento” nos advierte que quienes a los 15 años poseen esos atributos, adquiridos mediante un proceso educativo, posiblemente detentarán el poder a la vuelta de unos años. (Y sus países también). 

La sigla de OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, ilustra el sentido de estas pruebas que no evalúan competencias éticas, ecológicas, estéticas o humanitarias, sino matemáticas, ciencias y lectura, entre 65 países miembros y asociados, que representan el 87% de la economía mundial. Por supuesto, la heterogeneidad de los países y sus diferencias, no solo socio económicas sino también culturales, hacen difícil la comparación y PISA privilegia un patrón único, centrado en estándares muy altos, más orientado a mirar lo que pasa en la cúspide. “Detrás de las pruebas PISA  subyace una ideología que acepta que el crecimiento económico y la competitividad son los únicos objetivos de la educación”, escribió Peter Wilby en The Guardian la semana pasada, para cuestionar esa definición estandarizada del éxito educativo.

Sin embargo, eso no significa que PISA sea una prueba rígida. Lejos de pretender que los estudiantes repitan lo aprendido, evalúa su capacidad de extrapolar lo que saben para aplicarlo en situaciones novedosas y resolver problemas aún no previstos, como les será necesario en un mundo de cambios vertiginosos. En esa línea, los resultados de 2012 son contundentes: los países asiáticos ocupan los primeros lugares, por encima del promedio, y Latinoamérica muestra una tendencia al rezago en los últimos puestos.

Colombia, que ha participado desde 2006, mostró un estancamiento en matemáticas y mejoró en ciencias y en lectura, aunque continúa muy por debajo del promedio. Más preocupante que estar en la cola es mirar los seis niveles en los que PISA organiza a los estudiantes: el 1 es considerado insuficiente para acceder a estudios superiores y el 2 es el mínimo necesario para vivir, informarse y participar como ciudadano en una sociedad contemporánea. Pues bien: el 74% de nuestros adolescentes está por debajo de ese nivel 2, en matemáticas, (y eso por hablar de los que están en el sistema educativo; no de los reclutados ilegalmente o de las quinceañeras embarazadas que abandonaron el colegio). En cuanto a lectura, el 50% de nuestros estudiantes no alcanza ese nivel mínimo. Pero además resulta preocupante que los niveles 5 y 6, considerados sobresalientes, estén despoblados en Colombia, lo cual indica que nuestro desempeño no es alto en ningún sector, ni público ni privado.

Este nuevo apartheid educativo nos encuentra, como siempre, desprovistos: sin estrategias ni políticas ni un proyecto contundente de educación nacional. En esta radiografía de nuestros adolescentes se vislumbra la Colombia del postconflicto y hay mucho más por decir, debatir y analizar. Así que continuará…

Yolanda Reyes 

 
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