Nuestra Directora: “La muerte del autor”

i abr 28th No Comments por

.

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 28 de abril de 2014, Yolanda Reyes escribió:

.

La muerte del autor

En Una historia de la lectura, Alberto Manguel ilustra con una frase de William Golding esa manía del mercadeo literario que ha convertido al escritor en mercancía de exhibición: “Un día alguien encontrará un ejemplar no firmado por el autor y valdrá una fortuna”, cuenta que dijo Golding en el Festival Literario de Toronto de 1989. Es fácil imaginarlo con la mano adolorida frente a una fila interminable de “cazadores de autógrafos”, como los llama Manguel.

Habría que añadir a las ceremonias un nuevo ritual relacionado con la popularización de los “teléfonos inteligentes”, que permite complementar o, incluso, reemplazar el libro autografiado con una instantánea del autor, agotado y ojeroso fingiendo una sonrisa. Su grado de éxito no importa, pues agrega aquella emoción propia de las apuestas, y el dueño del teléfono puede esperar hasta que la posteridad dicte su veredicto, tomando, eso sí, la precaución de archivar en un lugar seguro –¿existirá lugar seguro en el mundo virtual? – su galería de fotos con autores.

Todos los años, en vísperas de Filbo, intento recordar ese carácter histórico de la lectura del que habla Manguel para entender sus ceremonias y sus juegos de poder. Y es que, especialmente en este trópico sin estaciones, la Feria viene a ser para los escritores una especie de rito de año nuevo: un tiempo de balances y de sentimientos no siempre explícitos sobre este oficio de escribir que, en el fondo, participa de la misma feria de vanidades propia de cualquier profesión.

Sin embargo, este año, ante el exhibicionismo en “yo mayor” que ha rodeado los funerales de García Márquez con todas esas frases célebres proferidas por mandatarios, candidatos y ministros, releer a Manguel me ha resultado aún más terapéutico. “La relación primordial entre escritor y lector presenta una paradoja maravillosa: al crear el papel de lector, el escritor decreta también su propia muerte, puesto que a fin de que un texto se dé por concluido, el escritor debe retirarse, dejar de existir”, afirma, en alusión a ese desplazamiento de protagonismo, desde el autor, hacia el lector, en el que se fundan las teorías modernas sobre la lectura. Ese lector que, como escribía Roland Barthes, levanta la cabeza entre los intersticios para escuchar su pensamiento y trabajar en la construcción del sentido, revolucionó aquella idea del significado inmutable atribuido a las intenciones del autor y, por supuesto, a su figura.

La construcción paulatina de sentido que propician la lectura y la escritura es la antítesis de los precipitados encuentros que ocurren en los recintos de la feria y conviene recordar su carácter silencioso y solitario, para evitar confundirlo con el ruido mediático. “Me avergüenza, como si yo mismo fuera el responsable, cada vez que leo entrevistas en las que se habla de grandes tiradas de libros como si constituyeran la prueba de una alta densidad cultural; me avergüenza que entre nosotros haya intelectuales que todavía escamotean el hecho desnudo y monstruoso de que vivimos rodeados por millones de analfabetos…¿De qué podemos jactarnos los escritores en este panorama en el que solo brillan unos pocos…?, afirmaba Cortázar en 1982, durante su curso de literatura en Berkeley. Sus  lecciones, publicadas por Alfaguara con ocasión del centenario de su nacimiento, parecen escritas hoy.

Quizás estas ferias sirven para descubrir algún encuentro revelador, de esos que suelen ocurrir, de vez en cuando, entre autores y lectores. El resto, sin embargo, funciona todavía como en tiempos de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos,/con pocos, pero doctos libros juntos,/ vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos”.  

En medio de discursos, cocteles y noticias de farándula, no sobra recordar que es eso lo que basta.

Yolanda Reyes 

 
Síguenos

Los invitados de la Feria del Libro, en Espantapájaros

i abr 21st No Comments por

El 29 de abril empieza la Feria Internacional del Libro de Bogotá y este año Perú es el invitado de honor. Como ya es habitual, Espantapájaros propone encuentros entre lectores de diversas edades y los mejores autores de literatura infantil de Iberoamérica invitados a la Feria.

Por eso, el miércoles 30 de abril el escritor peruano Rubén Silva, que además es uno de los más destacados editores de su país, conversará con el crítico venezolano Fanuel Díaz, Gerente de Línea Infantil de Norma, y con la escritora Yolanda Reyes, directora de Espantapájaros, sobre su libro más reciente: Los miedos de Joaquín. En esta ocasión nuestro público estará conformado por maestros, bibliotecarios, promotores de lectura y niños que ya pueden leer solos. 

WP_20140416_001

El libro fue finalista del Premio Fundación Cuatrogatos 2014.  Según Sergio Andricaín, “es un libro que nos deja pensando una vez que terminamos su lectura, que nos invita a volver a sus páginas para dar con el profundo sentido de la historia y, lo más importante, que nos obliga a cuestionar la relación que, como adultos, entablamos con los niños, para construirla sobre las bases del respeto a la sensibilidad y la inteligencia de los chicos, e intentar garantizarles una vida decorosa.” 

La cita es el próximo miércoles 30 de abril a las 5:30 p.m. en nuestra sede: Carrera 19 A # 104 A – 60. La entrada no tiene ningún costo. 

¡Los esperamos!

Síguenos

No más llanto, por favor

i abr 19th 2 Comments por

Desde hace algunos días ha circulado por las redes sociales el comercial que la compañía estadounidense American Greetings lanzó a propósito del día de la madre, que se celebra en mayo. El video se llama El trabajo más difícil del mundo y se puede ver en youtube, siguiendo este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=HB3xM93rXbY .

camacho

.

Juliana Camacho, una mamá y amiga de Espantapájaros que vive en Deerfield, Massachusetts y que desde allá nos envía artículos y reflexiones muy interesantes sobre crianza y educación, nos hizo llegar este texto que escribió a propósito del comercial. Lo compartimos con ustedes porque consideramos que su lectura vale mucho la pena. Como siempre, sus comentarios son bienvenidos.

.

.

No más llanto, por favor

Por: Juliana Camacho

No entiendo por qué me quieren hacer llorar. Qué macabro placer sacan algunos al ver a una mamá sentada frente a su computador, el café a medio enfriar sobre la mesa, secándose unas lágrimas que brotan sin antesala ni tristeza previa.

Me levanto en la mañana con el ánimo esperanzado, me sirvo el desayuno, prendo el computador para enterarme de las noticias de las naciones y los chismes de los amigos, y entonces aparecen los responsables de mi sollozo inesperado. Son videos de dos o tres minutos que circulan en Facebook desde hace un tiempo y que están dirigidos a esta tribu insólita de la cual hago parte y a la que suelo llamar “homo parentalis”.

Los hay en todos los idiomas. Abordan asuntos tan disímiles como el cambio climático, los juegos olímpicos, la telefonía celular o la adopción. Algunos son hechos por las grandes corporaciones, otros por organizaciones no gubernamentales o asociaciones de cualquier tipo. A pesar de su variada temática, todos apelan a la sensibilidad más ramplona, la misma que nos hace estremecer – muy a nuestro pesar – con los finales felices de Hollywood y el alumbrado navideño.

He visto varios videos de este tipo, asaltada en mi buena fe de cibernauta curiosa. En uno de ProctorGamble que se estrenó en las pasadas olimpiadas de invierno, se suceden imágenes de mamás que acompañan a sus hijos en sus difíciles trayectorias hacia la cima. Una madre aplaude al ver a su bebé empezar a caminar, otra le da ánimos a su adolescente cuando sufre una lesión y finalmente una más llora emocionada cuando su hija gana el oro en las olimpiadas. “Gracias mamá”, dice el comercial antes de mostrar el logo de las marcas patrocinadoras.

Como este, hay muchos más. Un estudiante indio residente en los Estados Unidos cae por sorpresa en su casa en Mumbai para abrazar a su mamá; un niño en un orfanato dibuja en el suelo a una mujer y luego se acuesta en su canto; unos padres pesimistas con respecto al futuro del planeta se conmueven al escuchar los sueños entusiastas de sus pequeños hijos. Otro comercial, de Johnson y Johnson – pioneros en las propagandas para hacer llorar al homo parentalis – muestra imágenes de mamás con sus bebés mientras la voz en off de un “hijo universal” le da ánimos a su madre diciéndole que lo está haciendo bien, que a pesar de los errores que ella comete, de la novatada, él la ama.

Cuando veo un video así, luego de limpiarme con torpeza las lágrimas derramadas, siento un gusto amargo en la boca. Me siento invadida en las cavernas profundas de mi maternidad, atropellada en esos laberintos de Piranesi que son mis sentimientos de madre. Porque el amor de una mamá no debería ser moneda de cambio de las marcas de jabones y de cereales. Porque las inequidades sociales, la soledad de los enfermos, las penurias de la infancia, la debacle del planeta, no se arreglan con las lágrimas de una mamá a la hora del desayuno.

Suele haber una gota que rebosa la copa. La mía fue un video que está circulando en estos últimos días, llamado “El trabajo más difícil del mundo”. Varias personas que respondieron a un anuncio de trabajo se entrevistan virtualmente con el empleador. Lo que aparenta ser una buena oferta para un puesto de “Director de operaciones”, termina siendo una propuesta para ejercer un trabajo más inhumano que el de los mineros de Bolivia. El entrevistador afirma que el empleado deberá trabajar sin descanso los 365 días del año, que no tendrá salario ni horas para dormir, solo podrá comer cuando su “asociado” se lo permita y deberá permanecer parado las veinticuatro horas del día. Finalmente, cuando los entrevistados están en el paroxismo de su indignación, este les dice que hay millones de personas que ejercen ese trabajo en el mundo y que son felices haciéndolo: las mamás. Los entrevistados se conmueven, ríen nerviosamente y lloriquean mientras les agradecen a sus madres por ser quienes son.

Todo me ofende de ese video. Me produce urticaria el uso de la metáfora corporativa para describir una relación que es esencialmente no comercial. No puede ser que al hijo se le llame “asociado” y a la madre “directora de operaciones”. Tampoco soporto las mentiras que se dicen allí, como que una mamá nunca duerme, no come, no tiene recompensa alguna y no descansa jamás. No puedo creer que este sea un video para el Día de las Madres. Me indigna, finalmente, que el comercial lo hayan compartido en sus páginas de Facebook tantas mamás que conozco. Me temo, entonces, que al ser bombardeadas de videos sensibleros, muchas mujeres terminen construyendo una imagen rosa y acartonada de su propia maternidad. Como si la realidad de ser madre no estuviera poblada de matices. Como si la relación entre una mamá y su hijo no fuera lo que es precisamente gracias a sus honduras y a que escapa a cualquier intento de encasillamiento. Al menos está vez, al ver ese último video, no derramé una sola lágrima.

Síguenos

Nuestra Directora: “¿Y dónde está el maestro?”

i abr 14th 1 Comment por

.

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 14 de abril de 2014, Yolanda Reyes escribió:

.

¿Y dónde está el maestro?

Soy maestra, de literatura, por más señas, y dirijo una escuelita donde van los más pequeños a morder sus primeros libros y a aprender a vivir juntos. No lo digo por oportunismo, ahora que mi profesión se ha puesto de moda, sino porque  tengo un modo distinto de entender la educación: un saber pedagógico que es una mezcla de teoría y práctica, de intuición y de experiencia (sí, intuición, y lo digo sin avergonzarme), y que es una seña de identidad de nuestro oficio, así como el sonido de la tiza en el tablero, el “manejo de grupo” y ese “olor a niño” que se queda impregnado en la piel después de la jornada.  

Un golpe de opinión reciente, que coincide con la campaña electoral, le lanza a la escuela, en buena hora, deberes ineludibles relacionados con la transformación del país, pero especialmente con rótulos como Competitividad y Capacitación del Recurso Humano, como si otros fines (por ejemplo, el de formar personas y ciudadanos o el de cambiar estas lógicas de la  violencia, de la guerra y de la inequidad en las que nos hemos educado tantas generaciones fueran asuntos marginales), o como si la educación fuera solamente una tecnología, desligada de la teleología: un discurso ajeno a la pregunta por los porqués y los para qué educamos, y con las ideas de sociedad y de nación que nos inspiran y que son también materia de debate.

Sin embargo, nada de eso se está debatiendo y, quizás también por otro problema educativo, se ha instalado en el imaginario nacional una premisa que podría sintetizarse así: la calidad de la educación depende casi por completo de los maestros y como los nuestros son malos, hay que reemplazarlos por otros buenos. Así, en un lapso de diez años, “subiremos 30 puestos en las pruebas PISA”. Estas cifras, tomadas del estudio “Tras la excelencia docente”, (García, Maldonado, Perry, Rodríguez y Saavedra: Fundación Compartir), parecen haber causado un efecto simplificador en la opinión y, como la gente no suele leer estudios completos sino resúmenes ejecutivos, la propuesta de mejorar la educación mediante la transformación de las condiciones docentes se está leyendo de un modo facilista.

Si bien las acciones que identifica la investigación para lograrlo, tales como el reclutamiento de los mejores bachilleres para la profesión docente, su formación universitaria, su evaluación permanente, su remuneración y su reconocimiento social generan consenso, las recomendaciones suenan ingenuas. Por ejemplo “impulsar una persuasiva campaña de medios que, entre otros, muestre las condiciones laborales favorables que ofrece la carrera docente”, o “crear sesiones de reclutamiento en colegios para promocionar (sic) los beneficios de la profesión docente” parecen desconocer la complejidad de las circunstancias nacionales y los prejuicios culturales de un país donde el ascenso social es opuesto a la academia y, especialmente, a la docencia.  

En los espacios que hoy se abren para hablar de educación la escuela se sigue concibiendo como una especie de arca de Noé: un lugar irreal y aislado de la vida y de la sociedad, donde se encierran unas especies para ser salvadas por un héroe humilde, solitario y abnegado, que navega a contracorriente, mientras la sociedad descree de la misión que le ha encomendado. Ese maestro, a quien se evalúa con criterios tan distintos a los de sus gobernantes y a quien eventualmente se condecora en ceremonias presididas por  empresarios y ministros que pontifican sobre educación y hacen simposios, cumbres y cocteles en su nombre, sigue siendo el convidado de piedra. Faltan su voz y su saber en este debate. Miren los simposios que promueven los medios y deduzcan cuál es el verdadero reconocimiento social del maestro.

Yolanda Reyes 

 
Síguenos