Nuestra directora: “¿Ponerse en cuáles zapatos?”

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Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 29 de septiembre de 2014, Yolanda Reyes escribió:

“¿Ponerse en cuáles zapatos?”

 

Cada época trae sus palabras, su publicidad y también sus eufemismos. Por ejemplo, en mis tiempos escolares no se usaba la expresión “ponerse en los zapatos del otro”, que hoy cualquier estudiante asocia con la empatía, y en su lugar se predicaba la com-pasión, referida a la capacidad de compartir una pasión. Sin embargo, ese vocablo, más inclinado al sufrimiento, fue reemplazado por la moda de los zapatos para ilustrar esa difícil capacidad de sentir lo que otro siente.

Traigo a cuento la expresión a propósito de la campaña publicitaria #soycapaz, basada en esa idea de asumir otras perspectivas. Mientras veía por televisión, el día del lanzamiento, a los empresarios colombianos reunidos en un teatro elegantísimo quitándose sus zapatos recién embetunados para cambiárselos por las botas embarradas de una víctima o de un combatiente, pensaba por qué no se usaba la imagen para ambos lados, es decir, ¿por qué Bruce Mc Master, el presidente de la Andi, no intercambiaba sus zapatos brillantes y sus medias finas con el que le había prestado las botas?

Y, una vez entrados en gastos, ¿por qué no le prestaba también sus carros con escoltas, sus casas, sus trabajos?… ¿Por qué los intercambios, incluso los que parecen altruistas, se siguen presentando de un solo lado y las relaciones se siguen proponiendo en términos de desigualdad?

Si bien no le podemos pedir a la publicidad que recoja la complejidad inherente al desafío de relacionarnos de otras formas, conviene tener cuidado con esos mensajes monolíticos que se traducen en acontecimientos esporádicos, a la manera de los happenings, y que siguen siendo pensados desde una sola perspectiva. Como si la medida de todas las cosas fueran los mismos de siempre, se presentan sus formas de actuar y “ser capaces” a su imagen y semejanza, lo cual mantiene la hegemonía de los que enuncian el discurso, de los que seleccionan lo que merece ser contado; en suma, de los empresarios iluminados por las cámaras.

En ese contexto, les recomiendo leer la crónica de Lucas Ospina en su blog de La Silla Vacía, sobre el día de puertas abiertas con el que la Universidad de los Andes se unió a la campaña el pasado 16 de septiembre. Bajo el lema ‘Yo #soy capaz de confiar. ¿Y tú? ¿De qué eres capaz?’, el Consejo Estudiantil propuso levantar los torniquetes que impedían la entrada a la universidad de gente ajena a “su comunidad”.

Sin embargo, lo más ilustrativo no fue que a las 5 de la tarde, y concluido el espectáculo, se volvieran a cerrar las porterías y hubiera algún “extraño” que se quedó encerrado por no tener la ficha exigida para salir, sino que la mayor oposición a la apertura hubiera surgido desde adentro de la universidad, pues no todos los estudiantes quisieron apostarle a la confianza, a costa de su sensación de seguridad.

No hay que olvidar que esta generación es la de los niños criados entre guetos –conjuntos cerrados, colegios privados, clubes y porterías con talanqueras–, que se alfabetizaron en la paranoia colectiva de la “Seguridad Democrática” y que son nietos de aquella antigua expresión que afirma que “Seguro mató a confianza”, que hace parte de su ADN, aunque nunca la hayan oído ni entiendan su significado.

¿Vamos a dejar entrar a todo el mundo?, relata Ospina que preguntaban los porteros de los Andes, y su pregunta ilustra esas talanqueras mentales que nos han convertido a todos en sospechosos de todos y que no son tan sencillas de franquear, y mucho menos a través de eventuales días cívicos. Quizás el primer desafío para estos tiempos es la autocrítica para confrontar esa mezcla de conmiseración y superioridad que sigue regulando las relaciones con quienes consideramos “los distintos”: esos que no son como “nosotros”.

 

Yolanda Reyes 

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“Todos somos hijos de las palabras” Yolanda Reyes para Blimunda

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blimundaLa Fundación José Saramago, una institución cultural privada con sede en Lisboa, Portugal, produce todos los meses una revista virtual muy interesante que se llama Blimunda.

El número 28 de Blimunda, que ya está circulando en Internet y que corresponde al mes de septiembre, trae una entrevista que nuestra directora, Yolanda Reyes, concedió a Andreia Brittes y Sérgio Machadoletria en agosto de 2014, cuando viajó a Portugal para participar del festival Palavras Andarilhas.

Compartimos con ustedes el enlace a la página donde se puede descargar la revista de forma gratuita: Blimunda #28.

En la página 61 del pdf, empieza la entrevista: ‘Yolanda Reyes: “Todos somos filhos das palavras”‘.

Esperamos que se animen a leerla completa. Mientras tanto, aquí les dejamos algunos fragmentos que hemos traducido al español.

“Nuestra vocación nunca ha sido hacer cosas masivas. Nuestra forma de llegar a un público masivo es escribir y generar contenidos que inspiren a otras personas. Si les damos posibilidades, si las inspiramos y les abrimos el camino, es para que ellas hagan otros proyectos a su manera. No es una receta que les damos. […] A veces me preguntan: ¿por qué no abres un Espantapájaros en Medellín? ¿O en Buenos Aires? Y yo respondo: ¿Por qué no lo abres tú?, un sitio que tenga tu nombre y que se base en lo que aprendiste a nuestro lado. Eso es lo que intentamos hacer.”

“Las personas que trabajan con niños no solo deben leer libros. También deben leer a los niños. Y leyendo a los niños se puede leerles mejor. Es casi como enamorarse, es como la relación de las madres con los hijos: una relación de dos. O de diez, o de veinte.”

“A veces los niños interrumpen la lectura en medio de una historia y dicen algo a lo que un adulto respondería: <<Eso no tiene nada que ver con lo que estamos leyendo.>> Y siempre tiene que ver. Por ejemplo, al oír Hansel y Gretel, un niño puede decir: <<mira que voy a ir al colegio grande>>. Y la profesora le dice que eso no tiene nada que ver. ¡Pero claro que tiene que ver! Ese bosque horrible, esa bruja y esa misma sensación que tienen los niños cuando los llevan a un lugar muy grande y desconocido. Los niños siempre dicen cosas inteligentes. Hay que aprender a oírlos.”

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Volvemos al Parque de la 93

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Desde el año 2012 la Revista Arcadia ha sido organizadora de una fiesta literaria extraordinaria en el Parque de la 93 (Bogotá, Colombia). Se trata del Festival de Librerías: un evento que fue creado con el objetivo de establecer relaciones más cercanas entre los lectores y los libreros de la ciudad. Hay 18 librerías invitadas, que durante un fin de semana exhiben sus libros más queridos y conversan con los asistentes, ya sea para recomendarles lecturas o para contarles sobre su oficio.

La librería Espantapájaros siempre ha participado del Festival. En las dos versiones anteriores ha sido maravilloso para nosotros encontrarnos, alrededor de los libros, en el Parque de la 93 y ver a tantas familias lectoras que se han ido formando al lado nuestro…

FestivalDeLibrerias

Y este año, ¡volveremos! Desde el viernes 19 de septiembre hasta el domingo 21 estaremos en la carpa número 5, al lado de Casa Tomada y de Fondo de Cultura Económica. Llevaremos los mejores libros para crecer como lectores, seleccionados por nuestro equipo de expertos en Animación a la Lectura. El horario de atención al público es de 10 de la mañana a 8 de la noche el viernes y el sábado, y de diez de la mañana a seis de la tarde el domingo.

¡Los esperamos!

Arcadia

El Festival contará, además, con una variada programación cultural que incluirá actividades para niños en las mañanas, recitales, lecturas, encuentros con autores y conciertos.

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Nuestra directora: “Allá, en nuestro país”

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 15 de septiembre de 2014, Yolanda Reyes escribió:

“Allá, en nuestro país”

 

Ella viaja en ventanilla y yo, en pasillo. La miro de soslayo, como examinamos a los desconocidos al iniciar esos vuelos de ultramar, y me pregunto cómo será esa pasajera con la que compartiré diez horas. ¿Roncará? ¿Qué hará en caso de emergencia?…. Usa jeans de flores, de los que han globalizado las tiendas españolas, tiene el pelo crespo, y las raíces se notan más negras que la tintura rubia que lo cubre.

Comenzamos una conversación para romper el hielo, durante ese protocolo aeronáutico en el que explican cómo caerán las máscaras de oxígeno y uno se angustia por no saber qué haría, pese a haber oído las instrucciones tantas veces. Bajo su acento españolizado, se cuela un canto inconfundible colombiano. Dice que va de vacaciones a Cali, ahora que ha terminado los turnos del verano.

Trabaja en un hospital de Barcelona y, cuando le pregunto si es médica, se ríe: “médica, pero de la escoba y el trapero”. Como se le acabó el contrato anual y, por ley, tendrían que “hacerla fija”, le toca estar seis meses fuera para que vuelvan a “cogerla”. Se enorgullece de haber sido enganchada en ese hospital cuatro veces, (obviamente, cumpliendo con los semestres de descanso forzoso entre contratos), y de ser la única extranjera. “Ahora, con la crisis, prefieren españolas, pero las latinoamericanas somos más currantes”, dice con orgullo.

Su historia, similar a la de muchas emigrantes, comenzó hace dieciséis años: como aún no pedían visa, fue a Barcelona a probar suerte. Cuatro días después, empezó a trabajar de niñera y la señora la contrató por un mes, pero los niños se encariñaron con ella y, como hacía bien los oficios, la patrona le ayudó a legalizar su situación. Ahora es española y tiene marido español, aunque me aclara que se casó cuando ya tenía papeles.

Para completar sus ingresos del hospital, trabaja por horas en casas de familia y no se limita a hacer aseo sino que cambia las sábanas si las ve sucias, o pone a funcionar la lavadora y deja la ropa extendida; por eso nunca ha estado desempleada y sus jefes la adoran. Eso es lo que la hace sentir más orgullosa: que la tratan con respeto, “como una igual”, me explica. Luego me habla de amigos suyos que se devolvieron a Colombia con la crisis, tan pobres como habían llegado, y de otros, a quienes les pagaron dos años de paro, más pasaje de regreso, pero con la condición de firmar un contrato comprometiéndose a no volver a España en los próximos diez años. Tengo una amiga, añade con tristeza, sin nada para echar a la olla. A veces me contesta con voz adormilada porque, si duerme más, no le da hambre.

Cuando me pregunta qué hago, ya somos amigas. Le digo que soy escritora, que trabajo con libros y con niños y que regreso de un festival literario. Aunque no entiende bien en qué consisten mis labores, intento darle detalles, para retribuir su generosidad. Mientras escribo, ella ve películas y llora amargamente, y luego, con los ojos rojos, me pregunta si me ha rendido, y me cuenta los dramas que ha visto. Le ayudo a llenar el formulario de la Dian y ella me presta unos pañitos húmedos para limpiar una mancha de mi saco.

Estamos próximos a aterrizar, anuncian, y mi amiga mira la tierra a la que vuelve. En nuestro país, no hay oportunidades, me ha dicho, y yo me he preguntado si lo que ella llama su país es el mismo país donde yo vivo, y si al aterrizar seremos de nuevo dos extrañas. A ella la detienen los guardias de la aduana y a mí me dejan pasar sin requisarme. Pienso en lo que nos hemos perdido todos en Colombia, en las barreras invisibles de Colombia, y la espero a la salida, mientras miro por el vidrio cómo los guardias esculcan sus tres maletas nuevas, cargadas de regalos, para los parientes de los que tanto hemos hablado.

 

Yolanda Reyes 

 
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Yolanda Reyes, conferencista en el Congreso IBBY

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Cada dos años se celebra el Congreso Internacional IBBY en alguno de los 76 países que hacen parte de la organización sin ánimo de lucro IBBY: International Board on Books for Young People. Este año, la fiesta fue en la Ciudad de México, del 10 al 13 de septiembre y su lema fue: que todos signifique todos.

Como siempre, personas de todas partes del mundo interesadas en la promoción, creación, publicación y divulgación de literatura infantil y juvenil intercambiaron experiencias y puntos de vista.

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Nos sentimos muy orgullosos de contarles que Yolanda Reyes, nuestra directora, fue una de las ponentes magistrales. El viernes 12 de septiembre a las 3:00 de la tarde, leyó una ponencia sobre la literatura como un espacio en el que las personas podemos reconocernos.

La ponencia será publicada por los organizadores del Congreso en las Memorias. Mientras tanto, compartimos con ustedes este fragmento que ella nos regaló. Esperamos que lo disfruten:

“Mientras escribo a tientas, vuelvo a evocar aquel viejo ejemplar de Sin familia y pienso que la literatura se atrevió a llevarme hasta el fondo del dolor, cuando nada terrible me había pasado. Y vuelvo a estar con mi abuela, llorando juntas el horror de la esclavitud en La cabaña del Tío Tom y me devuelvo más atrás para evocar, con El Patito feo, mi sensación de no pertenecer a ninguna familia, y vuelvo a escuchar la voz de mi tía leyéndonos los cuentos de Oscar Wilde, y pienso en la sensibilidad de ese hombre que fue perseguido por su homosexualidad, inventando historias cada noche para sus hijos Cyril y Vivian, y diciéndoles que las cosas bellas siempre hacen llorar. Y me pregunto dónde pude haber aprendido más sobre la condición humana, más del dolor y de la maldad y de la culpa y la exclusión, y también de la belleza y la emoción y de la risa y del amor que en la literatura. Mientras los discursos de la vida cotidiana insistían en educarnos, normalizarnos, moralizarnos y domesticarnos, mientras me enseñaban a no ser tan débil ni tan tímida ni ser tan torpe ni ser tan vulnerable; mientras intentaba defenderme con la voz a punto de quebrarse, argumentar sin tener que levantarme de la mesa familiar hecha un mar de lágrimas, a participar en clase sin ponerme colorada como un tomate (conservo la expresión: es literal), mientras me decían “eso no es nada” cuando tanto me dolía, la literatura mostraba otros caminos: lo que no se podía controlar, lo que no se decía en las visitas, lo que sí dolía. Y si cito estas viejas historias que leí cuando era niña es para reaccionar contra un lugar común que afirma que la literatura contemporánea para niños está descubriendo que los niños son gente y no ositos de peluche, porque de eso se ha tratado siempre. También de la risa y de lo bello y de lo bueno, pero unido a las lágrimas, a lo más esperpéntico, a la maldad. Todo junto. Por eso nos hechiza; por eso nos fascina”.

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¡Los recomendados de Espantapájaros!

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Todos los semestres, el equipo de animación a la lectura de Espantapájaros se reúne para elaborar una lista de libros recomendados. Siempre hay espacio para las novedades pero eso no significa que los clásicos de siempre queden descartados.

Esperamos que esta lista, que elaboramos para el segundo semestre de 2014, les sirva para seguir agrandando sus bibliotecas.


Para las manos más pequeñas…


Browne, Anthony. Cosas que me gustan. Fondo de Cultura Económica.

Cousins, Lucy. Zaza tiene un hermanito. Kókinos.

Deneux, Xavier. Las formas. Combel.

Kitamura, Satoshi. ¡A comer! Fondo de Cultura Económica.

Leroy, Jean y Maudet, Matthieu. Hambre de ogro. Océano Travesía.

Lionni, Leo. ¿Quién es? Kalandraka.

Maubille, Jean. ¡Pequeños! ¡Pequeños! Océano Travesía.

Rubio, Gabriela. ¿Dónde estoy? Ediciones Ekaré.

Wright, Cliff. Oso y caja. Editorial Juventud.

Gros, Marie-Héléne. Mi pequeña biblioteca. Mis 7 colores preferidos.


Poesía y música para cantar y jugar 


Arias, Leo; Baggio, Mariana y Telechanski, Martín. La Tarara. Aerolitos.

Ferrada, María José y Celej, Zuzanna. El idioma secreto. Faktoría de libros.

Mistral, Gabriela y Ballesteros, Carles. Blanca Nieve en la casa de los enanos. Editorial Amanuta.

(más…)

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Ivar Da Coll: Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil

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¡Estamos de celebración! Nos alegra mucho contarles a todos nuestros lectores que el autor e ilustrador colombiano Ivar Da Coll se ha ganado el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil.

Muchos conocen a Ivar por uno de sus personajes más célebres: Chigüiro. También ha escrito e ilustrado historias divertidas y entrañables como ¡No, no fui yo!Tengo miedoHamamelis y el secreto, Día de muertos, Carlos ¡Azúcar!.

ObraEl jurado que lo eligió como ganador destacó la originalidad de los mundos de ficción que ha creado y aseguró que “el cuerpo de su obra es a la vez local y universal; trasciende la geografía colombiana, al apropiarse de tradiciones e imaginarios de otras culturas”. Ivar recibirá el premio el 2 de diciembre, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Nos alegra mucho porque le tenemos un gran cariño a Ivar, adoramos sus libros y sabemos que ha trabajado muy duro.

Además, nos sentimos afortunados porque hace dos días, el sábado 6 de septiembre, en el marco del ciclo Primeras páginas de la vida, estuvo en Espantapájaros, participando de un encuentro con lectores de todas las edades. Fue una mañana inolvidable, en la que bebés, niños y familias disfrutaron con las mejores historias de Ivar Da Coll, lo saludaron, lo vieron dibujar a sus personajes más queridos y le pidieron que leyera en voz alta algunas de sus historias favoritas, como ¡No, no fui yo! Chigüiro y el lápiz.

Les dejamos algunas fotos del sábado y los invitamos a celebrar el premio de la mejor forma posible: ¡leyendo sus libros!

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Desde muy temprano había niños y niñas haciendo fila para que Ivar autografiara sus libros.

 

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A las 11 empezó el encuentro. Lo primero que hizo Ivar fue visitar la bebeteca, donde estaban sus lectores más pequeños.

 

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En su iPad, mostró fotos de chigüiros de la vida real.

 

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Y después les leyó a los bebés, que estuvieron muy atentos, ‘Chigüiro y el lápiz’ y ‘Chigüiro y el palo’.

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¡Y dibujó al personaje, a mano alzada, frente al público!

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Mientras tanto, Lucía Liévano compartía sus historias favoritas con los más grandes. Una de las que más le gusta a ella es ‘Tengo miedo’…

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Y cuando llegó Ivar, Lucía y él leyeron ‘¡No, no fui yo!’ a dos voces: mientras ella contaba la historia, él la dibujaba.

 

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¿Saben cuál de los tres compadres es este? ¡A que sí!

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Niños y adultos hicieron preguntas.

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Y al final Ivar firmó sus libros

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Esta familia vino a Espantapájaros, desde Guainía.

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Y en los rincones de lectura al aire libre, no faltaron los libros de Ivar. Encuentren en la foto a alguien gozando con ‘Torta de cumpleaños’…

 

 

 

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¡Club de lectura para niños!

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No es raro que los niños de Espantapájaros vengan a la biblioteca. Todos los días dedican un rato a leer, solos o acompañados.

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Pero los viernes son días especiales porque hay Club de lectura.

Eso significa que al final de la semana los niños escogen uno, dos, tres o más libros de la biblioteca para llevar a casa y leerlos con su familia.

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¡Es divertido hacer parte de un grupo que intercambia libros, actividades y propuestas en torno a la lectura!

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Pero hoy, algo cambió…

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Este viernes no fue idéntico a todos los demás…

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Resulta que en Espantapájaros decidimos decir “¡no más!” a las bolsas plásticas en las que los niños llevaban los libros a casa.

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¡E hicimos bolsas ecológicas para todos los socios de nuestro Club de lectura!

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Espantapájaros: ¡Los mejores libros para crecer como lectores!

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Los niños escogieron, como siempre, los libros que querían llevar a su casa.

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Solo que esta vez los empacaron en sus bolsas nuevas.

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Y se fueron felices.

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¡Esperamos que lean mucho este fin de semana!

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Y que siempre recuerden el Club de Lectura de Espantapájaros.

Bogotá- Colombia

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Taller sobre Psicomotricidad Relacional

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Cuerpo, juego y movimiento:

Una mirada a la Dimensión Corporal desde la Psicomotricidad Relacional
Taller dirigido a padres, maestros y todos los educadores de la primera infancia.

“La expresividad motriz es la manera que cada niño tiene de manifestar el placer de ser él mismo, de construirse de una manera autónoma  y de manifestar el placer de descubrir y de conocer el mundo que le rodea.”

Bernard Aucouturier

¿Por qué trabajar la dimensión corporal en la Educación Inicial?

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En nuestras prácticas cotidianas de primera infancia  nos preguntamos cuál es el lugar del cuerpo y del movimiento y muchas respuestas suelen reducirse al “manejo de la motricidad fina” y a los  ejercicios dirigidos, con el fin de controlar y “adiestrar” al cuerpo. En estas prácticas observamos que el cuerpo está presente, pero como un cuerpo regido por parámetros externos, que unifican procesos, ritmos y formas de ser corporales. Un factor que determina esta presencia corporal es la presión que se ejerce sobre la educación inicial para que los niños y las niñas pasen a los colegios libres de pecados motrices… El derecho de admisión suele reservarse a quienes cumplan con unos determinados requisitos que, en muchas ocasiones, olvidan el ser corporal de los niños con toda su riqueza, en aras de una supuesta carrera por el éxito.

Este taller considera fundamental pensar y explorar otras presencias  del cuerpo en movimiento en las instituciones, para que la infancia cuente con todas las posibilidades de decirse, crecer y manifestarse. Su propósito es dar a conocer los principios de la psicomotricidad relacional, a partir del enfoque de la Práctica Psicomotriz de Bernard Aucouturier, con el fin de que los participantes puedan reflexionar sobre su propio quehacer y descubrir herramientas teórico-prácticas para el diseño de experiencias pedagógicas en sus diversos ámbitos de trabajo: en los Centros de Desarrollo Infantil, en el preescolar y en los hogares. 

Contenidos:

  • 1. El cuerpo y el movimiento en el ámbito escolar: rutinas, presencias y estrategias.

    
2. La Práctica Psicomotriz: la expresividad psicomotriz, sus principios, objetivos y componentes.

    
3. Principios de Acción: la sala de Psicomotricidad, tiempos, espacios y materiales.

    
4. Sesiones de Expresión Psicomotriz // Observación y seguimiento.

Metodología:
El punto de partida será la experiencia de los participantes. El taller tendrá un componente teórico, de reflexión y fundamentación, y un componente práctico, de expresión lúdico-corporal.

Profesora:
María Consuelo Martín. Licenciada en Educación Preescolar, de la Universidad Pedagógica Nacional. Se especializó en Psicomotricidad en la Escuela Internacional de Psicomotricidad de Madrid, bajo la dirección de Bernard Aucouturier, y tiene una maestría en Desarrollo Educativo y Social, CINDE-UPN. Es docente de la Fundación Universitaria Monserrate y de la Universidad Pedagógica Nacional. Fue consultora de la Secretaría Distrital de Integración Social en la construcción del Lineamiento Pedagógico y Curricular para la Educación Inicial en el Distrito; participó como co-autora en el grupo de trabajo para la construcción del Lineamiento de Educación Inicial del Ministerio de Educación y también es co-autora del documento “El juego en la educación inicial”, publicado por el MEN en 2014.

Horario:
Jueves, de 5:00 a 7:30 p.m.

Fechas:
Desde el 11 de septiembre hasta el 2 de octubre.

Inversión:
$360.000.ooo

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Nuestra directora: “La Cenicienta del gabinete”

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 1 de septiembre de 2014, Yolanda Reyes escribió:

La cenicienta del gabinete

 

La popularidad mediática de la educación en el nuevo cuatrienio de Santos parece inversamente proporcional a la de la cultura, y esa terrible involución recuerda los tiempos en que ciertos universitarios llamaban “costuras” a las electivas de humanidades que los obligaban a tomar para recibir un barniz de “cultura general” o para llenar los huecos libres, entre materias consideradas importantes.

Una mirada al diseño del gabinete presidencial que organizó los ministerios en tres equipos alrededor de los pilares de la paz, la educación y la equidad hace pensar que los reingenieros de Santos se formaron en esas concepciones de cultura que la instrumentalizaban o la reducían a las llamadas “bellas artes”.

Juzguen ustedes: en el pilar de la paz ubicaron los ministerios de Interior, Relaciones Exteriores, Defensa y Justicia; es decir, los de mayor poder político; en el de equidad, que algunos han llamado “el más robusto”, agruparon Hacienda, Minas, Comercio, Industria y Turismo, Transporte, Ambiente, Agricultura, Salud, Vivienda y Trabajo; y en el tercer pilar, correspondiente a Educación, añadieron el Ministerio de las TIC y le colgaron la cartera de Cultura, como si los desafíos de la paz y la equidad no requirieran hoy una apuesta cultural sin precedentes.

Este debería ser el tiempo de la cultura, pero no para supeditarla a la educación, sino para embarcarse en el proyecto de hacer posibles otras versiones de país y de memoria con el fin de superar esa dicotomía entre bandidos y gente de bien que nos dejó la cultura de la guerra.

En un país atravesado por las inequidades, las estigmatizaciones y las pérdidas, pero poblado también de tantas narrativas y de tantas maneras de descifrarse y reinventarse, justamente el trabajo cultural podría ayudarnos a reconocer que, más allá de los hechos, nos jugamos la vida a través de significados compartidos que se transforman continuamente, que se interpelan e intentan coexistir y tramitarse a través de formas simbólicas que nos permiten vivir juntos.

En medio de la avalancha de noticias, y casi siempre de malas noticias que hemos vivido, necesitamos noticias de nosotros mismos y Mincultura debería haber sido pensado, dentro de la reingeniería, como un pilar para el reconocimiento y la reparación de nuestras raíces humanas comunes, pues resulta difícil cambiar las lógicas de la guerra sin trabajar seriamente en una apuesta cultural que involucre a todo el país.

En ese sentido, es fundamental que la sociedad civil se ocupe de la cultura como se ha comenzado a ocupar de la educación, pues solo juntando miradas, haciendo veeduría y reclamando líneas políticas claras, concertadas y conocidas por todos, será posible sacarla de su nicho.

Salvo algunos editoriales publicados en revistas como Arcadia y otros debates regionales que parecen señalar dificultades en los procesos de selección de proyectos, sorprende constatar el poco espacio que se dedica a la cultura desde una perspectiva crítica.

La discusión sobre el presupuesto que se le asigna en el PIB, pero también sobre las políticas públicas del sector y sobre los criterios de selección de becas, incentivos y proyectos, debería ser habitual en estas páginas donde escribimos tantas personas relacionadas con el campo.

Quizás es esa proximidad la que nos lleva a eludir un tema que necesita ser analizado por las personas cercanas a los procesos de escribir, de pensar y de trabajar con símbolos. Con el prurito de evitar posibles conflictos de intereses, estamos dando la idea equivocada de que nos tiene sin cuidado la cultura. Y ese silencio que, en cualquier campo de lo público es grave, en este campo resulta impresentable.

Yolanda Reyes 

 
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