Nuestra directora: “Publicando lo impresentable”

i mar 30th 10 Comments por

.

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 30 de marzo de 2015, Yolanda Reyes escribió:

Publicando lo impresentable

 

La fábula trata de un estudiante de administración que se pregunta sobre las “principales causas” de la pobreza, y, en vez de aprovechar la bibliografía y la guía de sus maestros para formarse e investigar, entrevista a “diecisiete líderes de gran trascendencia en la historia de Colombia”. Así, según sus palabras, “quedan registrados diversos puntos de vista como el filantrópico, el académico, el económico, el social, el eclesiástico, el empresarial y el político”. Con ese material, sumado a un ensayo de su autoría en el cual, (cito sus palabras): “quise plasmar con modestia y humildad lo que aprendí sobre la pobreza en Colombia”, escribe, no una monografía o un artículo, sino un libro. Y tiene tanta suerte que una editorial, llamada “independiente”, lo publica sin pasar todos los filtros que afrontan los autores.

Pero esperen, porque la fábula parece un cuento de hadas. Entre los 17 entrevistados que despejan sus ocupadísimas agendas para contestarle al joven, figuran el presidente de Colombia, tres expresidentes (Pastrana, Uribe y Gaviria), tres exministros (Juan Lozano, Cecilia López y Rudolf Hommes), el ministro de salud, los infaltables empresarios Pedro Gómez y Samuel Azout y el ex magistrado de la Corte Constitucional, Manuel José Cepeda, quien además presenta el libro. Su padre, el exministro Cepeda, escribe el prólogo, y, presa de una mezcla de entusiasmo y candidez, exclama frases de este estilo: “Es meritorio que una persona menor de treinta años se preocupe seriamente por un problema tan complejo como el de la pobreza…” El epílogo está a cargo del exembajador y cuñado presidencial Mauricio Rodríguez… y aún falta el final feliz.

La biblioteca Fundadores del Gimnasio Moderno, en el aniversario 101 de la fundación del colegio, como recuerda Federico Díaz Granados, el director del centro cultural, es el escenario para el lanzamiento del primer libro del joven, quien declara en su discurso que se trata del día más importante de su vida. No es para menos pues su público es ese grupo que se autodenomina, con una falta preocupante de autocrítica, “la clase dirigente”, y el cubimiento mediático ya lo quisiera haber tenido el documento sobre las causas del conflicto en Colombia. La ceremonia empieza con un mensaje pregrabado del Presidente Santos en el que se disculpa por no asistir y, quizás para eludir los comentarios sobre el libro, repite lo que hace su gobierno en la lucha contra la pobreza.

Obviamente, para que esta fabulilla salga bien, se necesitan nombres y apellidos. El novel autor se llama Fernando Botero Quintana, su padre es el tristemente célebre Fernando Botero Zea y su abuelo, el pintor Fernando Botero. A esos nombres se pueden sumar el de la abuela, Gloria Zea, y el apellido de la madre. El resto pueden verlo en las páginas sociales de este diario y en la “Galería” de la edición de Semana que circuló hace una semana con el título de “Vergüenza”, a propósito de Pretelt… Sin embargo, a mí me dio casi más vergüenza ver las fotos del lanzamiento.

Como las fábulas tienen moraleja, ustedes extraerán más de una sobre el país que puede leerse entre las líneas del relato. Yo me acordé de los padres que me preguntan cómo estimular el talento literario de sus hijos. Suelo recomendarles que se abstengan de publicar ediciones que luego deberán comprar sus familiares, que los dejen leer bastante y que los dejen librados a su suerte: la de escribir y, sobre todo, la de tachar, romper, perseverar. De ahora en adelante, añadiré que eviten los salones frecuentados –todavía, ¡quién lo creyera!- por esos cortesanos que se la pasan organizando galas y banquetes para disertar sobre la inequidad, la falta de oportunidades y las causas de la pobreza.

Yolanda Reyes 

Síguenos

Gracias por los libros: unas recomendaciones muy argentinas

i mar 23rd No Comments por

Hace dos semanas, el 9 de marzo, llegó a Espantapájaros Florencia Fagnani; estudiante de profesorado en letras y socia de la ONG Jitanjáfora (Redes sociales para la promoción de la lectura y la escritura). Florencia viajó desde Mar del Plata, Argentina, para participar en nuestro programa de pasantías y aprender con nosotros en el territorio de la Primera Infancia.

Trabajó algunos días en nuestra librería y no resistimos la tentación de pedirle que nos contara sobre sus lecturas favoritas. Ella nos recomendó varios libros de autores e ilustradores argentinos y ahora queremos compartirlos con ustedes. Querida Florencia, ¡GRACIAS POR LOS LIBROS!

D

 El diario del Capitán Arsenio, de Pablo Bernasconi, publicado por la editorial Sudamericana.

b

Excesos y exageraciones, de Pablo Bernasconi, publicado por Sudamericana.

E

La caperucita roja; una adaptación de la historia de Perrault, con ilustraciones de Leicia Gotlibowski, publicada por los libros álbum del Eclipse.

a

Historias a Fernández, de Ema Wolf, publicado por la editorial Sudamericana.

F

Gato que duerme, de María Cristina Ramos, publicado por Océano Travesía.

C

Y La bella Griselda, de Isol, publicado por Fondo de Cultura Económica.

Síguenos

Nuestra directora: “Los niños tienen orejas”

i mar 16th 3 Comments por

.

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 16 de marzo de 2015, Yolanda Reyes escribió:

Lo niños tienen orejas

 

En una entrevista titulada ‘Libros contra cadáveres’ (Semana, 15 de marzo), Adriana Grisales, la bibliotecaria de Marsella (Risaralda), dice que las tabletas y los computadores donados por la Fundación Gates y Mincultura ayudarán a sus niños a seguir construyendo memoria con fotos y videos. “Las imágenes que uno ve de niño no se borran y la lectura no puede hacer nada para cambiar eso –dice al mencionar los cadáveres que bajaban por el río Cauca, con los que crecieron los lectores de sus veredas–, pero procuro que (…) sepan que también hay cosas buenas en la vida”. En ese punto, Semana le pregunta: “¿Ellos entienden eso?”.

Aunque la pregunta produce indignación pedagógica y periodística, ilustra una concepción de infancia bastante generalizada, según la cual los niños no tienen orejas ni ojos –ni cerebro, al parecer– y hacen parte de una tribu foránea que no vivió en Colombia durante estas décadas de guerra y que tampoco está expuesta a los problemas o a los duelos que son parte de la vida. Cuando les pregunto a los adultos víctima de la violencia o de otras situaciones dolorosas cómo hablan con sus hijos sobre lo ocurrido, la reacción más frecuente es hacer la contrapregunta de Semana: ¿acaso, ellos entienden?, seguida de otras frases del tipo “no habían nacido o estaban muy chiquitos”. A veces lo dicen en susurros y otras veces no pueden dejar de hablar de la tragedia que vivieron, mientras sus niños revolotean por ahí, pescando palabras censuradas.

Ese pánico al dolor de los niños que ha derivado en la presunción de una supuesta “inocencia infantil” regula las relaciones de los adultos con ellos. Nuestro instinto natural de protegerlos se ha conjugado con el pánico a que les pueda pasar algo y con esos “secretos a voces” que cargamos desde nuestra infancia y, así, sin querer, los hemos aislado del dolor entre una campana de negación y de falsas distracciones, que les dificulta afrontar sus emociones. El resultado es una infancia encerrada y sin válvulas para comunicarse con la adultez, pero no me refiero solamente a la comunicación entre niños y adultos, sino a la comunicación con nuestra propia infancia. A veces pienso que subvaloramos a los niños para abstenernos de recordar cómo éramos antes, cuando no teníamos que parecer invulnerables.

Justamente por esa mezcla de silencio y de bullicio –no solo proveniente de la guerra, sino también del ruido mediático y comercial– donde transcurren las vidas de los niños, ellos necesitan encontrar un lugar en donde sea posible hablar una lengua distinta a la de la inmediatez: una lengua simbólica. Es ahí donde muchas bibliotecas del país, como la de Marsella, han tenido que reinventarse para hacer lo que no estaba previsto en ningún manual de funciones: ser una mezcla de albergue y de trinchera imaginaria donde los niños y los jóvenes se refugian de los horrores o de sus soledades cotidianas para buscar otras versiones del mundo, del país y de sí mismos a través de la lectura.

Ahora, cuando comenzamos a recuperar nuestra memoria, habría que tomar mucho más en serio la historia de Adriana y de tantos bibliotecarios de este país que han conjurado la muerte hilando historias, como Scherezada. Sus experiencias, que inspiran a otros países en situaciones de conflicto, merecen más espacio y más profundidad en los medios de comunicación, pues nos enseñan que los niños tienen voz y memoria. Que necesitan ser envueltos, descifrados y albergados en palabras y que, a partir de los materiales que hoy les damos, inventarán su propia historia. Por eso, además de dispositivos electrónicos, necesitan esa hospitalidad de los relatos que les contamos en la infancia.

Yolanda Reyes 

Síguenos

Desde Argentina: “Hoy es viernes”

i mar 12th No Comments por

El 11 de febrero recibimos a nuestra primera pasante internacional del 2015: ¡Patricia (Pato) Pereyra!

 

Bióloga de profesión, profesora universitaria de oficio, amante de la literatura infantil y voluntaria en iniciativas de educación y animación a lectura. Aunque participó en nuestro programa de pasantías Aprender en el territorio de la Primera Infancia, es justo decir que también vino a Espantapájaros a enseñar. Trabajó duro y pasó dos semanas arrodillada, sentada y en cuclillas, sin perderse de nada. Por eso, este texto y estas fotos que compartió con nosotros, ahora que está de vuelta en su país, nos dicen mucho sobre nuestro trabajo y sobre sus aprendizajes:

“Hoy es viernes.
Por allá en un lugar de Bogotá… Colombia… hay unos chicos que están a esta hora seleccionando libros.
Son muy exigentes, realmente unos expertos.
Llegan con prisa, pero se sientan, pasan sus páginas, miran ilustraciones. Leen cuidadosamente a ver si su elección fue correcta, evalúan y de acuerdo con eso deciden que se van a llevar a su casa.
A veces no pueden resistirse y eligen de más. ¡Que difícil entonces volver a mirar los 5 ó 6 libros, y quedarse con solo 3 ó 4!
Puede ser que el libro por el que esperaron toda la semana ya esté pedido, y tienen que lidiar con la frustración, Ahí puede que asome alguna cara larga…
Luego pacientemente hacen la cola, y van llenando sus fichas, ponen su firma y guardan sus libros en una bolsa… para llevar a su casa.
Tienen sus autores favoritos, sus temas favoritos, sus libros favoritos, sus lectores favoritos…
Tienen entre 1 año y medio y 4 años, quizás un poco más…
Si los miramos atentamente saben más de libros que yo… o al menos de SUS libros.
Y son expertos generosos, comparten lecturas con todo el que lo necesite, con sus padres, con sus hermanos más pequeños, con desconocidos completos con acento argentino… como yo
Han tenido unas maestras fabulosas en Espantapájaros.”

8 6 10 1

Síguenos

Desde la librería: ¡Gracias por los libros!

i mar 8th No Comments por

Nuestros recomendados de esta semana, para todas las edades…

Las mujeres de T. C. Boyle (publicado por Impedimenta)

En este título, las letras bailan con la arquitectura; el novelista norteamericano T. C. Boyle nos cuenta la vida del arquitecto Frank Lloyd Wright desde sus conflictivas relaciones con las mujeres de su vida. Con la impecable edición de Impedimenta.

1LasMujeres

Rulfo; una vida gráfica, con textos de Óscar Pantoja e ilustración de Felipe Camargo (publicado por Rey Naranjo)

¡Qué manera de conocer el universo de Juan Rulfo, el autor de Pedro Páramo El llano en llamas! Con esta historia bien narrada en blanco y negro.

2RulfoVidaGrafica

Una y mil noches de Sherezada de Ana María Shua (publicado por Alfaguara Infantil)

¡Un clásico! Excelente recopilación de los cuentos orientales que todos conocimos en nuestra infancia, los que contaba noche a noche por Sherezada. Alí Babá y los cuarenta ladrones, Simbad el Marino y Aladino desfilan con gracia por sus páginas.

TAPA UNA Y MIL NOCHES

Los dinosaurios de Ivar Da Coll (publicado por SM)

Volvió esta historia de Ivar Da Coll, merecedor del Premio Iberoamericana de Literatura Infantil y Juvenil, que cuenta cómo era la época en que los cavernícolas tenían dinosaurios como mascotas y lo que sucedió con ellos.

20150311_154708

 

Síguenos

Cada día de la semana, ¡un taller distinto!

i mar 4th 2 Comments por

Este año, los talleres que ofrecemos a los niños y a los bebés por las tardes se han multiplicado. Hay propuestas nuevas, como el taller de exploración sensorial para bebés y el taller de cuentos, títeres y teatro para niños. Nuestro tradicional taller de Cuentos en pañales cada vez tiene más éxito, y el de música, así como el de expresión corporal y danza, se siguen fortaleciendo. Consulten la programación e inscríbanse pronto…

¡Los esperamos!

Prográmate Con Espantapájaros-page-001 (2)

Síguenos

Nuestra directora: “La historia sin nosotras”

i mar 1st No Comments por

.

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 1 de marzo de 2015, Yolanda Reyes escribió:

La historia sin nosotras

 

Entre los 12 académicos más los dos relatores de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas solo hay una mujer. Esa Comisión, producto de un acuerdo entre las Farc y el Gobierno para estudiar las múltiples causas del conflicto, las condiciones que incididen en su persistencia y sus efectos en la población, publicó recientemente un informe que consta de doce textos firmados por cada experto, y de dos relatorías, en las que se exponen consensos y disensos.

Se trata de un texto indispensable al que conviene dedicarle más espacio y más columnas, pero hoy, a una semana de la conmemoración del 8 de marzo, quiero centrarme en una pregunta que me ronda desde que se instaló la Comisión –o desde el comienzo de las conversaciones de la Habana, o desde el comienzo de mi vida ciudadana–, y que se relaciona con la voz de las mujeres en la historia.

Al ver a María Emma Wills, una de las figuras emblemáticas del trabajo de Memoria Histórica en Colombia, rodeada por 13 varones, es inevitable cuestionar los criterios de selección que llevaron a este imperdonable desbalance de género. Figuras como Ana María Ibáñez, Magdalena León y Cecilia López, entre otras, podrían haber escudriñado, en los engranajes de la historia, las maneras como las mujeres han (hemos) sido excluidas y, simultáneamente, las formas como han (hemos) sostenido movimientos campesinos, liderado el trabajo con las víctimas y asumido la participación ciudadana. Si se buscaba una polifonía, ¿qué significa no “contar” con más voces femeninas? ¿Se trata de una torpe omisión, o de uno de esos engranajes que se siguen reproduciendo en nuestra historia?

En el texto de María Emma Wills, que está organizado alrededor de tres nudos (un campesinado sin representación política, una polarización social en una institucionalidad fragmentada y unas articulaciones perversas entre regiones y centro), se lee una apuesta por los matices. Ella señala que esos tres nudos no siempre se han formado deliberadamente, pero que las soluciones sí requieren de un esfuerzo consciente y de conjunto, “pues los nudos no se desatan tirando de un solo cabo”, lo cual implica asumir responsabilidades compartidas. Su trabajo anuda a las mujeres con la historia del conflicto y no solo las cuenta como víctimas de múltiples violencias, sino como agentes de transformaciones. Por citar un ejemplo, Wills alude a conquistas relacionadas con el derecho a votar, con la revolución sexual de los años sesenta y con la profesionalización femenina para matizar esa idea del Frente Nacional como un período monolítico.

En el fondo, todos los nudos del conflicto han atravesado la historia femenina. La polarización entre liberales y conservadores, en aquellos viejos tiempos cuando sus ideas implicaban dos ordenamientos opuestos de nación, siguen enmarcando nuestras luchas actuales, y lo mismo puede decirse de la cuestión agraria, que sigue afectando a las mujeres campesinas, o del lugar de las mujeres en las reivindicaciones de las víctimas, o en el ámbito de la participación política.

El reconocimiento de esas articulaciones es una asignatura pendiente aquí y en La Habana, y la Comisión de Género que se creó como una respuesta políticamente correcta, y tardía, a la exclusión femenina no resuelve el problema. Si queremos versiones no hegemónicas del conflicto necesitamos tener en cuenta estas brechas de género que aún se reflejan en estas formas patriarcales de control social, explícito o soterrado, para acallar a las mujeres, y que están amarradas con los mismos nudos del conflicto. Parafraseando a Wills, si el punto de partida sigue siendo la exclusión, ¿cómo desatar los nudos tirando de un solo lado?

Yolanda Reyes 

Síguenos