Nuestra directora: “Precocidad”

i may 24th 6 Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 25 de mayo de 2015, Yolanda Reyes escribió:

Precocidad

 

En enero de 2013 escribí una columna aquí mismo titulada “Exámenes de admisión para bebés” que ruego leer a las autoridades educativas nacionales y locales de hoy, en espera de una respuesta. Cité el artículo 8 del decreto 2247 de 1997 en el cual queda claro que “el ingreso a cualquiera de los grados de la educación preescolar no estará sujeto a ningún tipo de prueba de admisión o examen físico o de conocimiento”. Aunque ahí está claro también que “el manual de convivencia establecerá los mecanismos de asignación de cupos ajustándose estrictamente a lo dispuesto en este artículo”, muchos prestigiosos colegios privados del país se amparan en sus manuales de convivencia para violar la esencia del artículo.

Vuelvo sobre lo mismo porque no es normal –aunque, a fuerza de permitirse impunemente, así lo parezca–, hacer exámenes de admisión en primera infancia. Porque observar a los niños en situaciones coyunturales, reducidas a un breve tiempo y ajenas a su entorno habitual, da un margen de error muy alto. Esos diagnósticos instantáneos sobre la “inmadurez” de A, la falta de concentración de X, la pobre figura humana de Y o la escasa autoestima de Z no pueden ser concluyentes, y semejante estigmatización puede causar sufrimiento infantil. Si A tenía miedo o fiebre, si B se agarró de la falda de la mamá o si, simplemente, hay niños sensibles, activos, tranquilos, diversos e inquietos, (es decir, niños y niñas de 3 años) que necesitan tiempo para estar en situaciones nuevas y que pintan montañas violetas o rojas, según la luz del momento, ¿cómo se les puede negar el ingreso a kínder?

No me admitieron al niño, dice el papá buscando culpables en sus traumas de infancia, en su relación de pareja o en el jardín. Y en ese posesivo se refleja la relación entre educación y exclusión y la obsesión nacional de pasar un examen (al preescolar, a la OCDE o a cualquier grupo) que parece instalada en nuestro ADN, en contraposición al placer y al deseo de aprender. Durante el momento más fértil de la vida que es la primera infancia, donde todo está por inventar, educar tiene que ver con descifrar la posibilidad de cada niño. Y en ese contexto es necesario evaluar, pero no con un sentido excluyente y punitivo, sino como una forma continua de acompañar, potenciar y hacer seguimiento al desarrollo de cada niño, que depende de tantos factores individuales, familiares, sociales y culturales.

Año tras año explico a las familias que la educación inicial no busca la precocidad ni mucho menos adiestrar niños para pasar exámenes y que tiene una especificidad inherente a ese ciclo de la vida, en donde se hunden las raíces del deseo de conocer y en donde todo es pregunta y placer de saber. Les hablo de las orientaciones pedagógicas del país, que consideran el juego, la literatura, el arte y la exploración del medio como actividades rectoras de la infancia y todo les parece claro hasta que los someten a traumáticos exámenes de admisión con sus hijos. Entonces, sin importar su nivel de formación ni su criterio, terminan pensando que todo eso (incluyendo las orientaciones del MEN) es utópico. Así les recuerde que en esa topografía real está su admirada Finlandia, donde los niños se escolarizan tarde, después de cantar, moverse, jugar y crecer entre cuentos, se ven obligados a abjurar de sus convicciones y aceptan esos procesos como otro precio que hay que pagar por educarse en Colombia.

Ahora que la educación cobra importancia en la opinión pública, tengo la ilusión de encontrar eco en los lectores y en las autoridades pues de nada sirve formular orientaciones para la educación inicial y cambiar las prácticas pedagógicas si no hay sanción social ni estatal para quienes confunden precocidad con desarrollo infantil.

Yolanda Reyes 

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Pasantías en Espantapájaros: recuerdos y aprendizajes

i may 16th 3 Comments por

Entre el 27 de abril y el 16 de mayo de este año, Espantapájaros se llenó de voces que hablaban con acento chileno. Carolina Saldivia, Yohanna Del Río, Paula Vargas y Nelly Bello viajaron desde Valdivia, Chile, hasta Bogotá, Colombia, para participar en nuestro programa de pasantías “Aprender en el terreno de la Primera Infancia”.

El programa, que empezó en el año 2012, ofrece a los pasantes la oportunidad de compartir con el equipo de Espantapájaros el trabajo con niños entre 8 meses y 5 años en nuestra sede, acercarse a la experiencia y conocer, desde una perspectiva teórica y práctica, una propuesta pedagógica que es considerada pionera en Colombia y América Latina.

Yohanna Del Río, Coordinadora de Bibliotecas Públicas de DIBAM en los Ríos y co-fundadora Fundación Nütram Kútralwe, vino este año por segunda vez. Su primera pasantía en Espantapájaros la hizo en el año 2013. En esa ocasión, su prioridad era aprender sobre literatura infantil y animación a la lectura. Con los aprendizajes que llevó a Chile después de dos semanas en Espantapájaros, creó clubes de lectura en jardines infantiles, basados en nuestro Club de Lectura.

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Yohanna Del Río con los bebés de Espantapájaros en la biblioteca (2013)

Hace un tiempo decidió que volvería a Espantapájaros para profundizar en algunos temas y este año el plan se hizo realidad y la volvimos a tener entre nosotros. ¡Y no vino sola! Le recomendó la pasantía a Carolina Saldivia, estudiante de Educación Diferencial y promotora de lectura en jardines infantiles de la Región de Los Ríos.

Por un camino distinto llegaron Paula Vargas, y Nelly Bello, educadoras diferenciales. Aunque también son de Valdivia, no conocían a Yohanna y Carolina, sus compañeras de pasantía. Paula y Nelly se enteraron del programa por Irene Soto, bibliotecaria y promotora de lectura de la Biblioteca Pública Municipal “Fray Camilo Henríquez”, que participó el año pasado.

Irene Soto y Elcira Ordóñez en la librería Espantapájaros, aprendiendo de literatura infantil con Elsa Calderón. (2014)

Irene Soto y Elcira Ordóñez en la librería Espantapájaros, aprendiendo de literatura infantil con Elsa Calderón. (2014)

Durante tres semanas, Yohanna, Carolina, Paula y Nelly hicieron parte de la cotidianidad de Espantapájaros. Pasaron las mañanas en el Centro de Desarrollo Infantil, jugando y trabajando con los niños. Por las tardes participaron en los talleres para bebés y familias (Cuentos en pañales y el nuevo taller de exploración sensorial) y recibieron tutorías sobre Educación Inicial y Primera Infancia: con Yolanda Reyes abordaron los Pilares de la Educación Inicial; con Sandra Durán, el juego; con Lucía Liévano, las etapas del desarrollo lector; con Nancy Valderrama, la planeación en la Educación Inicial y con Lucía y Nancy, los proyectos de aula, un tema que las cautivó:

“Yo venía a aprender sobre fomento lector y terminé descubriendo otras cosas. Estoy muy contenta. Mi pasantía abarcó aspectos de la educación inicial que yo ni siquiera había contemplado. Me llevo muchas ideas y muchos libros. Lo que más me gustó fue haber descubierto el trabajo por proyectos; una novedad para mí. Cuando llegué a Espantapájaros el primer día los niños del grupo de Lucía estaban haciendo los huevos de los reptiles… Desde ese momento me empecé a conectar con el proyecto de aula sobre los reptiles y me impresionó todo los que los niños me contaban sobre el tema. Después con Lucía y Nancy aprendí sobre los proyectos desde la teoría; luego de haber visto un proyecto en marcha, supe qué hay detrás de él.” Carolina.

Yohanna también descubrió en los proyectos un mundo nuevo, un mundo en el que no se había fijado durante su primera pasantía: “La primera vez llegué con el enfoque de la lectura y las bibliotecas. Me llevé aprendizajes sobre el Club de Lectura y sobre literatura infantil, porque eso era lo que estaba buscando. En estos dos años hay cosas que han cambiado; volví a la universidad, a estudiar un Magíster en Educación, y empecé a conocer otros autores, otras alternativas pedagógicas, otros intereses y otros campos en los que se puede trabajar.”

Lo único cierto es que la segunda pasantía de Yohanna no se pareció en nada a la primera. Ella dice que eso fue en parte porque ella se fijó en cosas distintas y en parte porque Espantapájaros está innovando permanentemente: “hay talleres nuevos, un equipo nuevo… y además veo que hay información nueva y referentes nuevos”.

No toda la pasantía de Carolina, Yohanna, Paula y Nelly transcurrió en la sede de Espantapájaros. Teniendo en cuenta sus intereses, esta vez organizamos dos salidas pedagógicas que fueron muy enriquecedoras: las pasantes visitaron con nosotros el jardín infantil La Florida, en Suba, y el centro de desarrollo infantil Aeiotú del Nogal. Así, pudieron acercarse a otras realidades y conocer otras formas de trabajar con la primera infancia. Para Nelly, una de las experiencias más interesantes fue la visita a La Florida, un jardín público que la inspiró: “Me gustó ver que incluso en contextos distintos, o en donde hay carencias, se pueden hacer cosas, me pareció muy importante ver que es posible. Una de las razones por las que me gustó fue porque el contexto que vi en Suba se parece al contexto en el que yo trabajo.”

La pedagogía se aprende haciendo y viendo a otros hacer. Ese es uno de los fundamentos de nuestro programa de pasantías. Por eso confiamos en que la pasantía no se acaba hoy, cuando Paula y Nelly se suban en el avión, de vuelta a Chile (Yohanna y Carolina regresaron el lunes). La pasantía continúa en Valdivia, cuando ellas compartan sus ideas nuevas con sus compañeros y emprendan proyectos en los que combinen lo que aprendieron con sus saberes y su experiencia.  Paula, en la carta de despedida que nos escribió, lo puso en estas palabras:

“El compartir, observar y vivir a diario estas experiencias en Espantapájaros me ha permitido volver a replantearme en mi trabajo. Me llevo un sinfín de ideas y nuevos conceptos que trataré de acomodar a mi realidad respetando la idea central de este Centro… Aprender a: Ser, Hacer, Conocer y a Vivir Juntos. Sé que es posible y que no es solo en teoría que se puede desarrollar esta filosofía de experiencias de aprendizaje para la primera infancia sino que en todos los contextos es posible llevarla a cabo.”

Queridas Carolina, Yohanna, Paula y Nelly: ¡muchas gracias por todo! Nos van a hacer mucha falta a todos en Espantapájaros, pero ya saben que esta es su casa.

Nelly Bello, Lucía Liévano, Yolanda Reyes, Paula Vargas.

Nelly Bello, Lucía Liévano, Yolanda Reyes, Paula Vargas.

Yohanna Del Río y Yolanda Reyes

Yohanna Del Río y Yolanda Reyes

Carolina Saldivia y Yolanda Reyes

Carolina Saldivia y Yolanda Reyes

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Nuestra directora: La literatura se mide en “likes”

i may 10th No Comments por

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 11 de mayo de 2015, Yolanda Reyes escribió:

La literatura se mide en likes

 

El primer domingo de Filbo estaba presentando Los grandes libros para los más pequeños, de Jöelle Turin, un libro con un título premonitorio para la historia que voy a contarles, cuando llegó la estampida. Al comienzo era un rumor y luego se convirtió en chillidos histéricos. Por la ventana vimos pasar una turba juvenil, al estilo de las barras bravas, seguida por unos policías tan asustados como nosotros.

Para nuestra fortuna, los fans siguieron hacia el auditorio y logramos terminar la charla, pero al salir oímos un mensaje poco común. Se informaba que en el auditorio José Asunción Silva no había cupo para la presentación de Juan Pablo Jaramillo, que las puertas estaban cerradas y que por favor no insistieran. Agradecemos su comprensión, repetía una voz que sonaba rara, pues generalmente suele perifonearse el mensaje contrario para anunciar que alguna presentación va a comenzar, que se apuren, que aún alcanzan.

¿Quién es Juan Pablo Jaramillo?, intenté averiguar, pero nadie sabía. ¿Galán de telenovela, cantante, futbolista?, insistí cada vez que la voz decía que no había cupo, hasta que Emilio, el nieto de mi amiga Silvia, que tiene 11 años, me respondió. Es un youtuber que salió del closet –dijo–. Confesó que era gay por Youtube y se volvió viral, agregó con indulgencia pedagógica, y me abrió el mundo a esos adolescentes que se filman en su cuarto hablando sobre su vida privada. (“Hola, cómo están. Yo soy Juan Pablo Jaramillo y este es mi videíllo”). Y cuando alcanzan un número determinado de seguidores, llegan los dueños de las redes y ciertos editores, desesperados con el fin de los libros y sedientos de dinero, y los publican.

La edad de la verdad, el libro de Jaramillo, fue el más vendido por Planeta, su casa editorial, en Filbo. Este caleño, de 21 años, que comenzó a subir sus videos a YouTube hace siete, obtuvo el premio “Fashionista of the Year” (sic) en 2014 y ya duplicó el sueño de Roberto Carlos pues tiene 2 millones de amigos en Facebook. Sus fans llenaron tres veces el gran auditorio en busca de un autógrafo, y él contó “súper, súper agradecido”, que tres mil se quedaron por fuera, lo cual demuestra que su objetivo de “generar viralidad” se contagió al mundo, supuestamente en extinción, de los libros de papel. Mi vida por un libro autografiado, parecían gritar lectores histéricos a punto de tumbar las puertas del auditorio, ayudados por sus mismísimas madres.

Otra supuesta “escritora prodigio” es Dani Cubides, de 17 años, la autora de Mi Hermanastro, una historia incestuosa que comienza con un juego en una fiesta y que fue escrita en la plataforma Wattpad donde obtuvo 21 millones de lectores. “La literatura juvenil tiene una nueva estrella”, tituló la sección de cultura de este diario la entrevista de lanzamiento, lo cual contribuye a acentuar la confusión entre literatura juvenil y escritura de jóvenes. “La historia se publicará con una editorial, así que esta no es la versión final. No ha sido revisada en su totalidad, lo que arroja incoherencias”, advirtió Dani antes de ser publicada, y a la pregunta sobre si el talento nace o se hace, declaró en W Radio, que era escritora nata. He leído mucho y sé demasiado, dijo, y añadió que había recibido demasiado apoyo de Planeta. (sic).

Ante la ausencia de escuela, de oficio y de crítica, el mercado editorial “descubrió” a estos jóvenes, para vender sus cuartos de hora y desecharlos después, como mangos en cosecha. “Hola Dani, he estado leyendo tu libro…Espero que tengas tanto éxito como Gabo”, le dice una fan a la autora, y seguro ella piensa que “Gabo” no ha sido descargado tantos millones de veces.

¿Por qué habría de extrañarnos si nadie les ha enseñado a separar el grano de la paja?

Yolanda Reyes 

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