Marina Colasanti y sus pequeños lectores

i oct 29th No Comments por

Marina Colasanti luce radiante. Camina sin prisa, sonríe intensamente y saluda a todo aquel que se le acerca. Goza de una fina pluma. Tiene un corazón grande, un corazón sensible a la vida, sensible a las experiencias que traen los años. Con Marina pasea la buena energía.

Marina Colasanti

El sábado 24 de octubre fue un día especial en Espantapájaros. Esta mujer brasilera, escritora, periodista, madre y artista, nos visitó a propósito del 9° Festival de Libros para Niños y Jóvenes.

Este encuentro con la autora no fue como cualquier otro: tanto Marina como los niños del Comité Literario de Espantapájaros fueron los protagonistas. Los niños se encargaron de dirigir la conversación. A las 10:30 am la casa se empezó a llenar. Muchos niños llevaban en sus manos libros de la autora que pronto regresarían firmados a sus bibliotecas.

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Antes de que empezara el encuentro con los lectores, Marina se reunió con los niños del Comité. Cada cual tomó su rol y con mucha propiedad fueron resolviendo las dudas sobre los libros que ya habían leído.

Comite literario

Marina escuchó con atención y minutos después comenzó el encuentro con todo el público.

Comite literario

Marina Colasanti

Conversatorio

Conversatorio

La amistad bate la cola, una historia sobre la confianza y la nobleza en medio de un encuentro de la autora con unos perros que llegan a su casa de campo; y Breve historia de un pequeño amor, el relato de la crianza de un palomo bebé que nace en el tejado de su casa, fueron los libros sobre los que más se habló.

Convesatorio

Llegaron las preguntas de los niños: ¿A ti te cuentan las historias o tú te las inventas? ¿Qué pasó con la mamá de Tom (el palomo)? ¿Qué pasó con Tom, lo volviste a ver? ¿Los perros de La amistad bate la cola siguen vivos?

Conversatorio

Marina contó las historias de los perros, efectivamente habían llegado a su casa de campo. Contó que esa casa aún existe, que Tom nació en su tejado, que lo alimentó y que lo crió como si fuera su propio hijo. Que se puso triste el día en que Tom voló y partió pero que ella cree verlo cada vez que se encuentra con un palomo gris. Hablaron de Milord, de Tusca, y de los demás perros, luego llegó otra pregunta: “¿Todos tus libros son de perros?”

Firma de libros

Marina no vive su entorno con los ojos cerrados, mucho menos sin corazón. La sensibilidad con la que vive y observa el mundo que habita la motiva a escribir con tal delicadeza que todos terminamos queriendo las historias de su propia vida.

Marina Marina


¡Gracias a todos los que nos acompañaron!

¡Gracias a los niños del Comité Literario por liderar este encuentro!

Niños del comite literario con las dos autoras

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Espantapájaros en la Celebración de los Libros para Niños

i oct 28th No Comments por

En Bogotá se celebra una vez al año el Festival de libros para niños y jóvenes: una oportunidad para acercarse a la literatura infantil y a la lectura. Librerías, editoriales y bibliotecas participan. Y, por supuesto, Espantapájaros es uno de los escenarios de la fiesta. 

En el marco de esta celebración, este sábado, 31 de octubre, tendremos un encuentro con el autor Celso Román. Compartimos con ustedes la invitación:

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Celso Román es autor de libros para niños y jóvenes y es un amante de los animales… de hecho, estudió Medicina Veterinaria y creó una fundación para la conservación del medioambiente. Su libro más reciente es sobre la relación entre un niño y su caballito de palo. Ha ganado varios premios nacionales e internacionales. Algunos de sus libros son: El abuelo armadillo, Mi papá es mágico, Los animales fruteros, Los amigos del hombre, y, por supuesto, el poema ilustrado Caballito de palo.

El encuentro con él es a las 11 a.m. y es una actividad de entrada libre. Para los bebés y niños más pequeños habrá hora del cuento con Ana María Bernal.

¡Los esperamos!

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Nuestra directora: “Hace treinta años…”

i oct 25th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 25 de octubre de 2015, Yolanda Reyes escribió:

Hace treinta años…

 

“…en 1985, un hombre exigió que cesara el fuego. El llamado fue desoído. Esa vida fue acallada en medio de una pira fatal a la vista de todos los colombianos, atónitos y silenciosos. El gesto de Alfonso Reyes Echandía mal podría ser visto como el acto por demás comprensible y humano de una víctima sacudida por el miedo; es, en realidad, una demanda ética cuya grandeza aún debe ser valorada y ponderada por nuestro país”. 

Así comienza el Informe Final de la Comisión de la Verdad sobre el Palacio de Justicia elaborado por los Magistrados Jorge Aníbal Gómez, José Roberto Herrera y Nilson Pinilla, (Corte Suprema de Justicia, 2010), que debería ser lectura obligada en estos días cuando se conmemoran treinta años del holocausto y los secretos a voces vuelven a romper el silencio para recordarnos que es imposible cerrar lo que no está resuelto.

El pasado 20 de octubre, entre el ruido electorero, el país conoció una noticia que habría conmocionado a cualquier país, pero que aquí suscitó más indiferencia que estupor: Medicina Legal había identificado los restos de Cristina del Pilar Guarín, Lucy Amparo Oviedo y Luz Mary Portela, tres desaparecidas del Palacio. Cristina y Luz Mary, que trabajaban en la cafetería, fueron halladas en Jardines del Recuerdo y Lucy Amparo, quien había ido a una entrevista de trabajo, apareció en el Cementerio del Sur.

Semejante hallazgo por el que habían vivido y luchado sus familiares, (incluso, algunos murieron en el intento) marcaba el cierre simbólico de treinta años de horror y acababa también con ese resquicio de esperanza que es lo último que se pierde cuando alguien está “desaparecido”. Sin embargo, el derecho a sepultar a los seres queridos que recuperaban esas familias abría las heridas de otras que descubrían haber enterrado muertos ajenos.

Cristina del Pilar apareció en la tumba de María Isabel Ferrer, quien ahora se convirtió en desaparecida; Luz Mary, en la tumba de Libia Rincón, y los restos de Lucy Amparo fueron encontrados en las cajas 55 y 55A, cuyo material pertenece a una fosa común. “Eso por lo que la opinión se aterra hoy, lo vivimos en vivo y en directo hace treinta años. Pero el país no quería oír esa historia”, dijo Carlos Medelín, el ex ministro de Justicia, hijo del Magistrado del mismo nombre, y relató en estas páginas la forma confusa e irregular que caracterizó la entrega de los cadáveres.

Esa historia que el país no quería (o no quiere) oír, está documentada rigurosamente por el informe, en el cual se alude a “las múltiples negligencias que, por acción u omisión conllevaron a que las necropsias no se practicaran adecuadamente (… ) En muchos de los casos, los cadáveres fueron mal identificados, lo que supuso, en consecuencia, la entrega errónea de cadáveres a los dolientes, debido a las presiones políticas y a las derivadas de la angustia de los familiares”. 

Las consecuencias de esas entregas erróneas siguen causando dolor a los familiares y muchos casos que estaban cerrados vuelven a ponerse en tela de juicio. Por ejemplo, Sofía Velásquez, la hija de María Isabel Ferrer, contó que a ella le entregaron un pedazo de zapato y le mostraron un cuerpo calcinado, y que siempre dudó que fuera de su madre. “Esperaba que algún día llegara a la casa. Todas las noches la esperaba. El día de mi grado de fisioterapeuta esperaba que llegara”.

Ahora, cuando se ha comprobado que esas piezas sueltas no son su mamá, Sofía afronta la tragedia de buscar de nuevo algún pedazo de ese cuerpo. Y este es solo uno de los casos que se van revelando, “ante la vista de todos los colombianos, atónitos y silenciosos”, igual que entonces. Si esto ocurre con los duelos de hace treinta años, ¿qué esperar de los más recientes?

Yolanda Reyes 

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¿Qué lee el equipo de Espantapájaros?

i oct 16th No Comments por

Le preguntamos a algunos miembros de nuestro equipo de trabajo “¿Qué están leyendo?”. Estas fueron sus respuestas y sus recomendaciones.


 

Dayán Cuesta – Librera

El impostor de Javier Cercas. Literatura Mondadori.

“… Marco es lo que todos los hombres somos, sólo que de una forma exagerada, más grande, más intensa y más visible, o quizás es todos los hombres, o quizá no es nadie, un gran contenedor, un conjunto vacío, una cebolla a la que se le han quitado todas las capas de piel y ya no es nada, un lugar donde confluyen los significados, un punto ciego … “

Lo terminé y lo recomiendo. ¡Un libro de no-ficción lleno de ficción! Este relato te llena de preguntas y tal vez al final puedes llegar a decir “Ich bin Enric Marco”…

El impostor
 

No comas renacuajos de Francisco Montaña Ibáñez. Babel Libros

“… Las caras de sus hermanos pasaron frente a sus ojos cerrados y a cada uno de ellos le explicó que eso era lo único que le quedaba por hacer. Cuando terminó sus oraciones, quiso quedarse en silencio un rato tratando de oír alguna voz que tal vez le diera consuelo…”

El hambre, el abandono y la indiferencia son los temas de este libro. Es un bello relato sobre cinco hermanos en Colombia, lo recomiendo porque me sacó un suspiro largo y me hizo doler el corazón.

No comas renacuajos
 
 

 


 

Marta Parada – Librera

Yo recomiendo los siguientes libros que acabo de leer:

El color de la leche de Nell Leyshon. Sexto piso.

“Hay ciertos libros -muy pocos- que nos dejan con la sensación de haber tocado un fondo del cual no podemos y no queremos salir siendo el mismo lector. Del color de la leche es uno de esos libros”

Valeria Luiselli.

Del color de la leche

 

Bárbaro de Renato Moriconi. F.C.E.

Un libro sin palabras que nos lleva por los caminos de la fantasía y al final nos saca una sonrisa…

Bárbaro

No puede faltar la música, así que recomiendo el álbum Folk Playground de Putumayo Kids.

Música tradicional norteamericana que nos anima a cantar y a bailar. ¡Me encanta!

Folk Playground


 

Isabel Calderón – Jefe de Comunicación

Yo me estoy leyendo:

Cien poemas en español. Selección de Manuel Borrás. Luna Libros.

Últimamente paso mucho tiempo en buses y este libro ha resultado el mejor compañero para mis viajes por Bogotá: pequeño, liviano y lo más impresionante es que recoge 900 años de literatura en un solo libro. Me ha parecido una muy buena selección. Derrota, de Rafael Cadenas, es uno de mis poemas favoritos.

Ese lo leo de a poquitos.

cien poemas en español

Y los fines de semana leo Drácula. Nunca creí que fuera “mi tipo de libro” pero en una clase de escritura creativa me tocó leer las primeras páginas y quedé enganchada. La edición de Penguin Clásicos está genial.

Drácula


 

Paula Guerra – Asistente de Comunicación

Hace poco terminé de leer El síndrome de Ulises de Santiago Gamboa. Debolsillo.  

Me gustó mucho. Una historia que lo transporta a uno al París de los emigrantes, una ciudad agresiva que pone a más de uno a luchar. La novela construye tanto la vida del protagonista como la de los personajes que él va conociendo en la ciudad. Una novela muy real, muy humana, llena de sentimientos, llena de emociones que se encuentran en direcciones contrarias,  una novela de extremos, devastadora pero a la vez con un tinte esperanzador.

El libro cumplió este año cinco años de ser publicado. Fue una muy buena idea abrirle campo en mi lista de libros pendientes por leer.

El síndrome de Ulíses

 

Y ahora comecé a leer Lolita de Vladimir Nabokov. Anagrama

Humbert Humbert, el narrador, está loco. Es un loco que te atrapa desde el principio. Narra la historia desde la cárcel, cuenta su pasado pero no sé todavía por qué llegó a la cárcel. Lolita es una niña (tremenda) de doce años. Yo no sé quién está más loco, si ella o Humbert Humbert. Existe un romance ambiguo y una obsesión de por medio. Dos personajes a quienes los mueven los impulsos emocionales, la pasión y la naturalidad, se encuentran de manera explosiva en esta novela. ¡Está buenísima!

Lolita

 

¡Gracias por los libros!

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Nuestra directora: “¿Por qué se odian, profe?”

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 12 de octubre de 2015, Yolanda Reyes escribió:

¿Por qué se odian, profe?

 

Una amiga me contó que la llamaron del colegio a contarle que su hijo estaba leyendo un libro inadecuado para su edad. El lector, a quien llamaré Jota, tiene once años: una edad en la que se puede vislumbrar el mundo adulto con esa lucidez que da la perspectiva de no ser adulto todavía. Jota suele recurrir habitualmente a los libros para contestar sus preguntas, o para encontrar nuevas preguntas, y ese hábito le ha sido inculcado tanto en su casa como en el colegio.

La mamá de Jota comenzó la reunión diciéndole a la profesora que le parecía un contrasentido que a su hijo lo motivaran a leer espontáneamente y que luego le censuraran sus elecciones, y preguntó cuál era el libro inadecuado que estaba leyendo. Enemigos: Santos y Uribe ¿Por qué se odian?, de Vicky Dávila, respondió la profesora, y agregó que Jota lo había encontrado al lado de los periódicos y las revistas, en la sección de actualidad colombiana de la biblioteca escolar.

Entre sorprendida y divertida, la mamá estuvo de acuerdo en que ese no era el libro para leer en clase a los once años y luego le preguntó a Jota por qué había escogido precisamente ese libro, entre tantos de la biblioteca. Precisamente para entender por qué se odian Santos y Uribe, si antes eran amigos, fue su respuesta. ¿Y entendiste por qué?, contra preguntó ella. Creo que se odian por la paz, aventuró Jota, pero dijo que iba a cambiar el libro por otro más interesante.

En estos días, al ver a los miembros del Centro Democrático, todos en bloque, luciendo camisetas con la consigna de “lo que es con Uribe es conmigo”, no dejo de pensar en lo que se preguntarán –y en lo que aprenderán– los ciudadanos de la generación de Jota, al ver a los adultos “gritando al unísono” esos mensajes en negro sobre blanco, sin matices. Esas consignas repetidas en coro, (“lo que es con él es conmigo”), que nos recuerdan los rituales de control y de venganza de “los más machos”, especialmente característicos de los colegios masculinos, son la matriz del matoneo, hoy lo sabemos, y resulta aterrador, por no decir patético, ver a los líderes políticos acusándose mutuamente de terroristas y conformando bandos.

Allá ellos, que gane el que más vocifere, dan ganas de decir, y de sustraerse al ruido mediático para leer y escribir sobre asuntos más interesantes. El problema, sin embargo, es que esa pobreza de lenguaje y de argumentación caracteriza el nivel del debate político con el que se están formando las nuevas generaciones y reproduce formas esquemáticas y estigmatizadas de dirimir las diferencias y de resolver conflictos de toda índole: “Terrorista. Enemigo de la paz. Eje electoral Santos-Maduro-Timochenko-Montealegre”. Si las palabras ilustran la calidad del pensamiento, cabe preguntarse cuáles son las herramientas conceptuales con las que cuenta este país, en este momento crucial, para afrontar tantas discusiones y versiones contrapuestas.

Muchos aprendizajes se construyen mirando actuar a quienes nos preceden y, en ese sentido, los debates públicos y la manera como estos son recogidos tanto en los medios, como en los ámbitos familiares y sociales, son el referente político de ciudadanos como Jota. La libertad para expresarse y para escuchar voces diversas, lo mismo que el rigor para contrastar fuentes y para asumir posiciones argumentadas y autónomas, son las condiciones educativas mínimas que hoy se requieren para cambiar esas prácticas de secta, instaladas en todos los grupos y transmitidas de generación en generación.

Esas son huellas de guerra y uno de los mayores desafíos es usar otro lenguaje para ejercer la posibilidad de disentir. Pero un lenguaje que se hable más allá de las paredes de la escuela.

Yolanda Reyes 

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