Nuestra directora: “Del sexo a la sexualidad”

i feb 29th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 29 de febrero de 2016, Yolanda Reyes escribió:

Del sexo a la sexualidad

 

Desde la primera vez que un papá le cambia el pañal a su hija o mucho antes, desde que su pareja le dice esa frase que les cambiará la vida, “estoy embarazada”, e incluso más atrás, desde el cortejo, desde el enamoramiento, desde la conversación (o no) sobre la posibilidad de tener hijos o, para ser más exactos, desde la infancia de los padres y de la de los padres de los padres, la sexualidad hace parte de nuestra historia: de todas las historias.

Aunque nos hayan enseñado a reprimir nuestra curiosidad (o a callarla frente a los adultos) o nos hayan dicho desde antes de tener memoria “eso no se toca” –ni se mira, ni se nombra–, aunque tengamos un repertorio de nombres aprendidos, en medio de risitas y susurros adultos, para nombrar los genitales con apodos chistosos que jamás usaríamos para nombrar las manos, las piernas, los codos o las rodillas, nuestra vida no puede explicarse sin recurrir a esa palabra que aún aterra a ciertos funcionarios: ¡sexo!… “El presente programa contiene escenas de sexo y violencia” es la frase hecha que separa la programación adulta de la infantil en la televisión nacional, como subrayando que ‘sexo’ es una práctica equiparable (tremenda generalización) a la violencia.

Valdría mejor decir sexualidad, aunque haya que añadirle sílabas, porque involucra más que prevención del embarazo, pero no solo es importante ampliar esa palabra, sino el estrecho debate nacional suscitado a raíz de la demanda del colectivo Sin Embarazos en Adolescentes, que solicitó iniciar la cátedra de Educación para la Sexualidad en preescolar y primaria, por considerar tardía su inclusión en secundaria, según lo establecido en la Ley 1146 del 2007. Más allá de la polémica mediática que brilló por la ausencia de argumentos técnicos, conviene recordar que la sexualidad va más allá de la genitalidad. El sexo visible que se observa desde las ecografías es solo el punto de partida para un bebé. El resto es una construcción cultural y una tarea que le tomará toda la vida.

Es evidente que “la educación para la sexualidad” (nótese la amplitud del término utilizado en la ley) no comienza en secundaria ni es únicamente una herramienta para prevenir el embarazo o las enfermedades de transmisión sexual. Por ello el sentido negativo que caracterizó la discusión –embarazo, enfermedad, abuso– desdibuja el sentido profundo de una sexualidad que se construye con acompañamiento y con ejemplo adulto, que hace parte de la vida afectiva y que está presente en la forma como nos movemos, hablamos, bailamos, nos vinculamos y vivimos.

Basta con mirar los juegos de los niños más pequeños, con sus incesantes porqués, para saber que la curiosidad, no solo frente a la sexualidad sino hacia el mundo, está presente desde el comienzo y es el motor del conocimiento. De dónde vienen los bebés, cómo entró el hermanito en la barriga de mamá, por dónde va a salir, por qué la luna no se cae del cielo, por qué los niños y las niñas son distintos, por qué se mueren las personas y todas las preguntas existenciales y científicas imaginables surgen todos los días en cualquier jardín infantil.

De la forma como los escuchemos, sin censurarlos, para conversar con ellos, resolver sus dudas y estimular nuevas preguntas dependerá no solo la educación de su sexualidad, sino toda su educación. Por supuesto, conviene entender que la curiosidad no es un problema infantil, sino una fortuna, y que esa asociación entre curiosidad sexual y morbo es una construcción adulta anclada en muchos años de censura y de silencios, que hemos heredado y transmitido. Por eso, justamente, necesitamos tomar en serio la educación para la sexualidad de los más jóvenes: para cambiar esos discursos.

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Yolanda Reyes 

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El túnel de Anthony Browne y los lazos familiares

i feb 25th No Comments por

Leila Reyes, profesora de Espantapájaros, nos invita a conocer un libro para nombrar las emociones:

El túnel, del reconocido autor e ilustrador Anthony Browne.


En este relato el lector queda atrapado en un verdadero túnel de emociones en el que se ve cómo la relación entre una hermana y un hermano se transforma, situación recurrente a lo largo de muchas vidas. Esto sucede tras enfrentar un momento en el que los dos hermanos están solos y se dan cuenta de que el cariño y el amor que los une es lo que los salva. Tan sencillo como eso, tan inverosímil como parecía al inicio del relato.

En el libro los opuestos son una constante y desde las primeras páginas se ven claros: “eran diferentes en todo”. Viene entonces una descripción de cada personaje, que, tanto en el caso femenino como en el masculino, nos acerca a esos rasgos típicos de “niña” y de “niño”. Este es un elemento interesante de la narración, pues de esta forma los lectores se pueden sentir identificados rápidamente con la historia, preguntándose de qué forma los estereotipos lograrán romperse.

Ilustración El Túnel

Anthony Browne, además, nos muestra cómo los dos personajes se ven ante una situación en la que deben intentar arreglar sus diferencias; se encuentran con un túnel y el hermano decide entrar. Al no verlo salir, la hermana se lanza tras él, y, aunque asustada, decide ser valiente y buscarlo.

La hermana

Y es que uno de los grandes temas en la literatura infantil es el miedo, muchas veces ligado a la pérdida y a lo desconocido. El desenlace del libro es tan fuerte como simbólico: al hermano congelado lo devuelve a la vida el abrazo fraternal, aquel nexo entre dos seres que aunque parecían no tener nada en común, comparten eso tan fuerte que nos permite salir una y otra vez de cualquier túnel: la familia. La sonrisa final y cómplice entre los dos parece ser un guiño del autor a los lectores, pues así se adivina el futuro de la relación .El autor cierra así otro de los grandes temas de la literatura infantil y adulta: el proceso cambiante por el que pasan las relaciones a lo largo de la vida y la fortuna de que así sea.

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La literatura y nuestra vida emocional

i feb 22nd No Comments por

Compartimos con ustedes este artículo de Leila Reyes, profesora de Espantapájaros, sobre lo valioso que es leer con los niños, sobre lo que significa para ellos la literatura.

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Leila Reyes es la profesora de los niños más grandes en Espantapájaros.

La literatura y nuestra vida emocional

De cada vida se podría hacer un escrito y de cada escrito se pueden hacer muchas lecturas diferentes. Según lo palpado, lo dejado, lo deseado.

La gran riqueza de la literatura es que nos ofrece infinidad de formas de percibir la vida. De darle un sentido a cada mañana, de renovarnos y empoderarnos a través de eso-que-sucede-allá-en-una-hoja. Y a la vez con nosotros mismos. Tan lejos y tan cerca. Compartir una misma emoción. Reconocerse en ella. O en “eso”, que no sabíamos nombrar, pero que tras toparnos con tal o cual personaje, tenemos la certeza de dilucidar mejor ahora. Pues tú eres yo y yo soy tú. Qué increíble descubrimiento.

Desde muy pequeños nos identificamos con ese libro objeto pues no es más que un espejo de nosotros mismos: esa historia que sucede del otro lado del mundo, pero que al toparse con la nuestra se encuentra en un mismo camino y nos da esa hermosa seguridad de saber que no estamos solos en el universo. Que eso tan abstracto y a la vez tan real que ocurre entre líneas y dibujos también puede ser mi historia. “Uff”. Qué suerte. Qué delicia. Qué salvación.

Incluso sin saber leer, ya nos identificamos con lo ilustrado. Percibimos que el árbol del cuento es igual al que hay al frente de nuestra casa, que a ese niño tampoco le gustan las espinacas los domingos (¡o sea que finalmente no es tan grave!) y que él también tiene un abuelo de gafas grandes y bastón, al que adora. Como yo al mío. Qué gran poder, ese de la lectura.

Es de esta forma, y casi sin darnos cuenta, como los destinos se empiezan a entrelazar. Y empezamos a entender que, así como en la vida, aquí también podemos voltear la página cuando queramos cambiar de capítulo. De amigos, amores e invenciones. O ir al encuentro de nuestro otro yo.

Es ante una exploración de lugares y espacios, de muchos sabores y relaciones con el otro y con nosotros mismos, que nos vemos enfrentados al nacer. Asimismo en la literatura. Y en todo inicio de vida emocional.

 

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‘Tú no me vas a creer’, del miedo y la muerte se pasa al renacer

i feb 19th No Comments por

Este fue otro de los títulos que discutimos en nuestras Jornadas de Literatura Infantil Para nombrar las emociones. Leila Reyes, profesora de Espantapájaros, escribió esta reseña, acerca del libro de Jaime Blume e Irene Savino: Tú no me vas a creer. 

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Tú no me vas a creerEl  título del libro y la ilustración de la cubierta (una gran puerta entreabierta) nos remiten desde el primer momento a la incógnita, al enigma que intuimos se irá develando al  introducirnos en la historia. Nos lleva, asimismo, a pensar en la relación adulto-niño en la que muchas veces pareciera que los más pequeños inventan cosas, cuando en realidad están palpando verdades que los mayores  intentamos ocultar, como la muerte y  lo que esta conlleva.

Entramos así en la historia del Niño:  aquel relato donde le cuenta a su madre cómo el Malo viene a buscarlo en la noche y se lo lleva a dar un misterioso paseo. Ocurre, entonces, la muerte del caballo en el que el Niño y el Malo cabalgan; tras haberlo enterrado, la madre vuelve por su hijo y El Malo se va. La ilustración, hecha de trazos sencillos, representa dibujos del niño que denotan angustia, mientras que el color negro, presente en la primera mitad del libro (cuando está El Malo), se transforma luego en colores cálidos, naturaleza bella y frondosa, y dibujos de esperanza (cuando viene la madre al rescate).

Es interesante e impactante ver que la palabra “muerte” aparece en un libro infantil ‘sin adornos’ y que, además, se vea un entierro de forma clara en la ilustración. Aparecen, asimismo, simbologías que remiten a lo miedoso y a lo misterioso, como son el número 13 y los lagartos de lengua y ojos rojos.

De esta forma, la narración nos muestra una emoción cambiante: del miedo y la muerte se pasa al renacer y a la confianza que genera el lazo materno. Así, de forma clara y directa, tanto Jaime Blume, autor, como Irene Savino, ilustradora, logran abrir la puerta de un tema no siempre fácil de tratar en la infancia, pero cuyo desenlace final está muy bien logrado: con el cariño y la protección de la madre, los miedos se evaporan y los Malos también. Entrelazando, de paso, esas ideas de realidad-ficción y sueño-realidad que se esconden, tantas veces, en la relación infancia-adultez.

 

* Pueden encontrar este libro en nuestra librería. 

Precio: $37.000

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La oscuridad, un libro para hablar sobre el miedo

i feb 15th No Comments por

Esta semana Leila Reyes, profesora de Espantapájaros, escribió una reseña sobre ‘La oscuridad’, de Lemony Snicket. Este es uno de los muchos libros que abordaremos en nuestras Jornadas de Literatura Para nombrar las emociones porque para vencer el miedo antes hay que hablar con él. Hay que hablar sobre él. 


Lazlo y La Oscuridad

El libro La oscuridad (The Dark) narra la relación entre un niño llamado Lazlo y “Ella”, la oscuridad. A través de una ilustración sencilla pero muy eficaz, Lemony Snicket y John Klassen, el ilustrador, nos van narrando de qué forma el temor de Lazlo por la oscuridad se transforma en una calma latente al entender que ella está presente pero sin incomodar ni atemorizar. Que ella es sencillamente la otra cara de la luz.

De esa manera, la oscuridad, como un todo, siempre presente detrás de la linterna luminosa, se mantiene como un habitante, no solo de la casa, sino de la mente del niño. Así, nos transporta al imaginario infantil del miedo, tan ligado a la ausencia de luz.

Es muy interesante ver cómo la personificación de la oscuridad le permite al lector identificarse con ella e írsela encontrando en ese”lugar enorme”. Es como dar un paseo de su mano, por todos los recovecos del espacio y de la mente. Lazlo recorre así  su hogar hasta que Ella le entrega un regalo que le permite sobrellevar sus  temores. Una bombilla. La posibilidad de traspasar su miedo.

Hacia el final del libro, Snicket hace una pequeña reflexión sobre esta emoción, mostrando que  en ella se esconde uno de los grandes desafíos de la vida: los opuestos recurrentes, la luz y la oscuridad, presentes en todo, en tantos símbolos y emociones que nos arropan desde pequeños.

* Pueden encontrar este libro en nuestra librería. 

Precio: $35.000

 

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Nuestra directora: “Celebración del conflicto”

i feb 15th No Comments por

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 15 de febrero de 2016, Yolanda Reyes escribió:

Celebración del conflicto

 

Hay un valor instalado en nuestra idiosincrasia que, en lenguaje coloquial, se conoce como “no poner pereque” y que clasifica como “personas conflictivas” a quienes dicen abiertamente lo que piensan. Aunque llevamos tantos siglos matándonos por causas diversas, parece haber una especie de consenso nacional que considera “enemigo” (de la paz, del Gobierno, de la comunidad o del grupo que sea) a quien no traga entero y lo expresa con palabras.

La colección de frases es elocuente: “El que no está conmigo está contra mí”, “fulana está vetada porque es muy problemática”, “yo nunca he tenido un sí ni un no con mi marido”, “mejor me callo para evitar problemas”, y muchas otras que descalifican a quienes son ‘frenteros’ y que confunden nuestra supuesta amabilidad colombiana (en los dichos, no en los hechos) con la hipocresía, el servilismo o el silencio. 

Digo esto porque me parece peligroso el optimismo edulcorado alrededor de esta promesa llamada ‘posconflicto’, que sugiere el comienzo de una nueva era, como si fuera una tierra prometida al otro lado del arco iris. Aunque todos sabemos que el término se refiere a la confrontación armada con las Farc, la generalización hace pensar en un país donde el conflicto habrá quedado en el pasado, y esa ilusión lingüística reafirma la confusión nacional de considerar la paz como la ausencia de problemas.

Quizás porque crecimos viendo demostraciones permanentes según las cuales el conflicto es sinónimo de violencia, y no la consecuencia de ser distintos y de sentir y querer cosas distintas, consideramos enemigos a quienes expresan sus desacuerdos con palabras y les seguimos evitando las situaciones conflictivas a las nuevas generaciones. En lugar de enseñar a los niños a crecer entre las diferencias, los uniformamos, los encerramos en guetos, estratos, conjuntos cerrados, colegios cercados y privados, y les resolvemos los problemas (académicos, relacionales, personales), sin darles siquiera tiempo a formularlos. Con la ilusión de que no existe conflicto entre “la gente como uno” (la frase es elocuente), hemos perdido, por falta de entrenamiento, la capacidad para convivir entre las diferencias.

La capacidad de usar la lengua no para estar todos de acuerdo, sino, precisamente, para expresar los desacuerdos, para nombrar todo lo que no nos hemos dicho e incluso para alzar la voz y “poner pereque”, es una asignatura pendiente que requiere entrenamiento deliberado. Esa facultad simbólica, exclusivamente humana, para traducir nuestra experiencia con palabras, aunque a veces suenen crudas, es la herramienta básica para favorecer el tránsito hacia un país donde los conflictos armados vayan mutando, paulatina y lentamente, a conflictos tramitados con lenguaje. Las leyes, la institucionalidad, las artes, los libros, la cultura y especialmente la política son variaciones de ese invento humano de situar las diferencias en un orden seguro, construido en el lenguaje.

“Hacer pedagogía” sobre el proceso de paz debería significar mucho más que celebrar unos festejos publicitarios, para promover prácticas diversas, en todos los escenarios de la polis, desde la escuela hasta el parlamento, que permitan celebrar las diferencias, escuchar a los adversarios y enriquecer los niveles de argumentación. El reconocimiento de que un país se tramita, se discute y se construye con puntos de vista diferentes, con gente que discrepa y que negocia posturas a través del lenguaje, debería ser el desafío esencial para asumir los tiempos difíciles que nos esperan. Desde esta perspectiva, podríamos asumir una responsabilidad colectiva, en vez de seguirla desplazando a unos señores que resuelven problemas en una isla, como hemos hecho siempre.

Yolanda Reyes 

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El día que hicimos magia con agua y luz

i feb 11th No Comments por

Ustedes no nos van a creer, pero hoy en el taller de cuentos, inventos y experimentos hicimos magia.

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¿Alguna vez han visto agua flotando en el aire? Nosotros lo hicimos posible. Con papel, un vaso y un poquito de agua. Después jugamos en la oscuridad y encontramos tesoros. Fue una tarde de grandes descubrimientos. ¿Quieren oír la historia?

Primero, Leila, nuestra profesora, nos entregó un vaso a cada uno de nosotros. 

¿Cómo se destapa? ¿Qué podemos hacer con él? ¿Cómo suena? ¿Cómo se ve el mundo a través del cristal? Estuvimos explorando el material y haciéndonos preguntas, hasta que llegó el agua.
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Con ayuda de Leila, servimos un poquito de agua en cada vaso.

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Después usamos el papel para hacer con él un techo que cubriera el vaso.

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Y ahora viene la parte mágica. Prepárense…

Con un poco de ayuda, volteamos el vaso: la parte de abajo la pusimos hacia arriba y la parte de arriba la pusimos hacia abajo. Así, como en la foto: el vaso quedó al revés.

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Y como vimos que el agua no se regaba… levantamos el vaso.

Mírenlo: ¡un vaso de agua que no se riega! Es como si el agua estuviera flotando en el aire.

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Después de hacer magia, siempre es bueno sentarse a leer un cuento. Esto lo saben todos los magos del mundo. Así que leímos La oscuridad, de Lemony Snicket. En el libro, el protagonista es un niño que se llama Laszlo, que al principio tiene miedo a la oscuridad pero lentamente empieza a acercarse a ella.

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Inspirados por la historia, nos fuimos a jugar un rato en la oscuridad.

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El salón estaba negro, negro, negro, como si fuera de noche. Pero no teníamos miedo. Además, todos llevábamos linternas.

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Con ellas podíamos ver en la oscuridad y por eso encontramos tesoros que nunca habíamos visto. Como este que nos está mostrando Ivana en la foto.

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Ahora, ¿qué pasa si ponemos las linternas hacia arriba? ¿Qué hay en el techo? ¿Y qué pasa si movemos las linternas de un lado a otro? Nos divertimos llenando de luces la oscuridad. ¡Eso también es hacer magia!

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Ahora que leyeron esto, ustedes ya saben que los niños de Espantapájaros podemos hacer algunas cosas muy extrañas. Que el agua flote en el aire y que la oscuridad se llene de luz son solo dos de muchas cosas que sabemos hacer. ¡Otro día les contamos más!

 

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Nuestra directora: “Sí es más que no”

i feb 1st No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 1 de febrero de 2016, Yolanda Reyes escribió:

Sí es más que no

 

–Quiero darte un beso. ¿Tú quieres?

–Sí, quiero.

–¿Te puedo acariciar?… ¿Pasamos a esto?… ¿Estás de acuerdo?… No tienes que hacerlo si no quieres. ¿Quieres?

–Sí. ¿Y tú?

–Yo también quiero.

Este tipo de conversación ilustra el cambio de paradigma sobre el consentimiento en las relaciones sexuales en el que se sustenta la ley denominada ‘Only Yes Means Yes’ (solo sí significa sí). La ley, firmada por el gobernador de California en el 2014 y posteriormente adoptada por los estados de Nueva York, Connecticut, Nueva Jersey y New Hampshire, define ese consentimiento como “un acuerdo afirmativo, consciente y voluntario” para tener relaciones sexuales, expresado con lenguaje verbal o no verbal por TODAS las personas involucradas en la relación. Si aún no les queda claro, la simple falta de resistencia o el silencio no significa una aceptación y cualquier relación sexual se puede interrumpir en cualquier momento ante la falta de permiso explícito para continuar.

¿O sea que tienes que preguntar y esperar un “sí” cada diez minutos?, suelen preguntar, con una mezcla de ironía y de preocupación, los estudiantes de secundaria o de universidad que participan en talleres de formación sobre la ley (uno de los requisitos para que las instituciones educativas reciban fondos estatales). La respuesta –afirmativa, claro– tiene que ver, más que con el tiempo, con esos matices que van definiendo la intensidad de los encuentros y que hay que aprender a identificar y a manejar como parte del aprendizaje de la sexualidad. En otras palabras, cuando se va a pasar a un nivel siguiente de intimidad es imprescindible volver a preguntar y recibir permiso explícito. La sabiduría del viejo refrán, “ante la duda, abstente”, vuelve a funcionar para evitar ambigüedades o disculpas al estilo del “yo creí que ella quería”, “ella se lo buscó” o “mi error fue enamorarme”.

El consentimiento afirmativo es un paso más allá del eslogan “No significa No”, que marcó la pauta de generaciones anteriores y, además de hacer más claras las fronteras para determinar lo que constituye un abuso sexual, define nuevos marcos educativos. Sentencias como “quien calla, otorga” o la máxima perversa que asegura que “cuando una mujer dice que no, quiere decir sí”, por no mencionar el antiguamente mal llamado “deber conyugal” se desvirtúan por completo, y queda también claro que alguien drogado, borracho, inconsciente, dormido o en situaciones de vulnerabilidad o desigualdad no está en condiciones de dar un consentimiento afirmativo. Según esta legislación, ya no es necesario demostrar una negativa contundente a tener sexo: basta con no decir que sí para configurar casos de abuso o de violación, sin importar si fue con alguien cercano.

Decir sí quiero: he ahí la diferencia entre una sexualidad basada en los tabúes, los miedos, las presiones y las prohibiciones, y esas relaciones complejas y cambiantes que se construyen mediante un diálogo continuo y lleno de dudas, de errores, de aciertos y de descubrimientos entre iguales. Ese preguntar de múltiples maneras, esas exploraciones y esos permisos mutuos que van construyendo las fronteras, las complicidades y los desafíos de una relación (no solo sexual) se basan en el reconocimiento de la autonomía y en el respeto por cada persona, sin importar su género.

El escándalo del Defensor del Pueblo es apenas la punta del iceberg de esta cultura nuestra que equipara sexo con poder y que está presente, de tantas formas, en lo público y en lo privado. Antes de la secundaria, desde el comienzo de la vida, tendríamos que educar de otra manera para favorecer esa exploración de los límites propios y ajenos que se extienden entre el no y el sí… y tantas veces el “quién sabe”.

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Yolanda Reyes 

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