“Matador”, de Wander Piroli y Odilon Moraes

i abr 18th No Comments por

Una reseña de Leila Reyes

Si nos fijamos en el título de este libro y pensamos inmediatamente que se trata de un relato para niños, algo raro puede suceder en nuestra mente; puede que pensemos que la palabra “matador” remite a un torero o a alguien que mata. Y entonces podemos preguntarnos: ¿no se supone que la infancia es una “edad tierna” en la que palabras como esta deberían estar vetadas? ¿De qué nos puede hablar un libro para niños cuyo título por sí solo es difícil de dilucidar y de configurar dentro de un imaginario infantil?

Matador

Nos adentramos así en un libro álbum en el que las palabras y las ilustraciones se complementan perfecta y asombrosamente y se acompañan en esta historia de desolación y muerte, de búsqueda y reafirmación del yo. El lector se enfrenta a una historia en la que un niño desea por encima de todo matar un gorrión para lograr un reconocimiento dentro de su grupo de amigos, dentro del “parche” del barrio, núcleo esencial en la construcción de ese yo.

Este mismo lector se sumerge en una ilustración que se ve recubierta de verde, marrón y blanco: colores que se entremezclan sin lograr definirse del todo y dando una sensación de desasosiego y desolación desde el inicio hasta el final del relato. Los niños parecen deambular sin rumbo, tratando de afinar su puntería para festejar un deceso más; intentando ubicarse en un lugar cada vez más inamovible dentro de este mundo cruel. Piroli y Moraes, autor e ilustrador, nos permiten vislumbrar que ese sitio “muy arborizado” donde sucede la historia puede ser cualquier lugar, cualquier esquina nuestra, así como ese niño puede ser cualquiera de nosotros, iniciándose en ese largo y misterioso recorrido del ser, que se ve atravesado tantas veces por espejismos y desengaños. A medida que pasamos las páginas, el gorrión sigue presente, siempre estático e inmaculado y como haciéndonos un guiño, como diciéndonos que allá en las alturas se vive con menos carga. El relato está contado con un estilo cinematográfico: acciones cortas y rápidas, frases que se suceden entre una narración de hechos y una inmersión en la mente del protagonista.

El clímax de Matador está en un elemento asombrosamente sencillo y a su vez desgarrador: esa manchita roja sobre una pared blanca: señal de desespero e incomprensión, señal también de que esa muerte fallida significará una pequeña muerte para el niño, un rojo indeleble en aquel frágil cuerpo, que cargará con él a lo largo de los caminos de la vida, algunos arborizados y otros no tanto.

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