Semana de fiesta en Espantapájaros: Cierres de semestre

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Esta semana tuvimos la oportunidad de compartir con los niños que vienen al jardín y sus familias los cierres de semestre de cada uno de los grupos. Junto con todo el equipo de Espantapájaros, los niños y las profesoras preparamos dos días llenos de libros, villancicos e invitados muy especiales.

El lunes fue el cierre de semestre de los niños del grupo de Natalia y Ana María, los más pequeños del jardín. Durante toda la mañana compartimos con los niños y sus papás dos de las actividades que sus hijos más disfrutan en Espantapájaros: la Hora del Cuento y la clase de música, que esta vez giró alrededor de la Navidad. Eliana García, profesora de música, nos acompañó en un pequeño concierto, mientras que en la Hora del Cuento leímos los cuentos favoritos de los niños: Mi papá, Mi mamá, de Anthony Browne; y Éstas son las mañanitas, de Carlos Pelliecer, entre otros.
Al final hubo tiempo para tomar onces y pasar un rato con todas las familias.

 

El miércoles llegó la siguiente celebración: el cierre de semestre de los niños más grandes. Para este día tuvimos la fortuna de tener la visita del autor colombiano Ivar Da Coll. Fue una mañana inolvidable en la que los niños y sus familias disfrutaron con las historias de Chigüiro, José Tomillo y Hamamelis, entre otros famosos del autor. Ivar recorrió nuestro jardín y los niños y sus padres escucharon de su propia voz las historias de sus libros favoritos.

Y allí no acabó la celebración, aprovechando la reedición del libro Medias dulces, dejamos un espacio reservado para una fantástica fiesta de medias. ¡Sí!, papás y niños trajeron sus medias favoritas: las más lindas, pintorescas y llamativas, para bailar y jugar. Al final del día algunos de los niños decidieron dejar sus medias en Espantapájaros con la promesa de que la befana, esa simpática bruja, pasará por nuestra casa el 6 de enero para llenar las medias, tal y como lo hace en la historia de Ivar Da Coll.

¡Gracias a todos por acompañarnos!

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“Preguntas y respuestas” con Ivar Da Coll

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Ivar Da Coll es un autor que no pierde vigencia; bien sea por sus libros o porque los niños (y también los adultos) que nos visitan adoran sus historias, Ivar siempre está cerca a Espantapájaros.

La última visita de Ivar Da Coll a Espantapájaros hace algunos años.

 

Recientemente la editorial SM reeditó uno de sus clásicos: Medias dulces, o como muchos lo recuerdan, “la historia de la befana”. Cuando llegó a nuestra librería celebramos la publicación, y por eso, como un festejo, quisimos invitar a Ivar a compartir nuestra celebración de navidad con los niños que vienen al jardín.

Antes de su visita hablamos con el autor y le hicimos algunas preguntas:

1. Todos los que crecimos con tus libros los recordamos como una parte especial de nuestra infancia, ¿nos contarías algún recuerdo especial de la tuya?

Todos los cuentos tradicionales que me leía mi mamá que venían publicados en Editorial Molino. Eran libros de gran formato, impresos en papel periódico y con ilustraciones en blanco y negro.

2. Y las historias, ¿te contaban historias cuando pequeño?, ¿tenías un contador o contadora de cuentos favorito?, como Julieta con su abuela, en Medias dulces.

Mi mamá. Ella no sólo nos leía a mis hermanos y a mí, sino que nos contaba historias de su niñez y de una amiga de su mamá que ayudaba a cuidarla a ella y a sus hermanas.

3. Ivar, ¿tienes un color favorito?, ¿cuál es?

Mis colores favoritos son el amarillo y el gris; cuando los combinan se ven muy bonitos.

4. Y una palabra, ¿tienes alguna preferida?

Agradecimiento.

5. Se acerca la navidad y seguramente nuestros lectores apreciarían una recomendación, ¿qué libros nos sugerirías?

Cualquier libro de Roald Dahl, especialmente, Las brujas y La maravillosa medicina de Jorge. Alicia en el país de las maravillas, pero en la edición de Alianza Editorial con traducción de Jaime de Ojeda. La Isla, de Armin Greder, y El libro triste, de Michael Rosen.

6. Por último cuéntanos qué libro le falta a Ivar Da Coll, quizá pueda aparecer este año en el árbol de navidad.

Ahorita mismo no he pensado en algún libro que me falte porque estoy leyendo uno bien, bien grueso: En busca del tiempo perdido de Proust y tengo en espera varios más que compré y que aún no he leído.

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La preferencia de los grandes de Espantapájaros: dedos ágiles, y pies ligeros

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Por Pato Pereyra

Al volver a Espantapájaros tuve la inmensa alegría de encontrarme con algunos de los pequeños que había conocido en mi viaje anterior. Los recordaba contándome sus cuentos, sin necesidad de usar palabras. Apenas un parpadeo, una sonrisa, un cabeceo, alcanzaba para narrarme su historia favorita. Fueron mis maestros, los que me iniciaron en la Literatura para la Primera Infancia. Reconocerlos y sentarnos a charlar sobre sus lecturas fue como recuperar la magia.

Rebeca (2 años y 11 meses) prefiere libros de dinosaurios y de animales, según me contó su madre. En la librería de Espantapájaros conocen sus favoritos: Mini Dinosaurios en tercera dimensión; o Estegosaurio, de Océano Travesía. Estos libros sobre animales son los que Rebeca suele llevarse en préstamo a su casa. Recuerdo bien que el año pasado me pidió que le leyera muchas veces el libro Buenas Noches, Gorila, de Peggy Rathman. En realidad, ella fue quien me lo leyó varias veces hasta que lo aprendí.

A Rebeca pude acompañarla a la biblioteca en reiteradas ocasiones. El primer viernes, mientras la observaba caminar, con ese andar de gacela, escogió un libro y lo guardó bajo su brazo. Desierto, parecía un libro informativo, con mucho texto, sin embargo, entendí por qué lo prefería: desde su portada un enorme camello nos observaba. Entraba claramente en la categoría de sus preferencias. A la semana siguiente, volvió a elegir un libro con una portada de animales: La carta de la Señora González, de FCE.

Antes de regresar a Buenos Aires le pedí a Rebeca que me acompañara a la biblioteca y escogiera libros para mí. La excusa fue que quería llevarme para los niños argentinos los libros favoritos de mis amigos del jardín en Colombia. Pensé que me diría que no, ella tan tímida, tan distante… pero aceptó y me honró con su mano.

¡Los tres elegidos fueron libros de animales! A veces esta constancia sorprende a los padres. En una de nuestras conversaciones, la madre me aclara: “es ella la que elige”, y nadie lo duda.

Es curioso como los padres nos sorprendemos de que nuestros hijos pequeños tengan tan claras sus elecciones. Sin embargo, no haríamos esto si un amigo nos manifestara que solo lee ciencia ficción o novelas históricas. Creo que en sus preferencias se manifiesta desde pequeños la esencia de lo que es cada uno. Me recuerdo de pequeña, leyendo con interés las enciclopedias con imágenes de animales. Me fascinaban las que tenían preguntas, intentaba averiguar más sobre las peculiaridades de la rata canguro o del kiwi -que no solo era una fruta sino un ave-. Esa curiosidad por el mundo natural no se me ha quitado y aunque mis intereses hoy en día son muy variados, siento que aquello que disfrutamos de chicos, de algún modo, nos marca un camino que elegir, un norte a donde regresar si perdemos el rumbo*.

Para Ivanna (de casi cuatro años), otra alumna del jardín, los dinosaurios también son un disfrute. Asociamos los dinosaurios con los varones, como si fueran un imperativo del género, pero esto no es así. Stephen Jay Gould, paleontólogo y gran divulgador científico, comentaba que él era un muchacho chiflado de los dinosaurios cuando era pequeño.

“Una vez le pregunté a mi colega Shep White, un afamado psicólogo infantil, por qué los niños sienten tanto interés por los dinosaurios. Me dio una respuesta elegante y sucinta a la vez; grandes, feroces y extintos”

El papá de Ivanna me contó que su hija se había llevado a casa libros de dinosaurios, y debido a eso le está comprando una colección de National Geographic, de venta en los kioscos. Sus elecciones han ido afianzándose a medida que crece: el año pasado, Ivanna elegía libros que se relacionaban con el uso del baño, me dice, como El pequeño topo que quería saber quién le había hecho eso en la cabeza de Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch. Aunque el padre lo asocia a un período de su desarrollo (el tema del control de sus esfínteres), este libro informativo también habla precisamente de animales. Otro de sus favoritos era ¡Más te vale, Mastodonte!, de Micaela Chirif.

Lucía (recién cumplió 3 años) y en palabras de su padre, “es una devoradora de libros” (curioso que hablemos así de alguien que aún no ha comenzado a leer, pero hay varios entre los que asisten a Espantapájaros a los que les cabe este título). Entre sus favoritos estaban El día en que los crayones renunciaron, de Oliver Jeffers, y los libros de Dr. Seuss. Según el papá, esto ocurrió luego de ver las películas. A medida que crecen, sus preferencias lectoras también se alimentan de la televisión o de las películas que han visto. Al revés de lo que pensaríamos, las pantallas, en vez de alejarlos de los libros, los llevan al encuentro de nuevos con ellos.

Juan Felipe Álvarez (4 años) ex alumno de Espantapájaros, pasó por la librería y me dio la oportunidad de volver a verlo (la mamá me dice que él espontáneamente le pidió ir a ver libros). Entre sus elecciones estaba, justamente, uno de dinosaurios, un libro informativo con mucho texto, quizás para alguien de mayor edad. Su madre me cuenta que entre sus libros favoritos se encuentra El expreso Polar, más desde que descubrió que hay una película en Netflix. Lo mismo le ocurrió a Hanna, de 4 años, también ex alumna de Espantapájaros. Según me contó la mamá, desde que vio la película de la Princesa Mononoke se volvió fanática de los libros sobre lobos. Entre sus favoritos se encuentra Gorilón, de Jeanne Willis, y según me cuenta su madre, esta preferencia por los libros de animales le viene de pequeña.

Julieta, de 3 años y 9 meses, también ex alumna del jardín, es otra “devoradora de libros”. No se detiene, cada vez que nos sentábamos a leer escogía dos o tres libros. Ella fue una de las pocas que podía poner en palabras que le gustaba o disgustaba de un libro. Entre sus favoritos se encuentran los libros sobre relaciones como Es hora de dormir papá, de Coralie Saudo; y Mi mascota, de Yolanda Reyes. En estas semanas, cuando le pido a Julieta que escoja de la biblioteca personal algún libro de su preferencia, ella vuelve con Vas a ser la hermana mayor, de David Bedford y Susie Poole. Ya hace un año y medio que Julieta es “la hermana mayor” y, por eso, le regalaron el libro. Me cuenta que es un libro que habla de lo que debe hacer una hermana. Conoce muy bien el texto y me lo refiere como si lo estuviera leyendo, contándome hoja por hoja lo que dice.

Esteban, de 5 años, me acompañó a la biblioteca de Espantapájaros en mi último día. Él eligió, sin dudarlo, los que serían sus cuatro libros favoritos. Los tres bandidos, de Tomi Ungerer; Drigo dragón, de Teresa Durán; Asombrosos lagartos, de Trevor Smith;  y Mientras se enfría el pastel, de Claudia Rueda¡Variadas elecciones!

Los tres bandidos está entre los libros que Esteban se lleva a su casa hace ya un tiempo, y sé que lo conoce, porque aunque el título del libro no se veía, no dudó en tomarlo en primer lugar.

Bernardo (3 años) elegía el año pasado los libros de Yolanda Reyes: Cucú o Ernestina la gallina, favoritos entre los pequeños de Espantapájaros. Cuando volví a Colombia, la madre sorprendida me cuenta que Bernardo le leyó José Tomillo (un claro favorito de muchos niños del jardín). A esta edad –la de Bernardo- son muchos los que pueden repetir un texto de memoria, lo que sorprende a los padres. Julieta, por ejemplo, se aprendió El diccionario para bebés que le lee a su hermano pequeño. Bernardo también comparte lecturas con Joaquín, su hermano pequeño, pero de esto hablaremos seguramente en otro artículo.

* Conversando de esto con Yolanda Reyes, me refirió que sus libros favoritos de pequeña trataban sobre las relaciones interpersonales.

**en el artículo “La estafa de los dinosaurios”en Brontosaurus y la nalga del ministro Stephen Jay Gould, Crítica editorial.

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Mi segunda visita a Espantapájaros (Primera entrega)

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Patricia Pereyra visitó Espantapájaros por primera vez en el año 2015. Como pasante, “Pato”, sobrenombre con la que la conocen sus allegados, vino desde Argentina a conocer nuestro proyecto, motivada por su búsqueda constante por acercar “libros a lectores”. Este año en el mes de marzo, volvió a Colombia y estuvo en nuestra casa con los niños quienes, como ella dice, la “iniciaron en la Literatura para la Primera Infancia”.

Por Patricia “Pato” Pereyra

Mi profesión es la biología, eso es lo que he estudiado y de lo que vivo. Como bióloga di clases a alumnos en el ingreso a la Universidad de Buenos Aires (los más pequeños de la UBA, que pueden tener de 18 años a 60 años), y actualmente a estudiantes de la escuela Secundaria (que arrancan en los 14 años). En mi trabajo cotidiano no me encuentro con niños de tan corta edad como los que vienen al jardín infantil de Espantapájaros, por eso cuando me lo permiten, lo disfruto terriblemente. Hace ya algunos años que decidí dedicarme, como voluntaria, a la animación a la lectura. Acercar libros a lectores, sembrando poesías o cuentos, para quizás en un futuro, cosechar lectores, es una tarea que no discrimina edades. Una vez al mes, desde hace dos años, llevo mis libros a la plaza, como parte de “Picnic de Palabras”. Buscando provocar la lectura de libros en familia, esta iniciativa nativa de Bogotá ha ido ganando voluntades por el mundo y se ha extendido por distintas localidades de Argentina.

Esta fue mi segunda visita a Espantapájaros. El año pasado, comencé a escribir una crónica que titulé “Del llano a las alturas, de las alturas al llano”. Elegí el título pensando en la diferencia de altitud entre mi ciudad: Buenos Aires, sobre la costa del Río de la Plata, y Bogotá, ciudad en la que algunos compatriotas (me han prevenido) sufren mal de altura. Pero también hablaba de mí, de cómo lo primero que me ocurrió en Espantapájaros fue tener que abandonar mi altura (1.71 m) desde la que me erguía al hablarles a mis estudiantes adolescentes, para agacharme, arrodillarme o sentarme, durante dos semanas lado a lado con estos queridos niños. Este año me propuse volver y no solo terminar aquella crónica, sino intentar responder algunas preguntas que me surgieron en mi anterior experiencia.

El punto de partida para este trabajo fue la información que el equipo de Espantapájaros ha reunido a lo largo de varios años. En su blog y en la librería pueden encontrarse con “la lista de los libros más mordidos”. Esta información surge de las fichas que completan las profesoras, donde se anotan los libros que eligen en el Club de Lectura los niños para llevar a casa y compartir con las familias. Al revisarla, observamos muchos libros de rimas, con textos cortos, que sabemos son los preferidos de los más pequeños. Es que son ellos, con su tendencia a la repetición, los que suelen inclinar la lista según sus preferencias.

Nos preguntamos: ¿qué elecciones realizarán entonces los más grandes? Por otro lado: ¿Cómo eligen que leer, tanto los pequeños, como los mayores? ¿Son estas elecciones constantes o van variando a lo largo del tiempo? ¿Qué los hace decidirse a escoger un libro: la imagen, el tema, el autor, o todo? ¿Podría ser que niños de menos de 4 años ya tengan autores de preferencia?

Un segundo grupo de preguntas tenía relación con la forma en que leen. Sabemos que los bebés pueden leer antes de leer y queríamos explorar cómo lo hacen. Y también lo que ocurre con los niños más grandes, que llegan a Espantapájaros ¿Será que ya leen solos o prefieren hacerlo en compañía de un adulto? ¿Son capaces de compartir esas lecturas con su entorno, sus hermanos y amigos?

Espantapájaros es un jardín infantil con niños de edades desde un año y seis meses hasta cinco años y medio. Hay niños que han llegado de muy pequeños, en brazos de sus padres, abuelos y niñeras, que los traían a “Cuentos en pañales”, desde los ocho meses. Otros tienen hermanos mayores que ya han estado en el jardín. Es común entonces, encontrarse con experimentados lectores, a pesar de su corta edad. Nos propusimos hablar con ellos (o escuchar lo que ellos querían contarnos sin necesidad de palabras), observarlos, revisar sus fichas de préstamo y entrevistar a padres y maestros para intentar responder algunas de estar preguntas.

Las preferencias de los pequeños, pequeños (los de manos gorditas y pies rechonchos)

La pregunta inicial: ¿Qué leen?

¿Leen los bebés? En Espantapájaros, muchos de los chicos que apenas comienzan el jardín ya han asistido al taller de Cuentos en Pañales, con lo cual a pesar de su corta edad, llevan años como lectores, o tienen hermanos mayores que sí han asistido. Esto marca una diferencia con otros niños que he visto en las actividades que realizo en la Plaza en Argentina.

En general, al llegar con los libros, y luego de acomodarlos sobre manteles, me acerco a la gente invitándola a tomar los libros. Muchas veces me ha pasado que cuando invito a padres con bebés, me responden: “¡Gracias!, pero todavía no lee” o “Gracias, pero es pequeño para los libros”.

Sin embargo estos niños, que apenas caminan, que casi no hablan, no solo leen, sino que escogen qué leer y cómo.

Con frecuencia, al entrevistarlos, papá o mamá nos cuentan (un tanto resignados, ¿quizás hasta aburridos?), que suelen escoger libros a repetición. Eligen leer lo mismo, una y otra, y otra vez. Semana tras semana se encuentran con que su hijo ha traído el mismo libro a casa. Muchas veces, además, traen de la Biblioteca de Espantapájaros el mismo ejemplar que ya los espera en la biblioteca de su hogar. Susana, de 2 años, alumna de Ana María, realmente disfruta la lectura de Estaba la rana (un libro de pequeño formato, con texto de Paloma Valdivia e ilustraciones de Carles Ballestero de Editorial Amanuta). He podido verla en el aula, acompañando la canción y repitiendo algunas partes, disfrutándola “a cuerpo completo”. Su madre, luego de que Susi llevara varias semanas el libro a casa, decidió comprárselo. Dos días después en el Club de Lectura de los viernes, Susi volvió a escoger Estaba la rana. Cuando Ana María, su maestra, le dijo: “Escoge otro de la canasta, este ya lo tienes en casa”, Susi insistió. La vi guardándolo en su bolsa morada, para llevarlo a casa, seguramente para sorpresa de su mamá.

Será lo cotidiano, la familiaridad de lo conocido que nos brinda seguridad, o quizás se deba a que se necesitan la repetición para ir comprendiendo de a poco el sentido del texto hasta hacerlo propio. Un pequeño, que aún no descifra esas marcas en el libro, requiere para “recordar” su texto favorito repetirlo varias veces hasta aprendérselo de memoria, nos comentaba Yolanda Reyes al final del curso sobre literatura infantil “Para nombrar las emociones”.

Podría pensarse que eligen libros al azar, pero no, algunos escogen por tema: “los de animales”, o “los de dinosaurios”. Y otros tienen ya sus autores favoritos. Lorenzo (Lolo) de 22 meses (también de la sala de Ana María) semana tras semana se lleva a su casa los cuentos de Satoshi Kitamura. Entre los que repite se encuentran Perro tiene hambre, Pato está sucio o Ardilla tiene sed. Al inicio del semestre, la mamá al asistir a la primera reunión había comentado: “¡Suerte que terminaron las vacaciones, ya extrañábamos a Satoshi Kitamura!”. Dicho y hecho, en el Club de lectura, Lolo volvió a elegir los libros de ese autor. Quizás podría pensarse que en la sala no ha habido otras opciones, o que justo en la hora de cuento Ana estuvo leyéndoles sus libros, pero no. Esta semana disfruté acompañándonos en el Club de Lectura de los viernes. Durante todo el tiempo en que sus compañeros escogían que libros llevar, Lolo exploró otros autores. Leyó Buenas noches, Gorila de Peggy Rathman. Incluso se detuvo en varios libros de Eric Carle, pero cuando lo llamaron para llenar su ficha con el libro que se llevaría a casa, escogió Pato está sucio.

Curiosamente, en estas dos semanas cuando entrevistaba padres sobre las preferencias lectoras de sus hijos, la mayoría no me mencionaba el libro por el autor. Era “el de la lombriz”, o “los de Maisy”, a veces más general aún, solo podían nombrar …”los de animales”. Uno de los pocos libros que pudieron mencionar por el título fue “José Tomillo” (un libro muy escogido entre los lectores mayores del que luego hablaremos). Sin embargo, la mamá de Lolo, mencionó directamente “los libros de Satoshi Kitamura”. ¿Sería muy disparatado pensar que fue Lolo con su insistencia quien le enseñó a su madre reconocer a su autor favorito?

Entre los libros más elegidos por los pequeños, pequeños, se encuentran los libros que cantan. Dice Yolanda Reyes, en la presentación de “El libro que canta”(Alfaguara): “Leer, en la primera infancia es una experiencia de vida. Lo que el bebé lee no es el sentido literal de las palabras sino sus ritmos y sus poderes mágicos para esperarlo, acunarlo, escribir con su cuerpo, cantar, contar y jugar con él.” Alejandra de 22 meses, de la sala de Ana María, (compañera de Susi), disfruta también Estaba la rana. Al ir pasando sus páginas, mientras Ana acompaña el texto con su voz, ella termina los versos con ajustada entonación, moviendo su cuerpo con entusiasmo. Cuando le preguntamos a sus padres por sus preferencias, nos cuentan que a Ale “Le gustan más que los libros, la música”. Dicen que disfruta de los videos que le muestran, y de las canciones que escucha en el celular. Es común que los más pequeños de Espantapájaros, escojan libros basados en nanas, o canciones, Las mañanitas, La pájara Pinta y Duerme Negrito se cuentan entre los favoritos. Es que justamente un libro puede guardar música, aun cuando no se haga oír hasta que, aquel otro, le presta su voz

Entre los que ya tienen dos años o más, ya en la Sala de Natalia, tanto Tomás (2 años y 5 meses) como Carmen (2 años) suelen también, repetir lecturas. Mientras que el primero llevó varias semanas los libros de Satoshi Kitamura, Carmen, prefiere los que tienen “hoyos”, según cuentan sus papás. Libros que permiten interactuar al lector, jugar con ellos, “meter mano” como diríamos en Argentina. Los de Taro Gomi, cuentan entre los favoritos (Hay un ratón en la casa). Tomás en su casa disfruta de una Enciclopedia de Animales. Y Carmen, elige también José Tomillo de Ivar Da Coll, Ardilla tiene hambre y Gato tiene sueño de Satoshi Kitamura. Otra preferencia de Carmen (y de varios niños más en Espantapájaros) son los libros de Yolanda Reyes, Ernestina la gallina (con ilustraciones de Aitana Carrasco) y Cucú (ilustrado por Cristian Turdera).

En esta primera entrega, vemos que los pequeños de manos gorditas y pies rechonchos, leen con todo el cuerpo, se abren a la música de las palabras, eligen repetir de sus favoritos, y como los mayores, tienen sus temas y hasta sus autores de culto. Claro que tenemos mucho más que contar…

Dado que esta historia continuará…

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