Una galería al estilo Espantapájaros

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Durante la semana Espant-Arte, los niños del Curso de Vacaciones jugaron con diferentes técnicas, masas, volúmenes y posibilidades para crear sus propias obras de arte. Desde aviones de plastilina hasta cuadros hechos con tiza se robaron la atención de quienes visitaron nuestra galería y participaron en la subasta.

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Para hacer esta obra, Antonia moldeó plastilina, la partió en trozos pequeños y luego la puso en sus uñas para darles forma. Luego, retiró la plastilina y la ubicó sobre la cartulina negra.

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También trabajamos con arcilla. En la subasta, uno de los curadores les reveló a los espectadores un secreto: mientras los artistas moldearon las figuras, la arcilla les dijo al oído qué forma darle a sus obras. Y este fue el resultado del trabajo de Mateo: “Pterodáctilo en picada”.

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Rafael puso pintura verde y harina en sus manos. Luego las deslizó sobre una cartulina para realizar un cuadro. Cuando terminó no solo apreció su obra, también miraba asombrado sus manos. Recorrió todo el lugar para mostrarles a sus compañeros el color verde de sus dedos y sus palmas.

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Joaquín estaba concentrado. Mezcló diferentes pinturas para darle su toque personal a una caja.

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Pero eso no fue todo. Este artista siguió trabajando y, después de que terminó de pintar la caja, creó su propia escultura. Se sentó y empezó a ubicar un cubo sobre otro.

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Y cuando ya no alcanzó desde el suelo, su puso de pie para seguir ubicando los cubos.

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¿Y cómo fue la subasta?

Los curadores se encargaron de explicarle al público las técnicas que utilizaron nuestros artistas. Luego, empezaron a “vender” cada una de las obras.

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Tomás ya estaba listo para que algún espectador comprara su obra “Mi avión de Avianca”. Utilizó la técnica “Moldeado con plastilina” para hacerla.

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Bernardo Montoya, nuestro artista invitado el día de hoy, presentó la obra y luego dijo: “¿En dónde está Tomás, autor de este avión?” De repente, una voz se alcanzó a escuchar en medio del público. “Aquí estoy”, respondió el artista mientras se paraba. “¿Cuánto dan por la obra de Tomás?”, preguntó Bernardo. Una señora respondió: “Cinco monedas”. “Yo doy seis monedas”, dijo Jennyfer. “¡Vendida!”, concluyó Bernardo. Tomás se acercó con alegría a para recibir su “pago”.

Y hasta el pago lo disfrutamos en esta subasta. Cada artista recibió monedas de chocolate cuando sus obras eran “vendidas”.

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Emma también vendió su obra. Recibió cinco monedas de chocolate. Su mamá fue quien la compró. “¿Qué hiciste en tu pintura, Emma?”, le preguntó. “Un dibujo”, respondió ella. “¿Y de qué era el dibujo?”, volvió a preguntar su mamá. “De una pintura”, contestó la pequeña artista.

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Los artistas y el público apreciaron cada obra. ¡Todas fueron vendidas! Así se divirtieron los niños, no solo creando sus obras sino también compartiendo sus experiencias con otras personas.

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