¡Así fue la visita de Keiko Kasza a Espantapájaros!

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En Espantapájaros, los encuentros con los autores son experiencias que se quedan guardadas para siempre en la memoria poética de los niños. Cada encuentro es un acontecimiento que se va preparando lentamente y que está lleno de rituales, significados, pequeños detalles y muchos preparativos.

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No queremos que el autor pase tan rápidamente por nuestra vida. Queremos tiempo para acercarnos a sus libros: para morderlos, leerlos, disfrutarlos y releerlos, en la casa y en el jardín; con las profesoras y con la familia.

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Los encuentros con los libros tienen un antes, un durante y un después…

Cuando supimos que Keiko Kasza vendría a Colombia desde muy lejos (pues, aunque vive en Estados Unidos, había pasado dos años en Japón), empezamos a releer todos los libros de ella que tenemos en nuestra biblioteca y en las casas, y que tanto nos gustan.

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Rafael estaba seguro de lo que decía. Él hablaba con sus amigos y les recordaba: “Mañana va a venir Keiko Kasza”. Lucía trajo desde su casa el libro No te rías, Pepe y le pedía a su profesora que lo leyera. Cada vez que Isabella entraba a la biblioteca, buscaba el cuento Choco encuentra una mamá, se sentaba para verlo y tan pronto llegaba a la última página, volvía a empezar.

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Durante la hora del cuento, leímos una y otra vez libros como Mi día de suerte, Los secretos de Abuelo Sapo, El tigre y el ratón, Cuando el elefante camina y Choco encuentra una mamá. Y escuchar las narraciones construyó en los niños y en todos nosotros la ilusión de saber que conoceríamos a la escritora de esas historias que nos conectan con las emociones de la infancia.

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Los adultos asistimos a una conversación entre Keiko Kasza y Yolanda Reyes. La autora japonesa nos contó algunos detalles que no conocíamos de sus libros. Nos comentó, por ejemplo, que la idea del libro No te rías, Pepe surgió de un juego que practicaba cuando era niña: aguantaba la risa mientras sentía las cosquillas de manos de otra persona. Su discurso fortaleció el anhelo por recibir su visita en Espantapájaros.

Conversación Keiko

Invitamos a las familias a una hora del cuento para que compartieran con nosotros el rito de la lectura; y después de leer los cuentos, nos acompañaron a comprar los favoritos para que Keiko los firmara. Carmen entró con Pablo, su papá, a la librería. Ya había tomado una decisión: Choco encuentra una mamá era el libro que quería. “¿Estás segura de que quieres ese? ¿No te gustaría llevar otro?”, le preguntó Pablo. “¡No! Yo quiero este porque no lo tengo en mi casa”, respondió mientras se acercaba a la caja para pagarlo.

Carmen y Alejandra

Unos días antes del encuentro, Rebeca sacó unas monedas de su alcancía, se las entregó a su mamá y le dijo: “Aquí está la plata para que compremos los libros”. Ella quería tenerlos todos.

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Antes de recibir a Keiko, también dibujamos a algunos de los personajes de los cuentos. Con marcadores, colores y pinturas reinventamos a Choco, a Pepe y a Coco Cocodrilo.

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Finalmente llegó el día que todos estábamos esperando. Creamos el ambiente para transmitir la ilusión que nos acompañó durante varios días. Pusimos los dibujos de los personajes y del bosque, porque luego de haber leído los libros de ella, los niños llegaron a la conclusión de que el bosque estaba presente en todos sus cuentos.

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Y cuando Keiko llegó se emocionó al ver los dibujos y al ver a los niños sentados en los cojines esperándola.

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Después de que le dijimos cuáles eran sus libros que más nos gustaban, (Choco encuentra una mamá y No te rías, Pepe), ella nos mostró una de las formas como se divertía cuando era niña: el origami. Nos pidió que contáramos hasta treinta y, de sus manos, salió un pájaro.

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Ella estaba dispuesta a firmar todos los libros. Los niños esperaron a que llegara su turno: aquel momento en el que estarían justo al frente de ella para observar con atención cómo dejaría su autógrafo en la primera página de cada cuento.

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Hijo de Paola

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Aunque Keiko se despidió de nosotros, los niños continúan leyendo sus cuentos; Isabella, sentada en el piso, todavía regresa a la primera página del libro Choco encuentra una mamá; y aún se escucha la voz de Rafael diciendo: “Conocí a Keiko Kasza”.

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Las familias nos han escrito para compartir con nosotros su emoción. Paula Quintero, la mamá de Lorenzo, nos dijo: “Quiero agradecer de todo corazón los maravillosos privilegios de los que nos permiten ser partícipes. Qué gran fortuna que Lorenzo haya podido hacer en Espantapájaros sus primeros años de escolaridad… Mi suegra dice que en Lorenzo se cumplió su gran anhelo de conocer a Keiko.” El tiempo que compartimos con ella y la calidez de sus historias seguirán guardados en nuestras memorias.

Otra Paula (Arriet), que vino desde el sur de Chile a hacer su pasantía en Espantapájaros, nos comentó que la visita de Keiko significó para ella “el momento mágico de conocer a la persona que está detrás de esas historias, aquellas que se conectan con la niña que llevo en mi interior.”

Y, por supuesto, aquí quedó el pájaro que nos dejó Keiko…

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Agradecemos a Fanuel Díaz y a Editorial Norma por habernos acompañado en la gestión de esta maravillosa experiencia.

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Reseña: Recetas de lluvia y azúcar

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Recetas de lluvia y azúcar
Escrito por Eva Manzano Plaza
Ilustrado por Mónica Gutiérrez Serna
Thule Ediciones, 2010

Recetas de lluvia y azúcar

Como si fuera un viejo cuaderno que contiene las recetas de la tradición familiar, este libro invita a descubrir ingredientes únicos y a tener en cuenta secretos culinarios para no fallar al preparar algo. La diferencia es que Recetas de lluvia y azúcar no habla sobre comida. Habla sobre las emociones.

El texto comienza con una narración corta en primera persona que expresa el propósito del “recetario”: endulzar las emociones que nos acompañan cada día. De inmediato, al pasar la página, el lector emprende un viaje introspectivo a través del ingrediente común: la imaginación.

De cada sentimiento hay una descripción breve escrita por Eva Manzano, que propone una manera distinta de entenderlo, a través de metáforas y analogías. Es así como el enfado es “una llama diminuta, como una cerilla incandescente que vive en las profundidades de la tierra”, y tener confianza es como “encender una linterna cuando no hay luz”. En la página de cada sentimiento también está la receta para fortalecerlo (o para hacerlo desaparecer cuando es negativo).

Como en la mayoría de los libros de cocina, los textos están acompañados por imágenes. Se vuelve irresistible contemplar con detalle las ilustraciones de Mónica Gutiérrez: ninguna se parece a la siguiente. La ilustradora combina distintas técnicas como acuarelas, dibujos a carbón y fotografías. De esta manera, las diferencias entre cada emoción dialogan con la disimilitud de las imágenes.

El lector disfrutará la creatividad de este libro. Cada página presenta ingredientes distintos para recordarle que, con una buena dosis de humor e imaginación, lo que parece inmanejable puede dejar de serlo.

 

Escrita por María Camila Gutiérrez Delgado.

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Reseña: Choco encuentra una mamá

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Choco encuentra una mamá
Keiko Kasza
Traducción de María Paz Amaya
Editorial Norma, 2006

 

Desde la primera página, Keiko Kasza se roba la atención del lector mostrando de forma directa cuál es el la idea que va a desarrollar en la historia: Choco, un pájaro pequeño, no tiene mamá y ha decidido buscarla.

En cada hoja aparece un animal distinto frente a Choco. Primero se encuentra con una jirafa; luego, con la señora Pingüino; y más adelante, con una morsa. Sin embargo, ninguna de ellas acepta ser su mamá. Las alas, las mejillas grandes y redondas y las rayas de los pies del pequeño pájaro son el motivo por el que lo rechazan; no pueden adoptarlo porque no se parecen a él.

En medio de la frustración, continúa su búsqueda. Y justo cuando está a punto de resignarse, observa a lo lejos a una osa. Él la descarta de inmediato porque no tienen ningún parecido; pero basta con que la señora Osa escuche su historia para hacer lo que cualquier otra madre haría: cantarle, abrazarlo, bailarle y besarlo para alegrarle el día.

Es así como Choco se encuentra con algo que no esperaba: un hogar diverso pero colmado de afecto.

En sus libros, Keiko Kasza aborda temas universales, como la amistad y la familia, con delicadeza. Su intención de dibujar esos temas a través de personajes animales le permite crear un universo en donde todo es posible.

Sin duda, los lectores disfrutarán este cuento. Los tonos amarillos, rojos, azules y verdes hacen llamativas las ilustraciones, hechas con acuarelas. Las imágenes crean una atmósfera de calidez y ternura. El texto es sencillo, pero se complementa muy bien con la expresividad de cada dibujo.

En Choco encuentra una mamá, hay una historia que aunque parezca sencilla, revuelca la sensibilidad de los lectores de todas las estaturas.

 

Escrita por María Camila Gutiérrez Delgado

 

 

 

 

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Reseña: Los lobos de Currumpaw

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Los lobos de Currumpaw
Autor: William Grill
Traducción de Jorge García Valcárcel
Editorial Impedimenta, 2016

Los lobos de Currumpaw

Basta con abrir el libro Los lobos de Currumpaw para que el lector se traslade a la tierra árida del Viejo Oeste. Los tonos negros, rojos y marrones que predominan en las ilustraciones sitúan la historia en la inmensidad de las llanuras de Currumpaw, Nuevo México.

El relato comienza en el siglo XIX, en el año 1862. Las primeras páginas muestran, a través de cuadros pequeños ubicados en secuencia, la llegada de los colonos europeos a Norteamérica y algunas de las implicaciones de ese proceso: ocupación del hábitat y cacerías feroces.

Al pasar las hojas, las manadas de bisontes y de ciervos empiezan a desaparecer. Ahora, solo se alcanza a distinguir un grupo de lobos grises que recorren el vasto territorio. Su líder es Viejo Lobo, o el Rey, como lo conocen los nativos.

En la medida en que avanza la historia, el autor comienza a dibujar la sagacidad de aquellos animales. Gracias al liderazgo del Rey, la manada es capaz de burlar las trampas de quienes intentan cazarla. Es así como la intención de Lobo de evadir las amenazas evoca simbólicamente la idea de la resistencia a la colonización.

Ni el explorador Tannery, ni el cazador Laloche ni el granjero Joe Calone logran alcanzar el objetivo, atrapar al Rey. De esta manera, el hombre aparece como sujeto testarudo y el animal, como un ser superior. Únicamente el reputado naturalista británico Ernest Thompson Seton es capaz de capturar al líder; y solo lo logra cuando descubre la verdadera naturaleza del animal. La captura trae una consecuencia inesperada para Seton: a partir de ese hecho se convierte en un defensor de la vida salvaje.

Las ilustraciones, hechas con lápices de colores, son el foco de la narración. El autor logra dar todo el poder narrativo a las imágenes, ellas hablan por sí solas. Los textos son aclaraciones cortas para ubicar de manera rápida al lector. Los trazos y los colores inundan las páginas e invitan a observarlos con detalle. Parece como si William Grill jugara con una cámara para narrar la historia desde diferentes planos y posibilidades: se acerca, se aleja o se mueve hacia los lados para captar los movimientos de los personajes.

Ese juego con las ilustraciones hace que la lectura sea dinámica. En algunas ocasiones, el autor presenta las imágenes en recuadros pequeños, ubicados uno al lado del otro, como si fuera un cómic; en otros casos, el dibujo ocupa la página completa.

La historia está basada en uno de los textos originales de Ernest Thompson Seton, Lobo: el Rey de Currumpaw. Es un relato perteneciente a su libro Animales salvajes que he conocido (1898). Los lobos de Currumpaw fue galardonado este año con el Bologna Ragazzi Award en la categoría de No Ficción. Es uno de esos relatos contundentes que logra asombrar y conmover al lector sin necesidad de caer en el sentimentalismo.

 

Escrita por María Camila Gutiérrez

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