Reseña: Choco encuentra una mamá

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Choco encuentra una mamá
Keiko Kasza
Traducción de María Paz Amaya
Editorial Norma, 2006

 

Desde la primera página, Keiko Kasza se roba la atención del lector mostrando de forma directa cuál es el la idea que va a desarrollar en la historia: Choco, un pájaro pequeño, no tiene mamá y ha decidido buscarla.

En cada hoja aparece un animal distinto frente a Choco. Primero se encuentra con una jirafa; luego, con la señora Pingüino; y más adelante, con una morsa. Sin embargo, ninguna de ellas acepta ser su mamá. Las alas, las mejillas grandes y redondas y las rayas de los pies del pequeño pájaro son el motivo por el que lo rechazan; no pueden adoptarlo porque no se parecen a él.

En medio de la frustración, continúa su búsqueda. Y justo cuando está a punto de resignarse, observa a lo lejos a una osa. Él la descarta de inmediato porque no tienen ningún parecido; pero basta con que la señora Osa escuche su historia para hacer lo que cualquier otra madre haría: cantarle, abrazarlo, bailarle y besarlo para alegrarle el día.

Es así como Choco se encuentra con algo que no esperaba: un hogar diverso pero colmado de afecto.

En sus libros, Keiko Kasza aborda temas universales, como la amistad y la familia, con delicadeza. Su intención de dibujar esos temas a través de personajes animales le permite crear un universo en donde todo es posible.

Sin duda, los lectores disfrutarán este cuento. Los tonos amarillos, rojos, azules y verdes hacen llamativas las ilustraciones, hechas con acuarelas. Las imágenes crean una atmósfera de calidez y ternura. El texto es sencillo, pero se complementa muy bien con la expresividad de cada dibujo.

En Choco encuentra una mamá, hay una historia que aunque parezca sencilla, revuelca la sensibilidad de los lectores de todas las estaturas.

 

 

 

 

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Reseña: Los lobos de Currumpaw

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Los lobos de Currumpaw
Autor: William Grill
Traducción de Jorge García Valcárcel
Editorial Impedimenta, 2016

Los lobos de Currumpaw

Basta con abrir el libro Los lobos de Currumpaw para que el lector se traslade a la tierra árida del Viejo Oeste. Los tonos negros, rojos y marrones que predominan en las ilustraciones sitúan la historia en la inmensidad de las llanuras de Currumpaw, Nuevo México.

El relato comienza en el siglo XIX, en el año 1862. Las primeras páginas muestran, a través de cuadros pequeños ubicados en secuencia, la llegada de los colonos europeos a Norteamérica y algunas de las implicaciones de ese proceso: ocupación del hábitat y cacerías feroces.

Al pasar las hojas, las manadas de bisontes y de ciervos empiezan a desaparecer. Ahora, solo se alcanza a distinguir un grupo de lobos grises que recorren el vasto territorio. Su líder es Viejo Lobo, o el Rey, como lo conocen los nativos.

En la medida en que avanza la historia, el autor comienza a dibujar la sagacidad de aquellos animales. Gracias al liderazgo del Rey, la manada es capaz de burlar las trampas de quienes intentan cazarla. Es así como la intención de Lobo de evadir las amenazas evoca simbólicamente la idea de la resistencia a la colonización.

Ni el explorador Tannery, ni el cazador Laloche ni el granjero Joe Calone logran alcanzar el objetivo, atrapar al Rey. De esta manera, el hombre aparece como sujeto testarudo y el animal, como un ser superior. Únicamente el reputado naturalista británico Ernest Thompson Seton es capaz de capturar al líder; y solo lo logra cuando descubre la verdadera naturaleza del animal. La captura trae una consecuencia inesperada para Seton: a partir de ese hecho se convierte en un defensor de la vida salvaje.

Las ilustraciones, hechas con lápices de colores, son el foco de la narración. El autor logra dar todo el poder narrativo a las imágenes, ellas hablan por sí solas. Los textos son aclaraciones cortas para ubicar de manera rápida al lector. Los trazos y los colores inundan las páginas e invitan a observarlos con detalle. Parece como si William Grill jugara con una cámara para narrar la historia desde diferentes planos y posibilidades: se acerca, se aleja o se mueve hacia los lados para captar los movimientos de los personajes.

Ese juego con las ilustraciones hace que la lectura sea dinámica. En algunas ocasiones, el autor presenta las imágenes en recuadros pequeños, ubicados uno al lado del otro, como si fuera un cómic; en otros casos, el dibujo ocupa la página completa.

La historia está basada en uno de los textos originales de Ernest Thompson Seton, Lobo: el Rey de Currumpaw. Es un relato perteneciente a su libro Animales salvajes que he conocido (1898). Los lobos de Currumpaw fue galardonado este año con el Bologna Ragazzi Award en la categoría de No Ficción. Es uno de esos relatos contundentes que logra asombrar y conmover al lector sin necesidad de caer en el sentimentalismo.

 

Escrita por María Camila Gutiérrez

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