Nuestra directora: “Competencias argumentativas para servidores públicos”

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 24 de septiembre de 2018, Yolanda Reyes escribió:

Competencias argumentativas para servidores públicos

 

“Son las dos o tres semanas más desagradables que he sentido, con el senador Robledo echando Twitter cada dos minutos, sus compinches en la gran prensa bogotana, sus aliados y sus barras bravas”, declaró, visiblemente exaltado, el ministro de Hacienda en el debate sobre los bonos de agua. Ciento diecisiete municipios de los más pobres del país se endeudaron para construir acueductos, llevan años pagando intereses y deben más de lo que les prestaron, sin construir nada, en su mayoría. El Ministro fue citado por haber tenido injerencia en la estructuración del sistema de financiación cuando ocupó el mismo cargo hace unos años y por haber tenido, posteriormente, negocios relacionados con esos bonos en su firma privada.

El periodista Daniel Coronell, presidente de la división de informativos de Univisión, denunció la situación en su columna de ‘Semana’ y Jorge Enrique Robledo, el senador que se ha destacado por sus debates en el Congreso, citó a Carrasquilla al debate. En ese contexto, ¿hay que decirle al servidor público que disculpe las molestias por pedirle explicaciones, también públicas, o habría que disculparse, más bien, con los ciudadanos de esos municipios que aún no tienen agua potable? ¿A quiénes se refiere el Ministro con ese término de historieta: ‘compinches en la gran prensa bogotana’? (Me queda sonando eso de ‘bogotana’: ¿qué piensa el Ministro de la prensa de otros lugares del país?). ¿Cuál debería ser el rol de los medios, según él, y cuál el de los parlamentarios? ¿Por aliados y barras bravas se refiere a la ciudadanía que elige a los senadores para que la representen?

Además del problema del agua que requiere, como el de la alimentación escolar y tantos otros en los que se vulneran derechos fundamentales, de muchos debates centrados en la búsqueda de explicaciones sobre la incapacidad política nacional y local para garantizarlos y sobre las denuncias relacionadas con incumplimientos o conflictos de intereses, lo más preocupante del debate no es, ni siquiera, lo que se dijo en el Congreso, sino la forma de decir y de reaccionar, como si pedir y dar explicaciones rigurosas no fuera una obligación y como si un debate parlamentario fuera una competencia de boxeo y su objetivo fuera aniquilar al enemigo, en vez de buscar explicaciones y, ojalá, soluciones a problemas que involucran bienes públicos.

Con excepciones brillantes, que no voy a nombrar, pues quiero centrarme en el sentido general, me parece que todos perdimos. La lógica de la argumentación, si se puede llamar ‘lógica’ esa manera de hablar sin escuchar y sin interesarse en seguir la argumentación del otro, fue una asignatura pendiente en muchas intervenciones y la exhibición (o el exhibicionismo) de una retórica acalorada en la que prevalecía la fuerza de las mayorías sobre la naturaleza de los argumentos y con la que algunos parlamentarios hablaban sin decir nada más que lugares comunes refleja carencias dramáticas, precisamente en el Parlamento, que es el escenario por excelencia para el ejercicio democrático.

La falta de pensamiento crítico y de habilidad para expresar argumentos en tiempo breve, lo mismo que la pobreza lingüística y el desconocimiento de reglas gramaticales básicas de algunos “oradores”, es una alerta para el sistema democrático, o quizás, lo que resulta más grave, el reflejo de un país incapaz de contrastar fuentes, versiones y posturas diversas (y del que tampoco puede exonerarse, bueno es reconocerlo, a la prensa). Si la responsabilidad para sustentar y comunicar las ideas es el principio esencial para asumir la responsabilidad de los propios actos, hay razones profundas para preocuparse.

YOLANDA REYES

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