Así vivimos la visita de Paloma Valdivia

i may 14th No Comments por

Encuentros Espantapajaros

Paloma en Espanta

El sábado 4 de mayo nos volvió a visitar Paloma Valdivia en Espantapájaros (aquí pueden ver cómo fue la visita anterior). Para nosotros, las visitas de autores son como encuentros con viejos amigos, en los que la preparación, la visita y la despedida son un ritual y un motivo de celebración. Nuestra historia con Paloma Valdivia es una historia de cariño y admiración; muchos de sus libros han estado, y se han mantenido imbatibles, en la lista de Los más mordidos.

Por eso, desde que los niños se enteraron de que Paloma vendría a Colombia, empezaron a pedir, a pedir y a pedir los libros de ella en todas las horas del cuento que hubo en el jardín infantil y en la librería por esos días.

Jennyfer Benítez, profesora de Espantapájaros, en su Hora del Cuento, leyendo "Los de arriba y los de abajo"

(Jennyfer Benítez, profesora de Espantapájaros, en su Hora del Cuento, leyendo “Los de arriba y los de abajo”)

Rocío y su hijo, Rafa, leyendo "Estaba la rana"

(Rocío y su hijo, Rafael, leyendo “Estaba la rana”)

Además, como parte de la preparación para la visita de Paloma, los niños quisieron pintar los animales, los árboles y las cosas que más les gustaban de sus historias para que al llegar ella se sintiera como en casa.

El mural de la entrada para recibir a Paloma, lleno de los dibujos que todos los niños hicieron para ella.

(El mural de la entrada para recibir a Paloma, lleno de los dibujos que todos los niños hicieron para ella)

Llegó el día

Paloma llegó antes de que el evento comenzara para recorrer Espantapájaros y descubrir las sorpresas que los niños le habían preparado. Recorrió cada espacio con una sonrisa, mientras las profesoras le contaban las anécdotas detrás de cada dibujo como, por ejemplo, que Abril dibujó el zorro de De paseo (uno de los libros de ella) con antenas porque quería que su zorro fuera diferente, o que Juana quiso dibujar solo siete cachorros (en lugar de diez perritos).

También aprovechó para contarnos que, para ella, venir a Colombia sin visitar Espantapájaros es imposible, porque esta casa es especial y le encanta encontrar lectores, pequeños y grandes, que disfrutan tanto con sus libros.

Paloma tomando fotos de la exposición con todos los mensajes de los niños.

(Paloma tomando fotos de la exposición con todos los mensajes de los niños)

Cuando llegaron, los niños no podían creer que tuvieran en frente a la persona que había hecho sus libros favoritos. Si no nos creen, mírenlos en la foto, como fans antes de un concierto:

Lucía, Susana y Simona con todos sus libros favoritos de Paloma.

(Lucía, Susana y Simona con sus libros favoritos de Paloma)

Y Paloma nos tenía una sorpresa maravillosa: leyó los nuevos libros de su editorial, Ediciones Liebre, que trajo en su maleta desde Chile. Además, leyó muchos de nuestros favoritos, como Estaba la ranaNosotros y Yo tenía 10 perritos.

Paloma Valdivia leyendo "¡Puf!", uno de los libros publicado por su editorial, Ediciones Liebre.

(Paloma Valdivia leyendo “¡Puf!”, uno de los libros publicado por su editorial, Ediciones Liebre)

El momento de la firma de libros se convirtió en un encuentro cercano lleno de risas y anécdotas sobre sus lecturas.

¡Los primeros en llegar a la fila!

(¡Los primeros en llegar a la fila!)

Paloma conversando con Emiliano y

(Paloma conversando con Emiliano y María Paula)

Una de las lectoras más pequeña de Paloma: Aila junto a su mamá, Malika.

(Una de las lectoras más pequeña de Paloma: Aila junto a su mamá, Malika)

Para Lucía, Valentina y Alejandra esta firma será inolvidable.

(La firma y el dibujo de Paloma para Valentina, Alejandra y Lucía)

Al final, estar con Paloma Valdivia se volvió un recuerdo inolvidable para los niños, que han crecido con sus historias y se han permitido encontrarse, una y otra vez, en sus personajes. Y, como nos lo demostraron Emilio y Martín, también se han permitido ellos mismos ser esos libros:

Ser libros

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Nuestra directora: “Léete, Filbo”

i may 8th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 6 de mayo de 2019, Yolanda Reyes escribió:

Léete, Filbo

Adoro el último día de Filbo –que siempre cae en lunes– porque ya no hay charlas ni ríos de gente que impidan ver el bosque, y puedo andar, libre por fin, entre libros, con esa sensación de carnaval a punto de acabarse. Me gusta, incluso, ver los ritos de cierre del oficio –armar cajas, llenarlas y sellarlas– y trato de quedarme hasta que una voz anuncia, como en las tiendas de cadena, que la función se ha terminado y rompe el hechizo de esa ‘cadena del libro’ que cada año, durante dos semanas, suplanta la realidad.

Además de salir con nuevos libros, es tiempo de balances, y seguramente en los próximos días conoceremos las cifras de ventas, de asistentes y de actividades que también, año tras año, son parte de la retórica post-Filbo. Sin embargo, mientras otras ferias –de modas, arte, artesanía, maquinaria o lo que sea– se toman los espacios, conviene aprovechar que faltan casi doce meses para la próxima Filbo y pensar, aún con esta versión fresca, qué tipo de feria propone Bogotá. Más allá del número de ejemplares, de metros cuadrados o de asuntos logísticos, ¿cuál es su identidad, cuál es su apuesta cultural y cuál es su lugar en el conjunto de las ferias del libro de Colombia y de América Latina?

Se trata, en últimas, de preguntar por el concepto o, para decirlo con ese lenguaje que han puesto de moda los autodenominados ‘coachs’, por su misión y su visión. ¿Alguien lo sabe? ¿Qué historia –o qué historias– les cuenta Filbo a los lectores, qué recorridos propicia, cuál es su narrativa? Más allá de lanzar una programación anual y de invitar –o no– a un país, ¿existe algún diseño susceptible de ser leído? Si, como sabemos, el ambiente es otro educador, ¿cuál es la idea de lectura, de lector, de formación lectora, de infancia, de educación, de libro y, por supuesto, de literatura y de escritura que “se lee”?

¿Es posible, para atender el eslogan que este año lanzó Filbo, ‘leerse’, mientras se avanza a empellones entre una multitud desorientada? ¿Qué lectura sobre lectura se lleva una familia con dos niños en edad escolar y un bebé, que hace largas filas a la entrada de Corferias un domingo y, después de entrar, hace otra fila para ver el pabellón de Colombia y otra para comer crispeta y otra para salir? ¿Cuál es la curaduría, no solo del pabellón, sino de la feria, que se les ofrece a tantas familias que han invertido su dinero y su tiempo del domingo entre las filas? ¿Cómo se enriquecen su experiencia, su perspectiva y sus ganas de leer? ¿Qué se llevan, además de una colección de papelitos para botar en casa? ¿Cómo hacen para separar el grano de la paja, entre el ‘Bebé Políglota’, el estand del ejército, y el que ofrece literatura de calidad?

Conviene preguntarse si esta supuesta diversidad sin jerarquías que junta todo sin criterio obedece a una equivocada idea de pluralismo o si se trata, simplemente, de una forma de eludir el crecimiento desmesurado de una feria que, por ser parte de un tinglado comercial, se transa según el precio del metro cuadrado. En caso de que el éxito comercial sea el hilo conductor y todos los criterios culturales y educativos deban supeditarse a esa ‘visión’, es imperativo tener claro el objetivo para no disfrazar de altruismo un negocio al estilo de las ‘grandes superficies’. Los libros no hablan solos y la manera de organizarlos, de acompañarlos, de proponer recorridos y de orientar al lector también se lee, y dice más que todos los discursos y todas esas frases hechas sobre el oficio de leer y de escribir.

Quizás es hora de proponer otro eslogan para pensar y debatir durante los meses de preparación de la siguiente feria. ‘Reinvéntate, Filbo’. Reescríbete y, por favor, hazte pequeña, que calidad y cantidad no son lo mismo.

YOLANDA REYES

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