Pisa al comienzo de clases

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 28 de enero de 2020, Yolanda Reyes escribió:

Pisa al comienzo de clases

Ahora, cuando las familias pagan listas inverosímiles de útiles escolares, con las aspiraciones puestas en la educación de sus hijos, es tiempo de releer los datos de esa prueba trienal de Pisa en la que Colombia participa desde 2006 para analizar el lugar de nuestra educación en el contexto de los países afiliados a la Ocde, y confirmar lo que sabemos sobre las oportunidades que les esperan a nuestros adolescentes.

Frente a la sensación de pedalear en una bicicleta estática, sin movernos más que unas décimas entre la cohorte de los países con mal desempeño, es tiempo de asumir responsabilidades. Y la primera es discutir, sin indulgencia, los resultados. Después de 13 años de participar en la prueba, ya no podemos seguir diciendo que nuestro objetivo es meramente el de tener una línea base para comenzar a compararnos con otros y con nosotros a lo largo del tiempo, pues ya hay tiempo suficiente para saber que no hemos avanzado. Tampoco es responsable hurgar entre las cifras menos malas, para mostrar algún vaso medio lleno. Además de reconocer que ‘Colombia, la más educada’ no fue más que una propaganda para la segunda elección de Santos, conviene tener presente que los examinados nacieron y se educaron durante los gobiernos de Uribe y Santos.

El 50 por ciento de esos jóvenes alcanzaron al menos el nivel 2 en lectura, lo que significa que lograron “identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, encontrar información con base en criterios explícitos, aunque a veces complejos, y reflexionar sobre el propósito y forma de los textos…”. Este desempeño, entre deficiente y mediocre para lectores de estos tiempos de redes, posverdades y complejidades informativas y académicas, solo fue superado por el 1 por ciento de adolescentes colombianos que alcanzaron el nivel 5, ocupado, según Pisa, por quienes son capaces de “comprender textos largos, manejar conceptos abstractos o contraintuitivos y establecer distinciones entre hechos y opiniones”. Frente al promedio de 15 países de la Ocde que tienen más del 10 por ciento de estudiantes en esos niveles, nuestro caso es preocupante, no solo por el escaso porcentaje de lectores con esa complejidad simbólica, sino también por su pertenencia a un sector con privilegios económicos.

En ciencias, ese mismo 1 por ciento en nivel 5 nos permite vaticinar que no vamos a ser una potencia en los proyectos científicos de este siglo; sin embargo, el caso de matemáticas es más preocupante, pues el 66 por ciento se ubicó en los niveles 0 y 1, en tanto que un 0 por ciento logró el nivel 5. Adicionalmente, lo que sabemos sobre la brecha de inequidad se ratifica: “La posición socioeconómica fue un fuerte predictor de desempeño en matemáticas y ciencias en Colombia”.

Las brechas de género también son preocupantes: en matemáticas, los varones superan a nuestras niñas por 20 puntos; en ciencias, por 12, y únicamente en lenguaje, la ventaja de las colombianas es de 10 puntos. Sin embargo, esta no es una buena noticia, según pretendió mostrarlo algún comunicado oficial, pues es la más baja de los países de la Ocde, en los que la ventaja femenina en lenguaje es de 30 puntos. Por eso, para no tragar entero y exigir responsabilidades, necesitamos retomar la evaluación de Pisa, que se quedó como una asignatura pendiente del año pasado.

YOLANDA REYES

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