Recuerdos de la pasantía de Paula Arriet

i oct 17th No Comments por

En Espantapájaros, ofrecemos pasantías para los adultos que trabajan con la primera infancia y quieren acercarse y conocer desde la práctica nuestro trabajo con niños entre ocho meses y cinco años. “Aprender en el territorio de la primera infancia” es un programa de inmersión en este mundo fascinante de los bebés, los niños, los libros y el arte.

En septiembre de este año, 2017, recibimos a una pasante chilena: Paula Arriet. Durante un mes, su acento nos acompañó e hizo parte de nuestra vida. Ella viajó desde Puerto Montt, una ciudad ubicada en el sur de Chile, para asombrarse, conocer y reflexionar con nosotros sobre las diversas posibilidades que se dan en el terreno de la primera infancia. Paula es diseñadora de profesión, pero desde hace ocho años ha trabajado en gestión social y cultural. Actualmente es la directora de RINFAM (Rincón de la Familia), una corporación que trabaja con niños y sus familias para proporcionarles un espacio de calidad mediante el desarrollo personal y familiar.

Desde el 4 hasta el 29 de septiembre, Paula y las personas del equipo de Espantapájaros compartimos detalles, inquietudes y descubrimientos acerca del trabajo en torno a las salas de lectura y de pedagogía artística. Paula acompañó a las profesoras en su trabajo con los niños del Jardín: con los grupos de los más pequeños participó en rituales como el saludo, el juego libre, la hora del cuento y el Club de Lectura; con los grupos de los niños más grandes, se involucró en los proyectos de aula y en los escenarios en donde estos se entretejen con la literatura.

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Paula también estuvo con nosotros en la librería, para mirar detalles como la organización de los libros de acuerdo con la edad, los recomendados y “los más mordidos”; con Eliana García, nuestra profesora de música, aprendió todo lo que hay detrás de nuestro taller de iniciación literaria para bebés, Cuentos en pañales. La pasantía de Paula también tuvo tutorías y espacios de discusión: con Jimena Rojas sobre fomento lector, y con Yolanda Reyes, escritora y directora de Espantapájaros, sobre el libro La casa imaginaria, y a partir de él, sobre cómo pensar la literatura en la primera infancia, cómo concebir espacios de formación de lectores y expresión artística

Uno de los momentos que más cautivó a Paula fue el Club de Lectura, en el que los niños escogen los libros que quieren llevar a su casa para leerlos con su familia. “Me llevo en el corazón el Club de Lectura, en donde encontré el alma de Espantapájaros. En ese momento, los niños pasan a ser los protagonistas del aprendizaje en un espacio seguro y familiar. En él se evidencia el vínculo y el amor por los libros. Allí se unen la librería, el proyecto educativo y los talleres”, dijo Paula.

Libro

La pasantía de Paula fue especial por muchas razones: una de ellas, porque su hija Lourdes vino a jugar, a leer y a explorar con nosotros y con los niños del jardín. “Los niños no tienen prejuicios y abrazaron a Lourdes sin preguntar de dónde venía; no les importó si era más alta, más baja o si tenía otro acento. La acogieron desde el primer momento; los niños son niños y la pasan bien. La primera infancia y la niñez en general no me dejan de sorprender”, nos contó Paula.

Durante su pasantía, Paula conectó a través del terreno de la primera infancia a la mujer de treinta y tres años con la niña de tres. “La mujer de treinta y tres encontró un proyecto maravilloso; y la niña de tres, un espacio seguro y una montaña de libros por morder. Sin duda será una experiencia que recordaré por siempre”.

Paula

Al regresar a Puerto Montt, Paula va a instalar una bebeteca en el RINFAM. “Durante la pasantía también aprendí cómo disponer el espacio para construir la bebeteca, cómo hacer el rito de la lectura, cómo debe ser la disposición de los cojines y cómo involucrar a las mamás. En diciembre vamos a montar una guaguateca, que es el nombre que le vamos a dar, en Puerto Montt”, nos dijo.

¡Muchas gracias por habernos acompañado, Paula!

Recordaremos los conocimientos y las experiencias que compartimos. Lourdes y tú son parte de Espantapájaros.

 

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Reseña: Una última carta

i oct 13th No Comments por

Una última carta
Escrito por Antonis Papatheodoulou
Ilustrado por Iris Samartzi
Editoral Kalandraka, 2016

Una última carta

Como si fuera una postal, el lector del libro Una última carta primero debe abrir un sobre para ver su contenido. Dentro de él está la historia del señor Costas, el único cartero de toda la isla. Es su última jornada de trabajo porque está a punto de jubilarse y debe llevar la noticia a todas las personas, pero ese día nadie está en su casa esperando el correo, como era habitual.

Las ilustraciones de tonos azules, blancos y ocres ubican la historia en una isla pequeña en el Mediterráneo. En todas las páginas, Iris Samartzi incluye elementos relacionados a las postales. En la playa, en la calle y en la fachada de las casas se alcanzan a ver sobres, sacas, sellos, estampas, imágenes y mensajes.

Al final del libro, Antonis Papatheodoulou presenta un punto de giro en la historia para sorprender al lector. Cuando el señor Costas termina el reparto en el último pueblo de la ruta, encuentra una carta sin destinatario; en el sobre solo aparece el nombre de una playa. Él siempre había entregado todo el correo, así que decide llevar esa carta, aquella que podría convertirse en la más especial de su trabajo.

El juego con la composición hace aun más interesante la lectura. Los autores narran la historia desde diferentes planos; incluso introducen al lector dentro de la saca del señor Costas para mostrarle la última carta.  Cada página es una nueva postal, en donde el complemento entre la imagen y el texto preciso invita a leer el libro una y otra vez.

Una última carta fue galardonado en el 2016 con el IX Premio Internacional Compostela de Álbum Ilustrado. Este libro no tiene edad; tanto niños como adultos disfrutarán este homenaje creativo a quienes han dedicado su vida a un mismo oficio.

 

 

 

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¡Así fue la visita de Keiko Kasza a Espantapájaros!

i sep 28th No Comments por

En Espantapájaros, los encuentros con los autores son experiencias que se quedan guardadas para siempre en la memoria poética de los niños. Cada encuentro es un acontecimiento que se va preparando lentamente y que está lleno de rituales, significados, pequeños detalles y muchos preparativos.

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No queremos que el autor pase tan rápidamente por nuestra vida. Queremos tiempo para acercarnos a sus libros: para morderlos, leerlos, disfrutarlos y releerlos, en la casa y en el jardín; con las profesoras y con la familia.

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Los encuentros con los libros tienen un antes, un durante y un después…

Cuando supimos que Keiko Kasza vendría a Colombia desde muy lejos (pues, aunque vive en Estados Unidos, había pasado dos años en Japón), empezamos a releer todos los libros de ella que tenemos en nuestra biblioteca y en las casas, y que tanto nos gustan.

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Rafael estaba seguro de lo que decía. Él hablaba con sus amigos y les recordaba: “Mañana va a venir Keiko Kasza”. Lucía trajo desde su casa el libro No te rías, Pepe y le pedía a su profesora que lo leyera. Cada vez que Isabella entraba a la biblioteca, buscaba el cuento Choco encuentra una mamá, se sentaba para verlo y tan pronto llegaba a la última página, volvía a empezar.

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Durante la hora del cuento, leímos una y otra vez libros como Mi día de suerte, Los secretos de Abuelo Sapo, El tigre y el ratón, Cuando el elefante camina y Choco encuentra una mamá. Y escuchar las narraciones construyó en los niños y en todos nosotros la ilusión de saber que conoceríamos a la escritora de esas historias que nos conectan con las emociones de la infancia.

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Los adultos asistimos a una conversación entre Keiko Kasza y Yolanda Reyes. La autora japonesa nos contó algunos detalles que no conocíamos de sus libros. Nos comentó, por ejemplo, que la idea del libro No te rías, Pepe surgió de un juego que practicaba cuando era niña: aguantaba la risa mientras sentía las cosquillas de manos de otra persona. Su discurso fortaleció el anhelo por recibir su visita en Espantapájaros.

Conversación Keiko

Invitamos a las familias a una hora del cuento para que compartieran con nosotros el rito de la lectura; y después de leer los cuentos, nos acompañaron a comprar los favoritos para que Keiko los firmara. Carmen entró con Pablo, su papá, a la librería. Ya había tomado una decisión: Choco encuentra una mamá era el libro que quería. “¿Estás segura de que quieres ese? ¿No te gustaría llevar otro?”, le preguntó Pablo. “¡No! Yo quiero este porque no lo tengo en mi casa”, respondió mientras se acercaba a la caja para pagarlo.

Carmen y Alejandra

Unos días antes del encuentro, Rebeca sacó unas monedas de su alcancía, se las entregó a su mamá y le dijo: “Aquí está la plata para que compremos los libros”. Ella quería tenerlos todos.

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Antes de recibir a Keiko, también dibujamos a algunos de los personajes de los cuentos. Con marcadores, colores y pinturas reinventamos a Choco, a Pepe y a Coco Cocodrilo.

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Finalmente llegó el día que todos estábamos esperando. Creamos el ambiente para transmitir la ilusión que nos acompañó durante varios días. Pusimos los dibujos de los personajes y del bosque, porque luego de haber leído los libros de ella, los niños llegaron a la conclusión de que el bosque estaba presente en todos sus cuentos.

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Y cuando Keiko llegó se emocionó al ver los dibujos y al ver a los niños sentados en los cojines esperándola.

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Después de que le dijimos cuáles eran sus libros que más nos gustaban, (Choco encuentra una mamá y No te rías, Pepe), ella nos mostró una de las formas como se divertía cuando era niña: el origami. Nos pidió que contáramos hasta treinta y, de sus manos, salió un pájaro.

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Ella estaba dispuesta a firmar todos los libros. Los niños esperaron a que llegara su turno: aquel momento en el que estarían justo al frente de ella para observar con atención cómo dejaría su autógrafo en la primera página de cada cuento.

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Hijo de Paola

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Aunque Keiko se despidió de nosotros, los niños continúan leyendo sus cuentos; Isabella, sentada en el piso, todavía regresa a la primera página del libro Choco encuentra una mamá; y aún se escucha la voz de Rafael diciendo: “Conocí a Keiko Kasza”.

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Las familias nos han escrito para compartir con nosotros su emoción. Paula Quintero, la mamá de Lorenzo, nos dijo: “Quiero agradecer de todo corazón los maravillosos privilegios de los que nos permiten ser partícipes. Qué gran fortuna que Lorenzo haya podido hacer en Espantapájaros sus primeros años de escolaridad… Mi suegra dice que en Lorenzo se cumplió su gran anhelo de conocer a Keiko.” El tiempo que compartimos con ella y la calidez de sus historias seguirán guardados en nuestras memorias.

Otra Paula (Arriet), que vino desde el sur de Chile a hacer su pasantía en Espantapájaros, nos comentó que la visita de Keiko significó para ella “el momento mágico de conocer a la persona que está detrás de esas historias, aquellas que se conectan con la niña que llevo en mi interior.”

Y, por supuesto, aquí quedó el pájaro que nos dejó Keiko…

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Agradecemos a Fanuel Díaz y a Editorial Norma por habernos acompañado en la gestión de esta maravillosa experiencia.

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Reseña: Recetas de lluvia y azúcar

i sep 20th No Comments por

Recetas de lluvia y azúcar
Escrito por Eva Manzano Plaza
Ilustrado por Mónica Gutiérrez Serna
Thule Ediciones, 2010

Recetas de lluvia y azúcar

Como si fuera un viejo cuaderno que contiene las recetas de la tradición familiar, este libro invita a descubrir ingredientes únicos y a tener en cuenta secretos culinarios para no fallar al preparar algo. La diferencia es que Recetas de lluvia y azúcar no habla sobre comida. Habla sobre las emociones.

El texto comienza con una narración corta en primera persona que expresa el propósito del “recetario”: endulzar las emociones que nos acompañan cada día. De inmediato, al pasar la página, el lector emprende un viaje introspectivo a través del ingrediente común: la imaginación.

De cada sentimiento hay una descripción breve escrita por Eva Manzano, que propone una manera distinta de entenderlo, a través de metáforas y analogías. Es así como el enfado es “una llama diminuta, como una cerilla incandescente que vive en las profundidades de la tierra”, y tener confianza es como “encender una linterna cuando no hay luz”. En la página de cada sentimiento también está la receta para fortalecerlo (o para hacerlo desaparecer cuando es negativo).

Como en la mayoría de los libros de cocina, los textos están acompañados por imágenes. Se vuelve irresistible contemplar con detalle las ilustraciones de Mónica Gutiérrez: ninguna se parece a la siguiente. La ilustradora combina distintas técnicas como acuarelas, dibujos a carbón y fotografías. De esta manera, las diferencias entre cada emoción dialogan con la disimilitud de las imágenes.

El lector disfrutará la creatividad de este libro. Cada página presenta ingredientes distintos para recordarle que, con una buena dosis de humor e imaginación, lo que parece inmanejable puede dejar de serlo.

 

Escrita por María Camila Gutiérrez Delgado.

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Reseña: Choco encuentra una mamá

i sep 12th No Comments por

Choco encuentra una mamá
Keiko Kasza
Traducción de María Paz Amaya
Editorial Norma, 2006

 

Desde la primera página, Keiko Kasza se roba la atención del lector mostrando de forma directa cuál es el la idea que va a desarrollar en la historia: Choco, un pájaro pequeño, no tiene mamá y ha decidido buscarla.

En cada hoja aparece un animal distinto frente a Choco. Primero se encuentra con una jirafa; luego, con la señora Pingüino; y más adelante, con una morsa. Sin embargo, ninguna de ellas acepta ser su mamá. Las alas, las mejillas grandes y redondas y las rayas de los pies del pequeño pájaro son el motivo por el que lo rechazan; no pueden adoptarlo porque no se parecen a él.

En medio de la frustración, continúa su búsqueda. Y justo cuando está a punto de resignarse, observa a lo lejos a una osa. Él la descarta de inmediato porque no tienen ningún parecido; pero basta con que la señora Osa escuche su historia para hacer lo que cualquier otra madre haría: cantarle, abrazarlo, bailarle y besarlo para alegrarle el día.

Es así como Choco se encuentra con algo que no esperaba: un hogar diverso pero colmado de afecto.

En sus libros, Keiko Kasza aborda temas universales, como la amistad y la familia, con delicadeza. Su intención de dibujar esos temas a través de personajes animales le permite crear un universo en donde todo es posible.

Sin duda, los lectores disfrutarán este cuento. Los tonos amarillos, rojos, azules y verdes hacen llamativas las ilustraciones, hechas con acuarelas. Las imágenes crean una atmósfera de calidez y ternura. El texto es sencillo, pero se complementa muy bien con la expresividad de cada dibujo.

En Choco encuentra una mamá, hay una historia que aunque parezca sencilla, revuelca la sensibilidad de los lectores de todas las estaturas.

 

Escrita por María Camila Gutiérrez Delgado

 

 

 

 

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Reseña: Los lobos de Currumpaw

i sep 4th No Comments por

Los lobos de Currumpaw
Autor: William Grill
Traducción de Jorge García Valcárcel
Editorial Impedimenta, 2016

Los lobos de Currumpaw

Basta con abrir el libro Los lobos de Currumpaw para que el lector se traslade a la tierra árida del Viejo Oeste. Los tonos negros, rojos y marrones que predominan en las ilustraciones sitúan la historia en la inmensidad de las llanuras de Currumpaw, Nuevo México.

El relato comienza en el siglo XIX, en el año 1862. Las primeras páginas muestran, a través de cuadros pequeños ubicados en secuencia, la llegada de los colonos europeos a Norteamérica y algunas de las implicaciones de ese proceso: ocupación del hábitat y cacerías feroces.

Al pasar las hojas, las manadas de bisontes y de ciervos empiezan a desaparecer. Ahora, solo se alcanza a distinguir un grupo de lobos grises que recorren el vasto territorio. Su líder es Viejo Lobo, o el Rey, como lo conocen los nativos.

En la medida en que avanza la historia, el autor comienza a dibujar la sagacidad de aquellos animales. Gracias al liderazgo del Rey, la manada es capaz de burlar las trampas de quienes intentan cazarla. Es así como la intención de Lobo de evadir las amenazas evoca simbólicamente la idea de la resistencia a la colonización.

Ni el explorador Tannery, ni el cazador Laloche ni el granjero Joe Calone logran alcanzar el objetivo, atrapar al Rey. De esta manera, el hombre aparece como sujeto testarudo y el animal, como un ser superior. Únicamente el reputado naturalista británico Ernest Thompson Seton es capaz de capturar al líder; y solo lo logra cuando descubre la verdadera naturaleza del animal. La captura trae una consecuencia inesperada para Seton: a partir de ese hecho se convierte en un defensor de la vida salvaje.

Las ilustraciones, hechas con lápices de colores, son el foco de la narración. El autor logra dar todo el poder narrativo a las imágenes, ellas hablan por sí solas. Los textos son aclaraciones cortas para ubicar de manera rápida al lector. Los trazos y los colores inundan las páginas e invitan a observarlos con detalle. Parece como si William Grill jugara con una cámara para narrar la historia desde diferentes planos y posibilidades: se acerca, se aleja o se mueve hacia los lados para captar los movimientos de los personajes.

Ese juego con las ilustraciones hace que la lectura sea dinámica. En algunas ocasiones, el autor presenta las imágenes en recuadros pequeños, ubicados uno al lado del otro, como si fuera un cómic; en otros casos, el dibujo ocupa la página completa.

La historia está basada en uno de los textos originales de Ernest Thompson Seton, Lobo: el Rey de Currumpaw. Es un relato perteneciente a su libro Animales salvajes que he conocido (1898). Los lobos de Currumpaw fue galardonado este año con el Bologna Ragazzi Award en la categoría de No Ficción. Es uno de esos relatos contundentes que logra asombrar y conmover al lector sin necesidad de caer en el sentimentalismo.

 

Escrita por María Camila Gutiérrez

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Reseña: Los últimos gigantes

i ago 28th No Comments por

Los últimos gigantes
Autor: François Place
Traducción: Leopoldo Iribarren
Ediciones Ekaré, 2016

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A través de narraciones escritas en primera persona y de ilustraciones de trazos finos, hechos con acuarela y tinta, el lector del libro Los últimos gigantes acompaña en un viaje a un explorador del siglo XIX.

La aventura comienza cuando Archibald Leopold Ruthmore le compra un diente de gigante a un viejo marinero. Lo asombroso de esa pieza, más allá de su tamaño, radica en los grabados minuciosos que la decoran. Después de meses de investigación y de estudiar las figuras tatuadas sobre el diente, Ruthmore descubre un mapa que podría llevarlo al País de los Gigantes, ubicado en las fuentes del río Negro.

Con curiosidad por conocer a esos seres extraordinarios, pero sobre todo con la ambición de divulgar las maravillas que nadie más conoce, el personaje decide emprender una expedición para llegar a ese lugar, en donde lo inimaginable se vuelve posible.

Desde la primera hasta la última página, el lector entra a una narración en la que prevalecen el contraste y la paradoja. Aunque la intención de Ruthmore no es traicionar a los gigantes, contar aquello que nadie más había explorado trae consecuencias devastadoras. A través del texto se evidencia el deseo de gloria; pero al mismo tiempo las ilustraciones cuentan otra historia, la incoherencia de ese deseo.

El francés François Place, autor del libro, juega con las proporciones en cada ilustración. El explorador aparece de forma diminuta en relación con su entorno. De esta manera, mediante el contraste entre la dimensión del personaje y del ambiente se evidencia una de las paradojas de los seres humanos: querer apropiarse del entorno a pesar de su notable pequeñez frente al universo que los rodea.

El contraste no solo aparece con las dimensiones del personaje y el entorno. El País de los Gigantes no se parece al mundo de los hombres. En el primero predomina el sosiego; en el segundo, el bullicio y el movimiento constante.

En este año, 2017, se cumplen 25 años de la primera edición del libro en francés (Les deniers Géants), publicada en 1992 por la editorial Casterman. En 2012 Ediciones Ekaré publicó la edición en castellano; y a propósito del aniversario, la editorial venezolana realizó una nueva versión, en 2016, con cambios en la portada y con la inclusión de notas de Ruthmore que explican las particularidades de los tatuajes de los gigantes.

Los últimos gigantes es un libro que vale la pena leer. Es inevitable que el estilo narrativo y las ilustraciones de François Place atrapen al lector.

 

Escrita por María Camila Gutiérrez Delgado.

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Una galería al estilo Espantapájaros

i jul 14th No Comments por

Durante la semana Espant-Arte, los niños del Curso de Vacaciones jugaron con diferentes técnicas, masas, volúmenes y posibilidades para crear sus propias obras de arte. Desde aviones de plastilina hasta cuadros hechos con tiza se robaron la atención de quienes visitaron nuestra galería y participaron en la subasta.

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Para hacer esta obra, Antonia moldeó plastilina, la partió en trozos pequeños y luego la puso en sus uñas para darles forma. Luego, retiró la plastilina y la ubicó sobre la cartulina negra.

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También trabajamos con arcilla. En la subasta, uno de los curadores les reveló a los espectadores un secreto: mientras los artistas moldearon las figuras, la arcilla les dijo al oído qué forma darle a sus obras. Y este fue el resultado del trabajo de Mateo: “Pterodáctilo en picada”.

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Rafael puso pintura verde y harina en sus manos. Luego las deslizó sobre una cartulina para realizar un cuadro. Cuando terminó no solo apreció su obra, también miraba asombrado sus manos. Recorrió todo el lugar para mostrarles a sus compañeros el color verde de sus dedos y sus palmas.

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Joaquín estaba concentrado. Mezcló diferentes pinturas para darle su toque personal a una caja.

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Pero eso no fue todo. Este artista siguió trabajando y, después de que terminó de pintar la caja, creó su propia escultura. Se sentó y empezó a ubicar un cubo sobre otro.

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Y cuando ya no alcanzó desde el suelo, su puso de pie para seguir ubicando los cubos.

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¿Y cómo fue la subasta?

Los curadores se encargaron de explicarle al público las técnicas que utilizaron nuestros artistas. Luego, empezaron a “vender” cada una de las obras.

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Tomás ya estaba listo para que algún espectador comprara su obra “Mi avión de Avianca”. Utilizó la técnica “Moldeado con plastilina” para hacerla.

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Bernardo Montoya, nuestro artista invitado el día de hoy, presentó la obra y luego dijo: “¿En dónde está Tomás, autor de este avión?” De repente, una voz se alcanzó a escuchar en medio del público. “Aquí estoy”, respondió el artista mientras se paraba. “¿Cuánto dan por la obra de Tomás?”, preguntó Bernardo. Una señora respondió: “Cinco monedas”. “Yo doy seis monedas”, dijo Jennyfer. “¡Vendida!”, concluyó Bernardo. Tomás se acercó con alegría a para recibir su “pago”.

Y hasta el pago lo disfrutamos en esta subasta. Cada artista recibió monedas de chocolate cuando sus obras eran “vendidas”.

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Emma también vendió su obra. Recibió cinco monedas de chocolate. Su mamá fue quien la compró. “¿Qué hiciste en tu pintura, Emma?”, le preguntó. “Un dibujo”, respondió ella. “¿Y de qué era el dibujo?”, volvió a preguntar su mamá. “De una pintura”, contestó la pequeña artista.

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Los artistas y el público apreciaron cada obra. ¡Todas fueron vendidas! Así se divirtieron los niños, no solo creando sus obras sino también compartiendo sus experiencias con otras personas.

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Libros caóticos: una obra de arte moderno

i jul 13th No Comments por

Los niños del Campamento Literario crearon esta obra de arte, “Libros caóticos”… lógicamente, ¡basada en el amor por la lectura! Se inspiraron en la obra “Brancusi, Hadid y Costa” (2016), del artista colombiano Bernardo Montoya, que será nuestro invitado especial mañana en la subasta de arte con la que cerraremos la segunda semana de nuestro Curso de Vacaciones.

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Para ver la obra de Montoya, sigan este enlace: https://youtu.be/eeVS-FZw4HU
Y su página web: http://www.bernardomontoya.com/
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Una conversación fascinante

i jul 10th No Comments por

El cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos dice que “las buenas entrevistas son tan frecuentes como un eclipse de sol”. Por fortuna en Espantapájaros tuvimos la oportunidad de contemplar ese instante, aquel momento en el que una conversación profunda deslumbra a sus espectadores, como si se tratara de estar apreciando un eclipse solar.

Jorge Rausch, que visitó Espantapájaros el viernes 7 de julio, a propósito de nuestro Curso de Vacaciones, pasó un rato en nuestra librería. Los niños del Campamento Literario, que tienen entre 8 y 13 años, se habían preparado durante una semana para entrevistarlo.

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Rausch se sienta frente a una mesa y mira al grupo de niños a su alrededor. Todos observan una hoja blanca, en la que anotaron diferentes inquietudes.

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Gabriela había resaltado sus preguntas favoritas. Desliza su dedo a lo largo del papel y después de unos segundos, escoge cuál hacerle al chef. Regresa su mirada hacia él y le dice: “¿Has tenido algún problema que te haya hecho dudar de tus capacidades?”. Rausch, luego de suspirar, responde con convicción: “Uno en la vida tiene muchos retos y para alcanzar las cosas buenas, tiene que fracasar primero.”

Tan pronto él termina de responder la pregunta de Gabriela, Lucas levanta su brazo para pedir la palabra. El público fija su mirada en él. Revisa su hoja una vez más y dice: “¿Cuál es tu plato favorito?”. “Por lo general, el libro preferido de un escritor es el último que escribió. Eso me ocurre a mí. Mi plato favorito es la última receta que creé”.

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Los niños quedan inquietos con la respuesta del chef. El silencio se apodera del lugar por un momento, hasta que Lucas vuelve a levantar su brazo. “¿Y entonces, cuál es tu última receta?” Los espectadores sueltan una risa: todos identifican su astucia para lograr que el entrevistado responda lo que él quiere escuchar. “Bueno. Mi última receta son los buñuelos rellenos con chicharrón, con queso de cabra… ¡Y son buenísimos!”. Lucas asiente con la cabeza. Ya está satisfecho con la información.

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Emilio, un niño de ojos azules y gafas, también tiene una pregunta para el invitado: “¿En tus restaurantes tienes menú para niños?”. Jorge responde con un “¡No!” contundente. Él considera que a los niños se les debe enseñar a comer así como se les enseña a leer o como se les enseña matemáticas: no les tiene que gustar todo, pero deben intentarlo.

Mira fijamente a Emilio y dice: “¿Sabes quiénes son los comensales más sinceros para mí?… Los niños. Si a alguno de ustedes le encanta un plato es porque el plato está bueno. Les creo más a ustedes que a un adulto”.

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Cada pregunta y cada respuesta captó la atención de todos nosotros. No fue una de esas entrevistas en las que los espectadores se aburren. Por el contrario, se mezclaron la imaginación, la inteligencia y creatividad de estos niños, nuestros aprendices de libreros, para deleitar al público con una conversación fascinante.

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