Reseña: Choco encuentra una mamá

i sep 12th No Comments por

Choco encuentra una mamá
Keiko Kasza
Traducción de María Paz Amaya
Editorial Norma, 2006

 

Desde la primera página, Keiko Kasza se roba la atención del lector mostrando de forma directa cuál es el la idea que va a desarrollar en la historia: Choco, un pájaro pequeño, no tiene mamá y ha decidido buscarla.

En cada hoja aparece un animal distinto frente a Choco. Primero se encuentra con una jirafa; luego, con la señora Pingüino; y más adelante, con una morsa. Sin embargo, ninguna de ellas acepta ser su mamá. Las alas, las mejillas grandes y redondas y las rayas de los pies del pequeño pájaro son el motivo por el que lo rechazan; no pueden adoptarlo porque no se parecen a él.

En medio de la frustración, continúa su búsqueda. Y justo cuando está a punto de resignarse, observa a lo lejos a una osa. Él la descarta de inmediato porque no tienen ningún parecido; pero basta con que la señora Osa escuche su historia para hacer lo que cualquier otra madre haría: cantarle, abrazarlo, bailarle y besarlo para alegrarle el día.

Es así como Choco se encuentra con algo que no esperaba: un hogar diverso pero colmado de afecto.

En sus libros, Keiko Kasza aborda temas universales, como la amistad y la familia, con delicadeza. Su intención de dibujar esos temas a través de personajes animales le permite crear un universo en donde todo es posible.

Sin duda, los lectores disfrutarán este cuento. Los tonos amarillos, rojos, azules y verdes hacen llamativas las ilustraciones, hechas con acuarelas. Las imágenes crean una atmósfera de calidez y ternura. El texto es sencillo, pero se complementa muy bien con la expresividad de cada dibujo.

En Choco encuentra una mamá, hay una historia que aunque parezca sencilla, revuelca la sensibilidad de los lectores de todas las estaturas.

 

 

 

 

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Reseña: Los lobos de Currumpaw

i sep 4th No Comments por

Los lobos de Currumpaw
Autor: William Grill
Traducción de Jorge García Valcárcel
Editorial Impedimenta, 2016

Los lobos de Currumpaw

Basta con abrir el libro Los lobos de Currumpaw para que el lector se traslade a la tierra árida del Viejo Oeste. Los tonos negros, rojos y marrones que predominan en las ilustraciones sitúan la historia en la inmensidad de las llanuras de Currumpaw, Nuevo México.

El relato comienza en el siglo XIX, en el año 1862. Las primeras páginas muestran, a través de cuadros pequeños ubicados en secuencia, la llegada de los colonos europeos a Norteamérica y algunas de las implicaciones de ese proceso: ocupación del hábitat y cacerías feroces.

Al pasar las hojas, las manadas de bisontes y de ciervos empiezan a desaparecer. Ahora, solo se alcanza a distinguir un grupo de lobos grises que recorren el vasto territorio. Su líder es Viejo Lobo, o el Rey, como lo conocen los nativos.

En la medida en que avanza la historia, el autor comienza a dibujar la sagacidad de aquellos animales. Gracias al liderazgo del Rey, la manada es capaz de burlar las trampas de quienes intentan cazarla. Es así como la intención de Lobo de evadir las amenazas evoca simbólicamente la idea de la resistencia a la colonización.

Ni el explorador Tannery, ni el cazador Laloche ni el granjero Joe Calone logran alcanzar el objetivo, atrapar al Rey. De esta manera, el hombre aparece como sujeto testarudo y el animal, como un ser superior. Únicamente el reputado naturalista británico Ernest Thompson Seton es capaz de capturar al líder; y solo lo logra cuando descubre la verdadera naturaleza del animal. La captura trae una consecuencia inesperada para Seton: a partir de ese hecho se convierte en un defensor de la vida salvaje.

Las ilustraciones, hechas con lápices de colores, son el foco de la narración. El autor logra dar todo el poder narrativo a las imágenes, ellas hablan por sí solas. Los textos son aclaraciones cortas para ubicar de manera rápida al lector. Los trazos y los colores inundan las páginas e invitan a observarlos con detalle. Parece como si William Grill jugara con una cámara para narrar la historia desde diferentes planos y posibilidades: se acerca, se aleja o se mueve hacia los lados para captar los movimientos de los personajes.

Ese juego con las ilustraciones hace que la lectura sea dinámica. En algunas ocasiones, el autor presenta las imágenes en recuadros pequeños, ubicados uno al lado del otro, como si fuera un cómic; en otros casos, el dibujo ocupa la página completa.

La historia está basada en uno de los textos originales de Ernest Thompson Seton, Lobo: el Rey de Currumpaw. Es un relato perteneciente a su libro Animales salvajes que he conocido (1898). Los lobos de Currumpaw fue galardonado este año con el Bologna Ragazzi Award en la categoría de No Ficción. Es uno de esos relatos contundentes que logra asombrar y conmover al lector sin necesidad de caer en el sentimentalismo.

 

Escrita por María Camila Gutiérrez

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Reseña: Los últimos gigantes

i ago 28th No Comments por

Los últimos gigantes
Autor: François Place
Traducción: Leopoldo Iribarren
Ediciones Ekaré, 2016

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A través de narraciones escritas en primera persona y de ilustraciones de trazos finos, hechos con acuarela y tinta, el lector del libro Los últimos gigantes acompaña en un viaje a un explorador del siglo XIX.

La aventura comienza cuando Archibald Leopold Ruthmore le compra un diente de gigante a un viejo marinero. Lo asombroso de esa pieza, más allá de su tamaño, radica en los grabados minuciosos que la decoran. Después de meses de investigación y de estudiar las figuras tatuadas sobre el diente, Ruthmore descubre un mapa que podría llevarlo al País de los Gigantes, ubicado en las fuentes del río Negro.

Con curiosidad por conocer a esos seres extraordinarios, pero sobre todo con la ambición de divulgar las maravillas que nadie más conoce, el personaje decide emprender una expedición para llegar a ese lugar, en donde lo inimaginable se vuelve posible.

Desde la primera hasta la última página, el lector entra a una narración en la que prevalecen el contraste y la paradoja. Aunque la intención de Ruthmore no es traicionar a los gigantes, contar aquello que nadie más había explorado trae consecuencias devastadoras. A través del texto se evidencia el deseo de gloria; pero al mismo tiempo las ilustraciones cuentan otra historia, la incoherencia de ese deseo.

El francés François Place, autor del libro, juega con las proporciones en cada ilustración. El explorador aparece de forma diminuta en relación con su entorno. De esta manera, mediante el contraste entre la dimensión del personaje y del ambiente se evidencia una de las paradojas de los seres humanos: querer apropiarse del entorno a pesar de su notable pequeñez frente al universo que los rodea.

El contraste no solo aparece con las dimensiones del personaje y el entorno. El País de los Gigantes no se parece al mundo de los hombres. En el primero predomina el sosiego; en el segundo, el bullicio y el movimiento constante.

En este año, 2017, se cumplen 25 años de la primera edición del libro en francés (Les deniers Géants), publicada en 1992 por la editorial Casterman. En 2012 Ediciones Ekaré publicó la edición en castellano; y a propósito del aniversario, la editorial venezolana realizó una nueva versión, en 2016, con cambios en la portada y con la inclusión de notas de Ruthmore que explican las particularidades de los tatuajes de los gigantes.

Los últimos gigantes es un libro que vale la pena leer. Es inevitable que el estilo narrativo y las ilustraciones de François Place atrapen al lector.

 

Escrita por María Camila Gutiérrez.

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Una galería al estilo Espantapájaros

i jul 14th No Comments por

Durante la semana Espant-Arte, los niños del Curso de Vacaciones jugaron con diferentes técnicas, masas, volúmenes y posibilidades para crear sus propias obras de arte. Desde aviones de plastilina hasta cuadros hechos con tiza se robaron la atención de quienes visitaron nuestra galería y participaron en la subasta.

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Para hacer esta obra, Antonia moldeó plastilina, la partió en trozos pequeños y luego la puso en sus uñas para darles forma. Luego, retiró la plastilina y la ubicó sobre la cartulina negra.

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También trabajamos con arcilla. En la subasta, uno de los curadores les reveló a los espectadores un secreto: mientras los artistas moldearon las figuras, la arcilla les dijo al oído qué forma darle a sus obras. Y este fue el resultado del trabajo de Mateo: “Pterodáctilo en picada”.

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Rafael puso pintura verde y harina en sus manos. Luego las deslizó sobre una cartulina para realizar un cuadro. Cuando terminó no solo apreció su obra, también miraba asombrado sus manos. Recorrió todo el lugar para mostrarles a sus compañeros el color verde de sus dedos y sus palmas.

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Joaquín estaba concentrado. Mezcló diferentes pinturas para darle su toque personal a una caja.

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Pero eso no fue todo. Este artista siguió trabajando y, después de que terminó de pintar la caja, creó su propia escultura. Se sentó y empezó a ubicar un cubo sobre otro.

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Y cuando ya no alcanzó desde el suelo, su puso de pie para seguir ubicando los cubos.

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¿Y cómo fue la subasta?

Los curadores se encargaron de explicarle al público las técnicas que utilizaron nuestros artistas. Luego, empezaron a “vender” cada una de las obras.

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Tomás ya estaba listo para que algún espectador comprara su obra “Mi avión de Avianca”. Utilizó la técnica “Moldeado con plastilina” para hacerla.

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Bernardo Montoya, nuestro artista invitado el día de hoy, presentó la obra y luego dijo: “¿En dónde está Tomás, autor de este avión?” De repente, una voz se alcanzó a escuchar en medio del público. “Aquí estoy”, respondió el artista mientras se paraba. “¿Cuánto dan por la obra de Tomás?”, preguntó Bernardo. Una señora respondió: “Cinco monedas”. “Yo doy seis monedas”, dijo Jennyfer. “¡Vendida!”, concluyó Bernardo. Tomás se acercó con alegría a para recibir su “pago”.

Y hasta el pago lo disfrutamos en esta subasta. Cada artista recibió monedas de chocolate cuando sus obras eran “vendidas”.

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Emma también vendió su obra. Recibió cinco monedas de chocolate. Su mamá fue quien la compró. “¿Qué hiciste en tu pintura, Emma?”, le preguntó. “Un dibujo”, respondió ella. “¿Y de qué era el dibujo?”, volvió a preguntar su mamá. “De una pintura”, contestó la pequeña artista.

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Los artistas y el público apreciaron cada obra. ¡Todas fueron vendidas! Así se divirtieron los niños, no solo creando sus obras sino también compartiendo sus experiencias con otras personas.

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Libros caóticos: una obra de arte moderno

i jul 13th No Comments por

Los niños del Campamento Literario crearon esta obra de arte, “Libros caóticos”… lógicamente, ¡basada en el amor por la lectura! Se inspiraron en la obra “Brancusi, Hadid y Costa” (2016), del artista colombiano Bernardo Montoya, que será nuestro invitado especial mañana en la subasta de arte con la que cerraremos la segunda semana de nuestro Curso de Vacaciones.

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Para ver la obra de Montoya, sigan este enlace: https://youtu.be/eeVS-FZw4HU
Y su página web: http://www.bernardomontoya.com/
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Una conversación fascinante

i jul 10th No Comments por

El cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos dice que “las buenas entrevistas son tan frecuentes como un eclipse de sol”. Por fortuna en Espantapájaros tuvimos la oportunidad de contemplar ese instante, aquel momento en el que una conversación profunda deslumbra a sus espectadores, como si se tratara de estar apreciando un eclipse solar.

Jorge Rausch, que visitó Espantapájaros el viernes 7 de julio, a propósito de nuestro Curso de Vacaciones, pasó un rato en nuestra librería. Los niños del Campamento Literario, que tienen entre 8 y 13 años, se habían preparado durante una semana para entrevistarlo.

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Rausch se sienta frente a una mesa y mira al grupo de niños a su alrededor. Todos observan una hoja blanca, en la que anotaron diferentes inquietudes.

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Gabriela había resaltado sus preguntas favoritas. Desliza su dedo a lo largo del papel y después de unos segundos, escoge cuál hacerle al chef. Regresa su mirada hacia él y le dice: “¿Has tenido algún problema que te haya hecho dudar de tus capacidades?”. Rausch, luego de suspirar, responde con convicción: “Uno en la vida tiene muchos retos y para alcanzar las cosas buenas, tiene que fracasar primero.”

Tan pronto él termina de responder la pregunta de Gabriela, Lucas levanta su brazo para pedir la palabra. El público fija su mirada en él. Revisa su hoja una vez más y dice: “¿Cuál es tu plato favorito?”. “Por lo general, el libro preferido de un escritor es el último que escribió. Eso me ocurre a mí. Mi plato favorito es la última receta que creé”.

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Los niños quedan inquietos con la respuesta del chef. El silencio se apodera del lugar por un momento, hasta que Lucas vuelve a levantar su brazo. “¿Y entonces, cuál es tu última receta?” Los espectadores sueltan una risa: todos identifican su astucia para lograr que el entrevistado responda lo que él quiere escuchar. “Bueno. Mi última receta son los buñuelos rellenos con chicharrón, con queso de cabra… ¡Y son buenísimos!”. Lucas asiente con la cabeza. Ya está satisfecho con la información.

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Emilio, un niño de ojos azules y gafas, también tiene una pregunta para el invitado: “¿En tus restaurantes tienes menú para niños?”. Jorge responde con un “¡No!” contundente. Él considera que a los niños se les debe enseñar a comer así como se les enseña a leer o como se les enseña matemáticas: no les tiene que gustar todo, pero deben intentarlo.

Mira fijamente a Emilio y dice: “¿Sabes quiénes son los comensales más sinceros para mí?… Los niños. Si a alguno de ustedes le encanta un plato es porque el plato está bueno. Les creo más a ustedes que a un adulto”.

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Cada pregunta y cada respuesta captó la atención de todos nosotros. No fue una de esas entrevistas en las que los espectadores se aburren. Por el contrario, se mezclaron la imaginación, la inteligencia y creatividad de estos niños, nuestros aprendices de libreros, para deleitar al público con una conversación fascinante.

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Bienvenidos al Restaurante Espantapájaros

i jul 10th No Comments por

No. Este no es un restaurante de alta cocina y tampoco tiene Estrellas Michelin. Aun así, conserva una magia única que atrapa a cualquier persona que entra en él. Sus chefs combinan ingredientes frescos y utilizan las técnicas adecuadas para preparar platos deliciosos. Sus comensales son sinceros y tienen un paladar fino. ¡Bienvenidos al Restaurante Espantapájaros!

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Las mesas y las sillas están en su lugar. Los individuales están llenos de color. Algunos son verdes y amarillos, mientras que otros son azules y rojos. Sobre ellos están una servilleta y una cuchara. En una pared se encuentra la carta. Crispetas, montaditos sobre arepa, nachos y merengue con fresas conforman el menú para hoy.

Los chefs y los comensales trabajaron en equipo durante una semana. Se divirtieron cocinando, probando nuevos sabores y organizando los manteles e individuales para darle al Restaurante Espantapájaros su propia distinción. Flora probó los arándanos y después aseguró: “Yo no quiero ponerlos en la receta porque son muy dulces”. Celeste regó el queso por toda la masa de una pizza y luego puso el jamón, no sin antes haberle hecho el control de calidad a cada ingrediente. Tomás mordió el merengue asegurándose de no comer la fresa. “A mí no me gusta el sabor de las frutas”, decía.

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En la decoración del lugar hay todo tipo de dibujos. Detrás de una mesa, en la pared, está la silueta de una persona: Martina la dibujó con marcadores. Simón, uno de los chefs, se acerca a ella y la observa con atención. Extiende su dedo y dice: “Él es Jorge”.

Los miembros del restaurante se han preparado para la llegada de un invitado especial. Juan Martín lució su traje de chef por todo el lugar. No solo se vistió con gorro y delantal para cocinar, sino también para recibir a Jorge Rausch como se debía. Los niños siguieron, al pie de la letra, las recetas de su libro Yo también quiero ser chef. Pizzas, barritas de granola y torta de pancake fueron algunos de los platos que cocinaron. Isabela probó la torta y sonrío. Aseguró que no estaba rica, sino deliciosa.

 

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Tan pronto Jorge llega al Restaurante Espantapájaros, los niños se acercan para saludarlo. Juan Martín lo abraza y le muestra su traje. Mariana le dice que a ella también le gusta cocinar. Martina abre el libro y le pide que se lo firme. Él mira con agrado cada detalle: los individuales y manteles que ellos mismos hicieron, el letrero que da la bienvenida al restaurante, el menú, los dibujos y las fotografías. Carmen le muestra la foto en donde está preparando las barritas de granola y Jorge le pregunta: “¿Te gustaron?” Ella, con firmeza, responde: “¡Sí!”.

Los comensales, un grupo de niños, se ubican en cada mesa y se alistan para comer. Joaquín disfruta la arepa. Antonia muerde el merengue. Julieta sujeta un recipiente con crispetas y las empieza a comer, una por una. Todos se concentran, pero sin dejar de observar a Jorge Rausch.

 

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Después de unos minutos, él se sienta para firmar los libros. Es el turno de Antonia. Ella lo mira y le pregunta: “¿Cierto que tú cocinas lo salado y tu hermano, lo dulce?” Él le responde: “Sí, señorita”. La mamá de Antonia, a lo lejos, afirma que a su hija le encanta cocinar. “¿Qué te queda más rico?”, dice Jorge mirando a Antonia. “Todo”, contesta ella.

 

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El Restaurante Espantapájaros es único. El interés de sus miembros por aprender, mostrar lo que han hecho y recibir con agrado a su invitado fue suficiente para captar la magia de este lugar.

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La visita de Paloma Valdivia a nuestro jardín

i may 12th No Comments por

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Paloma Valdivia, autora e ilustradora chilena invitada a Filbo 2017, compartió una mañana con los niños de Espantapájaros. Hemos leído y cantado sus libros desde hace muchos años y algunos como “Duerme Negrito” , “Estaba la rana” y “Yo tenía diez perritos”, han estado en nuestra lista de Los más mordidos.

 

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Los lectores de Paloma en el jardín de Espantapájaros tienen entre 1 y 5 años. Pensamos que cada bebé nace con un libro debajo del brazo y por eso nuestros encuentros con los autores son una experiencia que se prepara para que, más allá de la firma de libros, tenga un antes, un durante y un después. Cada encuentro con los creadores de las historias que pueblan nuestra imaginación es un ritual. En la espera nos llenamos de ilusión y de cierta forma la construimos: leemos una y otra vez las páginas y compartimos nuestro mundo con el de las historias.

Los papás y las mamás de los niños fueron invitados a una “Hora del cuento” y, con nuestras voces y las suyas, seguimos conociendo a Paloma y cada niño empezó a contarle a su familia qué libro o libros quería elegir (¡Decisiones muy difíciles!)

(Mónica Giraldo, mamá del jardín, cantando con los niños de 4 y 5 años del grupo de Lucía Liévano)

Y así creció en nosotros el anhelo hasta que por fin llegó el día tan esperado. Nuestra casa recibió a Paloma Valdivia con todas sus historias.2222

Las semanas de preparación, los libros que leímos y las canciones que cantamos y toda nuestra ilusión se desbordó y le dimos una serenata.

 

¡Teníamos tantas preguntas y queríamos contarle tantas cosas de sus libros!

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Por ejemplo, que sabíamos en qué trabajaban los castores y que, como las abejas, nuestros padres también trabajan mientras que nosotros jugamos. Le preguntamos además sobre su abuela que habíamos visto dibujada en “Es así” y nos contó que cuando su hijo bajaba del cielo se cruzó con su abuela que subía. Ambos se saludaron y se desearon felicidad.

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En los días anteriores a su visita habíamos estado conversando sobre los que vienen y los que se van y habíamos dibujado, así como hace Paloma, nuestros propios personajes que se cruzaban en el cielo. Sofía nos contó de la hija de Lina que iba a nacer y que se cruzaría con los pajaritos que enterró Max. El tigre bebé del que nos habló Bernardo con seguridad se cruzó con Simón Bolívar, que Gael dibujó como uno de los personajes que se había ido.

¡Y después de nuestras conversaciones Paloma nos mostró el regalo que traía para Espantapájaros! Es una de sus nuevas ilustraciones para un libro aún inédito sobre la imaginación. Entonces jugamos a pensar en todo lo que podíamos imaginar…

Un monstruo con dos cabezas

Muchos animales marinos

Y también ovejas que navegan con el marinero.

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Queríamos que Paloma firmara todos nuestros libros.

Los niños, tan sabios y expertos en elegir el libro justo para el momento justo, decidieron qué libros querían que la autora les firmara.

Rebeca trajo toda su colección.

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Y en las páginas Paloma firmó y dibujó pájaros y flores, nuevos personajes que poblaron las historias.

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También tuvimos tiempo de mostrarle nuestras páginas favoritas y leerlas con ella. En algunos casos la emoción nos dejó mudos.

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Su visita, como sus libros, se grabó en nuestras memorias.

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En nuestra casa todavía se oyen murmullos de sus canciones y como lectores seguimos releyendo y, con nuestros padres, continuamos encontrándonos en los libros.

¡Gracias Paloma!

 

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¡Paloma nos escribió para agradecernos por tantas sorpresas! Sigue admirando la belleza de los dibujos de los niños y las actividades que teníamos planeadas para ella la conmovieron hasta casi llorar. Para Paloma también fue una experiencia inolvidable.

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El silencio en “Los ahogados”

i abr 19th No Comments por

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Se abre el libro con una cortina de agua que cae del cielo y el lector se sumerge en un mundo gris y áspero creado por el grafito del lápiz sobre el papel. Empieza a contarse, en dos tiempos y en silencio, pasado y presente, la historia de una pareja que corre hacia una casa, antes para esconderse como enamorados, ahora, con un niño en brazos, a buscar refugio. Con un recurso casi cinematográfico, las ilustraciones le muestran al lector cómo el mismo lugar cambia de un tiempo a otro. La continuidad del gris de uno de los tiempos, el tiempo que primero ve el lector, el tiempo en el que el agua cae continuamente, es interrumpido por ilustraciones con un tono rojizo: veladas por una luz cálida que evoca la luz del sol de los días de playa.

La voz de la historia comienza con el texto que encierra a la pareja en aquella casa y que le muestra al lector la vida detrás de las persianas en la que viven. Un encierro que, sin embargo, se muestra como el término de una larga huida, de un caminar por las costas que parecen infinitas en busca de un albergue. Y sobre las costas por las que caminan, que parecen no acabar, aparece un bulto, un lobo marino, una foca quizá. No, un ahogado, un ahogado más. Mientras la pareja corre por las costas y mientras que la casa en la playa trata de borrar cualquier rastro de su existencia, el recuerdo del bulto sobre la costa le da paso a las pesadillas.

Comienza entonces el texto a remontarse al tiempo evocado por las ilustraciones de la luz cálida: el tiempo en el que la pareja se conoció en un río. A medida que corre el pasado, el presente va cerrando cada vez más a los personajes a los confines de la casa, extinguiendo poco a poco su existencia. Igual que la vida de los personajes, las palabras comienzan a cerrarse sobre sí mismas para cubrir rígidamente una realidad siempre latente pero subterránea a la que, sin llamar, el texto hace referencia todo el tiempo. La necesidad de ocultar y ocultarse, de minimizar cualquier tipo de expresión, reflejada en la rigidez de las palabras, se convierte en silencio; silencio que trasciende las palabras e inunda incluso de una de las manifestaciones más básicas del sentimiento, el llanto. El agua inunda el relato y rodea la casa, asediándola, pero ni una lágrima corre desde adentro. La historia termina en un grito de silencio, cuando al borde del abismo las palabras no pueden decirlo más, y las ilustraciones toman de nuevo al lector para revelar aquel subtexto callado y aquel miedo de los sueños de que ese otro pueda ser yo.

Un relato áspero y desgarrador sobre las desapariciones en la época de la dictadura argentina contada por una autora y un ilustrador que la vivieron de cerca. María Teresa Andruetto, escritora argentina ganadora del prestigioso premio Hans Christian Anderson, es quien le da las palabras a esta historia, una de las muchas posibles historias de un episodio de su país difícil de nombrar. Daniel Rabanal, ilustrador argentino que ha publicado varios libros y de novelas gráficas, es también un invitado a la FILBO 2017.

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En el mismo lugar, en otro tiempo

i abr 19th No Comments por

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Un campo florido y dos niñas que caminan de la mano aparecen en la portada que envuelve el texto de Un día más contigo caminando en un tarde de primavera. Un corte en forma de círculo abre la portada del libro y revela la imagen de las niñas que caminan juntas, mostrándole al lector lo que naturalmente no podría ni debería ver: una imagen que está al otro lado de la solapa, en el revés. Al final las dos imágenes que solo se cruzan por el artificio de un troquel, ocupan el mismo plano, aquel del campo florido en primavera. Siempre unidas y separadas.

Empieza la historia antes del día y en el silencio, con la imagen de una niña que mira por la ventana a una estrella en el cielo. En la mañana y en forma de carta comienza la voz del personaje y su camino. A través de las páginas y páginas el lector sigue al personaje a medida que se aventura por un camino familiar recorrido muchas veces antes que se convierte en uno nuevo, un camino donde “la brisa sigue soplando, las flores siguen abriéndose y el sol sigue saliendo. Pero algunas cosas han cambiado.” Siguiendo los pasos de la niña, siempre viendo su espalda, el lector comprende que su camino está labrado por la ausencia y que su fin está en la resolución de una promesa aún sin cumplir.

El camino se convierte en una escenificación de una conversación con la distancia y la ausencia de ese “tú” al que están dirigidas las palabras, que se vierten sobre el camino y que convierten el mismo lugar en otro lugar donde se abren espacios creados por las elucubraciones de quien camina y reflejo de sus sentimientos. Este otro lugar, hecho de recuerdos y sentimientos, aparece representado en imágenes metafóricas: un salón colmado de patitos de hule sin identidad, dos amigas y un oso navegando con una casa sobre un bote en el mar por la noche o las clases de baile con un hipopótamo rosado.

El camino de la niña y el lector, que va siempre detrás de ella y que, por la disposición de los dibujos, se inclina a ver con los ojos de la protagonista, termina cuando se cumple la promesa; cuando no hay más distancia por recorrer. Cuando, en cierta medida, se ha sanado la distancia entre ese tú ausente y el yo que constantemente lo llama. El pasar y el caminar, atados a la meditación siempre unida al duelo, al dejar de ser del tiempo atrás, se unen a la belleza y luminosidad de las ilustraciones del camino que profundizan el sentimiento de nostalgia del libro. Parecería ser un mundo lleno de luz fabricado con paisajes de ensueño que se muestran indiferentes al dolor de la protagonista. Es el mismo mundo alegre el que aparece al lado del camino tantas veces recorrido en compañía; el mismo lugar, en otro tiempo, recorriendo una vez más contigo una tarde de primavera. El viaje, el camino, se convierte en la conversación con la ausencia, en una repetición en el presente de ese tiempo pasado que nunca más será y que, sin embargo, en la ausencia y la imaginación, es.

Jimmy Liao, autor e ilustrador taiwanés y creador de esta historia, es uno de los principales referentes de la literatura infantil. Después de haber trabajado años como publicista y tras haber sufrido de leucemia, Liao decide abandonar su empleo para convertirse en escritor. Desde entonces ha publicado varios libros ilustrados y libros-álbum, entre los que figuran Desencuentros, Esconderse en un rincón del mundo y El sonido de los colores, algunos de los cuales han sido adaptados a proyectos cinematográficos.

 

Daniela Vernaza Civetta

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