Nuestra directora: “Competencias argumentativas para servidores públicos”

i sep 24th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 24 de septiembre de 2018, Yolanda Reyes escribió:

Competencias argumentativas para servidores públicos

 

“Son las dos o tres semanas más desagradables que he sentido, con el senador Robledo echando Twitter cada dos minutos, sus compinches en la gran prensa bogotana, sus aliados y sus barras bravas”, declaró, visiblemente exaltado, el ministro de Hacienda en el debate sobre los bonos de agua. Ciento diecisiete municipios de los más pobres del país se endeudaron para construir acueductos, llevan años pagando intereses y deben más de lo que les prestaron, sin construir nada, en su mayoría. El Ministro fue citado por haber tenido injerencia en la estructuración del sistema de financiación cuando ocupó el mismo cargo hace unos años y por haber tenido, posteriormente, negocios relacionados con esos bonos en su firma privada.

El periodista Daniel Coronell, presidente de la división de informativos de Univisión, denunció la situación en su columna de ‘Semana’ y Jorge Enrique Robledo, el senador que se ha destacado por sus debates en el Congreso, citó a Carrasquilla al debate. En ese contexto, ¿hay que decirle al servidor público que disculpe las molestias por pedirle explicaciones, también públicas, o habría que disculparse, más bien, con los ciudadanos de esos municipios que aún no tienen agua potable? ¿A quiénes se refiere el Ministro con ese término de historieta: ‘compinches en la gran prensa bogotana’? (Me queda sonando eso de ‘bogotana’: ¿qué piensa el Ministro de la prensa de otros lugares del país?). ¿Cuál debería ser el rol de los medios, según él, y cuál el de los parlamentarios? ¿Por aliados y barras bravas se refiere a la ciudadanía que elige a los senadores para que la representen?

Además del problema del agua que requiere, como el de la alimentación escolar y tantos otros en los que se vulneran derechos fundamentales, de muchos debates centrados en la búsqueda de explicaciones sobre la incapacidad política nacional y local para garantizarlos y sobre las denuncias relacionadas con incumplimientos o conflictos de intereses, lo más preocupante del debate no es, ni siquiera, lo que se dijo en el Congreso, sino la forma de decir y de reaccionar, como si pedir y dar explicaciones rigurosas no fuera una obligación y como si un debate parlamentario fuera una competencia de boxeo y su objetivo fuera aniquilar al enemigo, en vez de buscar explicaciones y, ojalá, soluciones a problemas que involucran bienes públicos.

Con excepciones brillantes, que no voy a nombrar, pues quiero centrarme en el sentido general, me parece que todos perdimos. La lógica de la argumentación, si se puede llamar ‘lógica’ esa manera de hablar sin escuchar y sin interesarse en seguir la argumentación del otro, fue una asignatura pendiente en muchas intervenciones y la exhibición (o el exhibicionismo) de una retórica acalorada en la que prevalecía la fuerza de las mayorías sobre la naturaleza de los argumentos y con la que algunos parlamentarios hablaban sin decir nada más que lugares comunes refleja carencias dramáticas, precisamente en el Parlamento, que es el escenario por excelencia para el ejercicio democrático.

La falta de pensamiento crítico y de habilidad para expresar argumentos en tiempo breve, lo mismo que la pobreza lingüística y el desconocimiento de reglas gramaticales básicas de algunos “oradores”, es una alerta para el sistema democrático, o quizás, lo que resulta más grave, el reflejo de un país incapaz de contrastar fuentes, versiones y posturas diversas (y del que tampoco puede exonerarse, bueno es reconocerlo, a la prensa). Si la responsabilidad para sustentar y comunicar las ideas es el principio esencial para asumir la responsabilidad de los propios actos, hay razones profundas para preocuparse.

YOLANDA REYES

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Del 17 de octubre al 7 de noviembre

i sep 20th No Comments por

Encabezado

La infancia, como la conocemos ahora, es una construcción reciente y muchas de las ideas que hoy tenemos sobre las enormes capacidades de los niños para hacerse preguntas profundas y expresar sus opiniones tienen relación con cambios políticos, sociales y culturales que han transformado también nuestras ideas sobre la  familia y la escuela. En ese contexto, la literatura infantil ha tenido una gran influencia en nuestras maneras de leer la complejidad del mundo psíquico de la infancia y nuestras formas de hablar con -y acerca de- los niños les deben mucho a los escritores que se tomaron muy en serio la  exploración de esa “Tierra de Nunca Jamás” de la que venimos todos los seres humanos.

Foto libros

De izquierda a derecha: Juan, Julia y Jericó de Christine Nöstlinger, Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, Peter Pan y Wendy de J. M. Barrie, y Las brujas de Roald Dahl.

A través de la lectura de obras de J. M. Barrie, Lewis Carroll, Roald Dahl, Christine Nöstlinger y  otros autores que cambiaron las formas de escribir para los niños, descubriremos las razones por las que sus novelas han sido y siguen siendo leídas por tantos niños y tantos adultos en todo el mundo. La escritora  Yolanda Reyes y el crítico Fanuel Hanán Díaz serán los guías en esta exploración por la literatura infantil contemporánea que dejará resonando muchas ideas y muchas posibilidades para leer, releer y dar de leer a los niños.

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Comunidad Espantapájaros: Cumpleaños en pañales

i sep 18th No Comments por

Encabezado completo

Siena ha estado viniendo al taller de Cuentos en Pañales desde que tenía 7 meses. El 30 de agosto cumplió su primer año y en Espantapájaros lo celebramos de la mejor forma que conocemos: en medio de libros y con la compañía de su mamá, amigas y amigos.

Nathalia, la profesora, seleccionó los libros más divertidos sobre cumpleaños. El favorito de Siena fue Regalos, de Estrella Ortiz y Carles Ballesteros, por el juego de las cosquillas, que son el regalo para la niña. ¡El salón se inundó de risas!

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Feliz cumpleaños

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Comunidad Espantapájaros: Carolina Vegas y “la culpa de las mamás que trabajan”

i sep 17th No Comments por

ComunidadEspantapajaros

Más que un jardín infantil, Espantapájaros es una comunidad: un grupo de personas, grandes y pequeñas, que están cerca, se apoyan, se oyen, comparten preguntas, ideas, y búsquedas. En estos años nos hemos dado cuenta de que hablar con las mamás y los papás de nuestros niños nos abre la mente. Y como siempre estamos recibiendo información sobre sus experiencias, oficios, miradas y opiniones, hemos decidido que queremos compartirla con ustedes. A partir de hoy, cada semana publicaremos un enlace, un artículo o un video de un miembro de la Comunidad Espantapájaros: una mamá, un papá, una abuela, un abuelo, una ex alumna, un ex alumno… o cualquier persona que esté unida a nosotros por los hilos del afecto y el recuerdo.

Carolina

©Guillermo Torres

Hoy les recomendamos este artículo de Carolina Vegas: “La culpa que persigue a las mamás que trabajan“. Carolina es escritora, periodista y editora. Es la autora de los libros Un amor líquido El cuaderno de Isabel y actualmente es editora de la revista Semana. En esta revista, ha creado un espacio, “Universo Crianza”, para hablar sobre todo lo que pasa en la vida cuando se toma la decisión de tener y criar hijos. Los invitamos a que exploren la página y, especialmente, a que lean este artículo, sobre la culpa, las responsabilidades y las emociones relacionadas con trabajar y ser madre.

Esperen la próxima semana más noticias de la #ComunidadEspantapájaros

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Nuestra directora: “La política de los árboles”

i sep 10th No Comments por

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 10 de septiembre de 2018, Yolanda Reyes escribió:

La política de los árboles

 

 

Cuántos años vive un árbol? ¿Es posible hacer una equivalencia entre un año humano y un año árbol, así como decimos que un año canino equivale a siete nuestros? Suponiendo que algo similar pudiera generalizarse a todas las especies de árboles, ¿durante cuántos años puede ser viejo un árbol y seguir en pie, dando albergue y sombra? ¿Todo árbol viejo representa una amenaza para la ciudad, un peligro para la humanidad?

¿Ser viejo –en árbol, en gente– es una enfermedad terminal? ¿Hay que eliminar todas las especies viejas, las “no nativas”, las que se salen del marco de la calle y las que no coinciden con el gusto de un mandatario o con el diseño paisajístico de una administración? ¿Qué significado tiene que la Alcaldía de Bogotá haya autorizado jornadas nocturnas de talas masivas en los espacios públicos y, para “cumplir con el requisito” de informar a la comunidad, se haya limitado a comunicarles el procedimiento a algunos vigilantes de edificios de la zona?

Además del pavor de despertarse a la una de la madrugada por el sonido de una motosierra y del dolor de sentir que están derribando un árbol amado que estuvo ahí, frente a la ventana o en el parque del barrio, desde que los vecinos tienen memoria, ¿qué mensaje les da a los ciudadanos, a los más nuevos y a los mayores, una tala masiva e inconsulta con el argumento de que todos los árboles representan peligro para la gente? ¿Qué significa esa generalización que, según lo han demostrado ciudadanos informados, se llevó árboles sanos para reemplazarlos por otros o para ‘despejar’ el espacio? ¿De quién es el espacio público?

Como un precedente que ojalá marque un cambio de paradigma en las decisiones administrativas de la Alcaldía, la Personería de Bogotá suspendió la tala en la carrera 9.ª argumentando “fallas en los procesos de socialización”, “inconsistencias en los estudios técnicos” y afectación “del derecho fundamental de los ciudadanos a la participación”. Según afirmó la personera, “en Bogotá pareciera que la voz de los ciudadanos no se tuviera en cuenta y no tuviera ninguna repercusión en la toma de decisiones”. Por su parte, el subsecretario de Ambiente del Distrito explicó que se trataba de “un ejercicio normal de mantenimiento”, que había un equipo idóneo encargado de evaluar el estado de los árboles y no era la primera vez que la Alcaldía hacía estos procesos. (Y para demostrarlo citó cifras de talas hechas en las administraciones precedentes).

No es la primera vez que se hacen talas masivas en Bogotá, en eso tiene razón el subsecretario, pero sí es la primera vez que la ciudadanía logra suspenderla con argumentos sustentados y el apoyo de la institución diseñada justamente para apoyar la voz ciudadana, y ahí hay un precedente que recoge cambios ecológicos en el sentido amplio de cómo nos relacionamos con todos los seres vivos para propiciar una ética del cuidado, y en el sentido político de lo que implica una participación ciudadana, activa y deliberante, para garantizar esa corresponsabilidad de cuidar nuestro hábitat.

En estos tiempos difíciles para el planeta, la política ambiental de todas nuestras ciudades no puede perder de vista que, independientemente de sus orígenes foráneos o nativos, los árboles son de todos, ni que talar un árbol es asumir la responsabilidad de una vida –o de muchas: la de un hábitat completo– que se pierde irremediablemente. Y debe tener claro que ningún árbol sano (o salvable) se puede reemplazar por otro, como no se reemplaza una mascota por otra ni un ser humano achacoso por otro más saludable. Que cada árbol tiene una respiración, una sombra y unas raíces, a veces enmarañadas, que se aferran a la vida, como lo hacemos nosotros.

YOLANDA REYES

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Proyecto: Indígenas

i sep 3rd No Comments por

¨Todo comenzó por una mochila¨

 Proyecto de aula sobre los indígenas de Colombia

Los niños y los adultos de Espantapájaros leemos el mundo. Todo el tiempo preguntamos por qué, por qué, por qué… cómo, cuándo, dónde… y otra vez por qué. Nos interesa entender todo lo que sucede a nuestro alrededor (y lo que sucede lejos de nuestro planeta también) y sabemos que detrás de cada pregunta se esconde una historia.

El trabajo por proyectos de aula es una forma de trabajar con los niños y las niñas que celebra sus preguntas y las aprovecha para abrir la puerta a experiencias, lecturas, aprendizajes y discusiones. Aquí, en el jardín infantil, trabajamos por proyectos con los grupos de los medianos y los grandes y esto siempre ha sido inspirador para el equipo pedagógico, para las familias y, sobre todo, para los niños y las niñas.

Todos los semestres, cuando se acaban las vacaciones y se forman nuevos grupos, el trabajo de cada maestra de Espantapájaros es descubrir cuál es el tema que más les interesa a los niños con los que va a trabajar. Y es un trabajo muy entretenido porque implica oírlos, estar ahí, mirar a qué juegan, qué preguntas han traído de la casa, qué libros buscan, qué historias despiertan más emociones. Así se elige cuál será el proyecto de aula. Así se decidió el semestre pasado que el grupo de Liliana haría un proyecto de aula sobre los indígenas. 

Como lo cuenta el ¨libro¨ que los niños escribieron e ilustraron (libro que hemos decidido compartir con ustedes, en formato digital), todo comenzó por la mochila arhuaca que Flora trajo al salón. Al verla, y al enterarse de que la habían hecho los arhuacos, Flora y sus compañeros empezaron a hacerse preguntas sobre los indígenas: ¿Quiénes son? ¿Cómo viven? ¿Qué les gusta? ¿Qué comen?

Leyeron historias, mitos y leyendas, conocieron a dos indígenas de la comunidad de los arhuacos que visitaron el salón para hablar con ellos, descubrieron nuevos sonidos, texturas, colores, sabores, llegaron a pensar en la idea de “comunidad”, y entendieron que nosotros, los adultos y los niños de Espantapájaros, también somos una comunidad. Las actividades del semestre (cocina, arte, música, literatura, juego, exploración del medio) estuvieron relacionadas de muchas formas distintas con el proyecto sobre los indígenas. El resultado de esos seis meses es este libro, con textos e imágenes en las que están muy presentes los niños y las niñas, sus inquietudes y su forma de ver el mundo.

Lo compartimos con ustedes y esperamos que lo disfruten.

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Nuestra directora: “A pie por la Gran Colombia”

i ago 27th No Comments por

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 27 de agosto de 2018, Yolanda Reyes escribió:

A pie por la Gran Colombia

 

 

‘El éxodo venezolano atraviesa los Andes’, se titula un artículo sobrecogedor que escribió el periodista colombiano Santiago Torrado para el diario ‘El País’ de Madrid sobre la odisea de los migrantes que recorren cerca de 1.500 kilómetros desde Cúcuta, en la frontera nororiental con Venezuela, hasta Ipiales, en la suroriental, para pasar el puente de Rumichaca, entrar a Ecuador y continuar hacia Perú, o más allá.

Toma casi treinta horas hacer ese trayecto por carretera, y bastantes más si hay que hacer autostop, pero andar a pie requiere mucho más tiempo: quizás el mismo que les tomó hace dos siglos a los lanceros de nuestras guerras de independencia subir desde los llanos hacia la cordillera Oriental (descalzos, sin abrigo, tosiendo, llenos de picaduras y temblando de frío). Al igual que miles de desplazados que atraviesan tantos países de este mundo para salvarse de guerras, tiranías e inequidades (en pateras, como en el Mediterráneo; en trenes como La Bestia, que cruza Centroamérica hacia Estados Unidos, o en ‘flotas’ y tractomulas que serpentean por nuestras carreteras llenas de curvas y precipicios), los migrantes venezolanos andan con sus familias o van a reunirse con ellas en algún lugar de esta Gran Colombia.

En lo que va de 2018, mientras usted y yo estuvimos concentrados en nuestros asuntos y apenas nos fijamos en algún venezolano que tocaba un violín o un cuatro en alguna esquina de nuestras ciudades, veinte o treinta buses, cada uno con alrededor de cuarenta puestos, atravesaron nuestro país diariamente, de paso hacia Ecuador, según relata el artículo. La simple multiplicación da 1.200 personas al día, contando únicamente a quienes pueden pagar viajes en bus, pero en los días cercanos al 7 de agosto aumentaron a 8.000, con el rumor de que el presidente Duque planeaba cerrar la frontera. En la terminal alterna que ya existe en Ipiales para estos expresos –y que también vende comidas, abrigos, gorros de lana y todos esos productos relacionados con la “economía migratoria”–, alguien le dijo a Torrado que alcanzó a contar setenta y dos buses, y luego perdió la cuenta.

Lo que resulta sobrecogedor del artículo de ‘El País’, y lo que nos plantea un desafío no solo periodístico, sino humano a todos es asomarse a un drama del cual aún no hemos tomado plena conciencia y que, detrás de cada cifra, cuenta una historia particular, o mil historias de exilios, de pérdidas y despedidas. Una mujer embarazada que echa a andar con su pareja, como hace tantísimos siglos, en busca de un país en donde pueda nacer y vivir su hijo; una familia rota entre una frontera y un guardia, un bebé con un gorrito de lana y unos ojos brillantes que miran el nuevo mundo en los brazos de una madre con la mirada triste y perdida de cansancio son las imágenes que se multiplican por mil en nuestra frontera para volver a contar esa épica de la migración que, paradójicamente, se ve mejor cuando no se está cerca.

Así como muchas veces me he preguntado cómo se puede vivir cerca de una playa en la que naufragó un barco lleno de familias de inmigrantes o pasar diariamente por un refugio donde unos niños siguen esperando la reunificación familiar ordenada al gobierno Trump, hoy me pregunto en dónde hemos estado mientras 547.000 venezolanos de todas las edades atravesaron este país. ¿Cómo recordarán esos niños las imágenes de ese exilio que los marcarán durante el resto de sus vidas? ¿Qué circunstancias hacen que una familia ponga en riesgo a sus hijos para salvarlos del riesgo mayor de quedarse en su tierra? Como escribió la poeta anglo-somalí Warsan Shire: “Tienes que entenderlo: nadie pone a su hijo en un barco, salvo que el agua sea más segura que la tierra”.

YOLANDA REYES

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“Constelaciones”: una historia de Juliana Camacho

i ago 23rd No Comments por

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En Espantapájaros, agosto es un mes muy emocionante. Al jardín infantil llegan niños, niñas y bebés que no conocíamos; personas nuevas, fascinantes, que nos enseñan cosas desde que las vemos llegar por primera vez.

Las personas que pasan por Espantapájaros son muy difíciles de olvidar (tal vez imposibles). Hoy, por ejemplo, recordamos que hace cinco años entró al jardín Olivia Correa. Su lugar favorito era el parque, o, al menos, el lugar del que más hablaba: gritaba “¡paque! ¡paque! ¡paque!”.

Su mamá, Juliana Camacho, escribió para su blog (Mi vida con Olivia) este artículo precioso sobre la llegada al jardín infantil, sobre cómo ese cambio en la rutina les transformó la vida a las dos y les abrió el universo. Decidimos compartirlo con ustedes en nuestro blog, porque sabemos que varios papás, mamás, abuelos, abuelas, tíos, tías, hermanos y hermanas mayores se están preguntando, como se lo preguntaba Juliana, cómo soltar la mano de los más pequeños de la casa.

Pasen y lean:

Constelaciones

 

Uno sabe que en el universo hay otros planetas, miles de estrellas y agujeros negros, soles distantes que no nos alumbran y lunas que no vemos al caer la noche. Sin embargo, la vasta extensión del universo es tan cercana a la idea de infinito, que a veces nos cuesta hacerla entrar en nuestro entendimiento – siempre un poco miope -.

Hace una semana Olivia entró al jardín infantil. Hace ocho días ella y yo nos tomamos de la mano, cruzamos el portal de Espantapájaros y descubrimos juntas una nueva constelación. Olivia sabía que en el mundo hay otros niños y otros adultos, que existen rodaderos, libros, columpios, casas. Pero desconocía la estructura que se forma cuando todos esos elementos confluyen en un mismo punto del universo. Ella entró al jardín como quien mira a través de un telescopio. Todo tan misterioso, tan apasionante. ¿Quiénes son esas señoras tan simpáticas que la saludan y la invitan a seguir? ¿Por qué tantos niños como ella jugando entretenidos, corriendo, conversando a media lengua? ¿Y ella dónde se ubica en ese cielo extranjero?

Uno

A mí me pasó algo similar. Sabía de la existencia de los jardines infantiles porque asistí a uno de ellos cuando tenía la edad de Olivia, porque los veo desde la calle y sé para qué sirven. Incluso, desde antes de tener a Oli en mi barriga supe que mi hija iría a Espantapájaros porque a Yolanda Reyes, su directora, la conozco desde tiempo atrás y admiro su trabajo, además de compartir su visión de la infancia. Pero aún así, hace una semana crucé la puerta de “Espanta” nerviosa y expectante. ¿Cómo hago para soltar la mano de mi Olivia? ¿Cómo dejarla ir a otra constelación tan poblada de estrellas nuevas?

La respuesta a sus preguntas y las mías se ha dado serenamente, sin traumatismos. Con la ayuda y la comprensión del equipo de Espantapájaros, Olivia y yo hemos aprendido en estos días a conocer la dinámica de esta nueva porción del universo, y sobre todo a encontrar nuestro lugar allí. La pequeña Oli ha disfrutado conocer nuevas estrellas que como ella saltan y titilan. También ha visto que en la nueva galaxia hay otros satélites parecidos a mamá y papá, que la cuidan y le enseñan cosas nuevas. Yo también he podido soltar su mano de a pocos, acercarme y alejarme por momentos, como los eclipses.

Tres

El pasado lunes, una semana después de haber emprendido juntas nuestro viaje intergaláctico, crucé la puerta de Espantapájaros con mi pequeño planeta – mi pequeña estrella – sonriente, tomada de mi mano. Ya adentro, Oli me soltó y yo le planté un beso grande en la frente. La vi acercarse a otros niños hasta perderse en medio de esa nueva constelación. Entonces, fui capaz de ocultarme por unas horas como el sol cuando es de noche o la luna cuando es de día.

Dos

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¡Bienvenidos a su nueva casa!

i ago 14th No Comments por

Volvió la alegría a Espantapájaros…

¡Nuestros niños nuevos han estado conociendo su segunda casa! En esta etapa determinante de sus vidas, la transición se ha hecho a través del juego y, como siempre, con la compañía de toda la familia. 

Algunos han preferido jugar en el muñequero: con carritos, martillos o bebés.

(Gabriel Buitrago Góngora, Sebastián Consuegra María y Alejandro López Venegas)

(Gabriel Buitrago Góngora, Sebastián Consuegra María y Alejandro López Venegas)

(Paula Granados Blanco)

(Gabriel Buitrago Góngora y Paula Granados Blanco)

(Simón Barrales Quintero)

(Simón Barrales Quintero)

Otros prefirieron estar al aire libre: para jugar en la arenera, resbalarse por el tobogán o cocinar…

(Alana Camargo Moreno y su papá, Juan David Camargo)

(Alana Camargo Moreno y su papá, Juan David Camargo)

(Gabriel Buitrago Góngora y Sofía Malagón Marín)

(Gabriel Buitrago Góngora y Sofía Malagón Marín)

(Alejandro López Venegas)

(Alejandro López Venegas)

(Sebastián Consuegra María)

(Sebastián Consuegra María)

¡También  hubo torres altas y sonrisas enormes!

(Emiliano Barreto Benavides)

(Emiliano Barreto Benavides)

(Silvana Jiménez Méndez)

(Silvana Jiménez Méndez)

Y, claro… ¡los libros estaban por todas partes!

(Carmen Dreyer Navas, Paula Dreyer Navas, y su papá, Pablo Dreyer)

(Carmen Dreyer Navas, Paula Dreyer Navas, y su papá, Pablo Dreyer)

¡Qué ilusión volver a recibirlos en este hogar!

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¡Así terminó nuestro curso de vacaciones!

i jul 30th No Comments por

El viernes 27 de julio cerramos nuestro curso de vacaciones de la mejor forma que conocemos: con libros. 

Invitamos a las familias a visitar “la feria de los más mordidos” y organizamos un picnic literario con nuestros cuentos favoritos.

¡Todo listo para comenzar!
¡Todo listo para comenzar!

Cada familia escogió un lugar de la casa, aunque eso era lo de menos… ¡lo más importante eran las lecturas compartidas!

(Emma Gallego y su abuela)
(Emma Gallego y su abuela)

(Valentina Angarita y sus abuelos)
(Valentina Angarita y su familia)

(Joaquín Sarmiento y su mamá, Juanita Kremer)
(Joaquín Sarmiento y su mamá, Juanita Kremer)

Había algo nuevo en Espantapájaros: un micrófono abierto para que los niños se acercaran a leer. ¡Y casi todos participaron!

(Miguel Morera leyendo Donde viven los monstruos)
(Miguel Morera leyó Donde viven los monstruos de Maurice Sendak)

(Susana Perilla leyendo Mi madre es rara)
(Susana Perilla leyó Mi madre es rara de Rachna Gilmore y Brenda Jones)

(Alejandra Muriel y su mamá, Mónica Benrey, leyendo Vamos a cazar un oso)
(Alejandra Muriel y su mamá, Mónica Benrey, leyeron Vamos a cazar un oso)

(Joaquín Muñoz y Yolanda Reyes leyendo El libro del osito)
(Joaquín Muñoz y Yolanda Reyes leyeron El libro del osito)

(Gabriel Sandoval y su papá, José Sandoval, leyendo Mi burro enfermo)
(Gabriel Sandoval y su papá, José Sandoval, leyeron Mi burro enfermo)

(Leonardo Castro, papá de Nicolás Castro, leyendo ¡No, no fui yo!)
(Leonardo Castro, papá de Nicolás Castro, leyó ¡No, no fui yo!)

También había una pequeña librería, atendida por los “niños libreros”, en la que todos podían encontrar su libro favorito. 

(Pablo y su abuela buscando la mejor opción para comprar)
(Pablo y su abuela)

(Susana Perilla y su mamá, Marcela Arenas, recorriendo la librería)
(Susana Perilla y su mamá, Marcela Arenas)

¡Nos vemos el próximo año!

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