Adivina quién cumple 30 años

i oct 10th No Comments por

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Matilda

En octubre de 1988, hace treinta años, se publicó por primera vez Matilda, una de nuestras novelas favoritas de Roald Dahl. Para celebrar este aniversario, la editorial que publica el libro en Inglaterra le pidió a Quentin Blake, el ilustrador, que creara una ilustración, o más bien un boceto, para mostrar cómo se imaginaba a una Matilda de treinta años. Blake fue más allá de lo que le pidieron e hizo ocho ilustraciones. Y el periódico The Guardian fue muchísimo más allá y entrevistó a seis autores de libros para niños sobre lo mismo: ¿qué haría Matilda a los treinta años? ¿cómo su infancia influiría en su forma de ser ahora?

Con sus respuestas hicieron este especial en su página: Matilda at 30, Michael Rosen opinó que Matilda ahora sería comediante y Jeff Kinney supuso que trabajaría en una librería, pero aclaró que no sería la dueña. Además de todas las hipótesis interesantes, la noticia nos hizo pensar, con asombro, que ya han pasado treinta años desde que existe Matilda y siempre que lo leemos nos parece tan vigente, tan cercano, tan real, como si Roald Dahl lo hubiera escrito ayer. ¿Por qué sus historias nos importan tanto? ¿Por qué sus personajes son tan especiales? ¿Cómo vemos su influencia en tantos autores contemporáneos que nos gustan? Nos encanta que estas preguntas estén en el aire, como están en el aire las ganas de disfrutar la buena literatura infantil y juvenil.

Nosotros lo celebramos con el curso de “La reinvención de la infancia. Clásicos contemporáneos de la literatura infantil”, en el que leeremos a Roald Dahl.

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Nuestra directora: “Génesis”

i oct 8th No Comments por

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 8 de octubre de 2018, Yolanda Reyes escribió:

Génesis

 

Génesis: ¿cuántas expectativas cifradas en ese nombre? Génesis: esa primera niña del mundo entero que somos todas fue violada y asesinada a los nueve años en Fundación (Magdalena, Colombia). Es muy doloroso afrontar, no solo como familia sino como país, lo que significa matar el comienzo del mundo, pero es imperativo pensar como adultos, más allá de clamar venganza.

Todos conocemos la historia, con innumerables variaciones, desde hace muchos, muchísimos años: la madre le encarga a su hija un mandado sencillo y le da instrucciones para llegar a la casa de un familiar, pero, en el camino, aparece el monstruo. En el territorio de la ficción, el lobo feroz, Barba Azul o el Mohán representan el peligro, el poder y la fuerza, y nos ayudan a luchar simbólicamente para afrontar nuestro miedo y nuestra vulnerabilidad, vencer al enemigo con un castigo ejemplar y regresar a la casa ilesos, desde esas profundidades oscuras que suelen situarse en la panza de un lobo, en el vientre de una ballena o en un sótano ensangrentado. Sin embargo, en este país tan real, la historia se ensaña, con una brutalidad literal, ahora en Génesis, pero antes y después en muchas otras víctimas.

La reacción primaria –la que permiten los cuentos a la psique infantil– es buscar un castigo perpetuo que le dé su merecido al monstruo, pero, sobre todo, que lo desaparezca de nuestra mirada, para que nunca jamás vuelva a ser una amenaza. Ante la falta de control de los instintos –externos e internos–, la solución de retomar el control pasa por las palabras, y ese es el sentido de las ficciones fundacionales que les contamos a los niños. El problema es que, en territorio real, inventar una nueva ley –o reformular un castigo en palabras– es una solución irresponsable y falaz. Al recurrir a una fórmula mágica, evitamos abordar la complejidad de la realidad y nos sentimos a salvo con el esquematismo: el monstruo se pudre en una cárcel (a la que rara vez llega), y todos vivimos felices para siempre.

Si bien el miedo puede dar réditos a los medios de comunicación y ofrecer a los políticos una forma de cohesión inmediata alrededor del castigo, resulta impresentable que los gobernantes manipulen esos mecanismos primarios para eludir el análisis y la búsqueda de soluciones sostenibles e integrales en el terreno real.

Mientras la sociedad se moviliza –y moviliza a un político e inmortaliza su nombre en una nueva ley– para exigir, no el cumplimiento de las leyes ya existentes y la garantía de los derechos de los niños, también ya escritos y reglamentados, sino el aumento de penas escritas, los niños y las niñas siguen desprotegidos en vecindarios inseguros, en los que todos conocen y conviven con los agresores.

La propuesta responsable, la que es obligatoria y difícil y requiere ser sostenida en el tiempo, es asumir la corresponsabilidad entre el Estado, la familia y la sociedad que está consagrada en la Constitución de 1991 y reglamentada en el Código de Infancia y Adolescencia. Ese proyecto colectivo de país alrededor del objetivo común de la protección integral de la infancia es el desafío para nuestros líderes políticos.

No hay otra forma para restaurar la confianza de los niños que convertir a todos los adultos en garantes de sus derechos. En el poder de esas redes que forman una comunidad protectora y responsable está el trabajo de prevención, y ese es el que salva a los niños, antes de que se topen con el monstruo.

Todos sabemos, y deberían saberlo el presidente Duque y los promotores de castigos simbólicos, que la prisión perpetua no es más que el último eslabón de una larga cadena de omisiones. Poner el acento en el castigo cuando todo es irremediable es, por decir lo menos, una irresponsabilidad política.

YOLANDA REYES

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Nuestra directora: “Competencias argumentativas para servidores públicos”

i sep 24th No Comments por

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 24 de septiembre de 2018, Yolanda Reyes escribió:

Competencias argumentativas para servidores públicos

 

“Son las dos o tres semanas más desagradables que he sentido, con el senador Robledo echando Twitter cada dos minutos, sus compinches en la gran prensa bogotana, sus aliados y sus barras bravas”, declaró, visiblemente exaltado, el ministro de Hacienda en el debate sobre los bonos de agua. Ciento diecisiete municipios de los más pobres del país se endeudaron para construir acueductos, llevan años pagando intereses y deben más de lo que les prestaron, sin construir nada, en su mayoría. El Ministro fue citado por haber tenido injerencia en la estructuración del sistema de financiación cuando ocupó el mismo cargo hace unos años y por haber tenido, posteriormente, negocios relacionados con esos bonos en su firma privada.

El periodista Daniel Coronell, presidente de la división de informativos de Univisión, denunció la situación en su columna de ‘Semana’ y Jorge Enrique Robledo, el senador que se ha destacado por sus debates en el Congreso, citó a Carrasquilla al debate. En ese contexto, ¿hay que decirle al servidor público que disculpe las molestias por pedirle explicaciones, también públicas, o habría que disculparse, más bien, con los ciudadanos de esos municipios que aún no tienen agua potable? ¿A quiénes se refiere el Ministro con ese término de historieta: ‘compinches en la gran prensa bogotana’? (Me queda sonando eso de ‘bogotana’: ¿qué piensa el Ministro de la prensa de otros lugares del país?). ¿Cuál debería ser el rol de los medios, según él, y cuál el de los parlamentarios? ¿Por aliados y barras bravas se refiere a la ciudadanía que elige a los senadores para que la representen?

Además del problema del agua que requiere, como el de la alimentación escolar y tantos otros en los que se vulneran derechos fundamentales, de muchos debates centrados en la búsqueda de explicaciones sobre la incapacidad política nacional y local para garantizarlos y sobre las denuncias relacionadas con incumplimientos o conflictos de intereses, lo más preocupante del debate no es, ni siquiera, lo que se dijo en el Congreso, sino la forma de decir y de reaccionar, como si pedir y dar explicaciones rigurosas no fuera una obligación y como si un debate parlamentario fuera una competencia de boxeo y su objetivo fuera aniquilar al enemigo, en vez de buscar explicaciones y, ojalá, soluciones a problemas que involucran bienes públicos.

Con excepciones brillantes, que no voy a nombrar, pues quiero centrarme en el sentido general, me parece que todos perdimos. La lógica de la argumentación, si se puede llamar ‘lógica’ esa manera de hablar sin escuchar y sin interesarse en seguir la argumentación del otro, fue una asignatura pendiente en muchas intervenciones y la exhibición (o el exhibicionismo) de una retórica acalorada en la que prevalecía la fuerza de las mayorías sobre la naturaleza de los argumentos y con la que algunos parlamentarios hablaban sin decir nada más que lugares comunes refleja carencias dramáticas, precisamente en el Parlamento, que es el escenario por excelencia para el ejercicio democrático.

La falta de pensamiento crítico y de habilidad para expresar argumentos en tiempo breve, lo mismo que la pobreza lingüística y el desconocimiento de reglas gramaticales básicas de algunos “oradores”, es una alerta para el sistema democrático, o quizás, lo que resulta más grave, el reflejo de un país incapaz de contrastar fuentes, versiones y posturas diversas (y del que tampoco puede exonerarse, bueno es reconocerlo, a la prensa). Si la responsabilidad para sustentar y comunicar las ideas es el principio esencial para asumir la responsabilidad de los propios actos, hay razones profundas para preocuparse.

YOLANDA REYES

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Del 17 de octubre al 7 de noviembre

i sep 20th No Comments por

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La infancia, como la conocemos ahora, es una construcción reciente y muchas de las ideas que hoy tenemos sobre las enormes capacidades de los niños para hacerse preguntas profundas y expresar sus opiniones tienen relación con cambios políticos, sociales y culturales que han transformado también nuestras ideas sobre la  familia y la escuela. En ese contexto, la literatura infantil ha tenido una gran influencia en nuestras maneras de leer la complejidad del mundo psíquico de la infancia y nuestras formas de hablar con -y acerca de- los niños les deben mucho a los escritores que se tomaron muy en serio la  exploración de esa “Tierra de Nunca Jamás” de la que venimos todos los seres humanos.

Foto libros

De izquierda a derecha: Juan, Julia y Jericó de Christine Nöstlinger, Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, Peter Pan y Wendy de J. M. Barrie, y Las brujas de Roald Dahl.

A través de la lectura de obras de J. M. Barrie, Lewis Carroll, Roald Dahl, Christine Nöstlinger y  otros autores que cambiaron las formas de escribir para los niños, descubriremos las razones por las que sus novelas han sido y siguen siendo leídas por tantos niños y tantos adultos en todo el mundo. La escritora  Yolanda Reyes y el crítico Fanuel Hanán Díaz serán los guías en esta exploración por la literatura infantil contemporánea que dejará resonando muchas ideas y muchas posibilidades para leer, releer y dar de leer a los niños.

Perfil ambos
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Comunidad Espantapájaros: Carolina Vegas y “la culpa de las mamás que trabajan”

i sep 17th No Comments por

ComunidadEspantapajaros

Más que un jardín infantil, Espantapájaros es una comunidad: un grupo de personas, grandes y pequeñas, que están cerca, se apoyan, se oyen, comparten preguntas, ideas, y búsquedas. En estos años nos hemos dado cuenta de que hablar con las mamás y los papás de nuestros niños nos abre la mente. Y como siempre estamos recibiendo información sobre sus experiencias, oficios, miradas y opiniones, hemos decidido que queremos compartirla con ustedes. A partir de hoy, cada semana publicaremos un enlace, un artículo o un video de un miembro de la Comunidad Espantapájaros: una mamá, un papá, una abuela, un abuelo, una ex alumna, un ex alumno… o cualquier persona que esté unida a nosotros por los hilos del afecto y el recuerdo.

Carolina

©Guillermo Torres

Hoy les recomendamos este artículo de Carolina Vegas: “La culpa que persigue a las mamás que trabajan“. Carolina es escritora, periodista y editora. Es la autora de los libros Un amor líquido El cuaderno de Isabel y actualmente es editora de la revista Semana. En esta revista, ha creado un espacio, “Universo Crianza”, para hablar sobre todo lo que pasa en la vida cuando se toma la decisión de tener y criar hijos. Los invitamos a que exploren la página y, especialmente, a que lean este artículo, sobre la culpa, las responsabilidades y las emociones relacionadas con trabajar y ser madre.

Esperen la próxima semana más noticias de la #ComunidadEspantapájaros

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Nuestra directora: “La política de los árboles”

i sep 10th No Comments por

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 10 de septiembre de 2018, Yolanda Reyes escribió:

La política de los árboles

 

 

Cuántos años vive un árbol? ¿Es posible hacer una equivalencia entre un año humano y un año árbol, así como decimos que un año canino equivale a siete nuestros? Suponiendo que algo similar pudiera generalizarse a todas las especies de árboles, ¿durante cuántos años puede ser viejo un árbol y seguir en pie, dando albergue y sombra? ¿Todo árbol viejo representa una amenaza para la ciudad, un peligro para la humanidad?

¿Ser viejo –en árbol, en gente– es una enfermedad terminal? ¿Hay que eliminar todas las especies viejas, las “no nativas”, las que se salen del marco de la calle y las que no coinciden con el gusto de un mandatario o con el diseño paisajístico de una administración? ¿Qué significado tiene que la Alcaldía de Bogotá haya autorizado jornadas nocturnas de talas masivas en los espacios públicos y, para “cumplir con el requisito” de informar a la comunidad, se haya limitado a comunicarles el procedimiento a algunos vigilantes de edificios de la zona?

Además del pavor de despertarse a la una de la madrugada por el sonido de una motosierra y del dolor de sentir que están derribando un árbol amado que estuvo ahí, frente a la ventana o en el parque del barrio, desde que los vecinos tienen memoria, ¿qué mensaje les da a los ciudadanos, a los más nuevos y a los mayores, una tala masiva e inconsulta con el argumento de que todos los árboles representan peligro para la gente? ¿Qué significa esa generalización que, según lo han demostrado ciudadanos informados, se llevó árboles sanos para reemplazarlos por otros o para ‘despejar’ el espacio? ¿De quién es el espacio público?

Como un precedente que ojalá marque un cambio de paradigma en las decisiones administrativas de la Alcaldía, la Personería de Bogotá suspendió la tala en la carrera 9.ª argumentando “fallas en los procesos de socialización”, “inconsistencias en los estudios técnicos” y afectación “del derecho fundamental de los ciudadanos a la participación”. Según afirmó la personera, “en Bogotá pareciera que la voz de los ciudadanos no se tuviera en cuenta y no tuviera ninguna repercusión en la toma de decisiones”. Por su parte, el subsecretario de Ambiente del Distrito explicó que se trataba de “un ejercicio normal de mantenimiento”, que había un equipo idóneo encargado de evaluar el estado de los árboles y no era la primera vez que la Alcaldía hacía estos procesos. (Y para demostrarlo citó cifras de talas hechas en las administraciones precedentes).

No es la primera vez que se hacen talas masivas en Bogotá, en eso tiene razón el subsecretario, pero sí es la primera vez que la ciudadanía logra suspenderla con argumentos sustentados y el apoyo de la institución diseñada justamente para apoyar la voz ciudadana, y ahí hay un precedente que recoge cambios ecológicos en el sentido amplio de cómo nos relacionamos con todos los seres vivos para propiciar una ética del cuidado, y en el sentido político de lo que implica una participación ciudadana, activa y deliberante, para garantizar esa corresponsabilidad de cuidar nuestro hábitat.

En estos tiempos difíciles para el planeta, la política ambiental de todas nuestras ciudades no puede perder de vista que, independientemente de sus orígenes foráneos o nativos, los árboles son de todos, ni que talar un árbol es asumir la responsabilidad de una vida –o de muchas: la de un hábitat completo– que se pierde irremediablemente. Y debe tener claro que ningún árbol sano (o salvable) se puede reemplazar por otro, como no se reemplaza una mascota por otra ni un ser humano achacoso por otro más saludable. Que cada árbol tiene una respiración, una sombra y unas raíces, a veces enmarañadas, que se aferran a la vida, como lo hacemos nosotros.

YOLANDA REYES

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Proyecto: Indígenas

i sep 3rd No Comments por

¨Todo comenzó por una mochila¨

 Proyecto de aula sobre los indígenas de Colombia

Los niños y los adultos de Espantapájaros leemos el mundo. Todo el tiempo preguntamos por qué, por qué, por qué… cómo, cuándo, dónde… y otra vez por qué. Nos interesa entender todo lo que sucede a nuestro alrededor (y lo que sucede lejos de nuestro planeta también) y sabemos que detrás de cada pregunta se esconde una historia.

El trabajo por proyectos de aula es una forma de trabajar con los niños y las niñas que celebra sus preguntas y las aprovecha para abrir la puerta a experiencias, lecturas, aprendizajes y discusiones. Aquí, en el jardín infantil, trabajamos por proyectos con los grupos de los medianos y los grandes y esto siempre ha sido inspirador para el equipo pedagógico, para las familias y, sobre todo, para los niños y las niñas.

Todos los semestres, cuando se acaban las vacaciones y se forman nuevos grupos, el trabajo de cada maestra de Espantapájaros es descubrir cuál es el tema que más les interesa a los niños con los que va a trabajar. Y es un trabajo muy entretenido porque implica oírlos, estar ahí, mirar a qué juegan, qué preguntas han traído de la casa, qué libros buscan, qué historias despiertan más emociones. Así se elige cuál será el proyecto de aula. Así se decidió el semestre pasado que el grupo de Liliana haría un proyecto de aula sobre los indígenas. 

Como lo cuenta el ¨libro¨ que los niños escribieron e ilustraron (libro que hemos decidido compartir con ustedes, en formato digital), todo comenzó por la mochila arhuaca que Flora trajo al salón. Al verla, y al enterarse de que la habían hecho los arhuacos, Flora y sus compañeros empezaron a hacerse preguntas sobre los indígenas: ¿Quiénes son? ¿Cómo viven? ¿Qué les gusta? ¿Qué comen?

Leyeron historias, mitos y leyendas, conocieron a dos indígenas de la comunidad de los arhuacos que visitaron el salón para hablar con ellos, descubrieron nuevos sonidos, texturas, colores, sabores, llegaron a pensar en la idea de “comunidad”, y entendieron que nosotros, los adultos y los niños de Espantapájaros, también somos una comunidad. Las actividades del semestre (cocina, arte, música, literatura, juego, exploración del medio) estuvieron relacionadas de muchas formas distintas con el proyecto sobre los indígenas. El resultado de esos seis meses es este libro, con textos e imágenes en las que están muy presentes los niños y las niñas, sus inquietudes y su forma de ver el mundo.

Lo compartimos con ustedes y esperamos que lo disfruten.

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¡Así terminó nuestro curso de vacaciones!

i jul 30th No Comments por

El viernes 27 de julio cerramos nuestro curso de vacaciones de la mejor forma que conocemos: con libros. 

Invitamos a las familias a visitar “la feria de los más mordidos” y organizamos un picnic literario con nuestros cuentos favoritos.

¡Todo listo para comenzar!
¡Todo listo para comenzar!

Cada familia escogió un lugar de la casa, aunque eso era lo de menos… ¡lo más importante eran las lecturas compartidas!

(Emma Gallego y su abuela)
(Emma Gallego y su abuela)

(Valentina Angarita y sus abuelos)
(Valentina Angarita y su familia)

(Joaquín Sarmiento y su mamá, Juanita Kremer)
(Joaquín Sarmiento y su mamá, Juanita Kremer)

Había algo nuevo en Espantapájaros: un micrófono abierto para que los niños se acercaran a leer. ¡Y casi todos participaron!

(Miguel Morera leyendo Donde viven los monstruos)
(Miguel Morera leyó Donde viven los monstruos de Maurice Sendak)

(Susana Perilla leyendo Mi madre es rara)
(Susana Perilla leyó Mi madre es rara de Rachna Gilmore y Brenda Jones)

(Alejandra Muriel y su mamá, Mónica Benrey, leyendo Vamos a cazar un oso)
(Alejandra Muriel y su mamá, Mónica Benrey, leyeron Vamos a cazar un oso)

(Joaquín Muñoz y Yolanda Reyes leyendo El libro del osito)
(Joaquín Muñoz y Yolanda Reyes leyeron El libro del osito)

(Gabriel Sandoval y su papá, José Sandoval, leyendo Mi burro enfermo)
(Gabriel Sandoval y su papá, José Sandoval, leyeron Mi burro enfermo)

(Leonardo Castro, papá de Nicolás Castro, leyendo ¡No, no fui yo!)
(Leonardo Castro, papá de Nicolás Castro, leyó ¡No, no fui yo!)

También había una pequeña librería, atendida por los “niños libreros”, en la que todos podían encontrar su libro favorito. 

(Pablo y su abuela buscando la mejor opción para comprar)
(Pablo y su abuela)

(Susana Perilla y su mamá, Marcela Arenas, recorriendo la librería)
(Susana Perilla y su mamá, Marcela Arenas)

¡Nos vemos el próximo año!

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Nuestra directora: ¿Que ocho años no es nada?

i jul 30th No Comments por

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En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 30 de julio de 2018, Yolanda Reyes escribió:

¿Que ocho años no es nada?

 

 

La próxima vez que escriba esta columna, gobernará a Colombia un nuevo presidente, y ahora me doy cuenta de que, no obstante llevar tantos años escribiendo en este diario sobre asuntos que muchas veces tienen relación con el Gobierno, solo he visto pasar dos presidentes.

Dieciséis años y solo dos gobiernos: eso no ayuda al debate en un país tan inclinado –valdría mejor decir, hincado– ante el poder. Por eso, a pesar de no saber (¿o sí?) quién será el nuevo mandatario, es sano recordar que ninguna esfera de la actividad pública está escriturada, que los ministerios no son vitalicios y los balances de gestión y las evaluaciones no los pueden hacer los mismos implicados. O sí: poderse, se puede, como lo hemos leído hasta el hastío en muchas entrevistas ‘libreteadas’ de las últimas semanas. Pero una cosa es leer y otra, leer levantando la cabeza, según decía Roland Barthes al referirse a la compleja actividad de pensar y hacerse preguntas entre los intersticios de los textos.

En ese sentido, una de las inexplicables paradojas de estos ocho años fue el manejo que la ministra de Cultura le dio al ejercicio del disenso. Quizás haber permanecido dos cuatrienios en el poder influyó en la baja tolerancia a la crítica que caracterizó su gestión, en contraposición al respeto por la libertad de prensa que propugnaba el Presidente. Bastantes casos conocidos en el gremio cultural ilustran las reacciones de Garcés frente a profesionales, artistas, instituciones o medios de comunicación que se atrevieron a disentir, y que se tradujeron en vetos de personas o en supresión de pauta publicitaria por la ministra.

Un caso interesante es el de la revista Arcadia, cuyos debates sobre asuntos culturales como la remodelación del Museo Nacional o el apoyo del ministerio al Festival Iberoamericano de Teatro, entre otros, “no le gustaron” a la ministra. Estos debates, esperables en el contexto del trabajo cultural, llevaron a Garcés a considerar opositor del ministerio al entonces director de la publicación, Juan David Correa, y el resultado, al parecer, fue el retiro de la pauta que le daba el ministerio a la revista. El ostracismo publicitario terminó cuando Correa renunció a Arcadia para asumir la dirección editorial de Planeta, y basta con mirar los últimos números, a partir de su salida en marzo de este año, para notar el regreso y el incremento paulatino de la publicidad del ministerio en la revista.

Si bien se sabe que la publicidad oficial es una fuente de financiación para los medios, resulta inaceptable que el precio de recibirla sean el silenciamiento, la adulación o las interferencias, explícitas o sutiles, en decisiones sobre el personal o la línea editorial de una publicación. Así como ya se acepta, aunque sea a regañadientes, la crítica de los medios a la actividad política, económica, judicial o de salud, sin que ello implique vetos, ‘regaños’ o supresión de publicidad, es urgente considerar no solo natural, sino beneficiosa, la crítica constante en la actividad cultural, lo cual se extiende, por supuesto, a las políticas y las actividades desarrolladas por los ministerios y los organismos oficiales.

Sin duda, el balance de los dos últimos cuatrienios será menos elogioso con la distancia del tiempo y la pérdida del poder. En eso consiste, por fortuna, la alternancia democrática. Sin embargo, el caso del Ministerio de Cultura resulta pertinente para pensar en las maneras de albergar voces diversas. En este momento, crucial para la construcción de una cultura de paz, nadie debería ser vetado por expresar sus opiniones. Para beneficio de los ciudadanos y del nuevo gobierno, deseo toda la crítica posible en este cuatrienio que comienza.

YOLANDA REYES

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A la hora del cuento: la experiencia de leer a los niños

i jul 24th No Comments por

 

…Para leer un cuento se necesita casi lo mismo que para bailar la Bamba: “un poquito de gracia y otra cosita”. La gracia la aporta cada niño: sus oídos atentos a esa voz que inventa un mundo, sus ojos abiertos y asombrados que van y vienen, del libro al rostro adulto, y esa cercanía deliciosa que tienen los niños para buscar refugio en el calor de sus seres queridos. Las otras cositas las aportan los adultos: ese ritual que se repite cuando papá, mamá o cualquier cuidador amoroso deja su vida en suspenso para entregarles una historia.

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(Luca Torrado y sus padres, Carolina Vegas y Santiago Torrado)

Con las palabras mágicas del érase una vez se erige un mundo imaginario, donde no caben el teléfono ni las urgencias del mundo real. “Que nadie interrumpa porque estoy leyendo un cuento”, dirá el adulto. Entonces los niños irán aprendiendo, piel a piel, que esa conversación sobre la vida que ocurre entre las líneas de un cuento da nombre a las emociones. Y aprenderán también a querer los libros porque les permiten conversar con sus seres queridos.

En esa coreografía que es como un baile y que amarra a una pareja lectora-niño y adulto o que hace una rueda para convocar a todo un grupo, en el hogar, en una escuela, en el parque, en una biblioteca, está la esencia de la lectura y ustedes saben cómo crearla. ¿Acaso, alguien podría enseñarles a bailar, a enamorarse o a arrullar a un bebé? Lo que sí puedo corroborar, como lo han dicho muchos de ustedes durante estos días, es que los niños no llegan solos a la lectura y que para leer en la infancia, se necesitan los adultos: sus voces que suben y bajan, que exclaman, preguntan, cuentan y cantan son la partitura para aprender a hablar, a escuchar y a leer lenguajes diversos. Ese triángulo amoroso que une tres vértices –libro, adulto y niño– se queda en la memoria profunda de los primeros lectores.

Sí, pero cómo leer, suelen preguntarme los padres. “Es que yo tartamudeo o leo despacio o muy rápido”… Por eso voy a contarles un secreto que me han contado los niños: nadie lee mejor los cuentos que un papá, una mamá o un adulto amado por ellos. Aunque yo hiciera un doctorado en el arte de contar cuentos, sus niños los elegirían a ustedes. ¿Y saben por qué?…Porque mientras leen, ustedes se revelan ante ellos: ustedes son el lobo y también el refugio, y los niños descubren que ustedes también podrían tener miedo y vencerlo, que ustedes también sueñan y sienten.

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(Salvador Leyva y sus padres, Valentina Lizcano y Ricardo Leyva)

No hay nada más fascinante para un niño que descubrir cómo se pueden experimentar, en ese lugar seguro del lenguaje, las emociones y las peripecias que nos hermanan a todos, grandes y chicos. Esa posibilidad de emocionarnos con la emoción de otros, que llamamos empatía, se aprende en las experiencias literarias de la infancia. Y como los niños tienen pocos años de experiencia, se asoman, a través de las historias que viven en sus voces, a la experiencia de los mayores.

Pero hay otra razón más poderosa para que sus niños los prefieran a ustedes y es que, mientras dura la historia, no se pueden escapar ni hacer nada distinto que estar ahí, de corazón y de viva voz. Y como a los niños les gusta tener cerquita a sus seres queridos, les pedirán un cuento y otro… y otro más. Porque los niños son hijos del “otra vez” y cuando descubren que las palabras son un conjuro para prolongar la presencia, prefieren sus voces a las de cualquier aparato, así como un bebé prefiere un arrullo cantado en la voz de su madre o su padre a la voz del mejor cantante del mundo.

La voz, el libro, el abrazo. No creo que exista un “lugar” más exacto para situar el nacimiento de la literatura en la vida.

Yolanda Reyes (2018)

*Una versión de este texto fue publicada en la Revista Bienestar de Colsanitas.

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