¡Así terminó nuestro curso de vacaciones!

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El viernes 27 de julio cerramos nuestro curso de vacaciones de la mejor forma que conocemos: con libros. 

Invitamos a las familias a visitar “la feria de los más mordidos” y organizamos un picnic literario con nuestros cuentos favoritos.

¡Todo listo para comenzar!
¡Todo listo para comenzar!

Cada familia escogió un lugar de la casa, aunque eso era lo de menos… ¡lo más importante eran las lecturas compartidas!

(Emma Gallego y su abuela)
(Emma Gallego y su abuela)

(Valentina Angarita y sus abuelos)
(Valentina Angarita y su familia)

(Joaquín Sarmiento y su mamá, Juanita Kremer)
(Joaquín Sarmiento y su mamá, Juanita Kremer)

Había algo nuevo en Espantapájaros: un micrófono abierto para que los niños se acercaran a leer. ¡Y casi todos participaron!

(Miguel Morera leyendo Donde viven los monstruos)
(Miguel Morera leyó Donde viven los monstruos de Maurice Sendak)

(Susana Perilla leyendo Mi madre es rara)
(Susana Perilla leyó Mi madre es rara de Rachna Gilmore y Brenda Jones)

(Alejandra Muriel y su mamá, Mónica Benrey, leyendo Vamos a cazar un oso)
(Alejandra Muriel y su mamá, Mónica Benrey, leyeron Vamos a cazar un oso)

(Joaquín Muñoz y Yolanda Reyes leyendo El libro del osito)
(Joaquín Muñoz y Yolanda Reyes leyeron El libro del osito)

(Gabriel Sandoval y su papá, José Sandoval, leyendo Mi burro enfermo)
(Gabriel Sandoval y su papá, José Sandoval, leyeron Mi burro enfermo)

(Leonardo Castro, papá de Nicolás Castro, leyendo ¡No, no fui yo!)
(Leonardo Castro, papá de Nicolás Castro, leyó ¡No, no fui yo!)

También había una pequeña librería, atendida por los “niños libreros”, en la que todos podían encontrar su libro favorito. 

(Pablo y su abuela buscando la mejor opción para comprar)
(Pablo y su abuela)

(Susana Perilla y su mamá, Marcela Arenas, recorriendo la librería)
(Susana Perilla y su mamá, Marcela Arenas)

¡Nos vemos el próximo año!

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Nuestra directora: ¿Que ocho años no es nada?

i jul 30th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 30 de julio de 2018, Yolanda Reyes escribió:

¿Que ocho años no es nada?

 

 

La próxima vez que escriba esta columna, gobernará a Colombia un nuevo presidente, y ahora me doy cuenta de que, no obstante llevar tantos años escribiendo en este diario sobre asuntos que muchas veces tienen relación con el Gobierno, solo he visto pasar dos presidentes.

Dieciséis años y solo dos gobiernos: eso no ayuda al debate en un país tan inclinado –valdría mejor decir, hincado– ante el poder. Por eso, a pesar de no saber (¿o sí?) quién será el nuevo mandatario, es sano recordar que ninguna esfera de la actividad pública está escriturada, que los ministerios no son vitalicios y los balances de gestión y las evaluaciones no los pueden hacer los mismos implicados. O sí: poderse, se puede, como lo hemos leído hasta el hastío en muchas entrevistas ‘libreteadas’ de las últimas semanas. Pero una cosa es leer y otra, leer levantando la cabeza, según decía Roland Barthes al referirse a la compleja actividad de pensar y hacerse preguntas entre los intersticios de los textos.

En ese sentido, una de las inexplicables paradojas de estos ocho años fue el manejo que la ministra de Cultura le dio al ejercicio del disenso. Quizás haber permanecido dos cuatrienios en el poder influyó en la baja tolerancia a la crítica que caracterizó su gestión, en contraposición al respeto por la libertad de prensa que propugnaba el Presidente. Bastantes casos conocidos en el gremio cultural ilustran las reacciones de Garcés frente a profesionales, artistas, instituciones o medios de comunicación que se atrevieron a disentir, y que se tradujeron en vetos de personas o en supresión de pauta publicitaria por la ministra.

Un caso interesante es el de la revista Arcadia, cuyos debates sobre asuntos culturales como la remodelación del Museo Nacional o el apoyo del ministerio al Festival Iberoamericano de Teatro, entre otros, “no le gustaron” a la ministra. Estos debates, esperables en el contexto del trabajo cultural, llevaron a Garcés a considerar opositor del ministerio al entonces director de la publicación, Juan David Correa, y el resultado, al parecer, fue el retiro de la pauta que le daba el ministerio a la revista. El ostracismo publicitario terminó cuando Correa renunció a Arcadia para asumir la dirección editorial de Planeta, y basta con mirar los últimos números, a partir de su salida en marzo de este año, para notar el regreso y el incremento paulatino de la publicidad del ministerio en la revista.

Si bien se sabe que la publicidad oficial es una fuente de financiación para los medios, resulta inaceptable que el precio de recibirla sean el silenciamiento, la adulación o las interferencias, explícitas o sutiles, en decisiones sobre el personal o la línea editorial de una publicación. Así como ya se acepta, aunque sea a regañadientes, la crítica de los medios a la actividad política, económica, judicial o de salud, sin que ello implique vetos, ‘regaños’ o supresión de publicidad, es urgente considerar no solo natural, sino beneficiosa, la crítica constante en la actividad cultural, lo cual se extiende, por supuesto, a las políticas y las actividades desarrolladas por los ministerios y los organismos oficiales.

Sin duda, el balance de los dos últimos cuatrienios será menos elogioso con la distancia del tiempo y la pérdida del poder. En eso consiste, por fortuna, la alternancia democrática. Sin embargo, el caso del Ministerio de Cultura resulta pertinente para pensar en las maneras de albergar voces diversas. En este momento, crucial para la construcción de una cultura de paz, nadie debería ser vetado por expresar sus opiniones. Para beneficio de los ciudadanos y del nuevo gobierno, deseo toda la crítica posible en este cuatrienio que comienza.

YOLANDA REYES

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A la hora del cuento: la experiencia de leer a los niños

i jul 24th No Comments por

 

…Para leer un cuento se necesita casi lo mismo que para bailar la Bamba: “un poquito de gracia y otra cosita”. La gracia la aporta cada niño: sus oídos atentos a esa voz que inventa un mundo, sus ojos abiertos y asombrados que van y vienen, del libro al rostro adulto, y esa cercanía deliciosa que tienen los niños para buscar refugio en el calor de sus seres queridos. Las otras cositas las aportan los adultos: ese ritual que se repite cuando papá, mamá o cualquier cuidador amoroso deja su vida en suspenso para entregarles una historia.

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(Luca Torrado y sus padres, Carolina Vegas y Santiago Torrado)

Con las palabras mágicas del érase una vez se erige un mundo imaginario, donde no caben el teléfono ni las urgencias del mundo real. “Que nadie interrumpa porque estoy leyendo un cuento”, dirá el adulto. Entonces los niños irán aprendiendo, piel a piel, que esa conversación sobre la vida que ocurre entre las líneas de un cuento da nombre a las emociones. Y aprenderán también a querer los libros porque les permiten conversar con sus seres queridos.

En esa coreografía que es como un baile y que amarra a una pareja lectora-niño y adulto o que hace una rueda para convocar a todo un grupo, en el hogar, en una escuela, en el parque, en una biblioteca, está la esencia de la lectura y ustedes saben cómo crearla. ¿Acaso, alguien podría enseñarles a bailar, a enamorarse o a arrullar a un bebé? Lo que sí puedo corroborar, como lo han dicho muchos de ustedes durante estos días, es que los niños no llegan solos a la lectura y que para leer en la infancia, se necesitan los adultos: sus voces que suben y bajan, que exclaman, preguntan, cuentan y cantan son la partitura para aprender a hablar, a escuchar y a leer lenguajes diversos. Ese triángulo amoroso que une tres vértices –libro, adulto y niño– se queda en la memoria profunda de los primeros lectores.

Sí, pero cómo leer, suelen preguntarme los padres. “Es que yo tartamudeo o leo despacio o muy rápido”… Por eso voy a contarles un secreto que me han contado los niños: nadie lee mejor los cuentos que un papá, una mamá o un adulto amado por ellos. Aunque yo hiciera un doctorado en el arte de contar cuentos, sus niños los elegirían a ustedes. ¿Y saben por qué?…Porque mientras leen, ustedes se revelan ante ellos: ustedes son el lobo y también el refugio, y los niños descubren que ustedes también podrían tener miedo y vencerlo, que ustedes también sueñan y sienten.

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(Salvador Leyva y sus padres, Valentina Lizcano y Ricardo Leyva)

No hay nada más fascinante para un niño que descubrir cómo se pueden experimentar, en ese lugar seguro del lenguaje, las emociones y las peripecias que nos hermanan a todos, grandes y chicos. Esa posibilidad de emocionarnos con la emoción de otros, que llamamos empatía, se aprende en las experiencias literarias de la infancia. Y como los niños tienen pocos años de experiencia, se asoman, a través de las historias que viven en sus voces, a la experiencia de los mayores.

Pero hay otra razón más poderosa para que sus niños los prefieran a ustedes y es que, mientras dura la historia, no se pueden escapar ni hacer nada distinto que estar ahí, de corazón y de viva voz. Y como a los niños les gusta tener cerquita a sus seres queridos, les pedirán un cuento y otro… y otro más. Porque los niños son hijos del “otra vez” y cuando descubren que las palabras son un conjuro para prolongar la presencia, prefieren sus voces a las de cualquier aparato, así como un bebé prefiere un arrullo cantado en la voz de su madre o su padre a la voz del mejor cantante del mundo.

La voz, el libro, el abrazo. No creo que exista un “lugar” más exacto para situar el nacimiento de la literatura en la vida.

Yolanda Reyes (2018)

*Una versión de este texto fue publicada en la Revista Bienestar de Colsanitas.

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Los 10 libros más mordidos del semestre

i jul 18th No Comments por

El 18 y 19 de julio de 2018, Yolanda Reyes hablará sobre los libros más mordidos de Espantapájaros en las Jornadas de animación a la lectura, escritura y observación, JALEO, de Valencia (España). Aprovechamos la ocasión para contarles a todos nuestros lectores cuáles fueron los más mordidos de este semestre: el primero de 2018.

El concepto de los libros más mordidos nació al ver cómo elegían libros los bebés, los niños y las niñas en nuestros diversos programas de formación de lectores, pues todos incluyen, como parte esencial, el préstamo domiciliario. Desde hace varios años, el equipo de animación a la lectura de Espantapájaros ha visto a los niños deambular por las estanterías explorando, saboreando y mordiendo las páginas los libros para decidirse por alguno. Esos gestos hacen parte del proceso de selección y, como consecuencia, los libros más populares de la Bebeteca suelen tener marcas de dientes. Ahora bien, los mordiscos no son las únicas huellas pues a medida que los niños crecen rodeados de libros y de voces adultas que los ayudan a dar palabras a sus sueños y a sus emociones, cada cual va formando su propio criterio y va aprendiendo, con una sabiduría asombrosa, a buscar los libros que su corazón le pide. Como en cualquier biblioteca pública, cada niño tiene una ficha de préstamo en donde están registrados los libros que ha llevado a su casa, las fechas en las que los eligió y los devolvió, y sus “firmas” –sus garabatos y sus huellas- que van quedando en las fichas como un acto ciudadano inicial: el de responder por los libros que llevan prestados.

Todos los semestres, a partir de esas fichas, el equipo de Espantapájaros reflexiona sobre el significado y la evolución de esas elecciones para seguir aprendiendo sobre las relaciones impredecibles, íntimas y muchas veces reiterativas que se establecen entre niños y libros. ¿Por qué un niño necesita llevar siempre el mismo libro y pedir sucesivas relecturas a sus padres? ¿Por qué los libros elegidos nos cuentan lo que muchas veces los niños no saben nombrar aún o no saben siquiera que les está sucediendo? ¿Por qué la literatura habla a los niños en un lenguaje cifrado y secreto y les permite tener profundas conversaciones sobre la vida? ¿Cuál es el lugar del adulto en este proceso? ¿Qué tanto debe intervenir, nutrir el gusto, pero también propiciar y respetar el criterio del lector?

Invitamos a todos nuestros seguidores a leer con todos los sentidos, a celebrar las elecciones de los bebés, los niños y las niñas y a contarnos cuáles son sus libros más mordidos. Los dejamos con nuestra lista de los diez más mordidos de Espantapájaros del primer semestre de 2018. ¡No se pierdan ninguno de los videos!

1

1 El animal más feroz

2

2 Hombre de color

3

3 El monstruo de colores

4

4 El día que los crayones renunciaron

5

5 Buenas noches, pequeño monstruo verde

6

6 Cucú

7

7 Vamos a cazar un oso

8

8 De los pies a la cabeza

9

9 José Tomillo

10

10 El grillo silencioso

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El miedo de los otros

i abr 26th 3 Comments por

Una reseña del libro de Carolina Sanín, La gata sola
Ilustrado por Santiago Guevara
Colección Nidos para la Lectura
Loqueleo, Bogotá, 2018

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Carolina Sanín publicó su primer libro para niños, Dalia, en el año 2010. A mí me asombró y lo celebré porque, mientras contaba la historia de una perra salchicha, el libro insinuaba preguntas sobre “el mundo real” y “el mundo de la imaginación”. ¿De qué están hechas las cosas que los habitan? ¿Las cosas pueden pasar de un mundo a otro, y luego regresar? Y lo que nosotros pensamos… ¿en cuál de los dos mundos está? ¿Cómo funciona?

Esto sucedía con naturalidad, entre un juego y otro con las palabras y sus significados. El lenguaje daba vueltas alrededor de sí mismo, buscando su lugar, y uno como lector se quedaba pensando que el lenguaje era, que el lenguaje es, eso que está entre los dos mundos pero también dentro de cada uno de ellos.

Ahora leí su libro más reciente, publicado en la colección Nidos para la lectura: La gata sola, ilustrado por Santiago Guevara. Esta es la segunda vez que Sanín nos ofrece algo que se puede etiquetar como “literatura infantil”. Y vuelvo a pensar lo que pensé en 2010: que cuando ella escribe para niños, lo primero en lo que piensa es en la inteligencia de los niños.

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Ilustración de Santiago Guevara

La gata sola está escrita con cuidado. Cuando digo esto me refiero a que imagino a la autora eligiendo las palabras, midiéndolas, pesándolas, construyendo imágenes con ellas. A veces estas imágenes le exigen al lector que piense en las emociones como si fueran objetos físicos: que la soledad sea algo que se cuelga de los árboles, que la melancolía sea un pájaro mordido o una piedra tapando la entrada de una cueva. Otras veces las imágenes tienen poco que ver con lo material: “El miedo se vivía como la prisa. Era un deseo de que no sucediera nada, pero, al mismo tiempo, afán de que lo peor sucediera ya.” A veces las comparaciones con las que Sanín está jugando resuenan con ideas que ya teníamos, y otras veces son completamente inesperadas, como un pajarito que, visto por una gata, es un anhelo. Un anhelo y a la vez un fruto que no para de vibrar.

La escritura no va en una sola dirección. Tampoco la historia.

El punto de partida es una gata que aparece en un pueblo en el que nunca ha habido gatos. Ni gatas. De día su pelo es de varios tonos, sus ojos son de colores, tiene rasgos, pero como ella solo sale de noche, los habitantes del pueblo no ven eso. Lo que ven es una sombra gris. Empiezan a hacerse preguntas, pues como nunca antes han visto a una gata, no saben cómo sentirse con su presencia. Es muy interesante ver cómo las ideas que se les ocurren sobre el animal dicen mucho sobre ellos, sobre su forma de ser y de enfrentar lo desconocido. Ahí es cuando la historia se va mostrando como una fábula moderna. Primero hay una curiosidad por el animal desconocido; ganas de saber cómo es, de dónde viene y qué busca, pero pronto se agota. En este pueblo las ganas de pensar duran poco.

El miedo aparece pronto. Pero no es un solo miedo. Están los miedos de las personas, que se preguntan qué les puede hacer la gata, y aunque ella no les haga nada, eso no hace que los miedos se vayan; más bien, los convierte en costumbre, en rabia y en violencia. También está el miedo de la gata, que en últimas es miedo al miedo de los otros. Y Sanín nos recuerda que el miedo deja a todos sin compañía, porque hace que quien lo siente olvide que otros también lo están sintiendo.

Empieza a crecer la tensión en el pueblo y la narración va abriendo heridas, como las heridas que las piedras le dejan en el cuerpo a la gata. Cansada y hambrienta, la gata sola se esconde de las personas. Como esta es una gata que piensa, que se imagina cosas, que a veces tiene sueños y que los recuerda al otro día, lo que sucederá luego será que los lectores nos enteremos de las cosas que pasan en su mente. La acompañaremos a sobrevivir y sabremos que se puede hacer algo con el miedo.

No se necesita ser niño para querer a la gata y para sentir que la gata puede ser cualquiera. Tampoco se necesita ser adulto para entender que si los géneros literarios son una imposición arbitraria del mercado, la línea que separa la “literatura infantil” de la “literatura” es aun más arbitraria.

Mi lectura no habría estado completa sin las ilustraciones de Santiago Guevara: todas son collages, llenos de manchas, trazos, fotos, tipografía, pintura, líneas y muchas gatas diferentes. Me hizo pensar que aunque la gata está sola, no hay una sola gata. Imágenes expresivas y descontroladas en los momentos precisos me hicieron detenerme a mirar cómo se puede pintar el miedo, cómo se puede pintar la rabia. Miré largamente manchas negras. Luego me fijé en los pequeños detalles, en las figuras conocidas y después, un poco después, vi por dónde entraba la luz.

Este año, en que el tema central de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, FILBo, son las emociones (el lema de la FILBo es “Siente las ideas”), me impresionó este libro, que desdibuja la separación entre lo racional y lo emocional. Es un trabajo que invita a  pensar las emociones y a sentir las ideas. Llega en el momento oportuno.

Reseña de Isabel Calderón para espantapajaros.com

Reseña de Isabel Calderón para espantapajaros.com

Reseña de Isabel Calderón para espantapajaros.com
Abril, 2018

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Aprendizajes de la conversación con Nuccio Ordine

i abr 23rd No Comments por

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El viernes pasado tuvimos el privilegio de recibir en Espantapájaros al autor italiano Nuccio Ordine, uno de los invitados a la Feria del Libro. En el mismo lugar donde antes habían estado los niños, probando libros a su manera –a sus mil maneras–, habló de ‘La utilidad de lo inútil’, su manifiesto traducido a veinte lenguas, que es una defensa de los saberes humanísticos y, en general, de los saberes sin finalidad utilitaria.

Quizás esa cercanía entre los incesantes “porqués” de los niños y la pasión por conocer, como un fin en sí mismo, ayude a responder la pregunta que algunos se hicieron: ¿por qué llevar a un profesor invitado de Yale, Harvard y la Sorbona, entre muchas otras universidades, a una pequeña institución especializada en literatura e infancia? A Ordine, en cambio, ese lugar en donde se descubren las primeras páginas de la vida no le resultaba extraño.55069afa-7310-4ce1-9a18-ad4f527bf64b

Según relata en ‘Clásicos para la vida’, el nuevo libro que trajo a FilBo, todos los lunes, desde hace quince años, dedica media hora en su cátedra universitaria “a la libre lectura de pasajes de escritores, filósofos, artistas o científicos”. Sin relación aparente con sus cursos, y sin calificar, obviamente, el profesor Ordine lee a sus alumnos citas de obras de su biblioteca ideal, “por el placer que producen en sí mismas y para tratar de entendernos y de entender el mundo que nos rodea”. Sus clases se llenan de un público heterogéneo que, por lo general, termina leyendo los libros completos y haciéndose nuevas preguntas que conducen de un libro a otro y a otro…

El autor comenzó su charla refiriéndose al sentido que tenía para él estar en una de esas pequeñas librerías, atendidas por personas que dan de leer los libros que aman, y lamentó el fenómeno global que ha conducido a la extinción de las librerías independientes y a su reemplazo por grandes cadenas, y que hace parte de ese “delirio de omnipotencia del dinero” que ha convertido la educación y la cultura en mercancías. Cada vez que se cierra una librería se cierra una ventana para mirar el mundo, dijo, y sus palabras resonaron como un homenaje a esos oficios que hoy, 23 de abril, celebramos.

c63dafba-245f-4dea-8302-abeb340dfe2aComo si fuera una ‘hora del cuento’, Ordine nos leyó la carta que le escribió Albert Camus, cuando ganó el Premio Nobel, a su profesor de Argel para darle las gracias por haberle cambiado la vida y recordó “ese pequeño milagro que se repite cada día en cada escuela de cada país”, gracias a los buenos profesores. Luego retomó el fragmento de los pescaditos de oro que fabricaba el coronel Aureliano Buendía para cambiar por monedas de oro, que luego fundía para fabricar más pescaditos de oro, en ese círculo “inútil”, y pasó a Cavafis, al viaje por el viaje, y siguió hilando las páginas de sus libros con los libros de los otros y, con nosotros, y casi al final de la sesión pidió que buscáramos ‘El Principito’, de Saint-Exupéry, entre los anaqueles de la librería, y leyó la conversación entre el zorro y el Principito sobre el significado de ‘domesticar’, en la acepción de hacer vínculos y de crear esos rituales que le dan sentido a la vida y que hacen un día distinto del otro.

Y ahí estuvimos en vilo, escuchando a ese viajero que vino desde muy lejos a ratificar el sentido de ese viejo ritual, anclado en la infancia de la humanidad: la generosidad de alguien que nos lee y nos abre el mundo, y nos enseña que el conocimiento no puede comprarse por ningún precio y que requiere “lentitud, reflexión, silencio y recogimiento”. Y no encuentro un ejemplo más hermoso que el del profesor Ordine para desear un feliz día a tantas personas que trabajan a diario para hacer que los libros lleguen a los lectores y ratifiquen esa utilidad de lo inútil, que a veces cambia la vida.ae30b976-0509-4f01-a59d-ed218df1a371

YOLANDA REYES

Los asistentes a la charla quedaron encantados con la oportunidad de escuchar a Ordine.

Andrés Arroyave padre de Lorenzo Arroyave, uno de los niños de nuestro jardín nos escribió al día siguiente:

 

Este es un pequeño mensaje de agradecimiento para todo el equipo que trabaja en el jardín y especialmente para su directora: Yolanda Reyes, quien ayer nuevamente nos demostró por qué Espantapájaros es único y absolutamente mágico.  Gracias por la invitación a conversar con Nuccio quien logró, con sus palabras, estremecer a todo el auditorio especialmente a quienes nos preocupan los temas educativos del país.

Un abrazo y muchas gracias.

A.A

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Nuccio Ordine en Espantapájaros

i abr 20th No Comments por

noLa utilidad de lo inútil es un buen título para un manifiesto; nos hace pensar en el lenguaje que usamos para referirnos a los saberes. Nos hace preguntarnos si no hay algo contradictorio en las palabras que elegimos todos los días.

En este libro, el filósofo italiano Nuccio Ordine explica por qué la literatura, la filosofía, las humanidades y las artes, disciplinas a las que hemos llamado inútiles (bellas pero inútiles), son en realidad imprescindibles para la humanidad. Con citas de sus autores favoritos, con las que hace collages de opiniones, preguntas y respuestas, Ordine construye un caso convincente a favor de lo inútil.

Lo inútil, al no estar al servicio del crecimiento ecónomico, tiene una inmunidad. Lo inútil es una forma de “resistencia a los egoísmos del presente, un antídoto contra la barbarie de lo útil, que ha llegado a corromper incluso nuestras relaciones sociales y nuestros afectos más íntimos”. Y es que, ¿por qué necesitamos que todo sea útil? ¿Por qué siempre nos estamos preguntando qué ganamos, qué obtenemos al hacer algo? ¿Por que todas nuestras relaciones parecen atravesadas por lo económico?

Este viernes 20 de abril a las 6:30 p., tendremos una conversación con Ordine sobre esto. En Espantapájaros también creemos que lo inútil es inherente a lo humano, que necesitamos todos los saberes y todas las artes para vivir mejor, y que entender que no todo tiene que ser útil podría ser nuestra salvación. Únanse a la discusión.

 

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Recuerdos de la pasantía de Paula Arriet

i oct 17th No Comments por

En Espantapájaros, ofrecemos pasantías para los adultos que trabajan con la primera infancia y quieren acercarse y conocer desde la práctica nuestro trabajo con niños entre ocho meses y cinco años. “Aprender en el territorio de la primera infancia” es un programa de inmersión en este mundo fascinante de los bebés, los niños, los libros y el arte.

En septiembre de este año, 2017, recibimos a una pasante chilena: Paula Arriet. Durante un mes, su acento nos acompañó e hizo parte de nuestra vida. Ella viajó desde Puerto Montt, una ciudad ubicada en el sur de Chile, para asombrarse, conocer y reflexionar con nosotros sobre las diversas posibilidades que se dan en el terreno de la primera infancia. Paula es diseñadora de profesión, pero desde hace ocho años ha trabajado en gestión social y cultural. Actualmente es la directora de RINFAM (Rincón de la Familia), una corporación que trabaja con niños y sus familias para proporcionarles un espacio de calidad mediante el desarrollo personal y familiar.

Desde el 4 hasta el 29 de septiembre, Paula y las personas del equipo de Espantapájaros compartimos detalles, inquietudes y descubrimientos acerca del trabajo en torno a las salas de lectura y de pedagogía artística. Paula acompañó a las profesoras en su trabajo con los niños del Jardín: con los grupos de los más pequeños participó en rituales como el saludo, el juego libre, la hora del cuento y el Club de Lectura; con los grupos de los niños más grandes, se involucró en los proyectos de aula y en los escenarios en donde estos se entretejen con la literatura.

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Paula también estuvo con nosotros en la librería, para mirar detalles como la organización de los libros de acuerdo con la edad, los recomendados y “los más mordidos”; con Eliana García, nuestra profesora de música, aprendió todo lo que hay detrás de nuestro taller de iniciación literaria para bebés, Cuentos en pañales. La pasantía de Paula también tuvo tutorías y espacios de discusión: con Jimena Rojas sobre fomento lector, y con Yolanda Reyes, escritora y directora de Espantapájaros, sobre el libro La casa imaginaria, y a partir de él, sobre cómo pensar la literatura en la primera infancia, cómo concebir espacios de formación de lectores y expresión artística

Uno de los momentos que más cautivó a Paula fue el Club de Lectura, en el que los niños escogen los libros que quieren llevar a su casa para leerlos con su familia. “Me llevo en el corazón el Club de Lectura, en donde encontré el alma de Espantapájaros. En ese momento, los niños pasan a ser los protagonistas del aprendizaje en un espacio seguro y familiar. En él se evidencia el vínculo y el amor por los libros. Allí se unen la librería, el proyecto educativo y los talleres”, dijo Paula.

Libro

La pasantía de Paula fue especial por muchas razones: una de ellas, porque su hija Lourdes vino a jugar, a leer y a explorar con nosotros y con los niños del jardín. “Los niños no tienen prejuicios y abrazaron a Lourdes sin preguntar de dónde venía; no les importó si era más alta, más baja o si tenía otro acento. La acogieron desde el primer momento; los niños son niños y la pasan bien. La primera infancia y la niñez en general no me dejan de sorprender”, nos contó Paula.

Durante su pasantía, Paula conectó a través del terreno de la primera infancia a la mujer de treinta y tres años con la niña de tres. “La mujer de treinta y tres encontró un proyecto maravilloso; y la niña de tres, un espacio seguro y una montaña de libros por morder. Sin duda será una experiencia que recordaré por siempre”.

Paula

Al regresar a Puerto Montt, Paula va a instalar una bebeteca en el RINFAM. “Durante la pasantía también aprendí cómo disponer el espacio para construir la bebeteca, cómo hacer el rito de la lectura, cómo debe ser la disposición de los cojines y cómo involucrar a las mamás. En diciembre vamos a montar una guaguateca, que es el nombre que le vamos a dar, en Puerto Montt”, nos dijo.

¡Muchas gracias por habernos acompañado, Paula!

Recordaremos los conocimientos y las experiencias que compartimos. Lourdes y tú son parte de Espantapájaros.

 

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Reseña: Una última carta

i oct 13th No Comments por

Una última carta
Escrito por Antonis Papatheodoulou
Ilustrado por Iris Samartzi
Editoral Kalandraka, 2016

Una última carta

Como si fuera una postal, el lector del libro Una última carta primero debe abrir un sobre para ver su contenido. Dentro de él está la historia del señor Costas, el único cartero de toda la isla. Es su última jornada de trabajo porque está a punto de jubilarse y debe llevar la noticia a todas las personas, pero ese día nadie está en su casa esperando el correo, como era habitual.

Las ilustraciones de tonos azules, blancos y ocres ubican la historia en una isla pequeña en el Mediterráneo. En todas las páginas, Iris Samartzi incluye elementos relacionados a las postales. En la playa, en la calle y en la fachada de las casas se alcanzan a ver sobres, sacas, sellos, estampas, imágenes y mensajes.

Al final del libro, Antonis Papatheodoulou presenta un punto de giro en la historia para sorprender al lector. Cuando el señor Costas termina el reparto en el último pueblo de la ruta, encuentra una carta sin destinatario; en el sobre solo aparece el nombre de una playa. Él siempre había entregado todo el correo, así que decide llevar esa carta, aquella que podría convertirse en la más especial de su trabajo.

El juego con la composición hace aun más interesante la lectura. Los autores narran la historia desde diferentes planos; incluso introducen al lector dentro de la saca del señor Costas para mostrarle la última carta.  Cada página es una nueva postal, en donde el complemento entre la imagen y el texto preciso invita a leer el libro una y otra vez.

Una última carta fue galardonado en el 2016 con el IX Premio Internacional Compostela de Álbum Ilustrado. Este libro no tiene edad; tanto niños como adultos disfrutarán este homenaje creativo a quienes han dedicado su vida a un mismo oficio.

 

 

 

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¡Así fue la visita de Keiko Kasza a Espantapájaros!

i sep 28th No Comments por

En Espantapájaros, los encuentros con los autores son experiencias que se quedan guardadas para siempre en la memoria poética de los niños. Cada encuentro es un acontecimiento que se va preparando lentamente y que está lleno de rituales, significados, pequeños detalles y muchos preparativos.

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No queremos que el autor pase tan rápidamente por nuestra vida. Queremos tiempo para acercarnos a sus libros: para morderlos, leerlos, disfrutarlos y releerlos, en la casa y en el jardín; con las profesoras y con la familia.

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Los encuentros con los libros tienen un antes, un durante y un después…

Cuando supimos que Keiko Kasza vendría a Colombia desde muy lejos (pues, aunque vive en Estados Unidos, había pasado dos años en Japón), empezamos a releer todos los libros de ella que tenemos en nuestra biblioteca y en las casas, y que tanto nos gustan.

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Rafael estaba seguro de lo que decía. Él hablaba con sus amigos y les recordaba: “Mañana va a venir Keiko Kasza”. Lucía trajo desde su casa el libro No te rías, Pepe y le pedía a su profesora que lo leyera. Cada vez que Isabella entraba a la biblioteca, buscaba el cuento Choco encuentra una mamá, se sentaba para verlo y tan pronto llegaba a la última página, volvía a empezar.

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Durante la hora del cuento, leímos una y otra vez libros como Mi día de suerte, Los secretos de Abuelo Sapo, El tigre y el ratón, Cuando el elefante camina y Choco encuentra una mamá. Y escuchar las narraciones construyó en los niños y en todos nosotros la ilusión de saber que conoceríamos a la escritora de esas historias que nos conectan con las emociones de la infancia.

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Los adultos asistimos a una conversación entre Keiko Kasza y Yolanda Reyes. La autora japonesa nos contó algunos detalles que no conocíamos de sus libros. Nos comentó, por ejemplo, que la idea del libro No te rías, Pepe surgió de un juego que practicaba cuando era niña: aguantaba la risa mientras sentía las cosquillas de manos de otra persona. Su discurso fortaleció el anhelo por recibir su visita en Espantapájaros.

Conversación Keiko

Invitamos a las familias a una hora del cuento para que compartieran con nosotros el rito de la lectura; y después de leer los cuentos, nos acompañaron a comprar los favoritos para que Keiko los firmara. Carmen entró con Pablo, su papá, a la librería. Ya había tomado una decisión: Choco encuentra una mamá era el libro que quería. “¿Estás segura de que quieres ese? ¿No te gustaría llevar otro?”, le preguntó Pablo. “¡No! Yo quiero este porque no lo tengo en mi casa”, respondió mientras se acercaba a la caja para pagarlo.

Carmen y Alejandra

Unos días antes del encuentro, Rebeca sacó unas monedas de su alcancía, se las entregó a su mamá y le dijo: “Aquí está la plata para que compremos los libros”. Ella quería tenerlos todos.

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Antes de recibir a Keiko, también dibujamos a algunos de los personajes de los cuentos. Con marcadores, colores y pinturas reinventamos a Choco, a Pepe y a Coco Cocodrilo.

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Finalmente llegó el día que todos estábamos esperando. Creamos el ambiente para transmitir la ilusión que nos acompañó durante varios días. Pusimos los dibujos de los personajes y del bosque, porque luego de haber leído los libros de ella, los niños llegaron a la conclusión de que el bosque estaba presente en todos sus cuentos.

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Y cuando Keiko llegó se emocionó al ver los dibujos y al ver a los niños sentados en los cojines esperándola.

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Después de que le dijimos cuáles eran sus libros que más nos gustaban, (Choco encuentra una mamá y No te rías, Pepe), ella nos mostró una de las formas como se divertía cuando era niña: el origami. Nos pidió que contáramos hasta treinta y, de sus manos, salió un pájaro.

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Ella estaba dispuesta a firmar todos los libros. Los niños esperaron a que llegara su turno: aquel momento en el que estarían justo al frente de ella para observar con atención cómo dejaría su autógrafo en la primera página de cada cuento.

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Hijo de Paola

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Aunque Keiko se despidió de nosotros, los niños continúan leyendo sus cuentos; Isabella, sentada en el piso, todavía regresa a la primera página del libro Choco encuentra una mamá; y aún se escucha la voz de Rafael diciendo: “Conocí a Keiko Kasza”.

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Las familias nos han escrito para compartir con nosotros su emoción. Paula Quintero, la mamá de Lorenzo, nos dijo: “Quiero agradecer de todo corazón los maravillosos privilegios de los que nos permiten ser partícipes. Qué gran fortuna que Lorenzo haya podido hacer en Espantapájaros sus primeros años de escolaridad… Mi suegra dice que en Lorenzo se cumplió su gran anhelo de conocer a Keiko.” El tiempo que compartimos con ella y la calidez de sus historias seguirán guardados en nuestras memorias.

Otra Paula (Arriet), que vino desde el sur de Chile a hacer su pasantía en Espantapájaros, nos comentó que la visita de Keiko significó para ella “el momento mágico de conocer a la persona que está detrás de esas historias, aquellas que se conectan con la niña que llevo en mi interior.”

Y, por supuesto, aquí quedó el pájaro que nos dejó Keiko…

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Agradecemos a Fanuel Díaz y a Editorial Norma por habernos acompañado en la gestión de esta maravillosa experiencia.

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