Don Quijote en Espantapájaros: un curso de Carolina Sanín

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Espantapájaros tiene el gusto de anunciar el curso de literatura que Carolina Sanín dictará del 15 de marzo al 5 de abril de 2017.

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Grabado de Gustave Doré

Durante cuatro sesiones leeremos con detenimiento la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes. Observaremos la composición de la obra y los temas que la ocupan. Hablaremos sobre la amistad, la libertad, el deseo, la aventura, la frustración, la bondad, el trabajo y el ocio, el poder y sus límites, el amor romántico y la representación artística, entre otros asuntos. Pondremos atención a las articulaciones entre el pensamiento medieval y el pensamiento moderno, a la conjunción entre la cultura islámica y el cristianismo en España, a los descubrimientos del humanismo y al género de la novela.

Horarios: Miércoles de 5:30 a 7:30 pm en Espantapájaros del 15 de marzo al 5 de abril de 2017.

Inversión: 380.000.oo pesos colombianos, cuatro sesiones.

Inscripciones: comunicacion@espantapajaros.com / teléfono: 6200754

 

¡Inscríbanse pronto, cupos limitados!

 

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Carolina Sanín es autora de las novelas Todo en otra parte y Los niños, el libro de cuentos Ponqué y otros cuentos, los libros de humor Yosoyu y Alto rendimiento, el ensayo biográfico Alfonso X, el libro para niños Dalia y la antología crítica Pasajes de Fernando González. Obtuvo un doctorado en Literatura Hispánica de la Universidad de Yale. Ha sido profesora de la Universidad de Los Andes y de la State University of New York-Purchase College. Ha sido columnista de El Espectador, Arcadia, Credencial, Semana Sostenible y Semana.com.

 

* Para la primera sesión se recomienda que los participantes hayan leído el Prólogo y los primeros siete capítulos de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

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La preferencia de los grandes de Espantapájaros: dedos ágiles, y pies ligeros

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Por Pato Pereyra

Al volver a Espantapájaros tuve la inmensa alegría de encontrarme con algunos de los pequeños que había conocido en mi viaje anterior. Los recordaba contándome sus cuentos, sin necesidad de usar palabras. Apenas un parpadeo, una sonrisa, un cabeceo, alcanzaba para narrarme su historia favorita. Fueron mis maestros, los que me iniciaron en la Literatura para la Primera Infancia. Reconocerlos y sentarnos a charlar sobre sus lecturas fue como recuperar la magia.

Rebeca (2 años y 11 meses) prefiere libros de dinosaurios y de animales, según me contó su madre. En la librería de Espantapájaros conocen sus favoritos: Mini Dinosaurios en tercera dimensión; o Estegosaurio, de Océano Travesía. Estos libros sobre animales son los que Rebeca suele llevarse en préstamo a su casa. Recuerdo bien que el año pasado me pidió que le leyera muchas veces el libro Buenas Noches, Gorila, de Peggy Rathman. En realidad, ella fue quien me lo leyó varias veces hasta que lo aprendí.

A Rebeca pude acompañarla a la biblioteca en reiteradas ocasiones. El primer viernes, mientras la observaba caminar, con ese andar de gacela, escogió un libro y lo guardó bajo su brazo. Desierto, parecía un libro informativo, con mucho texto, sin embargo, entendí por qué lo prefería: desde su portada un enorme camello nos observaba. Entraba claramente en la categoría de sus preferencias. A la semana siguiente, volvió a elegir un libro con una portada de animales: La carta de la Señora González, de FCE.

Antes de regresar a Buenos Aires le pedí a Rebeca que me acompañara a la biblioteca y escogiera libros para mí. La excusa fue que quería llevarme para los niños argentinos los libros favoritos de mis amigos del jardín en Colombia. Pensé que me diría que no, ella tan tímida, tan distante… pero aceptó y me honró con su mano.

¡Los tres elegidos fueron libros de animales! A veces esta constancia sorprende a los padres. En una de nuestras conversaciones, la madre me aclara: “es ella la que elige”, y nadie lo duda.

Es curioso como los padres nos sorprendemos de que nuestros hijos pequeños tengan tan claras sus elecciones. Sin embargo, no haríamos esto si un amigo nos manifestara que solo lee ciencia ficción o novelas históricas. Creo que en sus preferencias se manifiesta desde pequeños la esencia de lo que es cada uno. Me recuerdo de pequeña, leyendo con interés las enciclopedias con imágenes de animales. Me fascinaban las que tenían preguntas, intentaba averiguar más sobre las peculiaridades de la rata canguro o del kiwi -que no solo era una fruta sino un ave-. Esa curiosidad por el mundo natural no se me ha quitado y aunque mis intereses hoy en día son muy variados, siento que aquello que disfrutamos de chicos, de algún modo, nos marca un camino que elegir, un norte a donde regresar si perdemos el rumbo*.

Para Ivanna (de casi cuatro años), otra alumna del jardín, los dinosaurios también son un disfrute. Asociamos los dinosaurios con los varones, como si fueran un imperativo del género, pero esto no es así. Stephen Jay Gould, paleontólogo y gran divulgador científico, comentaba que él era un muchacho chiflado de los dinosaurios cuando era pequeño.

“Una vez le pregunté a mi colega Shep White, un afamado psicólogo infantil, por qué los niños sienten tanto interés por los dinosaurios. Me dio una respuesta elegante y sucinta a la vez; grandes, feroces y extintos”

El papá de Ivanna me contó que su hija se había llevado a casa libros de dinosaurios, y debido a eso le está comprando una colección de National Geographic, de venta en los kioscos. Sus elecciones han ido afianzándose a medida que crece: el año pasado, Ivanna elegía libros que se relacionaban con el uso del baño, me dice, como El pequeño topo que quería saber quién le había hecho eso en la cabeza de Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch. Aunque el padre lo asocia a un período de su desarrollo (el tema del control de sus esfínteres), este libro informativo también habla precisamente de animales. Otro de sus favoritos era ¡Más te vale, Mastodonte!, de Micaela Chirif.

Lucía (recién cumplió 3 años) y en palabras de su padre, “es una devoradora de libros” (curioso que hablemos así de alguien que aún no ha comenzado a leer, pero hay varios entre los que asisten a Espantapájaros a los que les cabe este título). Entre sus favoritos estaban El día en que los crayones renunciaron, de Oliver Jeffers, y los libros de Dr. Seuss. Según el papá, esto ocurrió luego de ver las películas. A medida que crecen, sus preferencias lectoras también se alimentan de la televisión o de las películas que han visto. Al revés de lo que pensaríamos, las pantallas, en vez de alejarlos de los libros, los llevan al encuentro de nuevos con ellos.

Juan Felipe Álvarez (4 años) ex alumno de Espantapájaros, pasó por la librería y me dio la oportunidad de volver a verlo (la mamá me dice que él espontáneamente le pidió ir a ver libros). Entre sus elecciones estaba, justamente, uno de dinosaurios, un libro informativo con mucho texto, quizás para alguien de mayor edad. Su madre me cuenta que entre sus libros favoritos se encuentra El expreso Polar, más desde que descubrió que hay una película en Netflix. Lo mismo le ocurrió a Hanna, de 4 años, también ex alumna de Espantapájaros. Según me contó la mamá, desde que vio la película de la Princesa Mononoke se volvió fanática de los libros sobre lobos. Entre sus favoritos se encuentra Gorilón, de Jeanne Willis, y según me cuenta su madre, esta preferencia por los libros de animales le viene de pequeña.

Julieta, de 3 años y 9 meses, también ex alumna del jardín, es otra “devoradora de libros”. No se detiene, cada vez que nos sentábamos a leer escogía dos o tres libros. Ella fue una de las pocas que podía poner en palabras que le gustaba o disgustaba de un libro. Entre sus favoritos se encuentran los libros sobre relaciones como Es hora de dormir papá, de Coralie Saudo; y Mi mascota, de Yolanda Reyes. En estas semanas, cuando le pido a Julieta que escoja de la biblioteca personal algún libro de su preferencia, ella vuelve con Vas a ser la hermana mayor, de David Bedford y Susie Poole. Ya hace un año y medio que Julieta es “la hermana mayor” y, por eso, le regalaron el libro. Me cuenta que es un libro que habla de lo que debe hacer una hermana. Conoce muy bien el texto y me lo refiere como si lo estuviera leyendo, contándome hoja por hoja lo que dice.

Esteban, de 5 años, me acompañó a la biblioteca de Espantapájaros en mi último día. Él eligió, sin dudarlo, los que serían sus cuatro libros favoritos. Los tres bandidos, de Tomi Ungerer; Drigo dragón, de Teresa Durán; Asombrosos lagartos, de Trevor Smith;  y Mientras se enfría el pastel, de Claudia Rueda¡Variadas elecciones!

Los tres bandidos está entre los libros que Esteban se lleva a su casa hace ya un tiempo, y sé que lo conoce, porque aunque el título del libro no se veía, no dudó en tomarlo en primer lugar.

Bernardo (3 años) elegía el año pasado los libros de Yolanda Reyes: Cucú o Ernestina la gallina, favoritos entre los pequeños de Espantapájaros. Cuando volví a Colombia, la madre sorprendida me cuenta que Bernardo le leyó José Tomillo (un claro favorito de muchos niños del jardín). A esta edad –la de Bernardo- son muchos los que pueden repetir un texto de memoria, lo que sorprende a los padres. Julieta, por ejemplo, se aprendió El diccionario para bebés que le lee a su hermano pequeño. Bernardo también comparte lecturas con Joaquín, su hermano pequeño, pero de esto hablaremos seguramente en otro artículo.

* Conversando de esto con Yolanda Reyes, me refirió que sus libros favoritos de pequeña trataban sobre las relaciones interpersonales.

**en el artículo “La estafa de los dinosaurios”en Brontosaurus y la nalga del ministro Stephen Jay Gould, Crítica editorial.

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Mi segunda visita a Espantapájaros (Primera entrega)

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Patricia Pereyra visitó Espantapájaros por primera vez en el año 2015. Como pasante, “Pato”, sobrenombre con la que la conocen sus allegados, vino desde Argentina a conocer nuestro proyecto, motivada por su búsqueda constante por acercar “libros a lectores”. Este año en el mes de marzo, volvió a Colombia y estuvo en nuestra casa con los niños quienes, como ella dice, la “iniciaron en la Literatura para la Primera Infancia”.

Por Patricia “Pato” Pereyra

Mi profesión es la biología, eso es lo que he estudiado y de lo que vivo. Como bióloga di clases a alumnos en el ingreso a la Universidad de Buenos Aires (los más pequeños de la UBA, que pueden tener de 18 años a 60 años), y actualmente a estudiantes de la escuela Secundaria (que arrancan en los 14 años). En mi trabajo cotidiano no me encuentro con niños de tan corta edad como los que vienen al jardín infantil de Espantapájaros, por eso cuando me lo permiten, lo disfruto terriblemente. Hace ya algunos años que decidí dedicarme, como voluntaria, a la animación a la lectura. Acercar libros a lectores, sembrando poesías o cuentos, para quizás en un futuro, cosechar lectores, es una tarea que no discrimina edades. Una vez al mes, desde hace dos años, llevo mis libros a la plaza, como parte de “Picnic de Palabras”. Buscando provocar la lectura de libros en familia, esta iniciativa nativa de Bogotá ha ido ganando voluntades por el mundo y se ha extendido por distintas localidades de Argentina.

Esta fue mi segunda visita a Espantapájaros. El año pasado, comencé a escribir una crónica que titulé “Del llano a las alturas, de las alturas al llano”. Elegí el título pensando en la diferencia de altitud entre mi ciudad: Buenos Aires, sobre la costa del Río de la Plata, y Bogotá, ciudad en la que algunos compatriotas (me han prevenido) sufren mal de altura. Pero también hablaba de mí, de cómo lo primero que me ocurrió en Espantapájaros fue tener que abandonar mi altura (1.71 m) desde la que me erguía al hablarles a mis estudiantes adolescentes, para agacharme, arrodillarme o sentarme, durante dos semanas lado a lado con estos queridos niños. Este año me propuse volver y no solo terminar aquella crónica, sino intentar responder algunas preguntas que me surgieron en mi anterior experiencia.

El punto de partida para este trabajo fue la información que el equipo de Espantapájaros ha reunido a lo largo de varios años. En su blog y en la librería pueden encontrarse con “la lista de los libros más mordidos”. Esta información surge de las fichas que completan las profesoras, donde se anotan los libros que eligen en el Club de Lectura los niños para llevar a casa y compartir con las familias. Al revisarla, observamos muchos libros de rimas, con textos cortos, que sabemos son los preferidos de los más pequeños. Es que son ellos, con su tendencia a la repetición, los que suelen inclinar la lista según sus preferencias.

Nos preguntamos: ¿qué elecciones realizarán entonces los más grandes? Por otro lado: ¿Cómo eligen que leer, tanto los pequeños, como los mayores? ¿Son estas elecciones constantes o van variando a lo largo del tiempo? ¿Qué los hace decidirse a escoger un libro: la imagen, el tema, el autor, o todo? ¿Podría ser que niños de menos de 4 años ya tengan autores de preferencia?

Un segundo grupo de preguntas tenía relación con la forma en que leen. Sabemos que los bebés pueden leer antes de leer y queríamos explorar cómo lo hacen. Y también lo que ocurre con los niños más grandes, que llegan a Espantapájaros ¿Será que ya leen solos o prefieren hacerlo en compañía de un adulto? ¿Son capaces de compartir esas lecturas con su entorno, sus hermanos y amigos?

Espantapájaros es un jardín infantil con niños de edades desde un año y seis meses hasta cinco años y medio. Hay niños que han llegado de muy pequeños, en brazos de sus padres, abuelos y niñeras, que los traían a “Cuentos en pañales”, desde los ocho meses. Otros tienen hermanos mayores que ya han estado en el jardín. Es común entonces, encontrarse con experimentados lectores, a pesar de su corta edad. Nos propusimos hablar con ellos (o escuchar lo que ellos querían contarnos sin necesidad de palabras), observarlos, revisar sus fichas de préstamo y entrevistar a padres y maestros para intentar responder algunas de estar preguntas.

Las preferencias de los pequeños, pequeños (los de manos gorditas y pies rechonchos)

La pregunta inicial: ¿Qué leen?

¿Leen los bebés? En Espantapájaros, muchos de los chicos que apenas comienzan el jardín ya han asistido al taller de Cuentos en Pañales, con lo cual a pesar de su corta edad, llevan años como lectores, o tienen hermanos mayores que sí han asistido. Esto marca una diferencia con otros niños que he visto en las actividades que realizo en la Plaza en Argentina.

En general, al llegar con los libros, y luego de acomodarlos sobre manteles, me acerco a la gente invitándola a tomar los libros. Muchas veces me ha pasado que cuando invito a padres con bebés, me responden: “¡Gracias!, pero todavía no lee” o “Gracias, pero es pequeño para los libros”.

Sin embargo estos niños, que apenas caminan, que casi no hablan, no solo leen, sino que escogen qué leer y cómo.

Con frecuencia, al entrevistarlos, papá o mamá nos cuentan (un tanto resignados, ¿quizás hasta aburridos?), que suelen escoger libros a repetición. Eligen leer lo mismo, una y otra, y otra vez. Semana tras semana se encuentran con que su hijo ha traído el mismo libro a casa. Muchas veces, además, traen de la Biblioteca de Espantapájaros el mismo ejemplar que ya los espera en la biblioteca de su hogar. Susana, de 2 años, alumna de Ana María, realmente disfruta la lectura de Estaba la rana (un libro de pequeño formato, con texto de Paloma Valdivia e ilustraciones de Carles Ballestero de Editorial Amanuta). He podido verla en el aula, acompañando la canción y repitiendo algunas partes, disfrutándola “a cuerpo completo”. Su madre, luego de que Susi llevara varias semanas el libro a casa, decidió comprárselo. Dos días después en el Club de Lectura de los viernes, Susi volvió a escoger Estaba la rana. Cuando Ana María, su maestra, le dijo: “Escoge otro de la canasta, este ya lo tienes en casa”, Susi insistió. La vi guardándolo en su bolsa morada, para llevarlo a casa, seguramente para sorpresa de su mamá.

Será lo cotidiano, la familiaridad de lo conocido que nos brinda seguridad, o quizás se deba a que se necesitan la repetición para ir comprendiendo de a poco el sentido del texto hasta hacerlo propio. Un pequeño, que aún no descifra esas marcas en el libro, requiere para “recordar” su texto favorito repetirlo varias veces hasta aprendérselo de memoria, nos comentaba Yolanda Reyes al final del curso sobre literatura infantil “Para nombrar las emociones”.

Podría pensarse que eligen libros al azar, pero no, algunos escogen por tema: “los de animales”, o “los de dinosaurios”. Y otros tienen ya sus autores favoritos. Lorenzo (Lolo) de 22 meses (también de la sala de Ana María) semana tras semana se lleva a su casa los cuentos de Satoshi Kitamura. Entre los que repite se encuentran Perro tiene hambre, Pato está sucio o Ardilla tiene sed. Al inicio del semestre, la mamá al asistir a la primera reunión había comentado: “¡Suerte que terminaron las vacaciones, ya extrañábamos a Satoshi Kitamura!”. Dicho y hecho, en el Club de lectura, Lolo volvió a elegir los libros de ese autor. Quizás podría pensarse que en la sala no ha habido otras opciones, o que justo en la hora de cuento Ana estuvo leyéndoles sus libros, pero no. Esta semana disfruté acompañándonos en el Club de Lectura de los viernes. Durante todo el tiempo en que sus compañeros escogían que libros llevar, Lolo exploró otros autores. Leyó Buenas noches, Gorila de Peggy Rathman. Incluso se detuvo en varios libros de Eric Carle, pero cuando lo llamaron para llenar su ficha con el libro que se llevaría a casa, escogió Pato está sucio.

Curiosamente, en estas dos semanas cuando entrevistaba padres sobre las preferencias lectoras de sus hijos, la mayoría no me mencionaba el libro por el autor. Era “el de la lombriz”, o “los de Maisy”, a veces más general aún, solo podían nombrar …”los de animales”. Uno de los pocos libros que pudieron mencionar por el título fue “José Tomillo” (un libro muy escogido entre los lectores mayores del que luego hablaremos). Sin embargo, la mamá de Lolo, mencionó directamente “los libros de Satoshi Kitamura”. ¿Sería muy disparatado pensar que fue Lolo con su insistencia quien le enseñó a su madre reconocer a su autor favorito?

Entre los libros más elegidos por los pequeños, pequeños, se encuentran los libros que cantan. Dice Yolanda Reyes, en la presentación de “El libro que canta”(Alfaguara): “Leer, en la primera infancia es una experiencia de vida. Lo que el bebé lee no es el sentido literal de las palabras sino sus ritmos y sus poderes mágicos para esperarlo, acunarlo, escribir con su cuerpo, cantar, contar y jugar con él.” Alejandra de 22 meses, de la sala de Ana María, (compañera de Susi), disfruta también Estaba la rana. Al ir pasando sus páginas, mientras Ana acompaña el texto con su voz, ella termina los versos con ajustada entonación, moviendo su cuerpo con entusiasmo. Cuando le preguntamos a sus padres por sus preferencias, nos cuentan que a Ale “Le gustan más que los libros, la música”. Dicen que disfruta de los videos que le muestran, y de las canciones que escucha en el celular. Es común que los más pequeños de Espantapájaros, escojan libros basados en nanas, o canciones, Las mañanitas, La pájara Pinta y Duerme Negrito se cuentan entre los favoritos. Es que justamente un libro puede guardar música, aun cuando no se haga oír hasta que, aquel otro, le presta su voz

Entre los que ya tienen dos años o más, ya en la Sala de Natalia, tanto Tomás (2 años y 5 meses) como Carmen (2 años) suelen también, repetir lecturas. Mientras que el primero llevó varias semanas los libros de Satoshi Kitamura, Carmen, prefiere los que tienen “hoyos”, según cuentan sus papás. Libros que permiten interactuar al lector, jugar con ellos, “meter mano” como diríamos en Argentina. Los de Taro Gomi, cuentan entre los favoritos (Hay un ratón en la casa). Tomás en su casa disfruta de una Enciclopedia de Animales. Y Carmen, elige también José Tomillo de Ivar Da Coll, Ardilla tiene hambre y Gato tiene sueño de Satoshi Kitamura. Otra preferencia de Carmen (y de varios niños más en Espantapájaros) son los libros de Yolanda Reyes, Ernestina la gallina (con ilustraciones de Aitana Carrasco) y Cucú (ilustrado por Cristian Turdera).

En esta primera entrega, vemos que los pequeños de manos gorditas y pies rechonchos, leen con todo el cuerpo, se abren a la música de las palabras, eligen repetir de sus favoritos, y como los mayores, tienen sus temas y hasta sus autores de culto. Claro que tenemos mucho más que contar…

Dado que esta historia continuará…

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Reseñas Clásicas: Roberto está loco

i nov 25th No Comments por

Roberto está loco

Triunfo Arciniegas
Colección Los Primerísimos
México, Fondo de Cultura Económica, 2005

Triunfo Arciniegas, uno de los más premiados autores colombianos de literatura infantil, se ha planteado como el mayor reto de su carrera hacer libros para los más pequeños. Roberto, su personaje, es un sapo loco y feliz, creado enteramente por Arciniegas, quien ahora se dirige a los “primerísimos lectores”, no sólo como autor sino también como ilustrador, en un poético álbum que conserva su estilo inconfundible.


Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista Cambio de Colombia y aparece en este medio con su autorización.

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Reseñas clásicas: Olivia

i nov 9th No Comments por

Olivia

Ian Falconer
Traducción al castellano de Ernestina Loyo
México, Fondo de Cultura Económica, 2001

¡Todos aman a Olivia! dice en la solapa de Olivia saves the circus, la segunda obra de Ian Falconer para niños que está en furor en Estados Unidos. Las jugueterías venden una gama de mercancías que el olfato comercial de los norteamericanos se lanza a producir cuando descubre un personaje emblemático. En las librerías virtuales se puede comprar la versión en español de Olivia la reina del circo, sin haber salido de la imprenta. En menos de dos años, esta cerdita se puso de moda y arrasó con los premios de la crítica especializada. Olivia fue uno de los Libros de Honor de Caldecott, el prestigioso galardón que se otorga a los libros ilustrados, y a este reconocimiento se suman muchos otros. Es best seller del New York Times, de USA Today, y de Los Angeles Times; y en el 2000 fue el mejor libro del Child Magazín y el Premio de Oro de los padres norteamericanos.

El lector se preguntará si se trata de un fenómeno como Harry Potter y una respuesta simplista que sólo se fijara en las ventas o en el hecho de suscitar segundos títulos en poco tiempo podría ser afirmativa. Pero algunos detalles hacen pensar que se trata de fenómenos distintos: En tanto que Harry Potter ha sido de mejor recibo entre el público profano, Olivia ha llamado la atención de los expertos en literatura infantil y de otros círculos de intelectuales. Quizás esto se deba a que su autor era ya una figura reconocida en el terreno de las artes visuales, antes de haber publicado libros para niños. Trabajó al lado del pintor David Hoockney, diseñó escenografías y vestuarios para ópera y ballet e hizo carátulas para el New Yorker.

Olivia, a simple vista, es una simpática cerdita “muy buena para cansar a la gente (…) Vive con su mamá, su papá, su hermano, su perro, Perry, y Edwin, el gato”. La trama del libro –que, para muchos, ni trama será porque en la historia no sucede nada especial– es la vida cotidiana. Por los pasatiempos de la cerdita deducimos que se trata de una niña citadina, tal vez de Nueva York, que va a museos con su mamá, adora las bailarinas de Degas, trata de superar el estilo de Jackson Pollock en las paredes de su apartamento y construye castillos de arena más altos que los rascacielos. El resto del tiempo hace lo mismo que cualquier niño: cargar al gato, lavarse los dientes, bañarse, hacer desastres; burlar la hora de la siesta; asustar a su hermanito y pedir muchísimos cuentos a su mamá, con tal de no dormirse. Nada digno de mención hay en el texto, por lo demás, bastante lacónico y casi minimalista. Sin embargo, es la manera de combinar palabras con imágenes y, más allá de eso, la intención explícita de hacer del diseño mismo del libro el centro de la propuesta, lo que marca la diferencia.

Desde la primera hasta la última página, se revela un estilo propio y una voluntad explícita por el diseño del conjunto. Las ilustraciones, hechas con témpera y carboncillo, crean un mundo de negros, sombras y matices, en el que contrasta la irrupción del color rojo. De negros y grises está hecha la foto familiar en la que sólo Olivia aporta el rojo y rojos son también su merienda, la cuerda del lazo, sus accesorios, sus travesuras y sus sueños. Pero además del juego con el color, hay otros elementos como el manejo de la perspectiva que reelabora el mundo conocido desde el punto de vista de los niños; el trazo ágil que capta figuras en movimiento, gestos y expresiones y una diagramación muy cuidadosa, llena de sorpresas. Todos estos elementos imprimen a Olivia una indiscutible personalidad, cercana a los pequeños que conocemos. Es inevitable que los lectores de todos los tamaños se enamoren de la ternura, el humor y la inteligente sencillez de Olivia y sigan agotando ediciones, como sucedió también en la Feria del Libro de Bogotá.


Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista Cambio de Colombia y aparece en este medio con su autorización.

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Cuentos en pañales: ¡así nos hacemos lectores!

i oct 5th 1 Comment por

Cuando llegamos nos abrazamos y miramos libros

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Después nos saludamos y Lucía nos cuenta cuentos

Cuentos

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Prolongamos la emoción de la lectura con otros lenguajes

Cuentos

Otros lenguajes

Al final, elegimos nuestros libros y los llevamos en la pañalera

¡Así nos hacemos lectores!

Escogemos

Lectores

Llevamos los libros

 


 

Cuentos en pañales

Todos los miércoles de 2:30 a 3:30 p.m. en Espantapájaros

 

Más información:

Teléfono: 6200754

Correo electrónico: comunicacion@espantapajaros.com

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Reseñas clásicas: ‘Historias de ratones’, de Arnold Lobel

i sep 3rd No Comments por

Historias de ratones

Arnold Lobel
Traducción al castellano de Xosé Manuel González
Kalandraka editora, 2000

 

Dentro de la creciente producción editorial para niños, hay libros que nunca pasan de moda. Incluso, pueden dejar de circular durante un tiempo sin que eso los condene al olvido. Tal es el caso de Historias de Ratones, un álbum escrito e ilustrado por Arnold Lobel. El autor norteamericano, conocido también por otras entrañables historias de animales como las de Sapo y Sepo; Búho en Casa o Saltamontes va de viaje, murió en 1987 pero sus historias siguen estando más vivas que nunca. Por eso me parece una excelente noticia para los amantes de la buena literatura infantil que la editorial española Kalandraka haya reeditado, junto a la profusión de nuevos títulos, esta obra que antes circuló bajo el sello de Alfaguara.

¿Qué hace de Lobel uno de esos maestros a los que ya podemos llamar, sin titubeos, “clásico”? ¿En dónde radica la fascinación que sus historias producen, no sólo en los niños pequeños, sino en la gente sensible de todas las edades? Se me ocurren calificativos como sencillez, mesura, contención y humildad. Ninguno de esos ingredientes suele ser de buen recibo, sobre todo en un ámbito como el del diseño de libros para niños que exige cada vez mayores alardes de creatividad. El estilo de Lobel, sin embargo, parece ir en contravía. Sus historias, contadas con pocas palabras –las imprescindibles– y dibujadas con trazos sencillos que exploran matices en una paleta reducida de colores, captan la esencia de la condición humana. Valiéndose de esas criaturas animales, Lobel crea metáforas de los sentimientos, las debilidades, los pequeños dramas y las alegrías cotidianas de cualquier persona, sin distinción de cultura, raza, sexo, tamaño o latitud. Y, con una sabiduría esencial, nos habla de valores humanos universales, sin caer en moralejas simplistas ni en lugares comunes, típicos del género.

El hilo conductor de las Historias de ratones está dado por el papá ratón que cuenta siete historias a sus siete hijos antes de dormir. Cada una es un homenaje a las pequeñas cosas y también a la sensibilidad infantil, con su forma peculiar de percibir el mundo. En este álbum, tanto texto como ilustración se compenetran para crear un ritmo repetitivo, simétrico y musical, mediante recursos retomados de la poesía y del cuento tradicionales. Lejos de agotarse en las palabras, las imágenes y la diagramación contribuyen a la construcción de una atmósfera llena de acentos poéticos y de humor sutil, en la que no sobra ni falta nada. Sé por experiencia, que los pequeños, ávidos siempre de la repetición, reclamarán a sus padres estas historias una y otra vez a la orilla de sus camas. Y también puedo asegurar que los adultos no bostezarán mientras las leen a sus “ratones de biblioteca”. El mismo Lobel declaró que se preocupaba por lo que las historias significaban para los niños pero que, a la vez, era consciente de que todas las cosas que sucedían eran esencialmente muy personales para él y tenían resonancias en su propia vida. “Yo no me siento contento a menos que mis libros apelen también a los adultos”. En esas palabras, quizás, está la clave de su trabajo.

El libro sólo tiene un problema: la conversión de euros a pesos colombianos no resulta favorable en los tiempos que corren. Es una lástima porque la reciente apuesta editorial que hace Kalandraka, con éste y muchos otros títulos, es una de las más serias en el ámbito de la literatura infantil.


Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista Cambio de Colombia y aparece en este medio con su autorización.

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Los mundos posibles del libro álbum

i ago 29th No Comments por

Este año, Galia Ospina, escritora, docente e investigadora experta en Educación, lanzó su libro El libro álbum: experiencias de creación y mundos posibles de la lectura en voz alta. En Espantapájaros no queríamos dejar pasar este gran lanzamiento y hablamos con Galia sobre su libro. Esto fue lo que ella nos contó:

El libro álbum es el resultado de mi tesis de Maestría en Educación, presentada como requisito para obtener el título de magíster en Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. Fue muy iluminador contar con el sensible acompañamiento tutorial de Beatriz Helena Robledo y el apoyo de Mauricio Pérez Abril, coordinador de la línea de investigación “Sistemas didácticos en el campo del lenguaje”.

Este libro tiene su origen en la experiencia de lectura compartida en el contexto de los talleres literarios que coordino en la Fundación Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, y en la experiencia de lectura con niños en las bibliotecas públicas El Tunal y Servitá.

Empecé a deshilvanar la escritura del texto rescatando mis lecturas de infancia y evocando el espacio de los recuerdos, que se tejen con los otros y el mundo. El libro abre la posibilidad de ser también un puente entre el mediador y los niños y jóvenes. Son tres aristas fundamentales del triángulo para mantener la coherencia y la estructura de la presente obra. La narración busca, a su vez, tejer diferentes voces y aspectos conceptuales con un tono testimonial, que no pierda de vista el desafiante equilibrio entre la experiencia, la reflexión a partir de lo vivido alrededor del centro solar de los libros, la lectura y la relevancia del mediador en contextos pedagógicos.

La escritura se convierte en un viaje marcado por las voces que se han inscrito en mi libro interior para reconfigurarme en el mundo de la intersubjetividad.

El libro es un juego de reenvíos y reflejos entre los diferentes elementos que lo conforman como un tejido.

El primer capítulo expone una reflexión autobiográfica acerca de la primera escena de la lectura y del poder de esta para construir un lugar que se expande de acuerdo con el ejercicio de nuestra memoria y nuestra imaginación.

El segundo capítulo ofrece una breve panorámica del libro álbum, que incluye una aproximación conceptual, un contexto histórico, un análisis de los paratextos internos y externos, y de algunos de los autores más relevantes del género, para redimensionarlos a la luz de la experiencia de lectura compartida con niños en las bibliotecas públicas. También se encuentra una reflexión acerca del lugar que ocupa la lectura en los jóvenes universitarios desde el reconocimiento de sus escrituras y recuerdos de infancia.

El tercer capítulo rescata la pedagogía por proyectos a partir de la experiencia de generar una motivación hacia el proceso creativo de la maqueta de un libro álbum con los jóvenes universitarios.

Un cuarto apartado reflexiona sobre la puesta en escena de la lectura en biblioteca. Se resaltan los rituales de lectura, el contacto visual, las modulaciones de la voz y los vínculos afectivos.

Espero que este trabajo pueda ser de utilidad para los promotores de lectura, los bibliotecarios, las familias, los educadores y todos aquellos que buscan en la lectura un espacio íntimo que nos ayuda a conocernos mejor. Sé que otros lectores sabrán habitar mi voz. Y entonces mi limitado “yo” se volverá coro de voces, multiplicidad. Ya no será mi palabra, mi experiencia individual. Otros se leerán en estas líneas que ya no serán mías.


Como dice Galia: “Se lee y escribe para saquear del mundo toda la belleza que contiene.”, El Libro Álbum_Galiay eso fue lo que lograron Editorial Javeriana y el equipo de diseño de La Silueta: un libro que  no solo exalta al libro álbum como género, sino que nos recuerda el valor de un libro editado con cuidado y que hace mérito a la investigación que contiene.

El próximo lunes 19 de septiembre a las 6 p.m., Galia Ospina presentará El libro álbum: experiencias de creación y mundos posibles de la lectura en voz alta, en Espantapájaros. Yolanda Reyes conversará con la autora sobre el género del libro álbum y la experiencia de lectura con niños.
Para asistir, no olviden registrarse enviando un correo a comunicacion@espantapajaros.com

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Esta semana en Espantapájaros:

i ago 16th No Comments por

La semana puede ser corta pero en Espantapájaros tendremos muchos eventos especiales:

Martes 16 de agosto

 

Empieza oficialmente el segundo semestre de 2016. Estaremos compartiendo toda la mañana con los niños de nuestro jardín infantil, veremos caras nuevas y reconoceremos muchas antiguas. En los próximos días les contaremos todo lo qué pasa esta semana.

Por la tarde, reinician los talleres para niños y bebés, esta vez con una programación nueva que no se pueden perder. Para el segundo semestre de 2016, tendremos más propuestas, más actividades, muchos libros, música, arte y movimiento. Para conocer toda la información pueden hacer clic aquí, o llamar a Espantapájaros al 6200754.

Expresion Corporal 1
Los niños del jardín.
Los niños del jardín.

Jueves 18 de agosto

 

Nuestra directora Yolanda Reyes conversará con Margarita Valencia en el lanzamiento de Qué raro que me llame Federico, su novela más reciente. El evento se llevará a cabo en el auditorio del Edificio Semana: Carrera 11 # 77-49, a las 7pm*. Esta es una invitación que extendemos a toda la familia Espantapájaros. 

Invitación Federico

*Entrada libre.

Sábado 20 de agosto

 

Para finalizar la semana, tendremos la presentación del libro Manual Felino en Espantapájaros. Estaremos compartiendo la mañana con Nohora Torres y Valentina Cabrera, autoras del libro, y el equipo de la editorial Albaricoque Libros. Ellos visitarán nuestra casa para realizar distintas actividades con los niños y todos los amantes de los gatos. La cita es a las 11 a.m. y la entrada es gratuita con registro previo. Para más información: comunicacion@espantapajaros.com

 Manual Felino en Espantapájaros
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Felinos en Espantapájaros

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Manual Felino es un libro escrito por Nohora Torres, ilustrado por Valentina Cabrera Lemaître y publicado por Albaricoque Libros en 2015. El manual está cargado de ‘conocimiento animal’ y, sobre todo, de mucha creatividad para hablar de aquello que pocos sabemos sobre los gatos. 

'Manual Felino'Cuando este libro llegó a nuestra librería celebramos la novedad, nos sorprendimos y entendimos que todavía tenemos mucho que aprender de los felinos. Por eso, sin dudarlo, quisimos invitar a Espantapájaros al equipo detrás del Manual Felinoy ¿adivinen? ¡Aceptaron!

El 20 de agosto recibimos a los editores de Albaricoque Libros, para la presentación de su Manual en nuestra casa. También nos acompañaron Nohora y Valentina, quienes realizaron diferentes actividades con los niños asistentes. Hablamos sobre las mascotas, hicimos origami y dibujamos, ¡dibujamos muchos gatos! 

Manual Felino en Espantapájaros


Estas son algunas de las fotos del taller:

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