A la hora del cuento: la experiencia de leer a los niños

i jul 24th No Comments por

 

…Para leer un cuento se necesita casi lo mismo que para bailar la Bamba: “un poquito de gracia y otra cosita”. La gracia la aporta cada niño: sus oídos atentos a esa voz que inventa un mundo, sus ojos abiertos y asombrados que van y vienen, del libro al rostro adulto, y esa cercanía deliciosa que tienen los niños para buscar refugio en el calor de sus seres queridos. Las otras cositas las aportan los adultos: ese ritual que se repite cuando papá, mamá o cualquier cuidador amoroso deja su vida en suspenso para entregarles una historia.

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(Luca Torrado y sus padres, Carolina Vegas y Santiago Torrado)

Con las palabras mágicas del érase una vez se erige un mundo imaginario, donde no caben el teléfono ni las urgencias del mundo real. “Que nadie interrumpa porque estoy leyendo un cuento”, dirá el adulto. Entonces los niños irán aprendiendo, piel a piel, que esa conversación sobre la vida que ocurre entre las líneas de un cuento da nombre a las emociones. Y aprenderán también a querer los libros porque les permiten conversar con sus seres queridos.

En esa coreografía que es como un baile y que amarra a una pareja lectora-niño y adulto o que hace una rueda para convocar a todo un grupo, en el hogar, en una escuela, en el parque, en una biblioteca, está la esencia de la lectura y ustedes saben cómo crearla. ¿Acaso, alguien podría enseñarles a bailar, a enamorarse o a arrullar a un bebé? Lo que sí puedo corroborar, como lo han dicho muchos de ustedes durante estos días, es que los niños no llegan solos a la lectura y que para leer en la infancia, se necesitan los adultos: sus voces que suben y bajan, que exclaman, preguntan, cuentan y cantan son la partitura para aprender a hablar, a escuchar y a leer lenguajes diversos. Ese triángulo amoroso que une tres vértices –libro, adulto y niño– se queda en la memoria profunda de los primeros lectores.

Sí, pero cómo leer, suelen preguntarme los padres. “Es que yo tartamudeo o leo despacio o muy rápido”… Por eso voy a contarles un secreto que me han contado los niños: nadie lee mejor los cuentos que un papá, una mamá o un adulto amado por ellos. Aunque yo hiciera un doctorado en el arte de contar cuentos, sus niños los elegirían a ustedes. ¿Y saben por qué?…Porque mientras leen, ustedes se revelan ante ellos: ustedes son el lobo y también el refugio, y los niños descubren que ustedes también podrían tener miedo y vencerlo, que ustedes también sueñan y sienten.

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(Salvador Leyva y sus padres, Valentina Lizcano y Ricardo Leyva)

No hay nada más fascinante para un niño que descubrir cómo se pueden experimentar, en ese lugar seguro del lenguaje, las emociones y las peripecias que nos hermanan a todos, grandes y chicos. Esa posibilidad de emocionarnos con la emoción de otros, que llamamos empatía, se aprende en las experiencias literarias de la infancia. Y como los niños tienen pocos años de experiencia, se asoman, a través de las historias que viven en sus voces, a la experiencia de los mayores.

Pero hay otra razón más poderosa para que sus niños los prefieran a ustedes y es que, mientras dura la historia, no se pueden escapar ni hacer nada distinto que estar ahí, de corazón y de viva voz. Y como a los niños les gusta tener cerquita a sus seres queridos, les pedirán un cuento y otro… y otro más. Porque los niños son hijos del “otra vez” y cuando descubren que las palabras son un conjuro para prolongar la presencia, prefieren sus voces a las de cualquier aparato, así como un bebé prefiere un arrullo cantado en la voz de su madre o su padre a la voz del mejor cantante del mundo.

La voz, el libro, el abrazo. No creo que exista un “lugar” más exacto para situar el nacimiento de la literatura en la vida.

Yolanda Reyes (2018)

*Una versión de este texto fue publicada en la Revista Bienestar de Colsanitas.

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Los 10 libros más mordidos del semestre

i jul 18th No Comments por

El 18 y 19 de julio de 2018, Yolanda Reyes hablará sobre los libros más mordidos de Espantapájaros en las Jornadas de animación a la lectura, escritura y observación, JALEO, de Valencia (España). Aprovechamos la ocasión para contarles a todos nuestros lectores cuáles fueron los más mordidos de este semestre: el primero de 2018.

El concepto de los libros más mordidos nació al ver cómo elegían libros los bebés, los niños y las niñas en nuestros diversos programas de formación de lectores, pues todos incluyen, como parte esencial, el préstamo domiciliario. Desde hace varios años, el equipo de animación a la lectura de Espantapájaros ha visto a los niños deambular por las estanterías explorando, saboreando y mordiendo las páginas los libros para decidirse por alguno. Esos gestos hacen parte del proceso de selección y, como consecuencia, los libros más populares de la Bebeteca suelen tener marcas de dientes. Ahora bien, los mordiscos no son las únicas huellas pues a medida que los niños crecen rodeados de libros y de voces adultas que los ayudan a dar palabras a sus sueños y a sus emociones, cada cual va formando su propio criterio y va aprendiendo, con una sabiduría asombrosa, a buscar los libros que su corazón le pide. Como en cualquier biblioteca pública, cada niño tiene una ficha de préstamo en donde están registrados los libros que ha llevado a su casa, las fechas en las que los eligió y los devolvió, y sus “firmas” –sus garabatos y sus huellas- que van quedando en las fichas como un acto ciudadano inicial: el de responder por los libros que llevan prestados.

Todos los semestres, a partir de esas fichas, el equipo de Espantapájaros reflexiona sobre el significado y la evolución de esas elecciones para seguir aprendiendo sobre las relaciones impredecibles, íntimas y muchas veces reiterativas que se establecen entre niños y libros. ¿Por qué un niño necesita llevar siempre el mismo libro y pedir sucesivas relecturas a sus padres? ¿Por qué los libros elegidos nos cuentan lo que muchas veces los niños no saben nombrar aún o no saben siquiera que les está sucediendo? ¿Por qué la literatura habla a los niños en un lenguaje cifrado y secreto y les permite tener profundas conversaciones sobre la vida? ¿Cuál es el lugar del adulto en este proceso? ¿Qué tanto debe intervenir, nutrir el gusto, pero también propiciar y respetar el criterio del lector?

Invitamos a todos nuestros seguidores a leer con todos los sentidos, a celebrar las elecciones de los bebés, los niños y las niñas y a contarnos cuáles son sus libros más mordidos. Los dejamos con nuestra lista de los diez más mordidos de Espantapájaros del primer semestre de 2018. ¡No se pierdan ninguno de los videos!

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1 El animal más feroz

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2 Hombre de color

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3 El monstruo de colores

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4 El día que los crayones renunciaron

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5 Buenas noches, pequeño monstruo verde

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6 Cucú

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7 Vamos a cazar un oso

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8 De los pies a la cabeza

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9 José Tomillo

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10 El grillo silencioso

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¡En Espantapájaros, la cocina fue protagonista!

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En la tercera semana de vacaciones, el ambiente de Espantapájaros se llenó de risas y sabores, salados y dulces, provenientes de las deliciosas recetas que prepararon nuestros niños.

Para cerrar la semana, nuestra invitada especial fue Denise Camhi; ella y los niños hicieron paletas de cereal que luego devoraron.

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También inauguramos nuestro mercado: en él había productos y alimentos para que las familias “compraran” (pagando con los bonos que los mismos niños hicieron durante la semana). Fue una mañana llena de diversión, en la que los niños se adueñaron por completo del mercado: lo atendieron y también compraron.

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Al final, Denise fue entrevistada por los niños, que se interesaron en preguntar sobre sus postres favoritos y conocer acerca de su trabajo.

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¡Así vivimos nuestra famosa subasta, EspantARTE!

i jul 9th No Comments por

En el curso de vacaciones, el viernes (6 de julio) fue la inauguración de nuestra famosa subasta, EspantARTE. Cada obra fue vendida “al mejor postor” y nuestros artistas se deleitaron con su recompensa: monedas de chocolate, que les dieron sus mamás, papás, hermanos mayores, abuelas y abuelos. Esta semana nos dedicaremos a la cocina. ¡Estén pendientes!

Un bello letrero, pintado por los niños, recibió a los asistentes de la subasta.

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Las familias se tomaron su tiempo para apreciar y fotografiar las obras de arte.

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Las familias de los más chiquitos disfrutaron de una ruta sensorial.

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Sin duda, tras el asombro por las obras, el momento de la subasta fue alucinante: todos ofrecieron monedas de chocolate.

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Nuestros niños libreros fueron los encargados de indicar cuál obra fue vendida.

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¡No faltaron los aplausos!

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Ni la deliciosa entrega de la recompensa.

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Tampoco faltó la entrega de las obras, ¡y la felicidad de las familias!

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Para pedir una cita en Espantapájaros

i may 7th No Comments por

En Espantapájaros recibimos a los niños desde los 16 meses hasta los 4 años. El horario es de 8:30 a.m.  a 12:30 p.m.

Para conocer el jardín:

 

1. Pide una cita con nuestra directora, Yolanda Reyes al teléfono 620 0754 o al correo: comunicacion@espantapajaros.com

 

 

2. Completa los datos de este formulario: https://docs.google.com/forms/d/1pUeDso3A366baRJbMSQ9ii2QEO-QTDAfi4GOVJXJdhM/edit

 

 

3. Nos pondremos en contacto contigo para darte hora y fecha de la cita.

 

 

4. Para que el día de la cita lo puedan aprovechar totalmente, recomendamos no traer a los niños.

Ver más 


 

 

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Aprendizajes de la conversación con Nuccio Ordine

i abr 23rd No Comments por

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El viernes pasado tuvimos el privilegio de recibir en Espantapájaros al autor italiano Nuccio Ordine, uno de los invitados a la Feria del Libro. En el mismo lugar donde antes habían estado los niños, probando libros a su manera –a sus mil maneras–, habló de ‘La utilidad de lo inútil’, su manifiesto traducido a veinte lenguas, que es una defensa de los saberes humanísticos y, en general, de los saberes sin finalidad utilitaria.

Quizás esa cercanía entre los incesantes “porqués” de los niños y la pasión por conocer, como un fin en sí mismo, ayude a responder la pregunta que algunos se hicieron: ¿por qué llevar a un profesor invitado de Yale, Harvard y la Sorbona, entre muchas otras universidades, a una pequeña institución especializada en literatura e infancia? A Ordine, en cambio, ese lugar en donde se descubren las primeras páginas de la vida no le resultaba extraño.55069afa-7310-4ce1-9a18-ad4f527bf64b

Según relata en ‘Clásicos para la vida’, el nuevo libro que trajo a FilBo, todos los lunes, desde hace quince años, dedica media hora en su cátedra universitaria “a la libre lectura de pasajes de escritores, filósofos, artistas o científicos”. Sin relación aparente con sus cursos, y sin calificar, obviamente, el profesor Ordine lee a sus alumnos citas de obras de su biblioteca ideal, “por el placer que producen en sí mismas y para tratar de entendernos y de entender el mundo que nos rodea”. Sus clases se llenan de un público heterogéneo que, por lo general, termina leyendo los libros completos y haciéndose nuevas preguntas que conducen de un libro a otro y a otro…

El autor comenzó su charla refiriéndose al sentido que tenía para él estar en una de esas pequeñas librerías, atendidas por personas que dan de leer los libros que aman, y lamentó el fenómeno global que ha conducido a la extinción de las librerías independientes y a su reemplazo por grandes cadenas, y que hace parte de ese “delirio de omnipotencia del dinero” que ha convertido la educación y la cultura en mercancías. Cada vez que se cierra una librería se cierra una ventana para mirar el mundo, dijo, y sus palabras resonaron como un homenaje a esos oficios que hoy, 23 de abril, celebramos.

c63dafba-245f-4dea-8302-abeb340dfe2aComo si fuera una ‘hora del cuento’, Ordine nos leyó la carta que le escribió Albert Camus, cuando ganó el Premio Nobel, a su profesor de Argel para darle las gracias por haberle cambiado la vida y recordó “ese pequeño milagro que se repite cada día en cada escuela de cada país”, gracias a los buenos profesores. Luego retomó el fragmento de los pescaditos de oro que fabricaba el coronel Aureliano Buendía para cambiar por monedas de oro, que luego fundía para fabricar más pescaditos de oro, en ese círculo “inútil”, y pasó a Cavafis, al viaje por el viaje, y siguió hilando las páginas de sus libros con los libros de los otros y, con nosotros, y casi al final de la sesión pidió que buscáramos ‘El Principito’, de Saint-Exupéry, entre los anaqueles de la librería, y leyó la conversación entre el zorro y el Principito sobre el significado de ‘domesticar’, en la acepción de hacer vínculos y de crear esos rituales que le dan sentido a la vida y que hacen un día distinto del otro.

Y ahí estuvimos en vilo, escuchando a ese viajero que vino desde muy lejos a ratificar el sentido de ese viejo ritual, anclado en la infancia de la humanidad: la generosidad de alguien que nos lee y nos abre el mundo, y nos enseña que el conocimiento no puede comprarse por ningún precio y que requiere “lentitud, reflexión, silencio y recogimiento”. Y no encuentro un ejemplo más hermoso que el del profesor Ordine para desear un feliz día a tantas personas que trabajan a diario para hacer que los libros lleguen a los lectores y ratifiquen esa utilidad de lo inútil, que a veces cambia la vida.ae30b976-0509-4f01-a59d-ed218df1a371

YOLANDA REYES

Los asistentes a la charla quedaron encantados con la oportunidad de escuchar a Ordine.

Andrés Arroyave padre de Lorenzo Arroyave, uno de los niños de nuestro jardín nos escribió al día siguiente:

 

Este es un pequeño mensaje de agradecimiento para todo el equipo que trabaja en el jardín y especialmente para su directora: Yolanda Reyes, quien ayer nuevamente nos demostró por qué Espantapájaros es único y absolutamente mágico.  Gracias por la invitación a conversar con Nuccio quien logró, con sus palabras, estremecer a todo el auditorio especialmente a quienes nos preocupan los temas educativos del país.

Un abrazo y muchas gracias.

A.A

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Una galería al estilo Espantapájaros

i jul 14th No Comments por

Durante la semana Espant-Arte, los niños del Curso de Vacaciones jugaron con diferentes técnicas, masas, volúmenes y posibilidades para crear sus propias obras de arte. Desde aviones de plastilina hasta cuadros hechos con tiza se robaron la atención de quienes visitaron nuestra galería y participaron en la subasta.

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Para hacer esta obra, Antonia moldeó plastilina, la partió en trozos pequeños y luego la puso en sus uñas para darles forma. Luego, retiró la plastilina y la ubicó sobre la cartulina negra.

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También trabajamos con arcilla. En la subasta, uno de los curadores les reveló a los espectadores un secreto: mientras los artistas moldearon las figuras, la arcilla les dijo al oído qué forma darle a sus obras. Y este fue el resultado del trabajo de Mateo: “Pterodáctilo en picada”.

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Rafael puso pintura verde y harina en sus manos. Luego las deslizó sobre una cartulina para realizar un cuadro. Cuando terminó no solo apreció su obra, también miraba asombrado sus manos. Recorrió todo el lugar para mostrarles a sus compañeros el color verde de sus dedos y sus palmas.

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Joaquín estaba concentrado. Mezcló diferentes pinturas para darle su toque personal a una caja.

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Pero eso no fue todo. Este artista siguió trabajando y, después de que terminó de pintar la caja, creó su propia escultura. Se sentó y empezó a ubicar un cubo sobre otro.

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Y cuando ya no alcanzó desde el suelo, su puso de pie para seguir ubicando los cubos.

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¿Y cómo fue la subasta?

Los curadores se encargaron de explicarle al público las técnicas que utilizaron nuestros artistas. Luego, empezaron a “vender” cada una de las obras.

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Tomás ya estaba listo para que algún espectador comprara su obra “Mi avión de Avianca”. Utilizó la técnica “Moldeado con plastilina” para hacerla.

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Bernardo Montoya, nuestro artista invitado el día de hoy, presentó la obra y luego dijo: “¿En dónde está Tomás, autor de este avión?” De repente, una voz se alcanzó a escuchar en medio del público. “Aquí estoy”, respondió el artista mientras se paraba. “¿Cuánto dan por la obra de Tomás?”, preguntó Bernardo. Una señora respondió: “Cinco monedas”. “Yo doy seis monedas”, dijo Jennyfer. “¡Vendida!”, concluyó Bernardo. Tomás se acercó con alegría a para recibir su “pago”.

Y hasta el pago lo disfrutamos en esta subasta. Cada artista recibió monedas de chocolate cuando sus obras eran “vendidas”.

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Emma también vendió su obra. Recibió cinco monedas de chocolate. Su mamá fue quien la compró. “¿Qué hiciste en tu pintura, Emma?”, le preguntó. “Un dibujo”, respondió ella. “¿Y de qué era el dibujo?”, volvió a preguntar su mamá. “De una pintura”, contestó la pequeña artista.

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Los artistas y el público apreciaron cada obra. ¡Todas fueron vendidas! Así se divirtieron los niños, no solo creando sus obras sino también compartiendo sus experiencias con otras personas.

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Libros caóticos: una obra de arte moderno

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Los niños del Campamento Literario crearon esta obra de arte, «Libros caóticos»… lógicamente, ¡basada en el amor por la lectura! Se inspiraron en la obra «Brancusi, Hadid y Costa» (2016), del artista colombiano Bernardo Montoya, que será nuestro invitado especial mañana en la subasta de arte con la que cerraremos la segunda semana de nuestro Curso de Vacaciones.

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Para ver la obra de Montoya, sigan este enlace: https://youtu.be/eeVS-FZw4HU
Y su página web: http://www.bernardomontoya.com/
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Bienvenidos al Restaurante Espantapájaros

i jul 10th No Comments por

No. Este no es un restaurante de alta cocina y tampoco tiene Estrellas Michelin. Aun así, conserva una magia única que atrapa a cualquier persona que entra en él. Sus chefs combinan ingredientes frescos y utilizan las técnicas adecuadas para preparar platos deliciosos. Sus comensales son sinceros y tienen un paladar fino. ¡Bienvenidos al Restaurante Espantapájaros!

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Las mesas y las sillas están en su lugar. Los individuales están llenos de color. Algunos son verdes y amarillos, mientras que otros son azules y rojos. Sobre ellos están una servilleta y una cuchara. En una pared se encuentra la carta. Crispetas, montaditos sobre arepa, nachos y merengue con fresas conforman el menú para hoy.

Los chefs y los comensales trabajaron en equipo durante una semana. Se divirtieron cocinando, probando nuevos sabores y organizando los manteles e individuales para darle al Restaurante Espantapájaros su propia distinción. Flora probó los arándanos y después aseguró: “Yo no quiero ponerlos en la receta porque son muy dulces”. Celeste regó el queso por toda la masa de una pizza y luego puso el jamón, no sin antes haberle hecho el control de calidad a cada ingrediente. Tomás mordió el merengue asegurándose de no comer la fresa. “A mí no me gusta el sabor de las frutas”, decía.

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En la decoración del lugar hay todo tipo de dibujos. Detrás de una mesa, en la pared, está la silueta de una persona: Martina la dibujó con marcadores. Simón, uno de los chefs, se acerca a ella y la observa con atención. Extiende su dedo y dice: “Él es Jorge”.

Los miembros del restaurante se han preparado para la llegada de un invitado especial. Juan Martín lució su traje de chef por todo el lugar. No solo se vistió con gorro y delantal para cocinar, sino también para recibir a Jorge Rausch como se debía. Los niños siguieron, al pie de la letra, las recetas de su libro Yo también quiero ser chef. Pizzas, barritas de granola y torta de pancake fueron algunos de los platos que cocinaron. Isabela probó la torta y sonrío. Aseguró que no estaba rica, sino deliciosa.

 

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Tan pronto Jorge llega al Restaurante Espantapájaros, los niños se acercan para saludarlo. Juan Martín lo abraza y le muestra su traje. Mariana le dice que a ella también le gusta cocinar. Martina abre el libro y le pide que se lo firme. Él mira con agrado cada detalle: los individuales y manteles que ellos mismos hicieron, el letrero que da la bienvenida al restaurante, el menú, los dibujos y las fotografías. Carmen le muestra la foto en donde está preparando las barritas de granola y Jorge le pregunta: “¿Te gustaron?” Ella, con firmeza, responde: “¡Sí!”.

Los comensales, un grupo de niños, se ubican en cada mesa y se alistan para comer. Joaquín disfruta la arepa. Antonia muerde el merengue. Julieta sujeta un recipiente con crispetas y las empieza a comer, una por una. Todos se concentran, pero sin dejar de observar a Jorge Rausch.

 

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Después de unos minutos, él se sienta para firmar los libros. Es el turno de Antonia. Ella lo mira y le pregunta: “¿Cierto que tú cocinas lo salado y tu hermano, lo dulce?” Él le responde: “Sí, señorita”. La mamá de Antonia, a lo lejos, afirma que a su hija le encanta cocinar. “¿Qué te queda más rico?”, dice Jorge mirando a Antonia. “Todo”, contesta ella.

 

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El Restaurante Espantapájaros es único. El interés de sus miembros por aprender, mostrar lo que han hecho y recibir con agrado a su invitado fue suficiente para captar la magia de este lugar.

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La visita de Paloma Valdivia a nuestro jardín

i may 12th No Comments por

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Paloma Valdivia, autora e ilustradora chilena invitada a Filbo 2017, compartió una mañana con los niños de Espantapájaros. Hemos leído y cantado sus libros desde hace muchos años y algunos como “Duerme Negrito” , “Estaba la rana” y “Yo tenía diez perritos”, han estado en nuestra lista de Los más mordidos.

 

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Los lectores de Paloma en el jardín de Espantapájaros tienen entre 1 y 5 años. Pensamos que cada bebé nace con un libro debajo del brazo y por eso nuestros encuentros con los autores son una experiencia que se prepara para que, más allá de la firma de libros, tenga un antes, un durante y un después. Cada encuentro con los creadores de las historias que pueblan nuestra imaginación es un ritual. En la espera nos llenamos de ilusión y de cierta forma la construimos: leemos una y otra vez las páginas y compartimos nuestro mundo con el de las historias.

Los papás y las mamás de los niños fueron invitados a una “Hora del cuento” y, con nuestras voces y las suyas, seguimos conociendo a Paloma y cada niño empezó a contarle a su familia qué libro o libros quería elegir (¡Decisiones muy difíciles!)

(Mónica Giraldo, mamá del jardín, cantando con los niños de 4 y 5 años del grupo de Lucía Liévano)

Y así creció en nosotros el anhelo hasta que por fin llegó el día tan esperado. Nuestra casa recibió a Paloma Valdivia con todas sus historias.2222

Las semanas de preparación, los libros que leímos y las canciones que cantamos y toda nuestra ilusión se desbordó y le dimos una serenata.

 

¡Teníamos tantas preguntas y queríamos contarle tantas cosas de sus libros!

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Por ejemplo, que sabíamos en qué trabajaban los castores y que, como las abejas, nuestros padres también trabajan mientras que nosotros jugamos. Le preguntamos además sobre su abuela que habíamos visto dibujada en “Es así” y nos contó que cuando su hijo bajaba del cielo se cruzó con su abuela que subía. Ambos se saludaron y se desearon felicidad.

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En los días anteriores a su visita habíamos estado conversando sobre los que vienen y los que se van y habíamos dibujado, así como hace Paloma, nuestros propios personajes que se cruzaban en el cielo. Sofía nos contó de la hija de Lina que iba a nacer y que se cruzaría con los pajaritos que enterró Max. El tigre bebé del que nos habló Bernardo con seguridad se cruzó con Simón Bolívar, que Gael dibujó como uno de los personajes que se había ido.

¡Y después de nuestras conversaciones Paloma nos mostró el regalo que traía para Espantapájaros! Es una de sus nuevas ilustraciones para un libro aún inédito sobre la imaginación. Entonces jugamos a pensar en todo lo que podíamos imaginar…

Un monstruo con dos cabezas

Muchos animales marinos

Y también ovejas que navegan con el marinero.

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Queríamos que Paloma firmara todos nuestros libros.

Los niños, tan sabios y expertos en elegir el libro justo para el momento justo, decidieron qué libros querían que la autora les firmara.

Rebeca trajo toda su colección.

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Y en las páginas Paloma firmó y dibujó pájaros y flores, nuevos personajes que poblaron las historias.

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También tuvimos tiempo de mostrarle nuestras páginas favoritas y leerlas con ella. En algunos casos la emoción nos dejó mudos.

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Su visita, como sus libros, se grabó en nuestras memorias.

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En nuestra casa todavía se oyen murmullos de sus canciones y como lectores seguimos releyendo y, con nuestros padres, continuamos encontrándonos en los libros.

¡Gracias Paloma!

 

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¡Paloma nos escribió para agradecernos por tantas sorpresas! Sigue admirando la belleza de los dibujos de los niños y las actividades que teníamos planeadas para ella la conmovieron hasta casi llorar. Para Paloma también fue una experiencia inolvidable.

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