Así vivimos la visita de Paloma Valdivia

i may 14th No Comments por

Encuentros Espantapajaros

Paloma en Espanta

El sábado 4 de mayo nos volvió a visitar Paloma Valdivia en Espantapájaros (aquí pueden ver cómo fue la visita anterior). Para nosotros, las visitas de autores son como encuentros con viejos amigos, en los que la preparación, la visita y la despedida son un ritual y un motivo de celebración. Nuestra historia con Paloma Valdivia es una historia de cariño y admiración; muchos de sus libros han estado, y se han mantenido imbatibles, en la lista de Los más mordidos.

Por eso, desde que los niños se enteraron de que Paloma vendría a Colombia, empezaron a pedir, a pedir y a pedir los libros de ella en todas las horas del cuento que hubo en el jardín infantil y en la librería por esos días.

Jennyfer Benítez, profesora de Espantapájaros, en su Hora del Cuento, leyendo "Los de arriba y los de abajo"

(Jennyfer Benítez, profesora de Espantapájaros, en su Hora del Cuento, leyendo “Los de arriba y los de abajo”)

Rocío y su hijo, Rafa, leyendo "Estaba la rana"

(Rocío y su hijo, Rafael, leyendo “Estaba la rana”)

Además, como parte de la preparación para la visita de Paloma, los niños quisieron pintar los animales, los árboles y las cosas que más les gustaban de sus historias para que al llegar ella se sintiera como en casa.

El mural de la entrada para recibir a Paloma, lleno de los dibujos que todos los niños hicieron para ella.

(El mural de la entrada para recibir a Paloma, lleno de los dibujos que todos los niños hicieron para ella)

Llegó el día

Paloma llegó antes de que el evento comenzara para recorrer Espantapájaros y descubrir las sorpresas que los niños le habían preparado. Recorrió cada espacio con una sonrisa, mientras las profesoras le contaban las anécdotas detrás de cada dibujo como, por ejemplo, que Abril dibujó el zorro de De paseo (uno de los libros de ella) con antenas porque quería que su zorro fuera diferente, o que Juana quiso dibujar solo siete cachorros (en lugar de diez perritos).

También aprovechó para contarnos que, para ella, venir a Colombia sin visitar Espantapájaros es imposible, porque esta casa es especial y le encanta encontrar lectores, pequeños y grandes, que disfrutan tanto con sus libros.

Paloma tomando fotos de la exposición con todos los mensajes de los niños.

(Paloma tomando fotos de la exposición con todos los mensajes de los niños)

Cuando llegaron, los niños no podían creer que tuvieran en frente a la persona que había hecho sus libros favoritos. Si no nos creen, mírenlos en la foto, como fans antes de un concierto:

Lucía, Susana y Simona con todos sus libros favoritos de Paloma.

(Lucía, Susana y Simona con sus libros favoritos de Paloma)

Y Paloma nos tenía una sorpresa maravillosa: leyó los nuevos libros de su editorial, Ediciones Liebre, que trajo en su maleta desde Chile. Además, leyó muchos de nuestros favoritos, como Estaba la ranaNosotros y Yo tenía 10 perritos.

Paloma Valdivia leyendo "¡Puf!", uno de los libros publicado por su editorial, Ediciones Liebre.

(Paloma Valdivia leyendo “¡Puf!”, uno de los libros publicado por su editorial, Ediciones Liebre)

El momento de la firma de libros se convirtió en un encuentro cercano lleno de risas y anécdotas sobre sus lecturas.

¡Los primeros en llegar a la fila!

(¡Los primeros en llegar a la fila!)

Paloma conversando con Emiliano y

(Paloma conversando con Emiliano y María Paula)

Una de las lectoras más pequeña de Paloma: Aila junto a su mamá, Malika.

(Una de las lectoras más pequeña de Paloma: Aila junto a su mamá, Malika)

Para Lucía, Valentina y Alejandra esta firma será inolvidable.

(La firma y el dibujo de Paloma para Valentina, Alejandra y Lucía)

Al final, estar con Paloma Valdivia se volvió un recuerdo inolvidable para los niños, que han crecido con sus historias y se han permitido encontrarse, una y otra vez, en sus personajes. Y, como nos lo demostraron Emilio y Martín, también se han permitido ellos mismos ser esos libros:

Ser libros

Gracias por tu visita

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Relato de una visita al Museo Eric Carle

i nov 30th No Comments por

El autor e ilustrador de libros para niños, Eric Carle, entre cuyas obras se destacan La pequeña oruga glotonaLa mariquita gruñona, Una casa para el cangrejo ermitaño¿Has visto a mi gata?De la cabeza a los pies y muchas más que harían esta enumeración demasiado larga, nació en Syracuse, Nueva York, en 1929. Se ha dedicado por más de cuarenta años al arte de crear libros álbum y libros ilustrados para los lectores más jóvenes. En el año 2002, fundó un espacio muy especial en Amherst, Massachusetts: un museo consagrado al arte del libro álbum. Isabel Calderón, ex alumna de Espantapájaros y nuestra corresponsal en Estados Unidos, estuvo en el museo y nos envió esta nota sobre su experiencia.

Encabezado

Esta historia empieza con una langosta. En los años sesenta, Eric Carle trabajaba en Nueva York en una agencia de publicidad. Un día, el escritor Bill Martin Jr vio un anuncio que él había diseñado: era una imagen de una langosta, para alguna campaña sobre las alergias. A Martin Jr, profesor y autor de libros para niños, le encantó esa langosta y le pidió a Carle que ilustrara el libro que acababa de escribir: Oso pardo, oso pardo, ¿qué ves ahí? Por ese camino, un poco antes de cumplir los cuarenta años, Eric Carle se acercó al oficio de la ilustración, y ya nunca más se volvió a alejar. Pronto descubrió que también le interesaba escribir sus propios libros; el primero del que fue autor e ilustrador a la vez fue 1, 2, 3, al zoo, y uno de los siguientes, en 1969, esto es, hace casi cincuenta años, La pequeña oruga glotona.

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Algunos de los libros de Eric Carle en Espantapájaros

A Eric Carle lo conocemos y lo queremos por muchas razones: por sus personajes entrañables, como la oruga, la mariquita gruñona, el cangrejo ermitaño, la araña hacendosa… el artista que pintó un caballo azul, entre otros; por su técnica para ilustrar: a partir de collages hechos con recortes de papeles pintados, llenos de texturas, algunas transparencias y colores muy vivos, y por sus historias sencillas, historias que solo puede escribir y dibujar alguien que pasa mucho tiempo al aire libre, en el campo, mirando todos los detalles del paisaje, hasta los bichos más pequeños, y pensando por qué quiere tanto a las personas que quiere; a sus hijos, a su esposa y a sus amigos, que no son muchos pero significan todo para él.

En Estados Unidos, a Carle también lo conocen y lo quieren por su trabajo de gestión cultural a favor de la formación de lectores y, en especial, por un lugar que fundó hace 16 años, único en su clase: The Eric Carle Museum of Picture Book Art. Es un proyecto que busca transmitir el amor por la lectura y el arte, a través de un trabajo de curaduría y pedagogía, dirigido a los niños más pequeños y a sus familias. La colección del museo está compuesta por libros ilustrados y libros álbum de todos los continentes, ilustraciones en gran formato, bocetos, primeras ediciones y otros objetos relacionados con el oficio. Se organizan exposiciones diferentes varias veces al año, muy interactivas, para celebrar a distintos autores, ilustradores, libros, mundos imaginarios y personajes de la literatura infantil. Desde que me mudé a Estados Unidos, conocerlo estaba en mi lista de deseos. La semana pasada lo visité y de ahí salió este relato para todos los lectores de espantapajaros.com

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Espacio de lectura

El Museo, al que los estadounidenses llaman “El Carle” (The Carle) como quien habla del Moma o el Met, queda en Amherst, un pueblo del condado de Hampshire, en el estado de Massachussets. Esto significa: más o menos a dos horas de Boston, en medio de un paisaje que bien podría ser el escenario de varios de sus libros: mucho aire libre, árboles, zonas verdes, senderos, granjas… y cerca, algunas fábricas, casas históricas, pueblos pequeños y varias universidades. Carle lo fundó en el 2002, después de un viaje a Japón en el que descubrió que había museos dedicados a los libros ilustrados para niños y al libro álbum.

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Exposición sobre La oruga glotona

Tuve la suerte de ir ahora que La pequeña oruga glotona está a punto de cumplir cincuenta años y me encontré con una exposición entera sobre ella, que va a estar abierta hasta marzo de 2019. Visitar la exposición es como volverse una persona miniatura y saltar adentro del libro; la galería está organizada para que los visitantes, que son, sobre todo niños y familias, se detengan en cada página, en cada ilustración y en lo que pensó y sintió Carle cuando hizo cada cosa, hasta la más pequeña. Por ejemplo: los huecos de las páginas. ¿Sabían que un día él estaba jugando con artículos de oficina y se dio cuenta de que le gustaban los huecos pequeños, perfectamente redondos, que quedaban en el papel después de pasarlo por la perforadora? A veces un autor decide hacer un libro solo porque le gustó la forma de un hueco en un papel. Es el caso de Eric Carle, que pensó, después de jugar con la perforadora, en un gusano devorador de libros (en inglés se dice bookworm, algo que suena muy parecido a cuando nosotros hablamos de ratones de biblioteca), aunque a su editora no le gustó la idea y le dijo: “oye, ¿y qué tal si lo hacemos con una oruga?” Esta historia la cuentan y la muestran en el museo, en donde tienen copias de los primeros bocetos, con el gusano en lugar de la oruga.

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Tote bags en el museo

En esta, como en las demás salas del museo, hay espacios para la lectura de libros. El museo no olvida que el libro fue primero, fue antes que todo lo demás. Me llamaron la atención los canastos llenos de libros a la altura de los niños, en todos los idiomas, y los rincones acogedores para sentarse a leer, como los que aparecen en la foto. Además, a la entrada de la exposición hay un muro de donde cuelgan bolsas de tela que, oh sorpresa, adentro tienen libros. Así, un niño puede hacer todo el recorrido por la galería con el libro de la oruga glotona en la mano (a mí, por pura casualidad, me tocó una edición de cartoné, bilingüe: en inglés y en español).

Y como a Eric Carle no solo le interesa Eric Carle, en el museo siempre hay exposiciones que celebran el trabajo de otros creadores de libros álbum. En este momento hay dos bellísimas: una sobre Paddington el oso y otra sobre Leo y Diane Dillon, la pareja de autores que han ganado dos veces la medalla Caldecott, una de esas con el libro Por qué zumban los mosquitos en los oídos de la gente, que ha acompañado algunos proyectos de aula de Espantapájaros. La exposición sobre Paddington me asombró porque estaba hecha con tanto cariño como la de la oruga glotona. Y cariño significa, en el glosario de este texto, atención a los detalles. Los curadores de la exposición tenían algo muy claro cuando la montaron: que más allá de lo mediático que se ha vuelto el oso, ahora que se ha convertido en un personaje de cine, lo esencial, aquello que resuena en Un oso llamado Paddington y en los libros de Michael Bond, es que es un libro sobre ser huérfano y ser extranjero.

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Paddington

Paddington, que ahora tiene 60 años (es más viejo que la oruga glotona), es un oso de peluche, tierno, encantador y felpudo, pero los lectores no olvidamos que viene de “los oscuros bosques del Perú” y que aunque lo ha adoptado una familia inglesa, él todavía se sorprende con los paisajes londinenses y se escandaliza, por ejemplo, con los precios de las cosas. La exposición tiene mucho de recorrido por Londres, y está llena de guiños relacionados con situaciones del libro, pero además hay varias alusiones al viaje y a la migración. Uno de los espacios que más me gustó y más me hizo pensar que el Carle hace un trabajo por los niños, con los niños en la cabeza, fue una maleta de viaje que está casi al final de la galería: está completamente abierta, y llena de papeles. Miré el letrero a su lado decía: “¿Qué empacarías tú?” Invitaba a los niños y a las niñas a dibujar y escribir todas las cosas que guardarían en su equipaje si tuvieran que irse de donde viven a un lugar lejano. La maleta estaba repleta de papeles con todo tipo de objetos, con mensajes, dibujos y muchos, muchísimos garabatos como los que he visto en los salones de los más pequeños de Espantapájaros.

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Salón de arte

Al terminar de recorrer las galerías, todos teníamos ganas de pintar. (Y eso que éramos un grupo de cuatro adultos y una sola niña) Pasamos al salón de arte del museo, un espacio, del mismo tamaño o más grande que las galerías, con mesas, sillas y materiales de arte. Los materiales que había eran tijeras, perforadoras, papeles de colores, cartulinas blancas, pegante y nada más. En todas las mesas había lo mismo y una profesora de arte del equipo del museo se pasaba por el espacio respondiendo preguntas de las personas. Como ya habíamos visto, en la exposición sobre la oruga glotona, que Eric Carle crea la mayoría de sus ilustraciones recortando y pegando formas de papeles de colores, no nos tomó mucho tiempo usar su técnica para pintar sin pintura. Las paredes del salón estaban decoradas solo con obras hechas por la gente. No vi muchas formas reconocibles, no vi un sol amarillo con cara sonriente, ni una rosa roja, y no vi el árbol con copa simétrica (simétrica y por lo tanto imposible) que me enseñaron a dibujar en el colegio. Solo vi cosas como las que veo cada vez que voy a Espantapájaros.

Final
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Adivina quién cumple 30 años

i oct 10th No Comments por

Encabezado

Matilda

En octubre de 1988, hace treinta años, se publicó por primera vez Matilda, una de nuestras novelas favoritas de Roald Dahl. Para celebrar este aniversario, la editorial que publica el libro en Inglaterra le pidió a Quentin Blake, el ilustrador, que creara una ilustración, o más bien un boceto, para mostrar cómo se imaginaba a una Matilda de treinta años. Blake fue más allá de lo que le pidieron e hizo ocho ilustraciones. Y el periódico The Guardian fue muchísimo más allá y entrevistó a seis autores de libros para niños sobre lo mismo: ¿qué haría Matilda a los treinta años? ¿cómo su infancia influiría en su forma de ser ahora?

Con sus respuestas hicieron este especial en su página: Matilda at 30, Michael Rosen opinó que Matilda ahora sería comediante y Jeff Kinney supuso que trabajaría en una librería, pero aclaró que no sería la dueña. Además de todas las hipótesis interesantes, la noticia nos hizo pensar, con asombro, que ya han pasado treinta años desde que existe Matilda y siempre que lo leemos nos parece tan vigente, tan cercano, tan real, como si Roald Dahl lo hubiera escrito ayer. ¿Por qué sus historias nos importan tanto? ¿Por qué sus personajes son tan especiales? ¿Cómo vemos su influencia en tantos autores contemporáneos que nos gustan? Nos encanta que estas preguntas estén en el aire, como están en el aire las ganas de disfrutar la buena literatura infantil y juvenil.

Nosotros lo celebramos con el curso de “La reinvención de la infancia. Clásicos contemporáneos de la literatura infantil”, en el que leeremos a Roald Dahl.

Final

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Los 10 libros más mordidos del semestre

i jul 18th No Comments por

El 18 y 19 de julio de 2018, Yolanda Reyes hablará sobre los libros más mordidos de Espantapájaros en las Jornadas de animación a la lectura, escritura y observación, JALEO, de Valencia (España). Aprovechamos la ocasión para contarles a todos nuestros lectores cuáles fueron los más mordidos de este semestre: el primero de 2018.

El concepto de los libros más mordidos nació al ver cómo elegían libros los bebés, los niños y las niñas en nuestros diversos programas de formación de lectores, pues todos incluyen, como parte esencial, el préstamo domiciliario. Desde hace varios años, el equipo de animación a la lectura de Espantapájaros ha visto a los niños deambular por las estanterías explorando, saboreando y mordiendo las páginas los libros para decidirse por alguno. Esos gestos hacen parte del proceso de selección y, como consecuencia, los libros más populares de la Bebeteca suelen tener marcas de dientes. Ahora bien, los mordiscos no son las únicas huellas pues a medida que los niños crecen rodeados de libros y de voces adultas que los ayudan a dar palabras a sus sueños y a sus emociones, cada cual va formando su propio criterio y va aprendiendo, con una sabiduría asombrosa, a buscar los libros que su corazón le pide. Como en cualquier biblioteca pública, cada niño tiene una ficha de préstamo en donde están registrados los libros que ha llevado a su casa, las fechas en las que los eligió y los devolvió, y sus “firmas” –sus garabatos y sus huellas- que van quedando en las fichas como un acto ciudadano inicial: el de responder por los libros que llevan prestados.

Todos los semestres, a partir de esas fichas, el equipo de Espantapájaros reflexiona sobre el significado y la evolución de esas elecciones para seguir aprendiendo sobre las relaciones impredecibles, íntimas y muchas veces reiterativas que se establecen entre niños y libros. ¿Por qué un niño necesita llevar siempre el mismo libro y pedir sucesivas relecturas a sus padres? ¿Por qué los libros elegidos nos cuentan lo que muchas veces los niños no saben nombrar aún o no saben siquiera que les está sucediendo? ¿Por qué la literatura habla a los niños en un lenguaje cifrado y secreto y les permite tener profundas conversaciones sobre la vida? ¿Cuál es el lugar del adulto en este proceso? ¿Qué tanto debe intervenir, nutrir el gusto, pero también propiciar y respetar el criterio del lector?

Invitamos a todos nuestros seguidores a leer con todos los sentidos, a celebrar las elecciones de los bebés, los niños y las niñas y a contarnos cuáles son sus libros más mordidos. Los dejamos con nuestra lista de los diez más mordidos de Espantapájaros del primer semestre de 2018. ¡No se pierdan ninguno de los videos!

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1 El animal más feroz

2

2 Hombre de color

3

3 El monstruo de colores

4

4 El día que los crayones renunciaron

5

5 Buenas noches, pequeño monstruo verde

6

6 Cucú

7

7 Vamos a cazar un oso

8

8 De los pies a la cabeza

9

9 José Tomillo

10

10 El grillo silencioso

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El miedo de los otros

i abr 26th 3 Comments por

Una reseña del libro de Carolina Sanín, La gata sola
Ilustrado por Santiago Guevara
Colección Nidos para la Lectura
Loqueleo, Bogotá, 2018

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Carolina Sanín publicó su primer libro para niños, Dalia, en el año 2010. A mí me asombró y lo celebré porque, mientras contaba la historia de una perra salchicha, el libro insinuaba preguntas sobre “el mundo real” y “el mundo de la imaginación”. ¿De qué están hechas las cosas que los habitan? ¿Las cosas pueden pasar de un mundo a otro, y luego regresar? Y lo que nosotros pensamos… ¿en cuál de los dos mundos está? ¿Cómo funciona?

Esto sucedía con naturalidad, entre un juego y otro con las palabras y sus significados. El lenguaje daba vueltas alrededor de sí mismo, buscando su lugar, y uno como lector se quedaba pensando que el lenguaje era, que el lenguaje es, eso que está entre los dos mundos pero también dentro de cada uno de ellos.

Ahora leí su libro más reciente, publicado en la colección Nidos para la lectura: La gata sola, ilustrado por Santiago Guevara. Esta es la segunda vez que Sanín nos ofrece algo que se puede etiquetar como “literatura infantil”. Y vuelvo a pensar lo que pensé en 2010: que cuando ella escribe para niños, lo primero en lo que piensa es en la inteligencia de los niños.

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Ilustración de Santiago Guevara

La gata sola está escrita con cuidado. Cuando digo esto me refiero a que imagino a la autora eligiendo las palabras, midiéndolas, pesándolas, construyendo imágenes con ellas. A veces estas imágenes le exigen al lector que piense en las emociones como si fueran objetos físicos: que la soledad sea algo que se cuelga de los árboles, que la melancolía sea un pájaro mordido o una piedra tapando la entrada de una cueva. Otras veces las imágenes tienen poco que ver con lo material: “El miedo se vivía como la prisa. Era un deseo de que no sucediera nada, pero, al mismo tiempo, afán de que lo peor sucediera ya.” A veces las comparaciones con las que Sanín está jugando resuenan con ideas que ya teníamos, y otras veces son completamente inesperadas, como un pajarito que, visto por una gata, es un anhelo. Un anhelo y a la vez un fruto que no para de vibrar.

La escritura no va en una sola dirección. Tampoco la historia.

El punto de partida es una gata que aparece en un pueblo en el que nunca ha habido gatos. Ni gatas. De día su pelo es de varios tonos, sus ojos son de colores, tiene rasgos, pero como ella solo sale de noche, los habitantes del pueblo no ven eso. Lo que ven es una sombra gris. Empiezan a hacerse preguntas, pues como nunca antes han visto a una gata, no saben cómo sentirse con su presencia. Es muy interesante ver cómo las ideas que se les ocurren sobre el animal dicen mucho sobre ellos, sobre su forma de ser y de enfrentar lo desconocido. Ahí es cuando la historia se va mostrando como una fábula moderna. Primero hay una curiosidad por el animal desconocido; ganas de saber cómo es, de dónde viene y qué busca, pero pronto se agota. En este pueblo las ganas de pensar duran poco.

El miedo aparece pronto. Pero no es un solo miedo. Están los miedos de las personas, que se preguntan qué les puede hacer la gata, y aunque ella no les haga nada, eso no hace que los miedos se vayan; más bien, los convierte en costumbre, en rabia y en violencia. También está el miedo de la gata, que en últimas es miedo al miedo de los otros. Y Sanín nos recuerda que el miedo deja a todos sin compañía, porque hace que quien lo siente olvide que otros también lo están sintiendo.

Empieza a crecer la tensión en el pueblo y la narración va abriendo heridas, como las heridas que las piedras le dejan en el cuerpo a la gata. Cansada y hambrienta, la gata sola se esconde de las personas. Como esta es una gata que piensa, que se imagina cosas, que a veces tiene sueños y que los recuerda al otro día, lo que sucederá luego será que los lectores nos enteremos de las cosas que pasan en su mente. La acompañaremos a sobrevivir y sabremos que se puede hacer algo con el miedo.

No se necesita ser niño para querer a la gata y para sentir que la gata puede ser cualquiera. Tampoco se necesita ser adulto para entender que si los géneros literarios son una imposición arbitraria del mercado, la línea que separa la “literatura infantil” de la “literatura” es aun más arbitraria.

Mi lectura no habría estado completa sin las ilustraciones de Santiago Guevara: todas son collages, llenos de manchas, trazos, fotos, tipografía, pintura, líneas y muchas gatas diferentes. Me hizo pensar que aunque la gata está sola, no hay una sola gata. Imágenes expresivas y descontroladas en los momentos precisos me hicieron detenerme a mirar cómo se puede pintar el miedo, cómo se puede pintar la rabia. Miré largamente manchas negras. Luego me fijé en los pequeños detalles, en las figuras conocidas y después, un poco después, vi por dónde entraba la luz.

Este año, en que el tema central de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, FILBo, son las emociones (el lema de la FILBo es “Siente las ideas”), me impresionó este libro, que desdibuja la separación entre lo racional y lo emocional. Es un trabajo que invita a  pensar las emociones y a sentir las ideas. Llega en el momento oportuno.

Reseña de Isabel Calderón para espantapajaros.com

Reseña de Isabel Calderón para espantapajaros.com

Reseña de Isabel Calderón para espantapajaros.com
Abril, 2018

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Las Mil y una noches, un curso de Carolina Sanín

i ene 26th No Comments por

 

Espantapájaros presenta: 

Las Mil y una noches, un curso de Carolina Sanín

El curso se dictará los miércoles, del 14 de febrero al 14 de marzo de 2018, de 5:30 a 7:00 p.m.

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Grabado Gustav Doré “Simbad el Marino”

“Durante las sesiones, leeremos una selección de cuentos de las Mil y una noches (c. ss. XI-XIV). Estudiaremos la obra en su contexto histórico y cultural, al tiempo que analizaremos su contenido y su estructura. Observaremos su influencia en la formación de los géneros modernos del relato breve y la novela, así como en la formación del autor y el lector modernos. El estudio de la colección de relatos nos servirá, entre otras cosas, para observar las relaciones, los tránsitos y las tensiones entre la tradición oral y la tradición escrita en la narrativa occidental, para entender la teoría del microcosmos, para estudiar la construcción de la imagen de la mujer como conocedora y generadora de contenidos literarios, y para familiarizarnos con la conjunción entre educación literaria, educación erótica y educación espiritual en los orígenes de la narrativa occidental. Reflexionaremos acerca de la noción de que se narra para salvar la vida y acerca de cómo, al insertar unos cuentos dentro de otros, la composición literaria señala que la vida propia es una historia que incluye las historias de todas las personas que han existido y que, en esa medida, cada individuo es infinito.”

Carolina Sanín

 

Inversión: 480.000 pesos colombianos, cinco sesiones.

Inscripciones: comunicacion@espantapajaros.com / teléfono: 6200754

Lugar: Espantapájaros Carrera 19A #104A-60

¡Cupos limitados!

Carolina Sanín es autora de las novelas Todo en otra parte y Los niños, el libro de cuentos Ponqué y otros cuentos, los libros de humor Yosoyu y Alto rendimiento, el ensayo biográfico Alfonso X, el libro para niños Dalia y la antología crítica Pasajes de Fernando González. Obtuvo un doctorado en Literatura Hispánica de la Universidad de Yale. Ha sido profesora de la Universidad de Los Andes y de la State University of New York-Purchase College. Ha sido columnista de El EspectadorArcadiaCredencialSemana Sostenible y Semana.com.* Para la primera sesión, se recomienda leer el prólogo (la historia del rey Shahriyar y su hermano Shah Zamán, y la historia de Shahrazad).

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La visita de Paloma Valdivia a nuestro jardín

i may 12th No Comments por

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Paloma Valdivia, autora e ilustradora chilena invitada a Filbo 2017, compartió una mañana con los niños de Espantapájaros. Hemos leído y cantado sus libros desde hace muchos años y algunos como “Duerme Negrito” , “Estaba la rana” y “Yo tenía diez perritos”, han estado en nuestra lista de Los más mordidos.

 

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Los lectores de Paloma en el jardín de Espantapájaros tienen entre 1 y 5 años. Pensamos que cada bebé nace con un libro debajo del brazo y por eso nuestros encuentros con los autores son una experiencia que se prepara para que, más allá de la firma de libros, tenga un antes, un durante y un después. Cada encuentro con los creadores de las historias que pueblan nuestra imaginación es un ritual. En la espera nos llenamos de ilusión y de cierta forma la construimos: leemos una y otra vez las páginas y compartimos nuestro mundo con el de las historias.

Los papás y las mamás de los niños fueron invitados a una “Hora del cuento” y, con nuestras voces y las suyas, seguimos conociendo a Paloma y cada niño empezó a contarle a su familia qué libro o libros quería elegir (¡Decisiones muy difíciles!)

(Mónica Giraldo, mamá del jardín, cantando con los niños de 4 y 5 años del grupo de Lucía Liévano)

Y así creció en nosotros el anhelo hasta que por fin llegó el día tan esperado. Nuestra casa recibió a Paloma Valdivia con todas sus historias.2222

Las semanas de preparación, los libros que leímos y las canciones que cantamos y toda nuestra ilusión se desbordó y le dimos una serenata.

 

¡Teníamos tantas preguntas y queríamos contarle tantas cosas de sus libros!

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Por ejemplo, que sabíamos en qué trabajaban los castores y que, como las abejas, nuestros padres también trabajan mientras que nosotros jugamos. Le preguntamos además sobre su abuela que habíamos visto dibujada en “Es así” y nos contó que cuando su hijo bajaba del cielo se cruzó con su abuela que subía. Ambos se saludaron y se desearon felicidad.

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En los días anteriores a su visita habíamos estado conversando sobre los que vienen y los que se van y habíamos dibujado, así como hace Paloma, nuestros propios personajes que se cruzaban en el cielo. Sofía nos contó de la hija de Lina que iba a nacer y que se cruzaría con los pajaritos que enterró Max. El tigre bebé del que nos habló Bernardo con seguridad se cruzó con Simón Bolívar, que Gael dibujó como uno de los personajes que se había ido.

¡Y después de nuestras conversaciones Paloma nos mostró el regalo que traía para Espantapájaros! Es una de sus nuevas ilustraciones para un libro aún inédito sobre la imaginación. Entonces jugamos a pensar en todo lo que podíamos imaginar…

Un monstruo con dos cabezas

Muchos animales marinos

Y también ovejas que navegan con el marinero.

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Queríamos que Paloma firmara todos nuestros libros.

Los niños, tan sabios y expertos en elegir el libro justo para el momento justo, decidieron qué libros querían que la autora les firmara.

Rebeca trajo toda su colección.

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Y en las páginas Paloma firmó y dibujó pájaros y flores, nuevos personajes que poblaron las historias.

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También tuvimos tiempo de mostrarle nuestras páginas favoritas y leerlas con ella. En algunos casos la emoción nos dejó mudos.

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Su visita, como sus libros, se grabó en nuestras memorias.

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En nuestra casa todavía se oyen murmullos de sus canciones y como lectores seguimos releyendo y, con nuestros padres, continuamos encontrándonos en los libros.

¡Gracias Paloma!

 

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¡Paloma nos escribió para agradecernos por tantas sorpresas! Sigue admirando la belleza de los dibujos de los niños y las actividades que teníamos planeadas para ella la conmovieron hasta casi llorar. Para Paloma también fue una experiencia inolvidable.

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El silencio en “Los ahogados”

i abr 19th No Comments por

maria teresa andruetto

Se abre el libro con una cortina de agua que cae del cielo y el lector se sumerge en un mundo gris y áspero creado por el grafito del lápiz sobre el papel. Empieza a contarse, en dos tiempos y en silencio, pasado y presente, la historia de una pareja que corre hacia una casa, antes para esconderse como enamorados, ahora, con un niño en brazos, a buscar refugio. Con un recurso casi cinematográfico, las ilustraciones le muestran al lector cómo el mismo lugar cambia de un tiempo a otro. La continuidad del gris de uno de los tiempos, el tiempo que primero ve el lector, el tiempo en el que el agua cae continuamente, es interrumpido por ilustraciones con un tono rojizo: veladas por una luz cálida que evoca la luz del sol de los días de playa.

La voz de la historia comienza con el texto que encierra a la pareja en aquella casa y que le muestra al lector la vida detrás de las persianas en la que viven. Un encierro que, sin embargo, se muestra como el término de una larga huida, de un caminar por las costas que parecen infinitas en busca de un albergue. Y sobre las costas por las que caminan, que parecen no acabar, aparece un bulto, un lobo marino, una foca quizá. No, un ahogado, un ahogado más. Mientras la pareja corre por las costas y mientras que la casa en la playa trata de borrar cualquier rastro de su existencia, el recuerdo del bulto sobre la costa le da paso a las pesadillas.

Comienza entonces el texto a remontarse al tiempo evocado por las ilustraciones de la luz cálida: el tiempo en el que la pareja se conoció en un río. A medida que corre el pasado, el presente va cerrando cada vez más a los personajes a los confines de la casa, extinguiendo poco a poco su existencia. Igual que la vida de los personajes, las palabras comienzan a cerrarse sobre sí mismas para cubrir rígidamente una realidad siempre latente pero subterránea a la que, sin llamar, el texto hace referencia todo el tiempo. La necesidad de ocultar y ocultarse, de minimizar cualquier tipo de expresión, reflejada en la rigidez de las palabras, se convierte en silencio; silencio que trasciende las palabras e inunda incluso de una de las manifestaciones más básicas del sentimiento, el llanto. El agua inunda el relato y rodea la casa, asediándola, pero ni una lágrima corre desde adentro. La historia termina en un grito de silencio, cuando al borde del abismo las palabras no pueden decirlo más, y las ilustraciones toman de nuevo al lector para revelar aquel subtexto callado y aquel miedo de los sueños de que ese otro pueda ser yo.

Un relato áspero y desgarrador sobre las desapariciones en la época de la dictadura argentina contada por una autora y un ilustrador que la vivieron de cerca. María Teresa Andruetto, escritora argentina ganadora del prestigioso premio Hans Christian Anderson, es quien le da las palabras a esta historia, una de las muchas posibles historias de un episodio de su país difícil de nombrar. Daniel Rabanal, ilustrador argentino que ha publicado varios libros y de novelas gráficas, es también un invitado a la FILBO 2017.

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En el mismo lugar, en otro tiempo

i abr 19th No Comments por

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Un campo florido y dos niñas que caminan de la mano aparecen en la portada que envuelve el texto de Un día más contigo caminando en un tarde de primavera. Un corte en forma de círculo abre la portada del libro y revela la imagen de las niñas que caminan juntas, mostrándole al lector lo que naturalmente no podría ni debería ver: una imagen que está al otro lado de la solapa, en el revés. Al final las dos imágenes que solo se cruzan por el artificio de un troquel, ocupan el mismo plano, aquel del campo florido en primavera. Siempre unidas y separadas.

Empieza la historia antes del día y en el silencio, con la imagen de una niña que mira por la ventana a una estrella en el cielo. En la mañana y en forma de carta comienza la voz del personaje y su camino. A través de las páginas y páginas el lector sigue al personaje a medida que se aventura por un camino familiar recorrido muchas veces antes que se convierte en uno nuevo, un camino donde “la brisa sigue soplando, las flores siguen abriéndose y el sol sigue saliendo. Pero algunas cosas han cambiado.” Siguiendo los pasos de la niña, siempre viendo su espalda, el lector comprende que su camino está labrado por la ausencia y que su fin está en la resolución de una promesa aún sin cumplir.

El camino se convierte en una escenificación de una conversación con la distancia y la ausencia de ese “tú” al que están dirigidas las palabras, que se vierten sobre el camino y que convierten el mismo lugar en otro lugar donde se abren espacios creados por las elucubraciones de quien camina y reflejo de sus sentimientos. Este otro lugar, hecho de recuerdos y sentimientos, aparece representado en imágenes metafóricas: un salón colmado de patitos de hule sin identidad, dos amigas y un oso navegando con una casa sobre un bote en el mar por la noche o las clases de baile con un hipopótamo rosado.

El camino de la niña y el lector, que va siempre detrás de ella y que, por la disposición de los dibujos, se inclina a ver con los ojos de la protagonista, termina cuando se cumple la promesa; cuando no hay más distancia por recorrer. Cuando, en cierta medida, se ha sanado la distancia entre ese tú ausente y el yo que constantemente lo llama. El pasar y el caminar, atados a la meditación siempre unida al duelo, al dejar de ser del tiempo atrás, se unen a la belleza y luminosidad de las ilustraciones del camino que profundizan el sentimiento de nostalgia del libro. Parecería ser un mundo lleno de luz fabricado con paisajes de ensueño que se muestran indiferentes al dolor de la protagonista. Es el mismo mundo alegre el que aparece al lado del camino tantas veces recorrido en compañía; el mismo lugar, en otro tiempo, recorriendo una vez más contigo una tarde de primavera. El viaje, el camino, se convierte en la conversación con la ausencia, en una repetición en el presente de ese tiempo pasado que nunca más será y que, sin embargo, en la ausencia y la imaginación, es.

Jimmy Liao, autor e ilustrador taiwanés y creador de esta historia, es uno de los principales referentes de la literatura infantil. Después de haber trabajado años como publicista y tras haber sufrido de leucemia, Liao decide abandonar su empleo para convertirse en escritor. Desde entonces ha publicado varios libros ilustrados y libros-álbum, entre los que figuran Desencuentros, Esconderse en un rincón del mundo y El sonido de los colores, algunos de los cuales han sido adaptados a proyectos cinematográficos.

 

Daniela Vernaza Civetta

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i mar 29th No Comments por

El-tigre-de-la-Vitrina-Alki-Zei-Libros-AntimateriaHace dos meses el equipo de Espantapájaros inauguró su club de lectura de literatura infantil para profesores y todo tipo de lectores interesados. El Club funciona así: en sesiones de una hora y media discutimos las lecturas asignadas. La próxima sesión es mañana, jueves 8 de junio, y hablaremos del libro El tigre de la vitrina, de la autora griega Alki Zei, publicado por la editorial Babel en su colección Frontera.

Fecha: 8 de junio

Hora: 6:00 pm

Evento abierto al público

Previa inscripción en comunicacion@espantapajaros.com

Teléfono: 6200754

Dirección: Carrera 19a 104a 60

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