Relato de una visita al Museo Eric Carle

i nov 30th No Comments por

El autor e ilustrador de libros para niños, Eric Carle, entre cuyas obras se destacan La pequeña oruga glotonaLa mariquita gruñona, Una casa para el cangrejo ermitaño¿Has visto a mi gata?De la cabeza a los pies y muchas más que harían esta enumeración demasiado larga, nació en Syracuse, Nueva York, en 1929. Se ha dedicado por más de cuarenta años al arte de crear libros álbum y libros ilustrados para los lectores más jóvenes. En el año 2002, fundó un espacio muy especial en Amherst, Massachusetts: un museo consagrado al arte del libro álbum. Isabel Calderón, ex alumna de Espantapájaros y nuestra corresponsal en Estados Unidos, estuvo en el museo y nos envió esta nota sobre su experiencia.

Encabezado

Esta historia empieza con una langosta. En los años sesenta, Eric Carle trabajaba en Nueva York en una agencia de publicidad. Un día, el escritor Bill Martin Jr vio un anuncio que él había diseñado: era una imagen de una langosta, para alguna campaña sobre las alergias. A Martin Jr, profesor y autor de libros para niños, le encantó esa langosta y le pidió a Carle que ilustrara el libro que acababa de escribir: Oso pardo, oso pardo, ¿qué ves ahí? Por ese camino, un poco antes de cumplir los cuarenta años, Eric Carle se acercó al oficio de la ilustración, y ya nunca más se volvió a alejar. Pronto descubrió que también le interesaba escribir sus propios libros; el primero del que fue autor e ilustrador a la vez fue 1, 2, 3, al zoo, y uno de los siguientes, en 1969, esto es, hace casi cincuenta años, La pequeña oruga glotona.

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Algunos de los libros de Eric Carle en Espantapájaros

A Eric Carle lo conocemos y lo queremos por muchas razones: por sus personajes entrañables, como la oruga, la mariquita gruñona, el cangrejo ermitaño, la araña hacendosa… el artista que pintó un caballo azul, entre otros; por su técnica para ilustrar: a partir de collages hechos con recortes de papeles pintados, llenos de texturas, algunas transparencias y colores muy vivos, y por sus historias sencillas, historias que solo puede escribir y dibujar alguien que pasa mucho tiempo al aire libre, en el campo, mirando todos los detalles del paisaje, hasta los bichos más pequeños, y pensando por qué quiere tanto a las personas que quiere; a sus hijos, a su esposa y a sus amigos, que no son muchos pero significan todo para él.

En Estados Unidos, a Carle también lo conocen y lo quieren por su trabajo de gestión cultural a favor de la formación de lectores y, en especial, por un lugar que fundó hace 16 años, único en su clase: The Eric Carle Museum of Picture Book Art. Es un proyecto que busca transmitir el amor por la lectura y el arte, a través de un trabajo de curaduría y pedagogía, dirigido a los niños más pequeños y a sus familias. La colección del museo está compuesta por libros ilustrados y libros álbum de todos los continentes, ilustraciones en gran formato, bocetos, primeras ediciones y otros objetos relacionados con el oficio. Se organizan exposiciones diferentes varias veces al año, muy interactivas, para celebrar a distintos autores, ilustradores, libros, mundos imaginarios y personajes de la literatura infantil. Desde que me mudé a Estados Unidos, conocerlo estaba en mi lista de deseos. La semana pasada lo visité y de ahí salió este relato para todos los lectores de espantapajaros.com

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Espacio de lectura

El Museo, al que los estadounidenses llaman “El Carle” (The Carle) como quien habla del Moma o el Met, queda en Amherst, un pueblo del condado de Hampshire, en el estado de Massachussets. Esto significa: más o menos a dos horas de Boston, en medio de un paisaje que bien podría ser el escenario de varios de sus libros: mucho aire libre, árboles, zonas verdes, senderos, granjas… y cerca, algunas fábricas, casas históricas, pueblos pequeños y varias universidades. Carle lo fundó en el 2002, después de un viaje a Japón en el que descubrió que había museos dedicados a los libros ilustrados para niños y al libro álbum.

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Exposición sobre La oruga glotona

Tuve la suerte de ir ahora que La pequeña oruga glotona está a punto de cumplir cincuenta años y me encontré con una exposición entera sobre ella, que va a estar abierta hasta marzo de 2019. Visitar la exposición es como volverse una persona miniatura y saltar adentro del libro; la galería está organizada para que los visitantes, que son, sobre todo niños y familias, se detengan en cada página, en cada ilustración y en lo que pensó y sintió Carle cuando hizo cada cosa, hasta la más pequeña. Por ejemplo: los huecos de las páginas. ¿Sabían que un día él estaba jugando con artículos de oficina y se dio cuenta de que le gustaban los huecos pequeños, perfectamente redondos, que quedaban en el papel después de pasarlo por la perforadora? A veces un autor decide hacer un libro solo porque le gustó la forma de un hueco en un papel. Es el caso de Eric Carle, que pensó, después de jugar con la perforadora, en un gusano devorador de libros (en inglés se dice bookworm, algo que suena muy parecido a cuando nosotros hablamos de ratones de biblioteca), aunque a su editora no le gustó la idea y le dijo: “oye, ¿y qué tal si lo hacemos con una oruga?” Esta historia la cuentan y la muestran en el museo, en donde tienen copias de los primeros bocetos, con el gusano en lugar de la oruga.

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Tote bags en el museo

En esta, como en las demás salas del museo, hay espacios para la lectura de libros. El museo no olvida que el libro fue primero, fue antes que todo lo demás. Me llamaron la atención los canastos llenos de libros a la altura de los niños, en todos los idiomas, y los rincones acogedores para sentarse a leer, como los que aparecen en la foto. Además, a la entrada de la exposición hay un muro de donde cuelgan bolsas de tela que, oh sorpresa, adentro tienen libros. Así, un niño puede hacer todo el recorrido por la galería con el libro de la oruga glotona en la mano (a mí, por pura casualidad, me tocó una edición de cartoné, bilingüe: en inglés y en español).

Y como a Eric Carle no solo le interesa Eric Carle, en el museo siempre hay exposiciones que celebran el trabajo de otros creadores de libros álbum. En este momento hay dos bellísimas: una sobre Paddington el oso y otra sobre Leo y Diane Dillon, la pareja de autores que han ganado dos veces la medalla Caldecott, una de esas con el libro Por qué zumban los mosquitos en los oídos de la gente, que ha acompañado algunos proyectos de aula de Espantapájaros. La exposición sobre Paddington me asombró porque estaba hecha con tanto cariño como la de la oruga glotona. Y cariño significa, en el glosario de este texto, atención a los detalles. Los curadores de la exposición tenían algo muy claro cuando la montaron: que más allá de lo mediático que se ha vuelto el oso, ahora que se ha convertido en un personaje de cine, lo esencial, aquello que resuena en Un oso llamado Paddington y en los libros de Michael Bond, es que es un libro sobre ser huérfano y ser extranjero.

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Paddington

Paddington, que ahora tiene 60 años (es más viejo que la oruga glotona), es un oso de peluche, tierno, encantador y felpudo, pero los lectores no olvidamos que viene de “los oscuros bosques del Perú” y que aunque lo ha adoptado una familia inglesa, él todavía se sorprende con los paisajes londinenses y se escandaliza, por ejemplo, con los precios de las cosas. La exposición tiene mucho de recorrido por Londres, y está llena de guiños relacionados con situaciones del libro, pero además hay varias alusiones al viaje y a la migración. Uno de los espacios que más me gustó y más me hizo pensar que el Carle hace un trabajo por los niños, con los niños en la cabeza, fue una maleta de viaje que está casi al final de la galería: está completamente abierta, y llena de papeles. Miré el letrero a su lado decía: “¿Qué empacarías tú?” Invitaba a los niños y a las niñas a dibujar y escribir todas las cosas que guardarían en su equipaje si tuvieran que irse de donde viven a un lugar lejano. La maleta estaba repleta de papeles con todo tipo de objetos, con mensajes, dibujos y muchos, muchísimos garabatos como los que he visto en los salones de los más pequeños de Espantapájaros.

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Salón de arte

Al terminar de recorrer las galerías, todos teníamos ganas de pintar. (Y eso que éramos un grupo de cuatro adultos y una sola niña) Pasamos al salón de arte del museo, un espacio, del mismo tamaño o más grande que las galerías, con mesas, sillas y materiales de arte. Los materiales que había eran tijeras, perforadoras, papeles de colores, cartulinas blancas, pegante y nada más. En todas las mesas había lo mismo y una profesora de arte del equipo del museo se pasaba por el espacio respondiendo preguntas de las personas. Como ya habíamos visto, en la exposición sobre la oruga glotona, que Eric Carle crea la mayoría de sus ilustraciones recortando y pegando formas de papeles de colores, no nos tomó mucho tiempo usar su técnica para pintar sin pintura. Las paredes del salón estaban decoradas solo con obras hechas por la gente. No vi muchas formas reconocibles, no vi un sol amarillo con cara sonriente, ni una rosa roja, y no vi el árbol con copa simétrica (simétrica y por lo tanto imposible) que me enseñaron a dibujar en el colegio. Solo vi cosas como las que veo cada vez que voy a Espantapájaros.

Final
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Adivina quién cumple 30 años

i oct 10th No Comments por

Encabezado

Matilda

En octubre de 1988, hace treinta años, se publicó por primera vez Matilda, una de nuestras novelas favoritas de Roald Dahl. Para celebrar este aniversario, la editorial que publica el libro en Inglaterra le pidió a Quentin Blake, el ilustrador, que creara una ilustración, o más bien un boceto, para mostrar cómo se imaginaba a una Matilda de treinta años. Blake fue más allá de lo que le pidieron e hizo ocho ilustraciones. Y el periódico The Guardian fue muchísimo más allá y entrevistó a seis autores de libros para niños sobre lo mismo: ¿qué haría Matilda a los treinta años? ¿cómo su infancia influiría en su forma de ser ahora?

Con sus respuestas hicieron este especial en su página: Matilda at 30, Michael Rosen opinó que Matilda ahora sería comediante y Jeff Kinney supuso que trabajaría en una librería, pero aclaró que no sería la dueña. Además de todas las hipótesis interesantes, la noticia nos hizo pensar, con asombro, que ya han pasado treinta años desde que existe Matilda y siempre que lo leemos nos parece tan vigente, tan cercano, tan real, como si Roald Dahl lo hubiera escrito ayer. ¿Por qué sus historias nos importan tanto? ¿Por qué sus personajes son tan especiales? ¿Cómo vemos su influencia en tantos autores contemporáneos que nos gustan? Nos encanta que estas preguntas estén en el aire, como están en el aire las ganas de disfrutar la buena literatura infantil y juvenil.

Nosotros lo celebramos con el curso de “La reinvención de la infancia. Clásicos contemporáneos de la literatura infantil”, en el que leeremos a Roald Dahl.

Final

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Los 10 libros más mordidos del semestre

i jul 18th No Comments por

El 18 y 19 de julio de 2018, Yolanda Reyes hablará sobre los libros más mordidos de Espantapájaros en las Jornadas de animación a la lectura, escritura y observación, JALEO, de Valencia (España). Aprovechamos la ocasión para contarles a todos nuestros lectores cuáles fueron los más mordidos de este semestre: el primero de 2018.

El concepto de los libros más mordidos nació al ver cómo elegían libros los bebés, los niños y las niñas en nuestros diversos programas de formación de lectores, pues todos incluyen, como parte esencial, el préstamo domiciliario. Desde hace varios años, el equipo de animación a la lectura de Espantapájaros ha visto a los niños deambular por las estanterías explorando, saboreando y mordiendo las páginas los libros para decidirse por alguno. Esos gestos hacen parte del proceso de selección y, como consecuencia, los libros más populares de la Bebeteca suelen tener marcas de dientes. Ahora bien, los mordiscos no son las únicas huellas pues a medida que los niños crecen rodeados de libros y de voces adultas que los ayudan a dar palabras a sus sueños y a sus emociones, cada cual va formando su propio criterio y va aprendiendo, con una sabiduría asombrosa, a buscar los libros que su corazón le pide. Como en cualquier biblioteca pública, cada niño tiene una ficha de préstamo en donde están registrados los libros que ha llevado a su casa, las fechas en las que los eligió y los devolvió, y sus “firmas” –sus garabatos y sus huellas- que van quedando en las fichas como un acto ciudadano inicial: el de responder por los libros que llevan prestados.

Todos los semestres, a partir de esas fichas, el equipo de Espantapájaros reflexiona sobre el significado y la evolución de esas elecciones para seguir aprendiendo sobre las relaciones impredecibles, íntimas y muchas veces reiterativas que se establecen entre niños y libros. ¿Por qué un niño necesita llevar siempre el mismo libro y pedir sucesivas relecturas a sus padres? ¿Por qué los libros elegidos nos cuentan lo que muchas veces los niños no saben nombrar aún o no saben siquiera que les está sucediendo? ¿Por qué la literatura habla a los niños en un lenguaje cifrado y secreto y les permite tener profundas conversaciones sobre la vida? ¿Cuál es el lugar del adulto en este proceso? ¿Qué tanto debe intervenir, nutrir el gusto, pero también propiciar y respetar el criterio del lector?

Invitamos a todos nuestros seguidores a leer con todos los sentidos, a celebrar las elecciones de los bebés, los niños y las niñas y a contarnos cuáles son sus libros más mordidos. Los dejamos con nuestra lista de los diez más mordidos de Espantapájaros del primer semestre de 2018. ¡No se pierdan ninguno de los videos!

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1 El animal más feroz

2

2 Hombre de color

3

3 El monstruo de colores

4

4 El día que los crayones renunciaron

5

5 Buenas noches, pequeño monstruo verde

6

6 Cucú

7

7 Vamos a cazar un oso

8

8 De los pies a la cabeza

9

9 José Tomillo

10

10 El grillo silencioso

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El miedo de los otros

i abr 26th 3 Comments por

Una reseña del libro de Carolina Sanín, La gata sola
Ilustrado por Santiago Guevara
Colección Nidos para la Lectura
Loqueleo, Bogotá, 2018

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Carolina Sanín publicó su primer libro para niños, Dalia, en el año 2010. A mí me asombró y lo celebré porque, mientras contaba la historia de una perra salchicha, el libro insinuaba preguntas sobre “el mundo real” y “el mundo de la imaginación”. ¿De qué están hechas las cosas que los habitan? ¿Las cosas pueden pasar de un mundo a otro, y luego regresar? Y lo que nosotros pensamos… ¿en cuál de los dos mundos está? ¿Cómo funciona?

Esto sucedía con naturalidad, entre un juego y otro con las palabras y sus significados. El lenguaje daba vueltas alrededor de sí mismo, buscando su lugar, y uno como lector se quedaba pensando que el lenguaje era, que el lenguaje es, eso que está entre los dos mundos pero también dentro de cada uno de ellos.

Ahora leí su libro más reciente, publicado en la colección Nidos para la lectura: La gata sola, ilustrado por Santiago Guevara. Esta es la segunda vez que Sanín nos ofrece algo que se puede etiquetar como “literatura infantil”. Y vuelvo a pensar lo que pensé en 2010: que cuando ella escribe para niños, lo primero en lo que piensa es en la inteligencia de los niños.

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Ilustración de Santiago Guevara

La gata sola está escrita con cuidado. Cuando digo esto me refiero a que imagino a la autora eligiendo las palabras, midiéndolas, pesándolas, construyendo imágenes con ellas. A veces estas imágenes le exigen al lector que piense en las emociones como si fueran objetos físicos: que la soledad sea algo que se cuelga de los árboles, que la melancolía sea un pájaro mordido o una piedra tapando la entrada de una cueva. Otras veces las imágenes tienen poco que ver con lo material: “El miedo se vivía como la prisa. Era un deseo de que no sucediera nada, pero, al mismo tiempo, afán de que lo peor sucediera ya.” A veces las comparaciones con las que Sanín está jugando resuenan con ideas que ya teníamos, y otras veces son completamente inesperadas, como un pajarito que, visto por una gata, es un anhelo. Un anhelo y a la vez un fruto que no para de vibrar.

La escritura no va en una sola dirección. Tampoco la historia.

El punto de partida es una gata que aparece en un pueblo en el que nunca ha habido gatos. Ni gatas. De día su pelo es de varios tonos, sus ojos son de colores, tiene rasgos, pero como ella solo sale de noche, los habitantes del pueblo no ven eso. Lo que ven es una sombra gris. Empiezan a hacerse preguntas, pues como nunca antes han visto a una gata, no saben cómo sentirse con su presencia. Es muy interesante ver cómo las ideas que se les ocurren sobre el animal dicen mucho sobre ellos, sobre su forma de ser y de enfrentar lo desconocido. Ahí es cuando la historia se va mostrando como una fábula moderna. Primero hay una curiosidad por el animal desconocido; ganas de saber cómo es, de dónde viene y qué busca, pero pronto se agota. En este pueblo las ganas de pensar duran poco.

El miedo aparece pronto. Pero no es un solo miedo. Están los miedos de las personas, que se preguntan qué les puede hacer la gata, y aunque ella no les haga nada, eso no hace que los miedos se vayan; más bien, los convierte en costumbre, en rabia y en violencia. También está el miedo de la gata, que en últimas es miedo al miedo de los otros. Y Sanín nos recuerda que el miedo deja a todos sin compañía, porque hace que quien lo siente olvide que otros también lo están sintiendo.

Empieza a crecer la tensión en el pueblo y la narración va abriendo heridas, como las heridas que las piedras le dejan en el cuerpo a la gata. Cansada y hambrienta, la gata sola se esconde de las personas. Como esta es una gata que piensa, que se imagina cosas, que a veces tiene sueños y que los recuerda al otro día, lo que sucederá luego será que los lectores nos enteremos de las cosas que pasan en su mente. La acompañaremos a sobrevivir y sabremos que se puede hacer algo con el miedo.

No se necesita ser niño para querer a la gata y para sentir que la gata puede ser cualquiera. Tampoco se necesita ser adulto para entender que si los géneros literarios son una imposición arbitraria del mercado, la línea que separa la “literatura infantil” de la “literatura” es aun más arbitraria.

Mi lectura no habría estado completa sin las ilustraciones de Santiago Guevara: todas son collages, llenos de manchas, trazos, fotos, tipografía, pintura, líneas y muchas gatas diferentes. Me hizo pensar que aunque la gata está sola, no hay una sola gata. Imágenes expresivas y descontroladas en los momentos precisos me hicieron detenerme a mirar cómo se puede pintar el miedo, cómo se puede pintar la rabia. Miré largamente manchas negras. Luego me fijé en los pequeños detalles, en las figuras conocidas y después, un poco después, vi por dónde entraba la luz.

Este año, en que el tema central de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, FILBo, son las emociones (el lema de la FILBo es “Siente las ideas”), me impresionó este libro, que desdibuja la separación entre lo racional y lo emocional. Es un trabajo que invita a  pensar las emociones y a sentir las ideas. Llega en el momento oportuno.

Reseña de Isabel Calderón para espantapajaros.com

Reseña de Isabel Calderón para espantapajaros.com

Reseña de Isabel Calderón para espantapajaros.com
Abril, 2018

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El silencio en “Los ahogados”

i abr 19th No Comments por

maria teresa andruetto

Se abre el libro con una cortina de agua que cae del cielo y el lector se sumerge en un mundo gris y áspero creado por el grafito del lápiz sobre el papel. Empieza a contarse, en dos tiempos y en silencio, pasado y presente, la historia de una pareja que corre hacia una casa, antes para esconderse como enamorados, ahora, con un niño en brazos, a buscar refugio. Con un recurso casi cinematográfico, las ilustraciones le muestran al lector cómo el mismo lugar cambia de un tiempo a otro. La continuidad del gris de uno de los tiempos, el tiempo que primero ve el lector, el tiempo en el que el agua cae continuamente, es interrumpido por ilustraciones con un tono rojizo: veladas por una luz cálida que evoca la luz del sol de los días de playa.

La voz de la historia comienza con el texto que encierra a la pareja en aquella casa y que le muestra al lector la vida detrás de las persianas en la que viven. Un encierro que, sin embargo, se muestra como el término de una larga huida, de un caminar por las costas que parecen infinitas en busca de un albergue. Y sobre las costas por las que caminan, que parecen no acabar, aparece un bulto, un lobo marino, una foca quizá. No, un ahogado, un ahogado más. Mientras la pareja corre por las costas y mientras que la casa en la playa trata de borrar cualquier rastro de su existencia, el recuerdo del bulto sobre la costa le da paso a las pesadillas.

Comienza entonces el texto a remontarse al tiempo evocado por las ilustraciones de la luz cálida: el tiempo en el que la pareja se conoció en un río. A medida que corre el pasado, el presente va cerrando cada vez más a los personajes a los confines de la casa, extinguiendo poco a poco su existencia. Igual que la vida de los personajes, las palabras comienzan a cerrarse sobre sí mismas para cubrir rígidamente una realidad siempre latente pero subterránea a la que, sin llamar, el texto hace referencia todo el tiempo. La necesidad de ocultar y ocultarse, de minimizar cualquier tipo de expresión, reflejada en la rigidez de las palabras, se convierte en silencio; silencio que trasciende las palabras e inunda incluso de una de las manifestaciones más básicas del sentimiento, el llanto. El agua inunda el relato y rodea la casa, asediándola, pero ni una lágrima corre desde adentro. La historia termina en un grito de silencio, cuando al borde del abismo las palabras no pueden decirlo más, y las ilustraciones toman de nuevo al lector para revelar aquel subtexto callado y aquel miedo de los sueños de que ese otro pueda ser yo.

Un relato áspero y desgarrador sobre las desapariciones en la época de la dictadura argentina contada por una autora y un ilustrador que la vivieron de cerca. María Teresa Andruetto, escritora argentina ganadora del prestigioso premio Hans Christian Anderson, es quien le da las palabras a esta historia, una de las muchas posibles historias de un episodio de su país difícil de nombrar. Daniel Rabanal, ilustrador argentino que ha publicado varios libros y de novelas gráficas, es también un invitado a la FILBO 2017.

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En el mismo lugar, en otro tiempo

i abr 19th No Comments por

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Un campo florido y dos niñas que caminan de la mano aparecen en la portada que envuelve el texto de Un día más contigo caminando en un tarde de primavera. Un corte en forma de círculo abre la portada del libro y revela la imagen de las niñas que caminan juntas, mostrándole al lector lo que naturalmente no podría ni debería ver: una imagen que está al otro lado de la solapa, en el revés. Al final las dos imágenes que solo se cruzan por el artificio de un troquel, ocupan el mismo plano, aquel del campo florido en primavera. Siempre unidas y separadas.

Empieza la historia antes del día y en el silencio, con la imagen de una niña que mira por la ventana a una estrella en el cielo. En la mañana y en forma de carta comienza la voz del personaje y su camino. A través de las páginas y páginas el lector sigue al personaje a medida que se aventura por un camino familiar recorrido muchas veces antes que se convierte en uno nuevo, un camino donde “la brisa sigue soplando, las flores siguen abriéndose y el sol sigue saliendo. Pero algunas cosas han cambiado.” Siguiendo los pasos de la niña, siempre viendo su espalda, el lector comprende que su camino está labrado por la ausencia y que su fin está en la resolución de una promesa aún sin cumplir.

El camino se convierte en una escenificación de una conversación con la distancia y la ausencia de ese “tú” al que están dirigidas las palabras, que se vierten sobre el camino y que convierten el mismo lugar en otro lugar donde se abren espacios creados por las elucubraciones de quien camina y reflejo de sus sentimientos. Este otro lugar, hecho de recuerdos y sentimientos, aparece representado en imágenes metafóricas: un salón colmado de patitos de hule sin identidad, dos amigas y un oso navegando con una casa sobre un bote en el mar por la noche o las clases de baile con un hipopótamo rosado.

El camino de la niña y el lector, que va siempre detrás de ella y que, por la disposición de los dibujos, se inclina a ver con los ojos de la protagonista, termina cuando se cumple la promesa; cuando no hay más distancia por recorrer. Cuando, en cierta medida, se ha sanado la distancia entre ese tú ausente y el yo que constantemente lo llama. El pasar y el caminar, atados a la meditación siempre unida al duelo, al dejar de ser del tiempo atrás, se unen a la belleza y luminosidad de las ilustraciones del camino que profundizan el sentimiento de nostalgia del libro. Parecería ser un mundo lleno de luz fabricado con paisajes de ensueño que se muestran indiferentes al dolor de la protagonista. Es el mismo mundo alegre el que aparece al lado del camino tantas veces recorrido en compañía; el mismo lugar, en otro tiempo, recorriendo una vez más contigo una tarde de primavera. El viaje, el camino, se convierte en la conversación con la ausencia, en una repetición en el presente de ese tiempo pasado que nunca más será y que, sin embargo, en la ausencia y la imaginación, es.

Jimmy Liao, autor e ilustrador taiwanés y creador de esta historia, es uno de los principales referentes de la literatura infantil. Después de haber trabajado años como publicista y tras haber sufrido de leucemia, Liao decide abandonar su empleo para convertirse en escritor. Desde entonces ha publicado varios libros ilustrados y libros-álbum, entre los que figuran Desencuentros, Esconderse en un rincón del mundo y El sonido de los colores, algunos de los cuales han sido adaptados a proyectos cinematográficos.

 

Daniela Vernaza Civetta

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La lista Espantapájaros

i feb 20th 3 Comments por

Libros

Los mejores libros para crecer como lectores

 

Todos los semestres, el equipo de animación a la lectura de Espantapájaros se reúne para elaborar una lista de libros recomendados. Siempre hay espacio para las novedades pero eso no significa que los clásicos de siempre queden descartados.

Esperamos que esta lista, que elaboramos para el primer semestre de 2017, les sirva para seguir agrandando sus bibliotecas.

 

  • Para las manos más pequeñas…

    baum

    Browne, Anthony. Cosas que me gustan. FCE.

    Carle, Eric. 1,2,3 Al zoo. Kókinos.

    Carle, Eric. ¿Has visto a mi gata?. Kókinos.

    Da Coll, Ivar. Chigüiro viaja en chiva. Babel Libros.

    Dubuc, Marianne. El carnaval de los animales. Editorial Juventud.

    Espinoza, Gerald. La manzana se pasea. Ekaré.

    Rubio, Gabriela. ¿Dónde estoy?. Ekaré.

    Gomi, Taro. Adivina qué es. FCE.

    Pérez, Marilyn. ¡Cui- cui-cuidado!. Ekaré.

    Schössow, Peter. Una cucharadita para… . Lóguez.

    Wright, Cliff. Oso y barca. Editorial Juventud.

     

  • Poesía y rondas para cantar y jugar

    cucu

     

    Alelé, alelé: Poesía para la primera infancia. Selección de Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez. Panamericana Editorial.

    Calderón, Gloria. Mambrú se fue a la guerra. Ekaré. (Y otros de la colección “Clave de sol”).

    Fuenmayor, Morella. El conde Olinos. Ekaré.

    Iannamico, Roberta. Ris ras. Aeorolitos.

    García Lorca, Federico. 12 poemas de Federico García Lorca. Kalandraka.

    Pombo, Rafael. La pobre viejecita. Editorial Amanuta.

    Reyes, Yolanda. Cucú. Océano Travesía.

    Rubio, Antonio. Violín. Kalandraka.

    Tradición oral. Mi burro enfermo. Ediciones Ekaré.

    Tradición oral. Chumba la cachumba. Ediciones Ekaré.

    Tradición oral. Estaba el señor don gato. Ediciones Ekaré.

    Tradición oral. Yo tenía diez perritos. Ediciones Ekaré.

  • Libros álbum: historias que se construyen en un encuentro de ilustraciones con palabras

    oruga

     

    Browne, Anthony. Gorila. FCE.

    Cali, Davide; Somà, Marco. La reina de las ranas no puede mojarse los pies. Libros del zorro rojo.

    Carle, Eric. La mariquita gruñona. Kókinos.

    Carle, Eric. La pequeña oruga glotona. Kókinos.

    Hengsen, Andrea. Amigos. Libros del Zorro Rojo.

    Hughes, Emily. El pequeño jardinero. Impedimenta.

    Idle, Molly. Flora y el flamingo. Barbara Fiore Editora.

    Moriconi, Renato. Bárbaro. FCE.

    Nanclares, Silvia. Al final. Kókinos.

    Rueda, Claudia. NO. Océano Travesía.

    Sadat, Mandana. El otro Pablo. Kókinos.

    Snicket, Lemony. La oscuridad. Océano Travesía.

    Sobral, Catalina. La sirena y los gigantes enamorados. Ediciones SM.

    Spier, Peter. Gente. Patio Editorial.

    Ungerer, Tomi. Adelaida. Kalandraka.

    Ungerer, Tomi. Los tres bandidos. Loqueleo. (Nidos para la lectura).

  • Cuentos tradicionales y contemporáneos

    podía

    Cannon, Janell. Stelaluna. Editorial Juventud.

    Bannerman, Helen. La historia del pequeño Bábachi. Editorial Juventud.

    Velthuijs, Max. Sapo es sapo. Ekaré.

    Keselman, Gabriela; Villamuza, Noemí. De verdad que no podía. Kókinos

    Da Coll, Ivar. Historias de Eusebio. Babel.

    Reynolds, Peter. Casi. RBA

     

  • Libros informativos para seguir conociendo el mundo

    fin mundo

    Arànega, Sussana; Portell Joan. Las abejas. La Galera Editorial. (Descubrimos)

    Los árboles. La Galera Editorial. (Descubrimos).

    Los sentidos. La Galera Editorial. (Descubrimos).

    Burgos, Estrella. ¿Cómo es tu papá?. FCE. (Ojitos Pajaritos).

    Colección Animales al natural. FCE.

     Dladd, Dave. Los animales son deliciosos. Phaidon.

    de Bourgoing, René. El huevo. Océano Travesía.

    Ganges, Montse; Sales, Jordi. El cocodrilo. Combel Editorial. (Zoo ¿dónde vivo?).

    Harbin, Dustin. ¡Llegan los dinosaurios! Barbara Fiore Editora.

    Hughes, Catherine. Mi primer gran libro del océano. RBA.

    Hughes, Catherine. Mi primer gran libro de los dinosaurios. RBA.

    Martinez, Albert;Queralt, Elisenda; Soler Joaquim. La salamandra. Combel Editorial. (Fauna en peligro).

    Sánchez, Ana María. ¿En qué trabajan? . FCE. (Ojitos Pajaritos).

    Smith, Lane. Había una tribu. Océano Travesía.

    Spier, Peter. Gente. Patio Editorial.

    Trigo, Ramón. Yo vivía en el fin del mundo. Eldevives.

    Zeitoun, Charlie. La tierra. Combel Editorial.

     

     

     

  • Los más mordidos de Espantapájaros

    De acuerdo con nuestras investigaciones, estos son algunos de los libros que los niños de Espantapájaros más disfrutan; son los que más llevan a casa para leer en familia y los que más piden a sus profesoras en la hora del cuento.

    img_6428

    Da Coll, Ivar. José Tomillo. Ediciones SM.

    Sendak, Maurice. Donde viven los monstruos. Kalandraka.

    Browne, Anthony. Willy y Hugo. Fondo de Cultura Económica.

    Holzwarth, Werner. El pequeño topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza. Kalandraka.

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La cata de Roald Dahl

i jun 14th 1 Comment por

Una reseña de Ana María Bernal*

Nunca me he podido resistir a los libros de Roald Dahl. ¡Siempre me sorprenden! Recientemente leí La cata y ahora es uno de mis favoritos.

Cata

El libro lo vi por primera vez desde la entrada de la librería, me guiñó el ojo y, literalmente, me sentí atraída por ese personaje de “sombra malévola en su ceño y en su actitud una determinación que me produjo cierto desasosiego”, como lo describe Dahl. El título me atrajo, tal vez porque para mí siempre hay algo de magia cuando se habla de vino, y este libro nos invita a tener una experiencia vinícola como pocas.

La cata narra la historia de una cena en casa de Mike Schofield. Todo –la diversión, la historia y la cena– ocurre alrededor de la mesa del comedor. Mike hace una apuesta con su invitado Pratt, catador de vinos, en la que este debe adivinar de qué viñedo procede un vino escogido por el anfitrión. ¡Lo que apuestan es invaluable! Pero aun así lo hacen.

El narrador de la historia es uno de los personajes: un sujeto indiferente, sin nombre, que en las ilustraciones siempre aparece de espalda. De principio a fin es impecable y sobrio; sin embargo, siempre está en el aire la sensación de que se burla de todo: en las descripciones de los personajes, de la comida, del ambiente y sobre todo, de la situación.

La Cata

El ritmo de la narración cambia y se pone tenso mientras este hombre, ciertamente desagradable, describe el vino, de manera tal que yo no me pude resistir al antojo de beber uno de esos vinos que saben a madera. Ahí llega el momento culminante, cuando queremos saber quién ganará la apuesta, cuando quedamos en vilo y no podemos alejarnos de la historia hasta que llegamos a la última página.

Ya he leído este libro dos veces y la segunda me reí más. Me detuve en las ilustraciones y sentí la simetría y el ritmo perfecto y cadencioso que tienen con el texto. Percibí el humor en cada detalle, la expresión de cada personaje… en fin, lo serio y lo ridículo de todo lo que pasa en esa cena. Encuentro este cuento decididamente inolvidable y divertido. Al final, texto e ilustración, juntos, se quedaron en mi memoria. Debo decir que sentí una extraña fascinación por esa mujer encorvada que está encendiendo una vela y que cierra el libro satisfecha.

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Desde Argentina, María Fernanda Maquieira contestó nuestras preguntas

i abr 20th No Comments por

En Espantapájaros celebramos la publicación de Rompecabezas, el primer libro de la argentina María Fernanda Maquieira, editora y autora de literatura infantil y juvenil. Como saben nuestros seguidores, María Fernanda vino a Colombia para participar en la Feria Internacional del Libro de Bogotá #FILBo2016 y nos visitó en Espantapájaros.

tapa rompecabezas

Leila Reyes, del equipo de Espantapájaros, estuvo hablando con María Fernanda, quien aceptó su propuesta de contestar algunas preguntas antes de llegar a Colombia, para que lentamente todos fuéramos armando nuestro rompecabezas. Compartimos con ustedes sus respuestas para que se animen a indagar más en esta historia. 

Leila: El título de tu libro nos propone una verdadera fascinación. ¿Qué inspira para ti la palabra “rompecabezas”, con qué la asocias y por qué fue la escogiste para el título?

María Fernanda: El título Rompecabezas surgió casi al final de la edición de la novela. Hubo otros títulos provisorios, pero ninguno me convencía. Entre las opciones, surgió ésta con fuerza, y junto con la editora del libro, Violeta Noetinger, pensamos que era una palabra que sintetizaba muy bien el conflicto central, como lo dice Mora: “un rompecabezas al que le faltaran las piezas”.

Un rompecabezas invita a pensar las partes por el todo, a poner el foco en cada fragmento, en cada encastre, en cada hueco, buscando el sentido de una figura que no se puede ver en forma completa, como una sucesión de árboles mirados de cerca que no permiten ver el bosque. En la novela Rompecabezas, Mora junta las piezas, construye, deconstruye y reconstruye las escenas de su vida, pero hay algunas que faltan, verdaderos agujeros negros en su vida: silencios, huecos, cuerpos que no están.

Leila: ¿Es la historia de Mora un guiño autobiográfico remitente a tu propia vida?

María Fernanda: La novela no es autobiográfica, no está basada en una historia real (como por ejemplo sí lo hacen Laura Alcoba en La casa de los conejos,  Raquel Robles en Pequeños combatientes o Paula Bombara en El mar y la serpiente), pero sí representa hechos que me pudieron pasar a mí o a cualquiera de mis compañeros en esa época. Es un relato posible y verosímil para mi generación -los que fuimos niños en los ´70 y adolescentes en los ´80-, atravesada por la Dictadura y la Guerra de Malvinas.

Pero sí hay un ambiente, un “espíritu de época”, que está totalmente colmado de recuerdos propios y ajenos, testimonios, canciones, publicidades, dichos y no dichos, lecturas, escenas escolares, para lo cual apelé a mis anécdotas personales, realicé varias entrevistas y recurrí a la investigación.

Leila: Al hacer la lectura, sentí que la incógnita que rodea a los padres de Mora puede verse como algo paralelo a las múltiples incógnitas de la edad adolescente, un momento que implica una gran búsqueda con uno mismo, no siempre fácil… ¿Cómo percibes tú ese tránsito entre niñez y adultez? ¿Cuáles son las herramientas más importantes para sobrellevarlo?

María Fernanda: El tránsito de la niñez a la adolescencia me resulta interesantísimo. Creo que hay algunas edades en la vida en las que las cosas cambian y todo está por suceder: los 11 (la edad de Mora) representa para mí ese salto, ese momento de duelo que es dejar la infancia y vislumbrar que adelante hay otra cosa. Hay dolor y aventura. Hay poder y rebeldía. Por eso me gusta tanto Alicia: la curiosidad, la caída al pozo, el cuerpo que crece desmedidamente, el traspasar la puerta, la transgresión a las normas, ir al otro lado del espejo, o descubrir un mundo diferente al propio…  En cuanto a los padres de Mora, hay un vacío por las ausencias que debe completarse, porque la desaparición es aún más terrible que la muerte, y solo puede lograrse si se cumplen tres conceptos: verdad, memoria y justicia. Dice Mora: “Lo peor no es la muerte —le confieso—. Lo peor es la espera. Por eso odio el suspenso, las historias con finales abiertos, esas que ponen continuará”.

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“Matador”, de Wander Piroli y Odilon Moraes

i abr 18th No Comments por

Una reseña de Leila Reyes

Si nos fijamos en el título de este libro y pensamos inmediatamente que se trata de un relato para niños, algo raro puede suceder en nuestra mente; puede que pensemos que la palabra “matador” remite a un torero o a alguien que mata. Y entonces podemos preguntarnos: ¿no se supone que la infancia es una “edad tierna” en la que palabras como esta deberían estar vetadas? ¿De qué nos puede hablar un libro para niños cuyo título por sí solo es difícil de dilucidar y de configurar dentro de un imaginario infantil?

Matador

Nos adentramos así en un libro álbum en el que las palabras y las ilustraciones se complementan perfecta y asombrosamente y se acompañan en esta historia de desolación y muerte, de búsqueda y reafirmación del yo. El lector se enfrenta a una historia en la que un niño desea por encima de todo matar un gorrión para lograr un reconocimiento dentro de su grupo de amigos, dentro del “parche” del barrio, núcleo esencial en la construcción de ese yo.

Este mismo lector se sumerge en una ilustración que se ve recubierta de verde, marrón y blanco: colores que se entremezclan sin lograr definirse del todo y dando una sensación de desasosiego y desolación desde el inicio hasta el final del relato. Los niños parecen deambular sin rumbo, tratando de afinar su puntería para festejar un deceso más; intentando ubicarse en un lugar cada vez más inamovible dentro de este mundo cruel. Piroli y Moraes, autor e ilustrador, nos permiten vislumbrar que ese sitio “muy arborizado” donde sucede la historia puede ser cualquier lugar, cualquier esquina nuestra, así como ese niño puede ser cualquiera de nosotros, iniciándose en ese largo y misterioso recorrido del ser, que se ve atravesado tantas veces por espejismos y desengaños. A medida que pasamos las páginas, el gorrión sigue presente, siempre estático e inmaculado y como haciéndonos un guiño, como diciéndonos que allá en las alturas se vive con menos carga. El relato está contado con un estilo cinematográfico: acciones cortas y rápidas, frases que se suceden entre una narración de hechos y una inmersión en la mente del protagonista.

El clímax de Matador está en un elemento asombrosamente sencillo y a su vez desgarrador: esa manchita roja sobre una pared blanca: señal de desespero e incomprensión, señal también de que esa muerte fallida significará una pequeña muerte para el niño, un rojo indeleble en aquel frágil cuerpo, que cargará con él a lo largo de los caminos de la vida, algunos arborizados y otros no tanto.

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