Nuestra directora: “Duque versus Duque”

i nov 6th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 5 de noviembre de 2018, Yolanda Reyes escribió:

Duque versus Duque

 

¿Quién es, a fin de cuentas, el presidente de Colombia? ¿Es un actor que finge esa espontaneidad ingenua y sonríe feliz, jugando al presidente, o es un sofisticado estratega que desconcierta a la opinión como parte de un juego aprendido? Produce miedo no saberlo, y no saber si lo que dice hoy lo sostendrá, no digamos en un par de años, sino la próxima semana.

Ese desconcierto que hoy compartimos todos, incluso quienes lo eligieron, se ha exacerbado durante las últimas semanas con la ley de financiamiento. Su propuesta de gravar con IVA la canasta familiar a pocos meses de haber prometido exactamente lo contrario en su campaña ilustra el poco valor que otorga a su palabra. Y aunque aquí estemos acostumbrados al engaño en las promesas tributarias, el cinismo de su partido y de su jefe, Álvaro Uribe, pidiendo (pidiéndose a sí mismo) hace unos días que no se grave la canasta familiar ratifica el manido truco del policía malo y el policía bueno del Gobierno, en el que ya no cree nadie.

Gracias a internet, la memoriosa, se ha hecho viral un video del presidente Duque en su antiguo papel: “Soy el senador Iván Duque –saluda desde un pasado reciente para advertir sobre los peligros de la reforma tributaria del gobierno Santos–: esta reforma se llama IVA… no podemos dejar que sean los colombianos de la clase media y los más necesitados los que terminen pagando” –argumenta con una convicción, y hoy debería escucharse a sí mismo–.

Y desde tiempos más antiguos, se puede leer la propuesta del entonces presidente Uribe: “Por el criterio paternalista de no cobrarles a los más pobres se incurre en el tratamiento de inequidad, de no cobrarles a los ricos. Es mucho mejor cobrarles a todos y devolverles a los pobres… Si la devolución se hace a través de cuentas de ahorro, eso se convertirá en un apoyo para avanzar hacia el crédito popular”, argumentaba para justificar el IVA del 10 % a la canasta familiar”. (‘El País’, Cali, 2006). Los testimonios de los dos actores no pueden ser más elocuentes.

Sin embargo, la incoherencia mayúscula del gobierno Duque que, de ser cierta, hablaría de una preocupante tendencia a autosabotearse, es la de gravar con IVA a todos los libros, desde los textos escolares hasta los virtuales. A pesar de que uno de los pilares de su gobierno –y la única idea que puede reclamar como propia o, al menos, compartida con Felipe Buitrago– es la ‘economía naranja’, basada en esos oficios de la imaginación que están recogidos y atravesados por el libro y la lectura, gravar con IVA a toda la cadena del libro, con sus múltiples actores, desde los creadores hasta los editores, los lectores, los libreros y el sector educativo (incluyendo a los niños que hoy se forman), desvirtuaría, de un modo irreparable, la única propuesta de su gobierno que parece innovadora y que se centra en los oficios creativos.

A menos que se trate de otra supuesta falta de comunicación entre el Presidente y su ministro de Hacienda –que hoy actúa como el mayor ‘policía malo’ del Gobierno–, o de un truco más para distraer a la opinión con un IVA impresentable que luego se quitará y hará parte del ‘lobby’ del sector de la cultura y de la negociación que agradeceremos (otra vez más, como es costumbre) al presidente de turno, se trata de una falta de coherencia aterradora. Como lo dijo Enrique González, el presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana del Libro, “ningún pueblo debería pagar impuestos para leer, estudiar e informarse”.

Justamente leemos para eso: para preservar el valor de la palabra, que es, en el fondo y a largo plazo, la única manera que tiene una sociedad de garantizar, entre otras cosas, que queden fijas, que no queden impunes las palabras.

YOLANDA REYES

Síguenos

¡Así vivimos el 31 de octubre!

i nov 2nd No Comments por

Calabazas

En Espantapájaros, lo que más celebramos el 31 de octubre es la imaginación de los niños.

Este año, la fiesta empezó un día antes porque el 30 fue martes y los martes siempre tenemos el taller de Cuentos en pañales. Con los bebés que vinieron ese día, nos dieron ganas de movernos como esqueletos y por eso leímos (y cantamos) Chumba la cachumba, de la tradición oral. Ese libro, en la edición publicada por Ekaré, fue el favorito de la tarde pero también disfrutamos con canciones de risa, de fiesta y de susto.

Collage3

Encabezado1

con los niños del jardín infantil tuvimos un día lleno de juegos. Y de literatura, que nunca puede faltar.  Como siempre, las caras de felicidad, sorpresa y concentración de los niños eran tan expresivas y tan llenas de detalles como las páginas de los libros. De toda la casa, el lugar favorito de muchos de ellos fue la librería que, por ese día, dejó de ser la librería Espantapájaros para convertirse en la guarida de Los tres bandidos (el libro de Tomi Ungerer), en donde los niños buscaron el tesoro de monedas de oro de chocolate que los tres bandidos habían escondido.

Redes

 

Síguenos

Nuestra directora: “Perder la memoria”

i oct 22nd No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 22 de octubre de 2018, Yolanda Reyes escribió:

Perder la memoria

 

A los trece años tuve una amnesia temporal producida por un golpe. De aquel paseo de fin de semana, que se convirtió en una nebulosa sin antes ni después, conservo una imagen fija: a través de una ventana miro una ciudad que sé que no es la mía, pero no logro saber por qué estamos ahí ni me atrevo a volver a preguntar lo que sé que ya he preguntado muchas veces.

Lo único que reconozco es un vestido que interrogo para saber de dónde vengo, pero el vestido no me dice nada. Y deambulo, del vestido a la ciudad y a la ventana y a las caras familiares que me miran preocupadas, y que recuerdo también con una mezcla de angustia y de vergüenza, sin referencias en el medio: sin esos hilos que amarran una escena con la otra, que nos conducen de una causa a un efecto, y de este día al día siguiente. Sin ese pegante que es la memoria y solo echamos de menos cuando falta.

Quería pedirle al presidente Duque, como lo han hecho organizaciones de víctimas y académicos de Colombia y de la comunidad internacional, que preservara la autonomía académica del Centro Nacional de Memoria Histórica, en este cambio de dirección y de Gobierno. Quería argumentar sobre la importancia de mantener continuidad en el proceso de acompañar a las víctimas a comprender lo que les pasó y de seguir documentando con rigor lo que vivimos –y permitimos o hicimos o no vimos– como sociedad, como país y como Estado durante más de treinta años de conflicto armado, pero llegó esa imagen fija de una niña que mira con terror una ciudad desconocida, y encontré una pista para entender cómo la historia (la personal, la del país) pende de esos hilos que amarran lo que pasó con lo que está pasando y con lo que podrá pasar en el futuro.

Explorar esa compleja urdimbre no es sencillo, pues toda memoria está abierta a interpretaciones que cambian en el tiempo y no coinciden exactamente con la de otros, aunque hayan vivido los mismos hechos. La memoria individual está emplazada en la memoria colectiva, y la memoria histórica toma esos recuentos de la memoria colectiva para trabajarlos con las herramientas propias de las ciencias sociales y situarlos en un contexto más amplio, regional y nacional, que permita comprenderlos en toda su complejidad. Sin desconocer la empatía que suscita el recuento de la memoria colectiva en tiempos de guerra, la memoria histórica pretende dilucidar no solo lo que pasó, sino también por qué y cómo pasó.

Más allá de memorizar datos –o de borrarlos, que es el peligro, si no se preserva la independencia académica del centro–, el imperativo ético y político de este país en estos tiempos es comprender los engranajes que nos llevaron a vivir en guerra para desarrollar no solo sentido de pertenencia a una historia compartida, sino también un sentido de responsabilidad que revele cómo nuestras decisiones (o nuestras omisiones) incidieron en la historia. Si la manera como hemos afrontado los conflictos en Colombia no nos habla de nuestra forma de resolver conflictos y si no relacionamos los procesos políticos nacionales y locales que llevaron al desplazamiento y la violencia con nuestras prácticas políticas, estaremos, como la imagen de esa niña, deambulando entre escenas inconexas sin saber cómo salir.

“Cuando a la memoria se la convierte en relato hegemónico, se la vuelve vecina del totalitarismo. Pero cuando se la reconoce en su diversidad, es una de las prácticas con mayor vocación democrática”, decía Gonzalo Sánchez, el director del CNDMH en 2013 al entregar el documento ‘¡Basta ya!’, que mostraba lo que nos habíamos negado a ver durante tantos años de barbarie.

Ese trabajo de documentación que es necesario seguir haciendo y nos ayuda a debatir–en buena hora– es lo que está, de nuevo, en juego.

YOLANDA REYES

Síguenos

Adivina quién cumple 30 años

i oct 10th No Comments por

Encabezado

Matilda

En octubre de 1988, hace treinta años, se publicó por primera vez Matilda, una de nuestras novelas favoritas de Roald Dahl. Para celebrar este aniversario, la editorial que publica el libro en Inglaterra le pidió a Quentin Blake, el ilustrador, que creara una ilustración, o más bien un boceto, para mostrar cómo se imaginaba a una Matilda de treinta años. Blake fue más allá de lo que le pidieron e hizo ocho ilustraciones. Y el periódico The Guardian fue muchísimo más allá y entrevistó a seis autores de libros para niños sobre lo mismo: ¿qué haría Matilda a los treinta años? ¿cómo su infancia influiría en su forma de ser ahora?

Con sus respuestas hicieron este especial en su página: Matilda at 30, Michael Rosen opinó que Matilda ahora sería comediante y Jeff Kinney supuso que trabajaría en una librería, pero aclaró que no sería la dueña. Además de todas las hipótesis interesantes, la noticia nos hizo pensar, con asombro, que ya han pasado treinta años desde que existe Matilda y siempre que lo leemos nos parece tan vigente, tan cercano, tan real, como si Roald Dahl lo hubiera escrito ayer. ¿Por qué sus historias nos importan tanto? ¿Por qué sus personajes son tan especiales? ¿Cómo vemos su influencia en tantos autores contemporáneos que nos gustan? Nos encanta que estas preguntas estén en el aire, como están en el aire las ganas de disfrutar la buena literatura infantil y juvenil.

Nosotros lo celebramos con el curso de “La reinvención de la infancia. Clásicos contemporáneos de la literatura infantil”, en el que leeremos a Roald Dahl.

Final

Síguenos

Nuestra directora: “Génesis”

i oct 8th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 8 de octubre de 2018, Yolanda Reyes escribió:

Génesis

 

Génesis: ¿cuántas expectativas cifradas en ese nombre? Génesis: esa primera niña del mundo entero que somos todas fue violada y asesinada a los nueve años en Fundación (Magdalena, Colombia). Es muy doloroso afrontar, no solo como familia sino como país, lo que significa matar el comienzo del mundo, pero es imperativo pensar como adultos, más allá de clamar venganza.

Todos conocemos la historia, con innumerables variaciones, desde hace muchos, muchísimos años: la madre le encarga a su hija un mandado sencillo y le da instrucciones para llegar a la casa de un familiar, pero, en el camino, aparece el monstruo. En el territorio de la ficción, el lobo feroz, Barba Azul o el Mohán representan el peligro, el poder y la fuerza, y nos ayudan a luchar simbólicamente para afrontar nuestro miedo y nuestra vulnerabilidad, vencer al enemigo con un castigo ejemplar y regresar a la casa ilesos, desde esas profundidades oscuras que suelen situarse en la panza de un lobo, en el vientre de una ballena o en un sótano ensangrentado. Sin embargo, en este país tan real, la historia se ensaña, con una brutalidad literal, ahora en Génesis, pero antes y después en muchas otras víctimas.

La reacción primaria –la que permiten los cuentos a la psique infantil– es buscar un castigo perpetuo que le dé su merecido al monstruo, pero, sobre todo, que lo desaparezca de nuestra mirada, para que nunca jamás vuelva a ser una amenaza. Ante la falta de control de los instintos –externos e internos–, la solución de retomar el control pasa por las palabras, y ese es el sentido de las ficciones fundacionales que les contamos a los niños. El problema es que, en territorio real, inventar una nueva ley –o reformular un castigo en palabras– es una solución irresponsable y falaz. Al recurrir a una fórmula mágica, evitamos abordar la complejidad de la realidad y nos sentimos a salvo con el esquematismo: el monstruo se pudre en una cárcel (a la que rara vez llega), y todos vivimos felices para siempre.

Si bien el miedo puede dar réditos a los medios de comunicación y ofrecer a los políticos una forma de cohesión inmediata alrededor del castigo, resulta impresentable que los gobernantes manipulen esos mecanismos primarios para eludir el análisis y la búsqueda de soluciones sostenibles e integrales en el terreno real.

Mientras la sociedad se moviliza –y moviliza a un político e inmortaliza su nombre en una nueva ley– para exigir, no el cumplimiento de las leyes ya existentes y la garantía de los derechos de los niños, también ya escritos y reglamentados, sino el aumento de penas escritas, los niños y las niñas siguen desprotegidos en vecindarios inseguros, en los que todos conocen y conviven con los agresores.

La propuesta responsable, la que es obligatoria y difícil y requiere ser sostenida en el tiempo, es asumir la corresponsabilidad entre el Estado, la familia y la sociedad que está consagrada en la Constitución de 1991 y reglamentada en el Código de Infancia y Adolescencia. Ese proyecto colectivo de país alrededor del objetivo común de la protección integral de la infancia es el desafío para nuestros líderes políticos.

No hay otra forma para restaurar la confianza de los niños que convertir a todos los adultos en garantes de sus derechos. En el poder de esas redes que forman una comunidad protectora y responsable está el trabajo de prevención, y ese es el que salva a los niños, antes de que se topen con el monstruo.

Todos sabemos, y deberían saberlo el presidente Duque y los promotores de castigos simbólicos, que la prisión perpetua no es más que el último eslabón de una larga cadena de omisiones. Poner el acento en el castigo cuando todo es irremediable es, por decir lo menos, una irresponsabilidad política.

YOLANDA REYES

Síguenos

Nuestra directora: “Competencias argumentativas para servidores públicos”

i sep 24th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 24 de septiembre de 2018, Yolanda Reyes escribió:

Competencias argumentativas para servidores públicos

 

“Son las dos o tres semanas más desagradables que he sentido, con el senador Robledo echando Twitter cada dos minutos, sus compinches en la gran prensa bogotana, sus aliados y sus barras bravas”, declaró, visiblemente exaltado, el ministro de Hacienda en el debate sobre los bonos de agua. Ciento diecisiete municipios de los más pobres del país se endeudaron para construir acueductos, llevan años pagando intereses y deben más de lo que les prestaron, sin construir nada, en su mayoría. El Ministro fue citado por haber tenido injerencia en la estructuración del sistema de financiación cuando ocupó el mismo cargo hace unos años y por haber tenido, posteriormente, negocios relacionados con esos bonos en su firma privada.

El periodista Daniel Coronell, presidente de la división de informativos de Univisión, denunció la situación en su columna de ‘Semana’ y Jorge Enrique Robledo, el senador que se ha destacado por sus debates en el Congreso, citó a Carrasquilla al debate. En ese contexto, ¿hay que decirle al servidor público que disculpe las molestias por pedirle explicaciones, también públicas, o habría que disculparse, más bien, con los ciudadanos de esos municipios que aún no tienen agua potable? ¿A quiénes se refiere el Ministro con ese término de historieta: ‘compinches en la gran prensa bogotana’? (Me queda sonando eso de ‘bogotana’: ¿qué piensa el Ministro de la prensa de otros lugares del país?). ¿Cuál debería ser el rol de los medios, según él, y cuál el de los parlamentarios? ¿Por aliados y barras bravas se refiere a la ciudadanía que elige a los senadores para que la representen?

Además del problema del agua que requiere, como el de la alimentación escolar y tantos otros en los que se vulneran derechos fundamentales, de muchos debates centrados en la búsqueda de explicaciones sobre la incapacidad política nacional y local para garantizarlos y sobre las denuncias relacionadas con incumplimientos o conflictos de intereses, lo más preocupante del debate no es, ni siquiera, lo que se dijo en el Congreso, sino la forma de decir y de reaccionar, como si pedir y dar explicaciones rigurosas no fuera una obligación y como si un debate parlamentario fuera una competencia de boxeo y su objetivo fuera aniquilar al enemigo, en vez de buscar explicaciones y, ojalá, soluciones a problemas que involucran bienes públicos.

Con excepciones brillantes, que no voy a nombrar, pues quiero centrarme en el sentido general, me parece que todos perdimos. La lógica de la argumentación, si se puede llamar ‘lógica’ esa manera de hablar sin escuchar y sin interesarse en seguir la argumentación del otro, fue una asignatura pendiente en muchas intervenciones y la exhibición (o el exhibicionismo) de una retórica acalorada en la que prevalecía la fuerza de las mayorías sobre la naturaleza de los argumentos y con la que algunos parlamentarios hablaban sin decir nada más que lugares comunes refleja carencias dramáticas, precisamente en el Parlamento, que es el escenario por excelencia para el ejercicio democrático.

La falta de pensamiento crítico y de habilidad para expresar argumentos en tiempo breve, lo mismo que la pobreza lingüística y el desconocimiento de reglas gramaticales básicas de algunos “oradores”, es una alerta para el sistema democrático, o quizás, lo que resulta más grave, el reflejo de un país incapaz de contrastar fuentes, versiones y posturas diversas (y del que tampoco puede exonerarse, bueno es reconocerlo, a la prensa). Si la responsabilidad para sustentar y comunicar las ideas es el principio esencial para asumir la responsabilidad de los propios actos, hay razones profundas para preocuparse.

YOLANDA REYES

Síguenos

Comunidad Espantapájaros: Cumpleaños en pañales

i sep 18th No Comments por

Encabezado completo

Siena ha estado viniendo al taller de Cuentos en Pañales desde que tenía 7 meses. El 30 de agosto cumplió su primer año y en Espantapájaros lo celebramos de la mejor forma que conocemos: en medio de libros y con la compañía de su mamá, amigas y amigos.

Nathalia, la profesora, seleccionó los libros más divertidos sobre cumpleaños. El favorito de Siena fue Regalos, de Estrella Ortiz y Carles Ballesteros, por el juego de las cosquillas, que son el regalo para la niña. ¡El salón se inundó de risas!

b

a

f

d

e

Feliz cumpleaños

Síguenos

Comunidad Espantapájaros: Carolina Vegas y “la culpa de las mamás que trabajan”

i sep 17th No Comments por

ComunidadEspantapajaros

Más que un jardín infantil, Espantapájaros es una comunidad: un grupo de personas, grandes y pequeñas, que están cerca, se apoyan, se oyen, comparten preguntas, ideas, y búsquedas. En estos años nos hemos dado cuenta de que hablar con las mamás y los papás de nuestros niños nos abre la mente. Y como siempre estamos recibiendo información sobre sus experiencias, oficios, miradas y opiniones, hemos decidido que queremos compartirla con ustedes. A partir de hoy, cada semana publicaremos un enlace, un artículo o un video de un miembro de la Comunidad Espantapájaros: una mamá, un papá, una abuela, un abuelo, una ex alumna, un ex alumno… o cualquier persona que esté unida a nosotros por los hilos del afecto y el recuerdo.

Carolina

©Guillermo Torres

Hoy les recomendamos este artículo de Carolina Vegas: “La culpa que persigue a las mamás que trabajan“. Carolina es escritora, periodista y editora. Es la autora de los libros Un amor líquido El cuaderno de Isabel y actualmente es editora de la revista Semana. En esta revista, ha creado un espacio, “Universo Crianza”, para hablar sobre todo lo que pasa en la vida cuando se toma la decisión de tener y criar hijos. Los invitamos a que exploren la página y, especialmente, a que lean este artículo, sobre la culpa, las responsabilidades y las emociones relacionadas con trabajar y ser madre.

Esperen la próxima semana más noticias de la #ComunidadEspantapájaros

Síguenos

Nuestra directora: “A pie por la Gran Colombia”

i ago 27th No Comments por

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 27 de agosto de 2018, Yolanda Reyes escribió:

A pie por la Gran Colombia

 

 

‘El éxodo venezolano atraviesa los Andes’, se titula un artículo sobrecogedor que escribió el periodista colombiano Santiago Torrado para el diario ‘El País’ de Madrid sobre la odisea de los migrantes que recorren cerca de 1.500 kilómetros desde Cúcuta, en la frontera nororiental con Venezuela, hasta Ipiales, en la suroriental, para pasar el puente de Rumichaca, entrar a Ecuador y continuar hacia Perú, o más allá.

Toma casi treinta horas hacer ese trayecto por carretera, y bastantes más si hay que hacer autostop, pero andar a pie requiere mucho más tiempo: quizás el mismo que les tomó hace dos siglos a los lanceros de nuestras guerras de independencia subir desde los llanos hacia la cordillera Oriental (descalzos, sin abrigo, tosiendo, llenos de picaduras y temblando de frío). Al igual que miles de desplazados que atraviesan tantos países de este mundo para salvarse de guerras, tiranías e inequidades (en pateras, como en el Mediterráneo; en trenes como La Bestia, que cruza Centroamérica hacia Estados Unidos, o en ‘flotas’ y tractomulas que serpentean por nuestras carreteras llenas de curvas y precipicios), los migrantes venezolanos andan con sus familias o van a reunirse con ellas en algún lugar de esta Gran Colombia.

En lo que va de 2018, mientras usted y yo estuvimos concentrados en nuestros asuntos y apenas nos fijamos en algún venezolano que tocaba un violín o un cuatro en alguna esquina de nuestras ciudades, veinte o treinta buses, cada uno con alrededor de cuarenta puestos, atravesaron nuestro país diariamente, de paso hacia Ecuador, según relata el artículo. La simple multiplicación da 1.200 personas al día, contando únicamente a quienes pueden pagar viajes en bus, pero en los días cercanos al 7 de agosto aumentaron a 8.000, con el rumor de que el presidente Duque planeaba cerrar la frontera. En la terminal alterna que ya existe en Ipiales para estos expresos –y que también vende comidas, abrigos, gorros de lana y todos esos productos relacionados con la “economía migratoria”–, alguien le dijo a Torrado que alcanzó a contar setenta y dos buses, y luego perdió la cuenta.

Lo que resulta sobrecogedor del artículo de ‘El País’, y lo que nos plantea un desafío no solo periodístico, sino humano a todos es asomarse a un drama del cual aún no hemos tomado plena conciencia y que, detrás de cada cifra, cuenta una historia particular, o mil historias de exilios, de pérdidas y despedidas. Una mujer embarazada que echa a andar con su pareja, como hace tantísimos siglos, en busca de un país en donde pueda nacer y vivir su hijo; una familia rota entre una frontera y un guardia, un bebé con un gorrito de lana y unos ojos brillantes que miran el nuevo mundo en los brazos de una madre con la mirada triste y perdida de cansancio son las imágenes que se multiplican por mil en nuestra frontera para volver a contar esa épica de la migración que, paradójicamente, se ve mejor cuando no se está cerca.

Así como muchas veces me he preguntado cómo se puede vivir cerca de una playa en la que naufragó un barco lleno de familias de inmigrantes o pasar diariamente por un refugio donde unos niños siguen esperando la reunificación familiar ordenada al gobierno Trump, hoy me pregunto en dónde hemos estado mientras 547.000 venezolanos de todas las edades atravesaron este país. ¿Cómo recordarán esos niños las imágenes de ese exilio que los marcarán durante el resto de sus vidas? ¿Qué circunstancias hacen que una familia ponga en riesgo a sus hijos para salvarlos del riesgo mayor de quedarse en su tierra? Como escribió la poeta anglo-somalí Warsan Shire: “Tienes que entenderlo: nadie pone a su hijo en un barco, salvo que el agua sea más segura que la tierra”.

YOLANDA REYES

Síguenos

“Constelaciones”: una historia de Juliana Camacho

i ago 23rd No Comments por

*

En Espantapájaros, agosto es un mes muy emocionante. Al jardín infantil llegan niños, niñas y bebés que no conocíamos; personas nuevas, fascinantes, que nos enseñan cosas desde que las vemos llegar por primera vez.

Las personas que pasan por Espantapájaros son muy difíciles de olvidar (tal vez imposibles). Hoy, por ejemplo, recordamos que hace cinco años entró al jardín Olivia Correa. Su lugar favorito era el parque, o, al menos, el lugar del que más hablaba: gritaba “¡paque! ¡paque! ¡paque!”.

Su mamá, Juliana Camacho, escribió para su blog (Mi vida con Olivia) este artículo precioso sobre la llegada al jardín infantil, sobre cómo ese cambio en la rutina les transformó la vida a las dos y les abrió el universo. Decidimos compartirlo con ustedes en nuestro blog, porque sabemos que varios papás, mamás, abuelos, abuelas, tíos, tías, hermanos y hermanas mayores se están preguntando, como se lo preguntaba Juliana, cómo soltar la mano de los más pequeños de la casa.

Pasen y lean:

Constelaciones

 

Uno sabe que en el universo hay otros planetas, miles de estrellas y agujeros negros, soles distantes que no nos alumbran y lunas que no vemos al caer la noche. Sin embargo, la vasta extensión del universo es tan cercana a la idea de infinito, que a veces nos cuesta hacerla entrar en nuestro entendimiento – siempre un poco miope -.

Hace una semana Olivia entró al jardín infantil. Hace ocho días ella y yo nos tomamos de la mano, cruzamos el portal de Espantapájaros y descubrimos juntas una nueva constelación. Olivia sabía que en el mundo hay otros niños y otros adultos, que existen rodaderos, libros, columpios, casas. Pero desconocía la estructura que se forma cuando todos esos elementos confluyen en un mismo punto del universo. Ella entró al jardín como quien mira a través de un telescopio. Todo tan misterioso, tan apasionante. ¿Quiénes son esas señoras tan simpáticas que la saludan y la invitan a seguir? ¿Por qué tantos niños como ella jugando entretenidos, corriendo, conversando a media lengua? ¿Y ella dónde se ubica en ese cielo extranjero?

Uno

A mí me pasó algo similar. Sabía de la existencia de los jardines infantiles porque asistí a uno de ellos cuando tenía la edad de Olivia, porque los veo desde la calle y sé para qué sirven. Incluso, desde antes de tener a Oli en mi barriga supe que mi hija iría a Espantapájaros porque a Yolanda Reyes, su directora, la conozco desde tiempo atrás y admiro su trabajo, además de compartir su visión de la infancia. Pero aún así, hace una semana crucé la puerta de “Espanta” nerviosa y expectante. ¿Cómo hago para soltar la mano de mi Olivia? ¿Cómo dejarla ir a otra constelación tan poblada de estrellas nuevas?

La respuesta a sus preguntas y las mías se ha dado serenamente, sin traumatismos. Con la ayuda y la comprensión del equipo de Espantapájaros, Olivia y yo hemos aprendido en estos días a conocer la dinámica de esta nueva porción del universo, y sobre todo a encontrar nuestro lugar allí. La pequeña Oli ha disfrutado conocer nuevas estrellas que como ella saltan y titilan. También ha visto que en la nueva galaxia hay otros satélites parecidos a mamá y papá, que la cuidan y le enseñan cosas nuevas. Yo también he podido soltar su mano de a pocos, acercarme y alejarme por momentos, como los eclipses.

Tres

El pasado lunes, una semana después de haber emprendido juntas nuestro viaje intergaláctico, crucé la puerta de Espantapájaros con mi pequeño planeta – mi pequeña estrella – sonriente, tomada de mi mano. Ya adentro, Oli me soltó y yo le planté un beso grande en la frente. La vi acercarse a otros niños hasta perderse en medio de esa nueva constelación. Entonces, fui capaz de ocultarme por unas horas como el sol cuando es de noche o la luna cuando es de día.

Dos

Síguenos