Las Mil y una noches, un curso de Carolina Sanín

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Espantapájaros presenta: 

Las Mil y una noches, un curso de Carolina Sanín

El curso se dictará los miércoles, del 14 de febrero al 14 de marzo de 2018, de 5:30 a 7:00 p.m.

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Grabado Gustav Doré “Simbad el Marino”

“Durante las sesiones, leeremos una selección de cuentos de las Mil y una noches (c. ss. XI-XIV). Estudiaremos la obra en su contexto histórico y cultural, al tiempo que analizaremos su contenido y su estructura. Observaremos su influencia en la formación de los géneros modernos del relato breve y la novela, así como en la formación del autor y el lector modernos. El estudio de la colección de relatos nos servirá, entre otras cosas, para observar las relaciones, los tránsitos y las tensiones entre la tradición oral y la tradición escrita en la narrativa occidental, para entender la teoría del microcosmos, para estudiar la construcción de la imagen de la mujer como conocedora y generadora de contenidos literarios, y para familiarizarnos con la conjunción entre educación literaria, educación erótica y educación espiritual en los orígenes de la narrativa occidental. Reflexionaremos acerca de la noción de que se narra para salvar la vida y acerca de cómo, al insertar unos cuentos dentro de otros, la composición literaria señala que la vida propia es una historia que incluye las historias de todas las personas que han existido y que, en esa medida, cada individuo es infinito.”

Carolina Sanín

 

Inversión: 480.000 pesos colombianos, cinco sesiones.

Inscripciones: comunicacion@espantapajaros.com / teléfono: 6200754

Lugar: Espantapájaros Carrera 19A #104A-60

¡Cupos limitados!

Carolina Sanín es autora de las novelas Todo en otra parte y Los niños, el libro de cuentos Ponqué y otros cuentos, los libros de humor Yosoyu y Alto rendimiento, el ensayo biográfico Alfonso X, el libro para niños Dalia y la antología crítica Pasajes de Fernando González. Obtuvo un doctorado en Literatura Hispánica de la Universidad de Yale. Ha sido profesora de la Universidad de Los Andes y de la State University of New York-Purchase College. Ha sido columnista de El EspectadorArcadiaCredencialSemana Sostenible y Semana.com.* Para la primera sesión, se recomienda leer el prólogo (la historia del rey Shahriyar y su hermano Shah Zamán, y la historia de Shahrazad).

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Recuerdos de la pasantía de Paula Arriet

i oct 17th No Comments por

En Espantapájaros, ofrecemos pasantías para los adultos que trabajan con la primera infancia y quieren acercarse y conocer desde la práctica nuestro trabajo con niños entre ocho meses y cinco años. “Aprender en el territorio de la primera infancia” es un programa de inmersión en este mundo fascinante de los bebés, los niños, los libros y el arte.

En septiembre de este año, 2017, recibimos a una pasante chilena: Paula Arriet. Durante un mes, su acento nos acompañó e hizo parte de nuestra vida. Ella viajó desde Puerto Montt, una ciudad ubicada en el sur de Chile, para asombrarse, conocer y reflexionar con nosotros sobre las diversas posibilidades que se dan en el terreno de la primera infancia. Paula es diseñadora de profesión, pero desde hace ocho años ha trabajado en gestión social y cultural. Actualmente es la directora de RINFAM (Rincón de la Familia), una corporación que trabaja con niños y sus familias para proporcionarles un espacio de calidad mediante el desarrollo personal y familiar.

Desde el 4 hasta el 29 de septiembre, Paula y las personas del equipo de Espantapájaros compartimos detalles, inquietudes y descubrimientos acerca del trabajo en torno a las salas de lectura y de pedagogía artística. Paula acompañó a las profesoras en su trabajo con los niños del Jardín: con los grupos de los más pequeños participó en rituales como el saludo, el juego libre, la hora del cuento y el Club de Lectura; con los grupos de los niños más grandes, se involucró en los proyectos de aula y en los escenarios en donde estos se entretejen con la literatura.

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Paula también estuvo con nosotros en la librería, para mirar detalles como la organización de los libros de acuerdo con la edad, los recomendados y “los más mordidos”; con Eliana García, nuestra profesora de música, aprendió todo lo que hay detrás de nuestro taller de iniciación literaria para bebés, Cuentos en pañales. La pasantía de Paula también tuvo tutorías y espacios de discusión: con Jimena Rojas sobre fomento lector, y con Yolanda Reyes, escritora y directora de Espantapájaros, sobre el libro La casa imaginaria, y a partir de él, sobre cómo pensar la literatura en la primera infancia, cómo concebir espacios de formación de lectores y expresión artística

Uno de los momentos que más cautivó a Paula fue el Club de Lectura, en el que los niños escogen los libros que quieren llevar a su casa para leerlos con su familia. “Me llevo en el corazón el Club de Lectura, en donde encontré el alma de Espantapájaros. En ese momento, los niños pasan a ser los protagonistas del aprendizaje en un espacio seguro y familiar. En él se evidencia el vínculo y el amor por los libros. Allí se unen la librería, el proyecto educativo y los talleres”, dijo Paula.

Libro

La pasantía de Paula fue especial por muchas razones: una de ellas, porque su hija Lourdes vino a jugar, a leer y a explorar con nosotros y con los niños del jardín. “Los niños no tienen prejuicios y abrazaron a Lourdes sin preguntar de dónde venía; no les importó si era más alta, más baja o si tenía otro acento. La acogieron desde el primer momento; los niños son niños y la pasan bien. La primera infancia y la niñez en general no me dejan de sorprender”, nos contó Paula.

Durante su pasantía, Paula conectó a través del terreno de la primera infancia a la mujer de treinta y tres años con la niña de tres. “La mujer de treinta y tres encontró un proyecto maravilloso; y la niña de tres, un espacio seguro y una montaña de libros por morder. Sin duda será una experiencia que recordaré por siempre”.

Paula

Al regresar a Puerto Montt, Paula va a instalar una bebeteca en el RINFAM. “Durante la pasantía también aprendí cómo disponer el espacio para construir la bebeteca, cómo hacer el rito de la lectura, cómo debe ser la disposición de los cojines y cómo involucrar a las mamás. En diciembre vamos a montar una guaguateca, que es el nombre que le vamos a dar, en Puerto Montt”, nos dijo.

¡Muchas gracias por habernos acompañado, Paula!

Recordaremos los conocimientos y las experiencias que compartimos. Lourdes y tú son parte de Espantapájaros.

 

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¡Así fue la visita de Keiko Kasza a Espantapájaros!

i sep 28th No Comments por

En Espantapájaros, los encuentros con los autores son experiencias que se quedan guardadas para siempre en la memoria poética de los niños. Cada encuentro es un acontecimiento que se va preparando lentamente y que está lleno de rituales, significados, pequeños detalles y muchos preparativos.

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No queremos que el autor pase tan rápidamente por nuestra vida. Queremos tiempo para acercarnos a sus libros: para morderlos, leerlos, disfrutarlos y releerlos, en la casa y en el jardín; con las profesoras y con la familia.

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Los encuentros con los libros tienen un antes, un durante y un después…

Cuando supimos que Keiko Kasza vendría a Colombia desde muy lejos (pues, aunque vive en Estados Unidos, había pasado dos años en Japón), empezamos a releer todos los libros de ella que tenemos en nuestra biblioteca y en las casas, y que tanto nos gustan.

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Rafael estaba seguro de lo que decía. Él hablaba con sus amigos y les recordaba: “Mañana va a venir Keiko Kasza”. Lucía trajo desde su casa el libro No te rías, Pepe y le pedía a su profesora que lo leyera. Cada vez que Isabella entraba a la biblioteca, buscaba el cuento Choco encuentra una mamá, se sentaba para verlo y tan pronto llegaba a la última página, volvía a empezar.

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Durante la hora del cuento, leímos una y otra vez libros como Mi día de suerte, Los secretos de Abuelo Sapo, El tigre y el ratón, Cuando el elefante camina y Choco encuentra una mamá. Y escuchar las narraciones construyó en los niños y en todos nosotros la ilusión de saber que conoceríamos a la escritora de esas historias que nos conectan con las emociones de la infancia.

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Los adultos asistimos a una conversación entre Keiko Kasza y Yolanda Reyes. La autora japonesa nos contó algunos detalles que no conocíamos de sus libros. Nos comentó, por ejemplo, que la idea del libro No te rías, Pepe surgió de un juego que practicaba cuando era niña: aguantaba la risa mientras sentía las cosquillas de manos de otra persona. Su discurso fortaleció el anhelo por recibir su visita en Espantapájaros.

Conversación Keiko

Invitamos a las familias a una hora del cuento para que compartieran con nosotros el rito de la lectura; y después de leer los cuentos, nos acompañaron a comprar los favoritos para que Keiko los firmara. Carmen entró con Pablo, su papá, a la librería. Ya había tomado una decisión: Choco encuentra una mamá era el libro que quería. “¿Estás segura de que quieres ese? ¿No te gustaría llevar otro?”, le preguntó Pablo. “¡No! Yo quiero este porque no lo tengo en mi casa”, respondió mientras se acercaba a la caja para pagarlo.

Carmen y Alejandra

Unos días antes del encuentro, Rebeca sacó unas monedas de su alcancía, se las entregó a su mamá y le dijo: “Aquí está la plata para que compremos los libros”. Ella quería tenerlos todos.

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Antes de recibir a Keiko, también dibujamos a algunos de los personajes de los cuentos. Con marcadores, colores y pinturas reinventamos a Choco, a Pepe y a Coco Cocodrilo.

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Finalmente llegó el día que todos estábamos esperando. Creamos el ambiente para transmitir la ilusión que nos acompañó durante varios días. Pusimos los dibujos de los personajes y del bosque, porque luego de haber leído los libros de ella, los niños llegaron a la conclusión de que el bosque estaba presente en todos sus cuentos.

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Y cuando Keiko llegó se emocionó al ver los dibujos y al ver a los niños sentados en los cojines esperándola.

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Después de que le dijimos cuáles eran sus libros que más nos gustaban, (Choco encuentra una mamá y No te rías, Pepe), ella nos mostró una de las formas como se divertía cuando era niña: el origami. Nos pidió que contáramos hasta treinta y, de sus manos, salió un pájaro.

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Ella estaba dispuesta a firmar todos los libros. Los niños esperaron a que llegara su turno: aquel momento en el que estarían justo al frente de ella para observar con atención cómo dejaría su autógrafo en la primera página de cada cuento.

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Hijo de Paola

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Aunque Keiko se despidió de nosotros, los niños continúan leyendo sus cuentos; Isabella, sentada en el piso, todavía regresa a la primera página del libro Choco encuentra una mamá; y aún se escucha la voz de Rafael diciendo: “Conocí a Keiko Kasza”.

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Las familias nos han escrito para compartir con nosotros su emoción. Paula Quintero, la mamá de Lorenzo, nos dijo: “Quiero agradecer de todo corazón los maravillosos privilegios de los que nos permiten ser partícipes. Qué gran fortuna que Lorenzo haya podido hacer en Espantapájaros sus primeros años de escolaridad… Mi suegra dice que en Lorenzo se cumplió su gran anhelo de conocer a Keiko.” El tiempo que compartimos con ella y la calidez de sus historias seguirán guardados en nuestras memorias.

Otra Paula (Arriet), que vino desde el sur de Chile a hacer su pasantía en Espantapájaros, nos comentó que la visita de Keiko significó para ella “el momento mágico de conocer a la persona que está detrás de esas historias, aquellas que se conectan con la niña que llevo en mi interior.”

Y, por supuesto, aquí quedó el pájaro que nos dejó Keiko…

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Agradecemos a Fanuel Díaz y a Editorial Norma por habernos acompañado en la gestión de esta maravillosa experiencia.

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Una galería al estilo Espantapájaros

i jul 14th No Comments por

Durante la semana Espant-Arte, los niños del Curso de Vacaciones jugaron con diferentes técnicas, masas, volúmenes y posibilidades para crear sus propias obras de arte. Desde aviones de plastilina hasta cuadros hechos con tiza se robaron la atención de quienes visitaron nuestra galería y participaron en la subasta.

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Para hacer esta obra, Antonia moldeó plastilina, la partió en trozos pequeños y luego la puso en sus uñas para darles forma. Luego, retiró la plastilina y la ubicó sobre la cartulina negra.

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También trabajamos con arcilla. En la subasta, uno de los curadores les reveló a los espectadores un secreto: mientras los artistas moldearon las figuras, la arcilla les dijo al oído qué forma darle a sus obras. Y este fue el resultado del trabajo de Mateo: “Pterodáctilo en picada”.

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Rafael puso pintura verde y harina en sus manos. Luego las deslizó sobre una cartulina para realizar un cuadro. Cuando terminó no solo apreció su obra, también miraba asombrado sus manos. Recorrió todo el lugar para mostrarles a sus compañeros el color verde de sus dedos y sus palmas.

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Joaquín estaba concentrado. Mezcló diferentes pinturas para darle su toque personal a una caja.

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Pero eso no fue todo. Este artista siguió trabajando y, después de que terminó de pintar la caja, creó su propia escultura. Se sentó y empezó a ubicar un cubo sobre otro.

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Y cuando ya no alcanzó desde el suelo, su puso de pie para seguir ubicando los cubos.

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¿Y cómo fue la subasta?

Los curadores se encargaron de explicarle al público las técnicas que utilizaron nuestros artistas. Luego, empezaron a “vender” cada una de las obras.

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Tomás ya estaba listo para que algún espectador comprara su obra “Mi avión de Avianca”. Utilizó la técnica “Moldeado con plastilina” para hacerla.

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Bernardo Montoya, nuestro artista invitado el día de hoy, presentó la obra y luego dijo: “¿En dónde está Tomás, autor de este avión?” De repente, una voz se alcanzó a escuchar en medio del público. “Aquí estoy”, respondió el artista mientras se paraba. “¿Cuánto dan por la obra de Tomás?”, preguntó Bernardo. Una señora respondió: “Cinco monedas”. “Yo doy seis monedas”, dijo Jennyfer. “¡Vendida!”, concluyó Bernardo. Tomás se acercó con alegría a para recibir su “pago”.

Y hasta el pago lo disfrutamos en esta subasta. Cada artista recibió monedas de chocolate cuando sus obras eran “vendidas”.

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Emma también vendió su obra. Recibió cinco monedas de chocolate. Su mamá fue quien la compró. “¿Qué hiciste en tu pintura, Emma?”, le preguntó. “Un dibujo”, respondió ella. “¿Y de qué era el dibujo?”, volvió a preguntar su mamá. “De una pintura”, contestó la pequeña artista.

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Los artistas y el público apreciaron cada obra. ¡Todas fueron vendidas! Así se divirtieron los niños, no solo creando sus obras sino también compartiendo sus experiencias con otras personas.

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Libros caóticos: una obra de arte moderno

i jul 13th No Comments por

Los niños del Campamento Literario crearon esta obra de arte, “Libros caóticos”… lógicamente, ¡basada en el amor por la lectura! Se inspiraron en la obra “Brancusi, Hadid y Costa” (2016), del artista colombiano Bernardo Montoya, que será nuestro invitado especial mañana en la subasta de arte con la que cerraremos la segunda semana de nuestro Curso de Vacaciones.

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Para ver la obra de Montoya, sigan este enlace: https://youtu.be/eeVS-FZw4HU
Y su página web: http://www.bernardomontoya.com/
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Bienvenidos al Restaurante Espantapájaros

i jul 10th No Comments por

No. Este no es un restaurante de alta cocina y tampoco tiene Estrellas Michelin. Aun así, conserva una magia única que atrapa a cualquier persona que entra en él. Sus chefs combinan ingredientes frescos y utilizan las técnicas adecuadas para preparar platos deliciosos. Sus comensales son sinceros y tienen un paladar fino. ¡Bienvenidos al Restaurante Espantapájaros!

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Las mesas y las sillas están en su lugar. Los individuales están llenos de color. Algunos son verdes y amarillos, mientras que otros son azules y rojos. Sobre ellos están una servilleta y una cuchara. En una pared se encuentra la carta. Crispetas, montaditos sobre arepa, nachos y merengue con fresas conforman el menú para hoy.

Los chefs y los comensales trabajaron en equipo durante una semana. Se divirtieron cocinando, probando nuevos sabores y organizando los manteles e individuales para darle al Restaurante Espantapájaros su propia distinción. Flora probó los arándanos y después aseguró: “Yo no quiero ponerlos en la receta porque son muy dulces”. Celeste regó el queso por toda la masa de una pizza y luego puso el jamón, no sin antes haberle hecho el control de calidad a cada ingrediente. Tomás mordió el merengue asegurándose de no comer la fresa. “A mí no me gusta el sabor de las frutas”, decía.

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En la decoración del lugar hay todo tipo de dibujos. Detrás de una mesa, en la pared, está la silueta de una persona: Martina la dibujó con marcadores. Simón, uno de los chefs, se acerca a ella y la observa con atención. Extiende su dedo y dice: “Él es Jorge”.

Los miembros del restaurante se han preparado para la llegada de un invitado especial. Juan Martín lució su traje de chef por todo el lugar. No solo se vistió con gorro y delantal para cocinar, sino también para recibir a Jorge Rausch como se debía. Los niños siguieron, al pie de la letra, las recetas de su libro Yo también quiero ser chef. Pizzas, barritas de granola y torta de pancake fueron algunos de los platos que cocinaron. Isabela probó la torta y sonrío. Aseguró que no estaba rica, sino deliciosa.

 

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Tan pronto Jorge llega al Restaurante Espantapájaros, los niños se acercan para saludarlo. Juan Martín lo abraza y le muestra su traje. Mariana le dice que a ella también le gusta cocinar. Martina abre el libro y le pide que se lo firme. Él mira con agrado cada detalle: los individuales y manteles que ellos mismos hicieron, el letrero que da la bienvenida al restaurante, el menú, los dibujos y las fotografías. Carmen le muestra la foto en donde está preparando las barritas de granola y Jorge le pregunta: “¿Te gustaron?” Ella, con firmeza, responde: “¡Sí!”.

Los comensales, un grupo de niños, se ubican en cada mesa y se alistan para comer. Joaquín disfruta la arepa. Antonia muerde el merengue. Julieta sujeta un recipiente con crispetas y las empieza a comer, una por una. Todos se concentran, pero sin dejar de observar a Jorge Rausch.

 

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Después de unos minutos, él se sienta para firmar los libros. Es el turno de Antonia. Ella lo mira y le pregunta: “¿Cierto que tú cocinas lo salado y tu hermano, lo dulce?” Él le responde: “Sí, señorita”. La mamá de Antonia, a lo lejos, afirma que a su hija le encanta cocinar. “¿Qué te queda más rico?”, dice Jorge mirando a Antonia. “Todo”, contesta ella.

 

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El Restaurante Espantapájaros es único. El interés de sus miembros por aprender, mostrar lo que han hecho y recibir con agrado a su invitado fue suficiente para captar la magia de este lugar.

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La visita de Paloma Valdivia a nuestro jardín

i may 12th No Comments por

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Paloma Valdivia, autora e ilustradora chilena invitada a Filbo 2017, compartió una mañana con los niños de Espantapájaros. Hemos leído y cantado sus libros desde hace muchos años y algunos como “Duerme Negrito” , “Estaba la rana” y “Yo tenía diez perritos”, han estado en nuestra lista de Los más mordidos.

 

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Los lectores de Paloma en el jardín de Espantapájaros tienen entre 1 y 5 años. Pensamos que cada bebé nace con un libro debajo del brazo y por eso nuestros encuentros con los autores son una experiencia que se prepara para que, más allá de la firma de libros, tenga un antes, un durante y un después. Cada encuentro con los creadores de las historias que pueblan nuestra imaginación es un ritual. En la espera nos llenamos de ilusión y de cierta forma la construimos: leemos una y otra vez las páginas y compartimos nuestro mundo con el de las historias.

Los papás y las mamás de los niños fueron invitados a una “Hora del cuento” y, con nuestras voces y las suyas, seguimos conociendo a Paloma y cada niño empezó a contarle a su familia qué libro o libros quería elegir (¡Decisiones muy difíciles!)

(Mónica Giraldo, mamá del jardín, cantando con los niños de 4 y 5 años del grupo de Lucía Liévano)

Y así creció en nosotros el anhelo hasta que por fin llegó el día tan esperado. Nuestra casa recibió a Paloma Valdivia con todas sus historias.2222

Las semanas de preparación, los libros que leímos y las canciones que cantamos y toda nuestra ilusión se desbordó y le dimos una serenata.

 

¡Teníamos tantas preguntas y queríamos contarle tantas cosas de sus libros!

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Por ejemplo, que sabíamos en qué trabajaban los castores y que, como las abejas, nuestros padres también trabajan mientras que nosotros jugamos. Le preguntamos además sobre su abuela que habíamos visto dibujada en “Es así” y nos contó que cuando su hijo bajaba del cielo se cruzó con su abuela que subía. Ambos se saludaron y se desearon felicidad.

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En los días anteriores a su visita habíamos estado conversando sobre los que vienen y los que se van y habíamos dibujado, así como hace Paloma, nuestros propios personajes que se cruzaban en el cielo. Sofía nos contó de la hija de Lina que iba a nacer y que se cruzaría con los pajaritos que enterró Max. El tigre bebé del que nos habló Bernardo con seguridad se cruzó con Simón Bolívar, que Gael dibujó como uno de los personajes que se había ido.

¡Y después de nuestras conversaciones Paloma nos mostró el regalo que traía para Espantapájaros! Es una de sus nuevas ilustraciones para un libro aún inédito sobre la imaginación. Entonces jugamos a pensar en todo lo que podíamos imaginar…

Un monstruo con dos cabezas

Muchos animales marinos

Y también ovejas que navegan con el marinero.

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Queríamos que Paloma firmara todos nuestros libros.

Los niños, tan sabios y expertos en elegir el libro justo para el momento justo, decidieron qué libros querían que la autora les firmara.

Rebeca trajo toda su colección.

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Y en las páginas Paloma firmó y dibujó pájaros y flores, nuevos personajes que poblaron las historias.

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También tuvimos tiempo de mostrarle nuestras páginas favoritas y leerlas con ella. En algunos casos la emoción nos dejó mudos.

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Su visita, como sus libros, se grabó en nuestras memorias.

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En nuestra casa todavía se oyen murmullos de sus canciones y como lectores seguimos releyendo y, con nuestros padres, continuamos encontrándonos en los libros.

¡Gracias Paloma!

 

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¡Paloma nos escribió para agradecernos por tantas sorpresas! Sigue admirando la belleza de los dibujos de los niños y las actividades que teníamos planeadas para ella la conmovieron hasta casi llorar. Para Paloma también fue una experiencia inolvidable.

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El silencio en “Los ahogados”

i abr 19th No Comments por

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Se abre el libro con una cortina de agua que cae del cielo y el lector se sumerge en un mundo gris y áspero creado por el grafito del lápiz sobre el papel. Empieza a contarse, en dos tiempos y en silencio, pasado y presente, la historia de una pareja que corre hacia una casa, antes para esconderse como enamorados, ahora, con un niño en brazos, a buscar refugio. Con un recurso casi cinematográfico, las ilustraciones le muestran al lector cómo el mismo lugar cambia de un tiempo a otro. La continuidad del gris de uno de los tiempos, el tiempo que primero ve el lector, el tiempo en el que el agua cae continuamente, es interrumpido por ilustraciones con un tono rojizo: veladas por una luz cálida que evoca la luz del sol de los días de playa.

La voz de la historia comienza con el texto que encierra a la pareja en aquella casa y que le muestra al lector la vida detrás de las persianas en la que viven. Un encierro que, sin embargo, se muestra como el término de una larga huida, de un caminar por las costas que parecen infinitas en busca de un albergue. Y sobre las costas por las que caminan, que parecen no acabar, aparece un bulto, un lobo marino, una foca quizá. No, un ahogado, un ahogado más. Mientras la pareja corre por las costas y mientras que la casa en la playa trata de borrar cualquier rastro de su existencia, el recuerdo del bulto sobre la costa le da paso a las pesadillas.

Comienza entonces el texto a remontarse al tiempo evocado por las ilustraciones de la luz cálida: el tiempo en el que la pareja se conoció en un río. A medida que corre el pasado, el presente va cerrando cada vez más a los personajes a los confines de la casa, extinguiendo poco a poco su existencia. Igual que la vida de los personajes, las palabras comienzan a cerrarse sobre sí mismas para cubrir rígidamente una realidad siempre latente pero subterránea a la que, sin llamar, el texto hace referencia todo el tiempo. La necesidad de ocultar y ocultarse, de minimizar cualquier tipo de expresión, reflejada en la rigidez de las palabras, se convierte en silencio; silencio que trasciende las palabras e inunda incluso de una de las manifestaciones más básicas del sentimiento, el llanto. El agua inunda el relato y rodea la casa, asediándola, pero ni una lágrima corre desde adentro. La historia termina en un grito de silencio, cuando al borde del abismo las palabras no pueden decirlo más, y las ilustraciones toman de nuevo al lector para revelar aquel subtexto callado y aquel miedo de los sueños de que ese otro pueda ser yo.

Un relato áspero y desgarrador sobre las desapariciones en la época de la dictadura argentina contada por una autora y un ilustrador que la vivieron de cerca. María Teresa Andruetto, escritora argentina ganadora del prestigioso premio Hans Christian Anderson, es quien le da las palabras a esta historia, una de las muchas posibles historias de un episodio de su país difícil de nombrar. Daniel Rabanal, ilustrador argentino que ha publicado varios libros y de novelas gráficas, es también un invitado a la FILBO 2017.

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En el mismo lugar, en otro tiempo

i abr 19th No Comments por

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Un campo florido y dos niñas que caminan de la mano aparecen en la portada que envuelve el texto de Un día más contigo caminando en un tarde de primavera. Un corte en forma de círculo abre la portada del libro y revela la imagen de las niñas que caminan juntas, mostrándole al lector lo que naturalmente no podría ni debería ver: una imagen que está al otro lado de la solapa, en el revés. Al final las dos imágenes que solo se cruzan por el artificio de un troquel, ocupan el mismo plano, aquel del campo florido en primavera. Siempre unidas y separadas.

Empieza la historia antes del día y en el silencio, con la imagen de una niña que mira por la ventana a una estrella en el cielo. En la mañana y en forma de carta comienza la voz del personaje y su camino. A través de las páginas y páginas el lector sigue al personaje a medida que se aventura por un camino familiar recorrido muchas veces antes que se convierte en uno nuevo, un camino donde “la brisa sigue soplando, las flores siguen abriéndose y el sol sigue saliendo. Pero algunas cosas han cambiado.” Siguiendo los pasos de la niña, siempre viendo su espalda, el lector comprende que su camino está labrado por la ausencia y que su fin está en la resolución de una promesa aún sin cumplir.

El camino se convierte en una escenificación de una conversación con la distancia y la ausencia de ese “tú” al que están dirigidas las palabras, que se vierten sobre el camino y que convierten el mismo lugar en otro lugar donde se abren espacios creados por las elucubraciones de quien camina y reflejo de sus sentimientos. Este otro lugar, hecho de recuerdos y sentimientos, aparece representado en imágenes metafóricas: un salón colmado de patitos de hule sin identidad, dos amigas y un oso navegando con una casa sobre un bote en el mar por la noche o las clases de baile con un hipopótamo rosado.

El camino de la niña y el lector, que va siempre detrás de ella y que, por la disposición de los dibujos, se inclina a ver con los ojos de la protagonista, termina cuando se cumple la promesa; cuando no hay más distancia por recorrer. Cuando, en cierta medida, se ha sanado la distancia entre ese tú ausente y el yo que constantemente lo llama. El pasar y el caminar, atados a la meditación siempre unida al duelo, al dejar de ser del tiempo atrás, se unen a la belleza y luminosidad de las ilustraciones del camino que profundizan el sentimiento de nostalgia del libro. Parecería ser un mundo lleno de luz fabricado con paisajes de ensueño que se muestran indiferentes al dolor de la protagonista. Es el mismo mundo alegre el que aparece al lado del camino tantas veces recorrido en compañía; el mismo lugar, en otro tiempo, recorriendo una vez más contigo una tarde de primavera. El viaje, el camino, se convierte en la conversación con la ausencia, en una repetición en el presente de ese tiempo pasado que nunca más será y que, sin embargo, en la ausencia y la imaginación, es.

Jimmy Liao, autor e ilustrador taiwanés y creador de esta historia, es uno de los principales referentes de la literatura infantil. Después de haber trabajado años como publicista y tras haber sufrido de leucemia, Liao decide abandonar su empleo para convertirse en escritor. Desde entonces ha publicado varios libros ilustrados y libros-álbum, entre los que figuran Desencuentros, Esconderse en un rincón del mundo y El sonido de los colores, algunos de los cuales han sido adaptados a proyectos cinematográficos.

 

Daniela Vernaza Civetta

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En Espantapájaros vivimos las transformaciones

i abr 7th No Comments por

Y la historia de hoy de nuestro jardín comienza con un cuento sobre uno de los insectos que se transforma en otro durante su vida: las mariposas1

Abrimos el libro y el mundo de la historia se toma el salón y las paredes se llenan de árboles y hojas e insectos en todas las fases de transformación.

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Cuando el cuento termina, el mundo de la historia se queda dentro del salón y de nosotros.

Antonia y Martín nos enseñan una de las libélulas que hicieron hace unos días.

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Mientras tanto Tomás nos muestra los capullos en los que se envuelven las mariposas antes de ser mariposas, ¡las crisálidas!

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Al final, en medio del bosque de papel y colores, Martín nos deja ver cómo vuelan las mariposas.

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Esta fue una clase de Espantapájaros con los niños de 3 años, Jennifer Benitez.

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