El sueño y la vigilia en “La mujer de la guarda”

i mar 23rd No Comments por

la mujer de la guarda
Como un telón que se abre e introduce a los espectadores en el mundo propio de la obra de arte, así comienzan las ilustraciones de La mujer de la guarda a mostrarle al lector un mundo bitonal, que acompañado solo por el azul, evoca al mundo de la noche con sus reflejos de la luz de la luna. En este mundo empiezan las palabras a traer los sueños. Impregnado todo por un tono de nostalgia y de recuerdo, se presentan frente al lector historias también bitonales que se mezclan, como el sueño y la vigilia.

Es la historia de una niña y sus dos hermanos que perdieron a su madre y es también la historia que ella inventa para que sus hermanos, en la noche, puedan dormir. Eventualmente, en la primera historia, aparece la mujer más bella del mundo y su caballo azul, siempre para aliviar momentos críticos. Simultáneamente, en tinta azul, se cuenta la historia que Jacinta inventa para sus hermanos; la de unos niños que huyeron de su casa porque está habitada por seres extraños.

Las ilustraciones del comienzo, fragmentadas, muestran solo desencuentros. La imagen de una mujer acostada cuya cara es cubierta por una flor es la imagen que abre la historia solo para ser seguida por bosques y lugares que parecen ser producto de la fantasía que, mientras que dejan ver unos ojos enormes, esconden y parten a los personajes. En el desencuentro de la muerte se mueve la primera historia y como un reflejo de esta, la segunda, que parece empezar siempre en la ausencia del padre y cuando llega la noche.

En la primera de las historias se cuenta la vida rutinaria de Jacinta y sus hermanos que, con la ausencia de la madre, se acomodan a una casa donde queda el recuerdo del sonido de la cuchara chocando contra el vaso mientras su madre revolvía la leche. Cuando su padre está, la casa se llena de risas. La otra parte del tiempo, en la ausencia de ambos padres, la casa empieza a ser habitada por palabras y una historia, que como el reflejo de la luna en las ilustraciones, está escrita en azul. Esta segunda historia es una historia de la huida, la del sentimiento del extranjero que fue expulsado de su casa y no tiene lugar. Así, mientras que en la historia azul uno de los niños intenta recuperar su tuto, Jacinta y sus hermanos visitan una casa extraña, la del niño de la esquina, donde la mamá les ofrece galletas y los tres hermanos solo quieren escapar a su casa , “animada por personajes imaginarios, enredaderas que subían hasta el cielo… un espacio donde podía aparecer una anciana mujer con un caballo azul que trajera tranquilidad en un cuenco y que llenaría de calor las horas oscuras (50)”. Cada una de las historias es reflejo de la otra y su interconexión está dentro del mundo diegético y fuera de este, físicamente puesta en el libro, por su edición. No se trata entonces de un libro que contiene al otro, ni de un espacio dentro del otro, sino de dos historias que habitan el mismo lugar, como la sombra y la luz.

La mujer de la guarda aparecer de nuevo al final del libro, cuando uno de los hermanos de Jacinta está terriblemente enfermo. Esta primera historia se resuelve en la unión, no solo cuando la abuela lleva a los niños al hospital, sino cuando la voz de Jacinta y sus historias encuentra un oidor, su abuela. La historia en azul también se resuelve en este momento, cuando Ellos, los seres extraños, salen corriendo de la casa alegando que está llena de fantasmas y los niños comprenden que ya “no abría necesidad de hacer maletas, que podrían disponer de ese rincón como se les diera la gana, porque en adelante la casa sería de sus hermanos, suya y de nadie más” (74). Termina el libro entonces en la unión y la recuperación de un espacio, en el retorno al hogar, de la casa física y de las palabras. Las ilustraciones del final, también bitonales y azules, aunque muestran lugares similares a los del comienzo, está vez están habitadas por más creaturas azules, ya no fragmentadas sino unidas. El telón se cierra con el encuentro.

La mujer de la guarda, que hace unos días ganó el prestigioso premio New Horizons de la Feria del libro de Bolonia, hace parte de la colección de Frontera ilustrada de Babel. Las ilustraciones de Alejandra Acosta, el texto de Sara Bertrand y la estructura narrativa dialogan para contar esta historia en la que la tristeza y la ausencia abren un campo para que el ensueño juegue con la realidad.

 

Daniela Vernaza Civetta

Bertrand, Sara. La mujer de la guarda. Trans. Alejandra Acosta. Bogotá : Babel , 2016. Print.

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Reseñas Clásicas: Roberto está loco

i nov 25th No Comments por

Roberto está loco

Triunfo Arciniegas
Colección Los Primerísimos
México, Fondo de Cultura Económica, 2005

Triunfo Arciniegas, uno de los más premiados autores colombianos de literatura infantil, se ha planteado como el mayor reto de su carrera hacer libros para los más pequeños. Roberto, su personaje, es un sapo loco y feliz, creado enteramente por Arciniegas, quien ahora se dirige a los “primerísimos lectores”, no sólo como autor sino también como ilustrador, en un poético álbum que conserva su estilo inconfundible.


Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista Cambio de Colombia y aparece en este medio con su autorización.

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Reseñas clásicas: Olivia

i nov 9th No Comments por

Olivia

Ian Falconer
Traducción al castellano de Ernestina Loyo
México, Fondo de Cultura Económica, 2001

¡Todos aman a Olivia! dice en la solapa de Olivia saves the circus, la segunda obra de Ian Falconer para niños que está en furor en Estados Unidos. Las jugueterías venden una gama de mercancías que el olfato comercial de los norteamericanos se lanza a producir cuando descubre un personaje emblemático. En las librerías virtuales se puede comprar la versión en español de Olivia la reina del circo, sin haber salido de la imprenta. En menos de dos años, esta cerdita se puso de moda y arrasó con los premios de la crítica especializada. Olivia fue uno de los Libros de Honor de Caldecott, el prestigioso galardón que se otorga a los libros ilustrados, y a este reconocimiento se suman muchos otros. Es best seller del New York Times, de USA Today, y de Los Angeles Times; y en el 2000 fue el mejor libro del Child Magazín y el Premio de Oro de los padres norteamericanos.

El lector se preguntará si se trata de un fenómeno como Harry Potter y una respuesta simplista que sólo se fijara en las ventas o en el hecho de suscitar segundos títulos en poco tiempo podría ser afirmativa. Pero algunos detalles hacen pensar que se trata de fenómenos distintos: En tanto que Harry Potter ha sido de mejor recibo entre el público profano, Olivia ha llamado la atención de los expertos en literatura infantil y de otros círculos de intelectuales. Quizás esto se deba a que su autor era ya una figura reconocida en el terreno de las artes visuales, antes de haber publicado libros para niños. Trabajó al lado del pintor David Hoockney, diseñó escenografías y vestuarios para ópera y ballet e hizo carátulas para el New Yorker.

Olivia, a simple vista, es una simpática cerdita “muy buena para cansar a la gente (…) Vive con su mamá, su papá, su hermano, su perro, Perry, y Edwin, el gato”. La trama del libro –que, para muchos, ni trama será porque en la historia no sucede nada especial– es la vida cotidiana. Por los pasatiempos de la cerdita deducimos que se trata de una niña citadina, tal vez de Nueva York, que va a museos con su mamá, adora las bailarinas de Degas, trata de superar el estilo de Jackson Pollock en las paredes de su apartamento y construye castillos de arena más altos que los rascacielos. El resto del tiempo hace lo mismo que cualquier niño: cargar al gato, lavarse los dientes, bañarse, hacer desastres; burlar la hora de la siesta; asustar a su hermanito y pedir muchísimos cuentos a su mamá, con tal de no dormirse. Nada digno de mención hay en el texto, por lo demás, bastante lacónico y casi minimalista. Sin embargo, es la manera de combinar palabras con imágenes y, más allá de eso, la intención explícita de hacer del diseño mismo del libro el centro de la propuesta, lo que marca la diferencia.

Desde la primera hasta la última página, se revela un estilo propio y una voluntad explícita por el diseño del conjunto. Las ilustraciones, hechas con témpera y carboncillo, crean un mundo de negros, sombras y matices, en el que contrasta la irrupción del color rojo. De negros y grises está hecha la foto familiar en la que sólo Olivia aporta el rojo y rojos son también su merienda, la cuerda del lazo, sus accesorios, sus travesuras y sus sueños. Pero además del juego con el color, hay otros elementos como el manejo de la perspectiva que reelabora el mundo conocido desde el punto de vista de los niños; el trazo ágil que capta figuras en movimiento, gestos y expresiones y una diagramación muy cuidadosa, llena de sorpresas. Todos estos elementos imprimen a Olivia una indiscutible personalidad, cercana a los pequeños que conocemos. Es inevitable que los lectores de todos los tamaños se enamoren de la ternura, el humor y la inteligente sencillez de Olivia y sigan agotando ediciones, como sucedió también en la Feria del Libro de Bogotá.


Esta reseña fue escrita por Yolanda Reyes para la revista Cambio de Colombia y aparece en este medio con su autorización.

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