¿Qué son los libros más mordidos?

Por Isabel Calderón

“Comprar libros de la canasta de los más mordidos tiene sus ventajas. Por un lado, apoyas el derecho de los más pequeños a leer con todos los sentidos. Por otro lado, te llevas libros que han sido ‘probados’ por los lectores más sensibles. ¡Calidad garantizada!”

Este letrero está puesto a la entrada de nuestra librería, especializada en literatura infantil, para animar a los adultos a valorar aquellos libros que han sido tocados por los niños y para sensibilizarlos sobre las diversas formas de leer, hojear y probar los libros que tienen los más pequeños.

Pero además ilustra la tensión entre dos formas de relacionarse con los libros: una es ponerlos a salvo del posible deterioro que puedan causar las manos pequeñas y otra es ponerlos al alcance de los niños y enseñarles que podemos cuidar los libros, como aprendemos a cuidar lo que más amamos.

La canasta con ‘los más mordidos’ refleja la decisión que ha tomado el equipo de Espantapájaros en todos sus espacios destinados a la formación de lectores: defender el derecho de los niños a crecer rodeados de libros. Al público de la librería, lo mismo que a los padres que llevan a sus hijos al Jardín Infantil o a los talleres de Cuentos en Pañales se les explica cómo los niños dejan huellas en lo que leen y cómo lo que leen deja huellas psíquicas y vínculos afectivos para el resto de la vida.

El concepto de los libros más mordidos nació hace muchos años al ver cómo elegían libros los bebés y los niños en los diversos programas de formación de lectores de Espantapájaros, pues todos incluyen, como parte esencial, el préstamo domiciliario. Llevamos mucho tiempo viendo a los niños deambular por las estanterías explorando, saboreando y mordiendo las páginas los libros para decidirse por alguno. Esos gestos hacen parte del proceso de selección y, como consecuencia, los libros más populares de nuestra biblioteca (bebeteca) suelen tener marcas de dientes.

Ahora bien, los mordiscos no son las únicas huellas pues a medida que los niños crecen rodeados de libros y de voces adultas que los ayudan a dar palabras a sus sueños y a sus emociones, cada cual va formando su propio criterio y va aprendiendo, con una sabiduría asombrosa, a buscar los libros que su corazón le pide. Como en cualquier biblioteca pública, cada niño tiene una ficha de préstamo en donde están registrados los libros que ha llevado a su casa, las fechas en las que los eligió y los devolvió, y sus “firmas” –sus garabatos y sus huellas- que van quedando en las fichas como un acto ciudadano inicial: el de responder por los libros que llevan prestados.

Todos los semestres, a partir de esas fichas, el equipo de Espantapájaros reflexiona sobre el significado y la evolución de esas elecciones para seguir aprendiendo sobre las relaciones impredecibles, íntimas y muchas veces reiterativas que se establecen entre niños y libros. ¿Por qué un niño necesita llevar siempre el mismo libro y pedir sucesivas relecturas a sus padres? ¿Por qué los libros elegidos nos cuentan lo que muchas veces los niños no saben nombrar aún o no saben siquiera que les está sucediendo? ¿Por qué la literatura habla a los niños en un lenguaje cifrado y secreto y les permite tener profundas conversaciones sobre la vida? ¿Cuál es el lugar del adulto en este proceso? ¿Qué tanto debe intervenir, nutrir el gusto, pero también propiciar y respetar el criterio del lector?

Todo esto es dar de leer: sacar los libros de las vitrinas, ponerlos al alcance de los niños, acompañarlos a descubrirlos y “leer” quiénes son, mientras compartimos el lenguaje cifrado de una historia.