Nuestra Directora: «Cuando los Cronopios se pensionan»

Por Yolanda Reyes

Estas páginas están abiertas al debate, a la reflexión y al intercambio. Todas las escrituras son bienvenidas.

En su columna para El Tiempo de hoy, lunes 7 de julio de 2013, Yolanda Reyes escribió:

Proveedores literarios
Cuando los Cronopios se pensionan

Si Cortázar, tan recordado ahora por los 50 años de Rayuela, hubiera intentado vivir de la escritura o de algún trabajo cultural, de prestación de servicios o free lance hoy en Colombia, quizás sus Historias de Cronopios y de Famas habrían sido de este estilo:

Cuando a los Cronopios los invitan a dar conferencias y talleres o a escribir artículos, se ponen contentísimos y sueñan con palabras raras y se imaginan encuentros con lectores que por fin han leído sus libros. Pero como, por lo general, son los Famas quienes tienen puestos fijos para invitar a los Cronopios, el procedimiento a seguir (sic) es el siguiente: Un jefe Fama le pide a un Cronopio empleado que redacte un mail entrañable en el que explique el interés por contar con la presencia del “Maestro-Cronopio” en cierta fecha, apelando a su altruismo, pues los exiguos honorarios no compensan el trabajo. Cuando el Cronopio acepta conmovido la invitación, otro Fama manda un mail en el que le indica al, ya no denominado maestro sino “proveedor de servicios” (artísticos, filosóficos, literarios), el inventario de papeles que debe adjuntar para legalizar el contrato, a saber: cotización de servicios, cuenta de cobro –pagadera en un plazo interminable de días hábiles–, certificación bancaria, Rut actualizado, certificado de antecedentes judiciales y, en algunas ocasiones, formulario para proveedores, en el cual conste que sus magros ingresos por servicios (literarios) no provienen de fuentes ilícitas. Todos estos documentos suelen variar de una entidad a otra, pero su denominador común es la exigencia de originalidad, lo que quiere decir que jamás pueden ser reutilizados, así el Cronopio tenga contratos similares.

Adicionalmente a lo anterior, (sic), porque así suelen hablar los Famas, y siguiendo reglamentaciones de altos Famas del gobierno, exigen fotocopia de aportes a salud y pensión. Aunque el Cronopio tenga un empleo y haya pasado la vida entera haciendo aportes mensuales a salud y a pensión –sin esperanza de pensionarse jamás o de ser atendido en las urgencias de una EPS– o aunque aporte como trabajador independiente, –porque a ese grado de responsabilidad han llegado los Cronopios de estos días–, será obligado a cotizar de nuevo, como si jamás lo hubiera hecho, sobre casi la mitad del valor de sus servicios (literarios).

Mientras los Cronopios dedican su tiempo completo a la preparación de esos papeles, “los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos”, exactamente igual que en las historias de Cortázar. Entonces descubren que el trabajo será a pérdida y retrasará aún más sus obras que siguen en el tintero, en tanto que ellos pierden los días hábiles haciendo diligencias. Sin embargo, “los Cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos”, y se dicen unos a otros que lo hacen porque adoran su trabajo y se trasnochan para cumplir con el objeto del contrato.

Al final, cuando caen extenuados sobre la mesa, sueñan que, con todo ese dinero que han pagado a la EPS, su fidelidad será premiada y sus puntos, “redimidos”, y que no los dejarán morir de dolor en un pasillo de hospital. Y que cuando ya estén encorvados y no puedan proveer más servicios (literarios), tendrán derecho a esa pensión que cotizaron tantas veces seguidas en el mismo mes.

Ustedes dirán que así no piensan los Cronopios y que la salud y la pensión no los desvela, y yo les contesto que eso era en tiempos de Cortázar, cuando los proveedores de servicios literarios se llamaban escritores y cuando no había carruseles de pensiones, sino carruseles en los parques.

Yolanda Reyes